DE LA INVESTIGACION A LA REDACCION
8.2. La organización del material
Al concluir las tareas de recolección, el investigador estará en posesión de un conjunto de elementos disímiles: tendrá fichas, resúmenes y extractos de textos, registros de datos, apuntes con otras informaciones adquiridas durante su trabajo de campo y anotaciones diversas que ha ido haciendo durante el curso de sus lecturas y sus reflexiones. También poseerá -y esto es quizás lo más importante- ideas, intuiciones y razonamientos parciales sobre el significado de la pesquisa realizada. Se impone, por cierto, proceder a organizar todo esto, a darle forma para que surja de allí una disertación coherente que refleje el trabajo ya hecho y permita destacar los conocimientos obtenidos.
Esta labor de organización se puede efectuar de varias maneras, siguiendo criterios diferentes. No se trata de adherirse a patrones fijos sino de emplear, según las circunstancias, diversas modalidades de trabajo. Desde un punto de vista general, abstracto, existen sin embargo dos caminos básicos para desarrollar esta tarea. Ellos son opuestos pero no excluyentes ya que, al contrario, conviene por lo general complementarlos.
El primero opera sobre el principio de la inducción y consiste, por lo tanto, en ir agrupando los datos según su tipo y naturaleza, integrándolos así en conjuntos coherentes. Poco a poco se van formando agregados más vastos, hasta que todo el material queda organizado de un modo sistemático en algunas pocas grandes unidades. El otro procedimientos se basa en el principio opuesto: parte de lo general, de la lógica global de la investigación, para alcanzar gradualmente -mediante sucesivas distinciones conceptuales- el nivel de los plurales datos concretos. Es conveniente que el lector ejercite su entendimiento en ambos procesos mentales, para que pueda así recorrerlos con precisión y facilidad. Con el objeto de favorecer esa práctica insertamos, seguidamente, algunos ejemplos ilustrativos.
Supongamos que en el curso de una investigación se efectúen una serie de registros meteorológicos que permiten definir el clima de una región determinada. Será preciso entonces agrupar los datos correspondientes a cada variable (temperatura máxima, mínima y promedio, humedad, velocidad y dirección del viento, presión atmosférica, etc.) mediante tablas apropiadas. Tal vez convenga hacer una tabla con los sucesivos registros que corresponden a cada una de ellas a lo largo del tiempo, organizar los datos según las diferentes estaciones de registro o combinar ambos elementos en un cuadro general. Lo importante es encontrar una forma de presentar la información sistemáticamente, procesándola de modo tal que todos
los registros de un mismo tipo aparezcan juntos en una sola relación global; ésta puede ser una tabla, un cuadro estadístico, o un simple listado. Cualquier manual de estadística básica nos puede informar respecto a las formas usuales de agrupamiento de datos y en cuanto al tipo de procesamiento matemático inicial que ellos pueden sufrir. Otro caso puede darse cuando se realizan entrevistas a personas que nos informan respecto a algún problema de interés, como las experiencias vividas durante cierto suceso histórico, por ejemplo. Aquí las variables no aparecen nítidamente separadas como sucedía con la temperatura o la humedad, y por lo tanto se impone un trabajo clasificatorio más complicado. Este tendrá que tener en cuenta los aspectos concretos, bien específicos, de la información adquirida: se agruparán así, por ejemplo, todos los que se refieran a un cierto suceso, provengan de las entrevistas, de algún otro instrumento de recolección o de fuentes bibliográficas. Es fácil así reunir informaciones relativas a puntos determinados de lo que nos interesa, aunque los mismos, al principio, puedan aparecer como desconectados entre sí. Ya habrá ocasión de hacer posteriores agrupamientos más generales, hasta llegar -en lo posible- a cubrir el conjunto de los datos obtenidos.
Podríamos continuar dando ejemplos de este tipo de procesamiento para datos propios de otras disciplinas: el registro sucesivo de la magnitud de una estrella variable, la evolución de los tipos de cambio, las respuestas de un determinado molusco ante diferentes estímulos. La similitud última de todos estos casos, en un sentido metodológico, nos exime de abundar en mayores detalles. Resulta interesante en cambio examinar brevemente el otro procedimiento, aquel que, como decíamos, opera desde lo general hacia lo particular.
Situémonos ahora en una investigación descriptiva que tenga por objeto elaborar el diagnóstico completo de una empresa. A medida en que se recoge información ésta podrá ir agrupándose en algunas grandes categorías, que se desprenden del modelo teórico sobre el que se basa el diagnóstico. Tendremos así lo relativo a los procesos productivos, la organización funcional, el mercadeo, los aspectos financieros, etc. Todos los datos que se vayan obteniendo se irán así
insertando en alguna de estas grandes divisiones, que también podrán subdividirse a su vez, para llegar a un nivel de particularización adecuado.
Como verá el lector este procedimiento, aunque opuesto por su punto de partida al anterior, en nada resulta incompatible con el mismo. Es factible ir trabajando por ambas vías simultáneamente, según las características de los datos que se vayan recogiendo, hasta llegar a un sistema global, que nos permita ubicar toda la información de un modo coherente y bien estructurado.
