El riguroso orden de los seres creados en el flujo creador. De Dios sólo procede un ser (logos o primera inteligencia), numéricamente uno pero múltiple en su esencia, y del que proceden los demás seres creados: la producción de las diez esferas con sus almas motoras y sus inteligencias. La décima inteligencia (del mundo sublunar) constituye el entendimiento agente.
Mundo celeste y mundo terrestre
El mundo celeste (materia o éter que sólo puede recibir una forma, con movimiento circular y que absorbe la forma en la materia) influye en el mundo terrestre (múltiples figuras, sujeto a cambio y con varias formas) por el influjo de los cuerpos astrales y de las almas celestes.
Los cuatro núcleos del mundo de la creación: inteligencias y almas celestes (seres inmateriales, inteligencias puras y sustancias simples y sin diferencia individual, pues cada una es una especie), fuerzas físicas y mundo corporal.
Las clases de los ángeles: inteligencias celestes (misión cuasidivina), almas angélicas (mediadoras entre la primera clase y el mundo físico) y cuerpos astrales.
2.5.1 Concepción del alma
Tipos de alma
Los dos sentidos del alma en Avicena: principio animador de los seres vivos y forma peculiar de los seres más nobles de la creación (sustancia incorpórea).
El alma humana
El alma humana en cuanto forma en potencia separada e independiente, que actualiza y perfecciona al cuerpo al que se une transitoriamente: principio vital, potencia actualizadora y perfeccionadora. Precisa del entendimiento agente para pasar ella misma a acto.
La recepción de los grados del alma
Las dos acciones del alma sobre el cuerpo: completa su constitución y actúa como fuerza coordinadora (a través de la recepción de los distintos grados del alma: vegetativa, sensitiva y racional).
Actividades del alma
Las actividades del alma [cuadro pág. 251]: vegetativas (nutritiva, conservadora, generativa), sensitivas (vitales y cognoscitivas) y racionales (entendimiento distinto de la ciencia, entendimiento práctico y especulativo).
El alma como forma separada
El alma humana, espiritual, existe unida o separada del cuerpo. Es incorpórea (inmortal y eterna). El cuerpo no es ni causa eficiente, ni final, ni formal del alma, sino sólo su causa accidental y temporal, que permite distinguir unas almas de otras.
El alma no es totalmente independiente del cuerpo del que es forma, y no vuelve a reencarnarse cuando se separa de su cuerpo.
Los cuatro momentos de actuación del alma para el saber, en cuanto forma, sobre el cuerpo: adquirir la idea de ser, uno y necesario, alcanzar la noción de existencia necesaria del ser primero, recibir los inteligibles y comprenderse a sí misma.
El alma, tras separarse del cuepro, conserva las huellas de mancha o santidad adquiridas durante la unión temporal con el cuerpo.
La doctrina del entendimiento Clases de entendimiento
El concepto vulgar de entendimiento (lucidez mental, conocimientos adquiridos) y su sentido filosófico (entendimiento distinto de la ciencia –Segundos analíticos, entendimiento práctico –Ética y especulativo –De anima). El entendimiento especulativo pasa de potencia a acto por recepción de los inteligibles. Grados del entendimiento especulativo: entendimiento en potencia o material (recibe las formas materiales), entendimiento en acto (en hábito de potencia, recibe las formas inteligibles) y
entendimiento hábito o inteligencia santa. El entendimiento agente, externo al entendimiento humano, actualiza a éste.
El entendimiento especulativo en potencia se actualiza (a través del entendimiento agente) por la abstracción de las formas, proceso con cuatro grados: sensación, imaginación, estimativa y cogitativa. La índole del entendimiento agente
El entendimiento agente es respecto de los entendimientos en potencia y de los inteligibles lo que el sol es a nuestros ojos y a los colores.
La acción repetida del entendimiento agente convierte el entendimiento en acto en potencia habitual (entendimiento hábito), y cuando esta unión es muy fuerte se alcanza el entendimiento adquirido, que precisa de la proximidad del entendimiento agente para actualizar sus restos de potencia.
Ordenación de los modos, grados y operaciones del entendimiento
Entendimiento {Humano [Significados prefilosóficos, significados filosóficos (entendimiento de la ciencia, práctico, especulativo)], Separado [Entendimiento agente, inteligencias separadas]}. [cuadro pág. 254]. La unión del entendimiento agente con el humano
El concepto aviceniano de inteligencia adquirida (culminación de la unión intelectual) en el comentario de la aleya de la luz:
Dios es la luz de los cielos y la tierra. Su luz es comparable a (la de) un nicho [inteligencia material, alma racional] en el que hay un candil encendido. El candil [inteligencia adquirida en acto] está en un fanal de vidrio cual estrella fulgurante. Se enciende (con aceite) de un árbol bendito [facultad reflexiva en cuanto sujeto y materia de los actos intelectivos], un aceituno que no es del Oriente ni del Occidente [facultad reflexiva en sentido absoluto] y cuyo aceite alumbra casi sin que le haya tocado el fuego [los dos contactos: la unión y el flujo].
