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8.2 LA PRÁCTICA BASADA EN LA EVIDENCIA

8.2.1 Orígenes de la práctica basada en la evidencia y concepto de evidencia

La PBE nació de la mano de Archibald Cochrane, gran defensor de la sanidad universal. Tras la creación del Sistema Nacional de Salud en el Reino Unido, que garantizaba la asistencia sanitaria a todas las personas independientemente de su situación económica o social, vió peligrar su perpetuidad debido al aumento desproporcionado del gasto sanitario. El Doctor Cochrane, conocedor de que los recursos eran limitados y que, de seguir así, se podía llegar a la quiebra del sistema sanitario, defendió que el uso indiscriminado de recursos no era justo a menos que estuviera indicado y tuviera eficacia probada, así que propuso la creación de una red internacional de revisores que analizaran periódicamente todos los ensayos clínicos relevantes para poder proporcionar el mejor tratamiento al paciente en cada circunstancia, adecuándolos a sus necesidades.

En honor al Dr Cochrane, en el año 1992, se creó la Colaboración Cochrane con la finalidad de responder de una manera global e integradora a la necesidad de establecer mecanismos de registro y compilación de la información contenida en los ensayos clínicos para disponer de buena información científica en todos los campos de la medicina (36). Unos años más tarde, un equipo de epidemiólogos de la Universidad McMaster en Canadá, dieron forma a la idea del Dr Cochrane de un modo más específico bautizando esta corriente como

“Evidence-based medicine” en la que se pretendía ver la medicina de otra perspectiva

(36,37).

La PBE ha adquirido diversas definiciones dependiendo de los autores pero todas tienen tres elementos comunes: la evidencia científica, la experiencia clínica y los valores y deseos de los pacientes (38). David Lawrence Sackett, de la Universidad de McMaster en Canadá es uno de los fundadores y, en 1996, lo definió como “el uso consciente, explícito y juicioso de usar la mejor evidencia científica existente para la toma de decisiones en el cuidado de

pacientes individuales” (4). Esta corriente promueve sobretodo la utilización de ensayos

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Durante el texto, cuando se mencione la enfermería / medicina / práctica basada en la evidencia, se usará el término “práctica basada en la evidencia (PBE)”.

39 clínicos aleatorizados como fuente de evidencia que posteriormente son sintetizados en una revisión sistemática y/o meta-análisis ya que se considera el estándar de oro, es decir, la evidencia más rigurosa y óptima posible (39).

Esta práctica fue adquirida por diferentes disciplinas pero algunas, como enfermería, se encontraron con algunas dificultades. La principal fue la no disponibilidad de evidencia en enfermería ya que la mayoría de las investigaciones realizadas no consistían en ensayos clínicos. Además, cuando se realizaban revisiones sistemáticas o meta-análisis concluían que la evidencia disponible sobre el tema que se estuviera tratando no era suficiente o tenía una calidad metodológica baja según los estándares del momento (39,40).

La realización de ensayos clínicos aleatorizados en enfermería no siempre es aplicable ya que no todos nuestros cuidados pueden aleatorizarse en un grupo control y un grupo intervención, de modo que se debe ampliar el rango de posibles diseños elegibles como “evidencia de calidad” (41). Con esta finalidad, en el año 1996 surgió el Joanna Briggs

Institute que desde entonces se ha dedicado a sintetizar la evidencia disponible y a poner los

resultados a disposición de los profesionales (40,42) de un modo similar que lo hizo la

Cochrane Collaboration pero teniendo en cuenta una definición de evidencia más amplia.

En la misma línea, incluyendo todas las ciencias de la salud, en el año 2004 surgió el grupo de trabajo GRADE (Grading of Recommendations Assessment, Development and Evaluation) (43) según el que se categoriza la evidencia científica, no sólo en función del diseño, sino también englobando otros aspectos metodológicos.

En el año 2002, en Granada, se celebró la I Reunión sobre EBE donde se definió como “el uso consciente y explícito, desde el mundo del pensamiento de las enfermeras, de las ventajas que ofrece el modelo positivista de síntesis de la literatura científica de la medicina basada en la evidencia, integrado en una perspectiva crítica, reflexiva y fenomenológica tal que haga

visible perspectivas de la salud invisibilizadas por el pensamiento hegemónico” (44) y en el

año 2005 la Sociedad “Sigma Theta Tau International Honor Society of Nursing” (45) definió la EBE como “La integración de la mejor evidencia científica disponible, la experiencia de la enfermera y los valores y preferencias de los individuos, familias y comunidades a las que se

atiende”. La definición asume, por tanto, que se proporciona un cuidado óptimo al paciente

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la síntesis de la evidencia más reciente o al consenso de opinión de expertos y, entonces, poder ejercer su juicio y proporcionar un cuidado que tenga en cuenta los valores y preferencias culturales e individuales. Esta aproximación al cuidado enfermero une el vacío existente entre la mejor evidencia disponible y el cuidado enfermero más apropiado a los pacientes, grupos o poblaciones con necesidades diversas.

En la historia de nuestra disciplina, la PBE puede ser interpretada como un punto de inflexión ya que produce un cambio radical en la práctica clínica, cambiando las rutinas y las tareas delegadas por otros profesionales. La PBE nos lleva a guiar nuestra práctica por los protocolos que existen en nuestro centro, a cuestionarnos si estas guías son las adecuadas y a reflexionar sobre cómo es nuestra práctica clínica (35). Además, nos ayuda a justificar por qué una práctica es correcta a diferencia de otra, basándonos en datos empíricos y no en la tradición, la rutina o la experiencia, produciendo una mejoría notoria en los cuidados de la salud tal y como cita la Joint Commission (5,38).