Naturalmente, no es posible hacer esto de un modo absoluto, para
todos los datos que hayamos recogido. Siempre habrá algunos que no
encajen bien en las categorías de clasificación elaboradas. No debe preocuparse el tesista por esta circunstancia, especialmente si ello ocurre con un volumen más o menos reducido de información. Ya habrá oportunidad de hacer una clasificación más afinada cuando se posea un esquema expositivo general, de modo que allí pueda situarse aquéllo que en principio no parece fácilmente ordenable. Pero, en última instancia, tampoco tenemos que impacientarnos si ni aún así es posible resolver este problema: es preciso recordar que no toda la variada información obtenida en un proceso de investigación puede razonablemente ser registrada en su informe final. A veces existirá un exceso de detalles que no conviene transcribir; en otros casos se recogerán interesantes aunque lejanos antecedentes de una situación; podrán aparecer informaciones imprevistas, que no caben dentro de las propuestas teóricas iniciales, o datos sugerentes, que estimulan la imaginación pero que resultan por el momento imposibles de verificar. Es siempre preferible mantener la unidad expositiva básica de la tesis o del informe que buscar, empecinadamente, que todos los variados datos recogidos aparezcan en el mismo. Cabe además el recurso inteligente de separar la información no utilizada para emplearla -más adelante- como insumo de alguna nueva indagación.
La exposición anterior, lo imaginamos, puede dar la sensación de que se están pasando algunas cosas por alto. ¿Qué hacer -dirá el lector- con tantas ideas que se nos van ocurriendo de un modo espontáneo sobre el problema en estudio? ¿Cómo organizar los apuntes, notas y observaciones que se tienen, y que ocupan a veces muchas páginas? Todo este material que se va acumulando, casi siempre de un modo no previsto, tiene sin duda un gran valor. El mismo representa ya parte del análisis y la prefiguración de las conclusiones, pero debe ser procesado, obviamente, para que adquiera plena significación. Parte de este procesamiento puede realizarse siguiendo los mecanismos de agrupamiento de la información ya citados; pero, para alcanzar una utilización realmente completa, es preciso contar con otro elemento, al que luego nos referiremos: el esquema expositivo o plan de texto.
Si el tesista ha concluido ya con la etapa de recolección de datos y ha procedido a realizar las operaciones que mencionamos en la presente sección podrá tomar ahora sus apuntes previos para considerar si ellos se pueden incorporar, de un modo directo, a algunas de las informaciones que ha ido procesando. Conviene que esta tarea se realice conjuntamente con la primera fase del análisis de datos, como inmediatamente mostraremos.
Los datos obtenidos suelen dividirse, según su forma, en dos grandes categorías: numéricos y verbales. Los primeros se tabulan de modo de construir con ellos apropiados cuadros estadísticos, de acuerdo a los procedimientos que se exponen en los textos de metodología. [V. por ejemplo a Galtung, Johan, Teoría y Métodos de la Investigación Social, Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1971, así como a Sabino, El Proceso..., Op. Cit., pp. 153 a 167.] Los segundos pueden ser transformados en información numérica -mediante un proceso que se denomina codificación- o mantenidos en su carácter verbal, agrupándoselos según tipo y tema. Así debe procederse también con el contenido de las fichas, de modo tal de ir construyendo, en uno u otro caso, unidades coherentes de información. Sobre estos materiales debe iniciarse entonces el análisis: hay que estudiarlos detenidamente para tratar de comprender qué significado tiene cada cuadro y cada grupo de oraciones referentes a un idéntico punto. Se impone, en tal momento, la tarea de establecer por escrito las reflexiones preliminares que surjan de ese examen.
Es conveniente que el tesista vaya anotando las ideas que le son sugeridas por la información que revisa: puede observarse así el comportamiento de un cierto indicador, el tipo de relación que parece existir entre dos variables, la forma en que fluctúa una magnitud determinada o las apreciaciones que nos merecen ciertos hechos u opiniones que aparecen en los relatos de los entrevistados o en la bibliografía. Es muy útil, verdaderamente, apuntar lo que se va observando mediante breves observaciones que queden por escrito. Aquí, precisamente, habrá que consultar las anotaciones previas para encontrar los casos en que ellas tienen relación con los contenidos de esta primera fase del análisis. De este modo se va realizando una primera forma de contrastación entre los contenidos teóricos iniciales y los datos recogidos, objeto fundamental de toda indagación científica.
Es muy probable, por cierto, que una gran cantidad de tales anotaciones no pueda incorporarse en esta fase del trabajo, especialmente porque ellas sean de naturaleza muy general, vinculadas más a las conclusiones globales que al análisis pormenorizado. En todo caso es conveniente ir clasificando esas observaciones de acuerdo a su carácter, con lo que se podrá ir configurando un archivo de notas que posea un mínimo de orden interior. No obstante, no podrá avanzarse demasiado en esta línea si
no se posee ya un esquema que nos permita organizar el conjunto de ideas concernientes a la investigación.