La iluminación profética
La iluminación profética como el grado más alto de unión hecho habitual de la inteligencia adquirida con el entendimiento agente. Los dos modos de producirse la profecía: la unión del entendimiento humano con el agente o por intermedio de los ángeles. La revelación, tanto sensible como intelectual. Las formas diversas de recepción de la revelación por los profetas.
2.5.2 La vida moral
La raíz metafísica del mal: privación ontológica, ignoranca gnosológica y debilidad ética. El aspecto pasivo del mal y su aspecto activo (privación de un bien). La existencia real del mal a partir del sistema de correlaciones entre los distintos seres creados (el bien de un ser como causa del mal de otros). El origen del mal, en la multiplicidad de las cosas por la materia. El mal, inevitable en nuestro mundo, debe subordinarse al orden del bien. El carácter ético de las malas acciones, por la falta de adecuación entre las acciones y sus correlatos y la importancia de la iluminación racional de nuestros actos: el control racional de nuestras acciones por la actualización del entendimiento humano a través del entendimiento agente.
El problema ético: averiguar los límites de libertad que el conocimiento y la fantasía, que actúan sobre la fuerza vital que fundamenta las acciones humanas, permiten a la voluntad, que opera sobre el resultado de la acción anterior.
El papel de la voluntad
La resolución del problema ético por aplicación a la voluntad del principio de paso de potencia a acto: el principio vital (potencias activas) frente al conocimiento y la fantasía (potencias pasivas). Las dos representaciones opuestas (convicción intelectual y pasión irracional) entre las que la voluntad opera el acto. La voluntad, iluminada por el conocimiento, elige entre dos caminos presentados distintos.
En los límites del orden cósmico necesario, la voluntad racional del hombre puede elegir libremente.
2.5.3 La concepción de la sociedad
Sentido educativo de la sociedad
El imperativo de la naturaleza humana obliga a ésta a un sistema de intercambios y mutuas prestaciones que ha conducido a la constitución de las sociedades, cuya máxima eficacia se da en la sociedad regida por leyes. La diferencia entre los hombres en cuanto a su grado de conocimiento racional obliga a quienes lo tienen más alto (gobernantes) a guiar a los menos dotados (gobernados).
Frente a la multiplicidad de necesidades humanas, la ley, siguiendo los criterios del conocimiento racional, unifica los criterios que facilitan la satisfacción de las necesidades naturales del hombre. El sentido de la ley
Las leyes no se fundamentan sobre las condiciones naturales del mundo (generables y corruptibles), sino sobre principios inmutables y unitarios proporcionados por el conocimiento racional (que nace de la acción del entendimiento agente sobre el humano).
En el Islam, la ley inmutable y unitaria para todos los pueblos es el Alcorán, a partir del cual los
gobernantes han construido diversos sistemas de aplicación práctica que reglamentan el matrimonio, los contratos, el gobierno político y la administración económica.
El imamāto y sus límites
La unidad, continuidad y legitimidad del gobierno de la comunidad se rige por el califa, sucesor del profeta por descendencia o por elección. La ilegitimidad del poder adquirido por la fuerza o por dinero. Las dos virtudes principales para el ejercicio del poder: capacidad de mando y sabiduría.
Límites del uso de la coerción violenta
La obligación internacional de la sociedad de combatir a los gobiernos no legítimos o tiránicos, primero por la vía jurídica y luego a través de la obligación del Myihād o coerción violenta., para restaurar el
orden alterado, evitar la destrucción de la unidad común y mantener el equilibrio internacional, nacional e individual. El equilibrio social es la justicia, la más alta virtud.
La postura religiosa de Avicena
Los dos modos de ver y seguir la sabiduría en Avicena: como chií moderado y como intelectual riguroso. El ideal de perfeccionamiento del hombre para liberar el alma de su prisión carnal a través del esfuerzo intelectual.
El Avicena creyente y reflexivo no observa la fe desde el ritualismo ni desde la teoretización
nominalista (critica las teorías de los atributos o nombres divinos): la religiosidad interior o meditación sapiente de la religiosidad, frente a la filiación ismailí de su padre y su hermano.
El destino del hombre
La creencia aviceniana en Dios, en la necesidad de un camino de perfección, en una cierta pervivencia del espíritu tras la muerte y en el orden universal como manifestación de la grandeza de Dios. La esencia epifánica de la creación y del orden moral, según Avicena. El carácter epifánico del mundo sensible y del mundo imaginal abstracto.
No hay en Avicena una exposición escatológica completa. Los dos destinos humanos: la contemplación intelectiva de los sabios y los premios y castigos futuros de la masa. Avicena quiere a la vez explicar la realidad esencial epifánica y entender el destino corporal de los humanos. Su radical inrtelectualismo prima, pese a todo, en su idea del doble misterio de la existencia concreta personal y de la vuelta a la realidad primera y última.