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3. PARAMILITARISMO EN COLOMBIA

3.1 ORIGEN DE LAS AUTODEFENSAS UNIDAS DE COLOMBIA

Los orígenes del paramilitarismo en Colombia han estado ligados a varios momentos cruciales en la historia del país de las últimas décadas, empezando por la época de la violencia en donde se crearon bandas armadas al servicio de los partidos tradicionales, liberal y conservador; conformando así, grupos de autodefensas apoyadas en las élites locales que buscaban protegerse y garantizar su propia seguridad. (Rangel, 2005:52).

Fueron además, creados grupos de defensa campesina que buscaban la protección que el Estado no les brindaba; el accionar de estos grupos, no sólo estaba comprometido con la lucha de sus tierras, sino con la defensa de sus derechos y libertades, grupos armados reconocidos como autodefensas, que en palabras de (Romero, 2003:38); eran las agrupaciones organizadas para defenderse de un agresor y mantener el control de un territorio, sin pretensiones de expansión.

Mientras esto pasaba en algunas zonas del país, en algunas otras como Boyacá, se configuraban aparatos armados de los esmeralderos, que basaban su pie de fuerza en estas estructuras con el fin de ampliar el dominio territorial; y así fue como el paramilitarismo encontró respaldo en el narcotráfico.

A través de las mafias de las esmeraldas estos aparatos de protección privada llegaron al cartel de Medellín, ampliando su territorio y ganando un impresionante poder militar, se establecieron alianzas entre intereses privados y colectivos por medio del narcotráfico, llegando a prestar vigilancia a las propiedades de los principales jefes narcotraficantes y vigilancia de las mismas redes mafiosas creadas en las ciudades.

36 A mediados de los 80 surgieron diferentes organizaciones paramilitares y de autodefensa, toda una propuesta de los capos más influyentes con el fin de garantizar aparatos de seguridad a la ciudadanía como recurso estratégico, no sólo para brindar protección a las zonas en las cuales tenían sus negocios, sino para extender su dominio territorial y social que les proveía poder y grandeza en el orden social establecido.

No obstante, ante la dinámica que se estaba presentando, los grandes capos del narcotráfico siguieron creando grupos locales que operaban como aparatos coercitivos administradores de ley y protección ligadas a una naturaleza predatoria (Duncan, 2006: 38); el concepto de depredación puede ser entendido como el uso de la fuerza para arrebatar bienes o dinero a sus legítimos dueños. (Collier, 2004:4)

En este orden de ideas cabe anotar que el desarrollo y expansión de los grupos de autodefensa seguía su curso, aunque en algunas regiones estos grupos tuvieron algún corte sicarial, la base seguía siendo la misma, una organización contrainsurgente con fines de protección privada. Según lo afirma (Garzón, 2005:59) estas organizaciones se fueron extendiendo por algunas regiones del país, llegaron en 1988 al sur de Córdoba, Sucre, Urabá, Bajo Cauca Antioqueño, con una nueva estructura preponderante del mismo corte paramilitar, conocida como “Los Tangueros”. Fue entonces que a partir de este año el accionar de estos grupos tomó mayor fuerza, los hermanos Castaño empezaban sus proyectos de organizarse y se movían rápidamente, Fidel Castaño conformó su propio ejército privado fruto de los aportes que los ganaderos daban a cambio de seguridad que sería prestada por este nuevo grupo paramilitar.

El DAS estimaba que para mediados de 1987 los grupos paramilitares tenían alrededor de cinco mil hombres en armas, con una fuerte estructura y muchos simpatizantes. (Rangel, 2005:62). Esto apenas empezaba; la muerte de Pablo Escobar en 1993 la cual traería consigo una recomposición de los grupos

37 paramilitares por parte de los hermanos Castaño, Fidel y Carlos, quienes estuvieron involucrados con los primeros grupos paramilitares del Magdalena Medio y ahora, estarían de nuevo al mando de las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá) que ofrecerían un nuevo orden en la región y la protección y seguridad que el Estado no estaba brindando en diferentes zonas. En el gobierno de Ernesto Samper, la expansión de los grupos paramilitares tuvo cierta legitimidad, adquirida mediante el Decreto de ley 356 de 1994, en el cual se establecían servicios de seguridad privada en zonas en donde el Estado no garantizaba la seguridad pública; estos grupos se dieron a conocer como las CONVIVIR, los cuales actuarían bajo licencia del gobierno ofreciendo seguridad en zonas de conflicto en donde el Estado no alcanzaba a llegar. Sin duda estos grupos de vigilancia y seguridad privada, impulsarían el desarrollo y expansión del paramilitarismo en diferentes zonas del país. Como evidencia de ello (Garzón, 2005:66) menciona que “de acuerdo con un informe del Observatorio de la violencia, de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, elaborado en 1998, en los once departamentos más afectados por el conflicto armado se registraron actividades paramilitares en el 70% de los municipios en los que fueron creadas las Convivir”.

