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POBLACION TOTAL POR SECTOR

POBLACION TOTAL POR GRUPOS ETÁREOS Niños

2. Base cultural de la población

2.1. Origen étnico

A más de algunos indicios arqueológicos dispersos y las consiguientes interpretaciones que se han intentado al respecto. no existen datos ciertos sobre la naturaleza de los primitivos habitantes del Valle de Cochabamba. pues los mismos no dejaron testimonios materiales significativos que resistieran el paso del tiempo. Asimismo. no existe ningún vestigio consistente que demuestre la presencia de una cultura andina propia de este Valle y que en él hubiera establecido el ámbito de su desarrollo social y cultural.

Tampoco parece ser evidente como sugiere la historiografía oficial la incorporación temprana y prolongada de este valle al Imperio Incaico. Por el contrario el mismo recién fue incorporado a éste a fines del siglo XV. es decir en la etapa final del dominio Inca. Lo que los indicios arqueológicos parecen demostrar es que esta región en especial el Valle Central fue desde épocas remotas escenario de intensos flujos migratorios. Parece ser que los valles andinos centrales incluso el de Cochabamba con anterioridad a la conquista española estuvieron habitados por un conglomerado de aproximadamente 40 grupos étnicos. Esta enorme diversidad y concentración de distintos grupos étnicos se

vio facilitada por el propio emplazamiento central de la región a lo largo de la frontera oriental del Collasuyo (LARSON. 1982:9-11). En todos estos valles convivían los primitivos vallunos con ayllus de otras regiones o "pisos" sobre todo de procedencia aymara como los Moyos y Soras relacionados con pueblos del Altiplano Central –Carangas, Aullagas, Quillacas- además de Yungas provenientes de los Valles cálidos y húmedos de las estribaciones finales de la Cordillera Andina e incluso Charcas que se asentaron en el Valle de Cochabamba en la zona de Tiquipaya y El Paso además de los "mitimaes" Incas -al parecer provenientes del Valle de Quito que intentaron colonizar el Valle Central y cuya presencia era evidencia del predominio Cuzqueño en la región y los Chinchas de profesión plateros (SANCHEZ ALBORNOZ. 1978: 159- 160). A ellos se agregaron los indios Canas que habrían habitado el legendario ViIIorio de Canata (URQUIDI. 1949).

Para comprender mejor la presencia de estos grupos es necesario conocer la estrategia económica y espacial de dichas agrupaciones étnicas que consistía en obtener mediante el dominio de tierras ubicadas en diferentes altitudes una mayor autonomía económica que además se apoyaba en la complementariedad y la redistribución de la producción sobre una base de reciprocidad social que articulaba al conjunto del grupo étnico que Intercambiaban entre sí productos agrícolas de valle. puna y ceja de montaña (DOLLFUS. 1981). Según Reichel (1965) el maíz que en las zonas templadas y cálidas permitía recoger 2 y 3 cosechas anuales fue la base alimenticia más importante de una población que carecía de proteínas. Se trataba además de un producto fácilmente conservable y almacenable, con respecto por ejemplo a la yuca o al fríjol lo que eventualmente permitía los desplazamientos a larga distancia y las actividades de intercambio3

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Es probable que estos intercambio. se apoyaban en los cultivos de maíz y coca con que los valles templados y tropicales proveían a las regiones de montaña y puna, a cambio de tubérculos y sal. aunque obviamente éste intercambio se amplia a otros rubros como tejidos. cerámica. etc.

La modalidad o estrategia empleada por la expansión cuzqueña para consolidar su predominio sobre Cochabamba y otros territorios se apoyó en el transplante de originarios de otras regiones conquistadas con anterioridad por el Incario que se transforman en colonizadores de nuevas tierras (mitimaes) con el fin de dividir y controlar a los pueblos recientemente sometidos. Según parece, además de sus bondades naturales y de su ubicación central estratégica, los Incas tuvieron razones militares para establecer muchas comunidades de mitimaes, -defendidas por fortalezas como la de Inkallajta, contra las incursiones de las tribus Chiriguanas-, que conviven con otros grupos étnicos no originarios de Cochabamba que ocupaban diversos pisos ecológicos en la zona andina y subandina. Dichos grupos de mitimaes y los grupos étnicos de tierras frías se dedicaban al cultivo de maíz en el Valle de Cochabamba, irrigado por un sistema fluvial que ofrecía un riego apropiado para estos fines, permitiendo así un nivel de intercambio y flujo de productos hacia las distantes aldeas aymaras de la sierra, el altiplano, el lago Titicaca, el sud peruano e incluso las costas del Pacífico. Pese a esta amplitud del espacio geográfico involucrado, tanto los mitimaes que colonizaron las tierras maiceras, como los grupos étnicos estacionales mantuvieron su relación con los centros del poder del imperio y sus aldeas originarias respectivamente, compartiendo pacíficamente los frutos de la tierra y las bondades del Valle Cochabambino.

En resumen, la región de Cochabamba, desde tiempos remotos, fue un espacio de encuentros e intercambios, todo lo anteriormente señalado parece probar que no es posible referimos a la existencia de una cultura valluna nativa, sino a un ámbito de coexistencia de etnias y culturas afines que encontraron en las fértiles tierras de este valle el granero indispensable a su reproducción social.

Es indudable que desde estas lejanas épocas, el valle de K‘ocha Pampa, fue conocida en los sitios más remotos de la altiplanicie andina por su vocación maicera y a ella concurrieron flujos humanos continuos de la más heterogénea procedencia.

Este rol primigenio de la región, se interrumpirá con la llegada de los conquistadores y este primitivo mosaico de etnias y colonizadores incas, irá casi a desaparecer por la fractura económica y social que sufre la masa indígena con la irrupción y sometimiento al nuevo modo de producción introducido por los españoles. Sin embargo, si bien la consolidación del dominio hispánico en el Valle, sustituye las antiguas relaciones de producción por otra más complejas, profundas y duraderas, los rasgos étnicos y las tradiciones culturales no desaparecieron y esta paulatina fusión entre antiguos mitimaes y pueblos aymaras de escasa tradición sedentaria, con los nuevos habitantes españoles, dará lugar a los fundamentos de una nueva formación social atravesada por contradicciones y virtudes que le darán un rasgo peculiar y único al futuro desarrollo del Valle de Cochabamba.

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