GRÁFICA 2: Reconocimiento de habilidades
5. MARCO TEORICO
5.3 LA NARRACIÓN ORAL
5.3.1 La oralidad en el aula:
La infancia es entendida como el primer período en el cual el hombre interactúa con su contexto. Es un periodo de reconocimiento, de exploración y de cambios emocionales, físicos y sociales. Por tanto, cada individuo debe valerse de las herramientas que le proporcionan su familia, la escuela y la sociedad, para lograr desde allí, una asimilación de conocimientos y significados que luego, en la adolescencia o adultez, no sólo le permitirán la concepción de sí mismo, sino también la de las personas que lo rodean junto con sus diversos contextos. Así, los esquemas y operaciones mentales que adquirimos nos facilitan la información sobre el mundo, este proceso inicia desde corta edad por medio de las acciones físicas que se realizan, mientras que los de mayor edad no sólo usan sistemas de símbolos más elaborados, sino que a medida que van pasando por las demás etapas mejoran su capacidad de emplearlos organizando mejor su conocimiento. Es decir que no se construyen nuevos procesos cognoscitivos, sólo se mejoran los ya existentes (Piaget, 1961).
Ahora bien, si entendemos que el ser humano se realiza desde las concepciones que adoptó en la infancia, principalmente, y desde las interacciones con un otro, sea éste perteneciente a su vínculo familiar o no, es necesario entonces, entender el papel de la oralidad en éste proceso, pues como es bien sabido, la oralidad como medio de adquisición y desarrollo de la lengua se encuentra directamente ligado a los factores de crecimiento o desarrollo de la persona, exigiéndole también un avance en su proceso cognoscitivo. Es decir que la oralidad además de estar ligada al desarrollo físico de la persona, también se encuentra unida al crecimiento cognitivo de la misma y, por ende, puede ser el puente que une la cultura y los contextos, con la experiencia y el desarrollo humano.
Lo que se espera del periodo de infancia, entendiéndose éste desde el estadio de las operaciones concretas (siete a doce años) según la teoría de Piaget sobre los estadios del desarrollo intelectual, y en el cual se tiene la expectativa de que los infantes ya estén cursando su primaria o ciclo inicial, es que sean conscientes de que por medio del habla y de todas las ramas unidas a éste, como lo son la comprensión, la reflexión y la argumentación, pueden mostrar su postura y a la vez la construcción de mundo que han experimentado en
su corta vida. Puedan crear consciencia, “gestionar la interacción social, narrar, instruir, aprender, negociar y principalmente aprender a pensar”. (Gutiérrez, 2014)
Es a través de la oralidad que el ser humano puede expresar sus pensamientos, conocimientos, experiencias o relaciones con el otro y su cultura, dejando ver, del mismo modo, las percepciones y reflexiones de su realidad, la cual construye por medio de la interacción con el otro. Por ende, es necesario retomar la oralidad en el segundo espacio más recurrente por los infantes, donde se encuentran las diversidades sociales y donde es recurrente el replantearse o concebirse como sujetos, como lo es, la escuela.
En este orden de ideas, el papel del docente es fundamental, pues debe, por medio del lenguaje y a su vez, desde la oralidad, darle voz a los infantes, abrirles el camino hacia el conocimiento y la argumentación, lo cual les dará razones de su propia existencia, de sus contextos y de sus alcances, es decir “somos un tipo de ser vivo que, como condición de su propia existencia, vive constreñido a su capacidad de generarle un sentido a su vida, siempre interpretándose a sí mismo y al mundo al que pertenece. Ello lo hacemos en cuanto operamos en el lenguaje.” (Echeverría, 2003, p. 33).
En el nivel inicial, los docentes tienen la percepción de que la oralidad es la habilidad de escuchar, transmitir mensajes y expresarse de manera verbal con corrección y con el apoyo de recursos gestuales, es decir, que dentro de sus estrategias pedagógicas, conciben que los estudiantes pueden mejorar su expresión oral mediante la corrección en sus formas de expresarse y bajo los ejercicios de repetición o memorización, aislados de todos los contextos y ajustados al canon tradicional, los cuales, no logran eficazmente el desarrollo de la competencia comunicativa - discursiva en los estudiantes. Diferente a lo que se lograría si se parte del docente como “modelo del buen hablar” (Gutiérrez, 2014, p, 35). Si se les muestra la diferencia entre, proyectar la voz y llamar la atención o si se les enseña la forma de mitigar las muletillas discursivas y la importancia de los intercambios comunicativos entre maestro - estudiantes y estudiante – estudiante; Pero para ello, es necesario partir del círculo comunicativo que liga escuchar y hablar, entendiendo el hecho de que, uno, la comunicación permite tejer comunidad y a su vez cultura y dos, que para lograr el paso anterior no se deben desligar escucha y habla, pues aunque generalmente se piense que el
habla predomina sobre la escucha, precisamente por ser éste el lado “activo” en la comunicación, la verdad es que ambos lados se encuentran “activos” en una comunicación eficaz, ambos deben relacionarse y llevarse el uno al otro.
Por esto el acto comunicativo debemos entenderlo como Teun van Dijk (l983) el cual lo define sobre la interacción y acción: “…la interacción que se define como una serie de acciones en las que varias personas se ven implicadas alternativas o simultáneamente como agentes. (…) …los actos de habla son realmente acciones: hacemos algo, a saber, producimos una serie de sonidos o signos ortográficos que, como enunciado de una lengua determinada, tienen una forma convencional reconocible y además ejecutamos este hacer con una intención correspondiente determinada, dado que normalmente no nos pronunciamos en contra de nuestra voluntad y sabemos controlar nuestra lengua.”
Justamente por las razones anteriores se hizo necesario plantear un proyecto de aula que permitiera la aplicación de la lengua oral como eje central, que además permitiera una planeación y unos consensos, es decir, la toma colectiva de actividades y decisiones generales. Por tanto, se decidió crear en el aula un proyecto en el cual participaran todos los estudiantes del grado quinientos dos del colegio departamental Enrique Pardo Parra del periodo académico I del 2016.