Pero sin duda alguna el momento clave que redireccionaría el paramilitarismo en Colombia sería la conformación de las Autodefensas Unidas de Colombia en 1997, como lo menciona Fernando Cubides,

(…) en donde Carlos Castaño logra integrar las Autodefensas Campesinas de córdoba y Urabá, las del Magdalena Medio y la de los Llanos Orientales con el propósito de presentarse como una organización con un mando unificado, un plan nacional, una coordinación multiregional de las acciones y una agenda con pretensiones programáticas, todo con miras a lograr un espacio en la negociación del Estado y un estatus que garantizara, a futuro, su reconocimiento como actor político. 2

2 Disponible en: http://www.verdadabierta.com/web31/articulo-1-periodo-3?task=view recuperado: 20 de septiembre de 2009.

38 Fue así como el proyecto alzó vuelo en la zona del magdalena medio en donde se buscaba apoyo de las élites locales no sólo para la financiación de dicho grupo, sino para el reclutamiento de nuevos hombres dentro de la región. De ahí que investigadores como Mauricio Romero, afirmen que en 1997 las recién creadas AUC alcanzaron una cifra de 4.000 combatientes y en el año 2000 su comando central dirigía más de 8.000 hombres bien equipados, los cuales controlaban áreas estratégicas del país. (Romero; 2003: 26)

De igual manera los fines de la organización durante esa época seguían siendo de protección a la población de la región en donde se ubicaban, pero sobre todo de cercar y eliminar a los grupos guerrilleros que ejercían su mando en la zona, de ahí que la intensidad de los enfrentamientos entre guerrillas y autodefensas se incrementara y con estos, las víctimas del conflicto, pero a decir verdad lo que este nuevo proyecto paramilitar impulsaría, como lo afirma Gustavo Duncan, (2006:299) sería básicamente la reconfiguración del orden social en la mayoría de las regiones del país.

Esta nueva organización fue expandiéndose y apoderándose de las zonas en donde estaban asentados grupos guerrilleros y en donde ganaderos y comerciantes se sentían inseguros; ahora las condiciones estaban dadas para un nuevo dominio territorial, su organización era mucho más compleja, se estableció entonces un nuevo orden político, militar, social y económico en las zonas donde hacia presencia, era lo más parecido a un Estado en lo local.

Ese expansionismo de las AUC vendría acompañado de la regulación y protección del narcotráfico como forma de financiación del grupo paramilitar, en otras palabras, su gran crecimiento durante dicha época, se debió en su mayoría a la financiación ilegal, sin embargo, aunque las AUC parecían triunfar como nueva forma de estado en las regiones, llegaría a su rápido decaimiento y sería su relación intima con el narcotráfico, la que provocaría escaramuzas dentro de la organización y su fin próximo como proyecto político, particularmente se generan problemas con la jefatura de la organización.

39 Fue así como fueron surgiendo nuevos liderazgos dentro de la organización paramilitar, y aunque Castaño buscó reiteradamente la reunificación de las AUC terminó por establecer las condiciones para entrar en una etapa de diálogos de paz con el Estado Nacional; la división y los problemas internos serían más notorios cuando el Bloque Central Bolívar rechazó la idea de sentarse en la misma mesa de diálogo de paz con las AUC; no se harían esperar las nuevas cabezas visibles líderes de la organización; a Castaño se le excluyó como vocero de las AUC ante el gobierno, y sería más tarde Salvatore Mancuso quien presidiría un nuevo estado mayor negociador en donde quedaría como representante de los jefes paramilitares de la organización.

De cualquier modo, diversos factores multiplicaron la desconfianza dentro de la organización, múltiples vendettas al interior de ésta terminarían por desgastar la autoridad de Castaño, de ahí que el más próximo acontecimiento que cambiaría el rumbo de las AUC, sería la muerte en circunstancias extrañas del jefe paramilitar. No obstante, esa desaparición trajo consigo nuevos liderazgos dentro del paramilitarismo y nuevos relevos inmediatos propiciados por los problemas al interior de éste.

Posteriormente, y después de pugnas internas, se llegó a un acuerdo con el gobierno, y entre noviembre del 2003 y el 2006, se desmovilizaron 30.944 combatientes3 de las autodefensas en 37 actos de desmovilización, este proceso se adelantó con el fin del desarme y el cese de hostilidades de estos grupos. En otro orden, y para darle continuación al apartado siguiente, se hará mención sobre uno de los bloques afiliado a las AUC, es el bloque Centauros, dicho bloque fue el resultado de la suma de diferentes grupos de autodefensas, los cuales

3 Informe Ejecutivo. Proceso de paz con las autodefensas. Presidencia de la República. Oficina del alto comisionado para la paz. 2006

40 encontraron en esta zona, el espacio suficiente para expandir sus negocios e intentar controlar la región más amplia del país.

3.1.1 EL RECLUTAMIENTO PARAMILITAR

Las formas en que las AUC reclutaron hombres para su ejército fueron diversas, a partir de los relatos de algunos ex combatientes se evidencia la existencia de diversas practicas de ingreso tales como: un miembro del grupo traía a un nuevo integrante, alguna persona cercana a la estructura recomendaba al nuevo integrante, algunas personas se presentaban de forma voluntaria; a veces se acudía al engaño aunque no era una práctica muy recurrente, y en algunos casos se daba reclutamiento forzado (Observatorio de procesos de desarme, desmovilización y reintegración; 2009)

Respecto al reclutamiento de menores de edad, se puede anotar que el uso de estos para el combarte se convirtió en una estrategia óptima, en cuanto los niños, niñas y adolescentes eran más aptos para un aprendizaje temprano de los contra valores de la violencia, parecían menos sospechosos de haber entrado en contacto con el enemigo y cumplían un rol fundamental en las formaciones de primera línea de combate (Springer; 2008:11)

Aunque las AUC en el artículo 9 de su estatuto de conformación, en donde se disponen los requisitos de entrada a la organización, los aspirantes tenían que ser mayores de 18 años, de buena reputación y no tener un historial de conducta indeseable o antisocial (Human Rights Watch; 2003). En la práctica esto no siempre guardaba relación, y aunque los paramilitares han cumplido parcialmente su compromiso de prohibir el reclutamiento de menores de edad, la proporción de niños en sus filas se considera inferior a la de las FARC o las del ELN.

3.2 GENESIS DEL PARAMILITARISMO EN LOS LLANOS ORIENTALES

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