CAPITULO II. NUESTROS CURSOS
LA ORGANIZACION DE LA VICTORIA EN LA GUERRA DEL PACIFICO
Vicealmirante J. A. RODRIGUEZ
D
ESDE hace muchos años, historiadores y escrito- res nacionales, mani- fiestan en sus obras y exposi- ciones que el Ministro don Rafael Sotomayor fue el orga- nizador de la victoria en la guerra del Pacífico (1).Como este juicio es contrario a la verdad histórica expondre- mos hechos que probarán que el éxito en aquel conflicto no fue la consecuencia de la acción organizadora de una persona, sino que la obra de conjunto de los altos dirigentes de la nación y de los Jefes de Ejército y Ar- mada, que organizaron y man- daron sus fuerzas durante la guerra; apoyados por la gran masa ciudadana que con patrio- tismo acudió al llamado de las armas para mantener y llevar hasta el fin una guerra que consideraba de la mayor justi- cia. Este es el concepto de la es- trategia, que no transige con los éxitos personales, que pudieron obtener los gobernantes y gue- rreros absolutos, como lo fueron en la antigüedad Alejandro y
César, y Napoleón en época más moderna.
Por otra parte, en los conflic- tos, desde que existe la organi- zación de los Estados, influyen los factores políticos, diplomá- ticos y económicos que tienen gran trascendencia en la acción militar.
En la guerra del Pacífico és- tos fueron de gran importancia. Así en el régimen político de gobierno nuestro país mantuvo su línea constitucional, corres- pondiendo la Dirección Supre- ma de la nación al Presidente de la República don Aníbal Pin- to, secundado por los ministros de Estado, que desde el prime- ro hasta el último, desarrolla- ron inteligente actividad. Hubo errores, como también los tuvie-
ron los hombres de armas, pero ellos fueron corregidos por la experiencia, lo que fue útil pa- ra el éxito final.
En lo correspondiente a las relaciones exteriores, el Minis- tro don Alejandro Fierro y los representantes en Argentina y Perú, don José Manuel Balma- ceda y don Joaquín Godoy, res- pectivamente, tuvieron actua- ciones de la más alta trascen- dencia. La visión económica del capitán de navio don Patricio Lynch fue importantísima para la persecución de la guerra. Fué además digna de elogio la ac- ción del senador y gran ciuda- dano don Benjamín Vicuña Mackenna que con su palabra y sus escritos exhortó a los chi- lenos a mantener la unidad pa- triótica que se requería.
Continuando el análisis de los conflictos, expresaremos que al correr del tiempo se producen sorpresas que, generalmente, no
están al alcance de las previsio- nes.
Así en febrero de 1879, Chile inició contra Bolivia una guerra de carácter limitado, ocupando Antofagasta que era el punto central de la discordia. Tenía para esta contingencia un ejér- cito de 2.400 hombres reducidos a esa cifra por largos años de imprevisión. En el mar existía una escuadra con dos blindados que desde el gobierno de Errá- zuriz era el arma principal de la seguridad del país. La situación internacional se complicó al abarcar luego al Perú, en for- ma que ya no se trataba de un conflicto limitado, sino que ex- tendido a dos países y para el cual la nación no estaba prepa- rada. El Ejército estaba muy por debajo del de los aliados y la flota encontró un nuevo ad- versario con blindados, que si eran inferiores a los nuestros, contaba con una buena base na- val en el Callao, además de es- tar más cerca del teatro de ope- raciones.
La política exterior dirigida por el Gobierno y apoyada por
la opinión pública desde uno a otro extremo del país, debía ser escudada por las armas, y las fuerzas, en consecuencia, tenían que responder a la nueva exi- gencia estratégica. Este fue el problema militar planteado en marzo del 79 y que resolvieron los altos Jefes del Ejército y de la Armada.
Desde luego, la debilidad es- taba en el Ejército que necesi- taba incrementarse, instruirse y armarse rápidamente; obra ardua que comenzaron el Minis- tro de la guerra coronel Corne-
lio Saavedra y el coronel Emi- lio Sotomayor, jefe de la fuerza de ocupación de Antofagasta, puerto que se escogió con muy buen criterio como base de ope- raciones.
Poco después era nombrado General en Jefe del Ejército el general de división Justo Ar- teaga a quien sucedió meses des- pués otro general de alto valer, Erasmo Escala; ambos genera- les imprimieron a sus tropas organización y sólida disciplina. En el mes de octubre los efec- tivos instruidos llegaban a 9.000 hombres de todas las ar- mas que formaron la primera fuerza expedicionaria que des- embarcó triunfalmente en Pisa- gua al mando del general Esca- la y continuó avanzando hasta posesionarse de la provincia de Tarapacá.
El Ejército continuó adelan- te, esta vez al mando de otro distinguido general, Manuel Ba- quedano que, desembarcando en llo y Pacocha, dió las batallas de Los Angeles, Tacna y Arica y obtuvo la posesión de esa pro- vincia.
Posteriormente se llevan a cabo las conferencias de paz en Arica en las que se distinguió don Eulogio Altamirano. Como no llegara a resultados, el país pidió la continuación de la gue- rra, originándose así la campa- ña de Lima que terminó en las decisivas batallas de Chorrillos y Miraflores. Secundaron a Ba- quedano en estas grandes accio- nes los jefes de divisiones ge- neral Emilio Sotomayor, capi- tán de navio Patricio Lyuch y coronel Pedro Lagos; además, el Jefe del Estado Mayor, ge-
LA ORGANIZACION DE LA... 41