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3. Desarrollo:

3.1 Revisión bibliográfica, fundamentación teórica

3.1.7 El patrimonio cultural como estrategia inclusiva en el marco de un proyecto

3.1.7.2 Origen y evolución del concepto de patrimonio

Se analiza aquí el concepto de patrimonio, como elemento o instrumento que pretendemos utilizar como eje y recurso educativo en nuestro proyecto. Se quiere fundamentar porqué el hecho de trabajar el patrimonio cultural e histórico de una ciudad no solo promueve una educación cohesionadora y vertebradora de la ciudad, en un planteamiento inclusivo a nivel de comunidad municipal, sino que también ayuda a que sus ciudadanos se sientan ligados a una raíces, a una herencia, de la cual sentirse orgullosos, a la que conocer y proteger y a la que utilizar como elemento para identificar la comunidad e identificarse en ella como sujeto activo.

Explica González Monfort que el concepto de patrimonio nace de la síntesis de dos conceptos, uno inglés y el otro francés. Uno pone el acento en el concepto de herencia y el otro en el de transmisión. Eso es, filiación e identidad, los cuales, según la autora, tienen especial importancia en el proceso de construcción de la persona y de la sociedad. En este sentido, Correa sin eludir un discurso crítico a este concepto afirma que “hoy es de todos admitido que la pertenencia íntima a una cultura….configura al individuo concreto (le otorga identidad) puesto que el proceso de socialización es también un proceso de individualización.” (Correa, 2003, p.147). Correa se muestra crítico en tanto a que esta construcción social del individuo se convierte en una suerte de adoctrinamiento que imposibilita el desarrollo del ser trascendente de la persona.

“…todo sujeto es configurado sociohistóricamente por sus condicionantes. Así, hallarse sujeto la educación ha significado someterse a la disciplina según un régimen de recuerdos y olvidos, de asumir identidades normalizadas a través de prácticas discursivas. De esta forma el sujeto se identifica entonces con el contexto y se hace imposible la posibilidad de estar fuera del sistema” (Correa, 2003, p. 147).

Si bien estas afirmaciones tienen un gran interés filosófico su discurso crítico hace referencia a un uso del concepto patrimonio que va ligado al de identidad nacional y que aboga por una cultura de la diferencia. No obstante es pertinente tenerlo presente en tanto que detrás de un uso semejante del concepto patrimonio,

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entendiéndolo como constructor de identidad e individualización, esconde los peligros de una cultura de la diferencia. Por ello es tan importante tanto el conceptualizar el mismo concepto como el uso didáctico que se le da, no sólo a nivel escolar sino a nivel escolar y social, en el marco de una educación inclusiva. Como se ve en el apartado acerca de la didáctica del patrimonio del presente trabajo el valor del patrimonio no depende de la singularidad del mismo sino por el significado y el uso social que se le da.

Siguiendo con la evolución del concepto, el patrimonio referido a la herencia colectiva no se utiliza, según Querol y Martínez solo es hasta el siglo XIX y después de la segunda Guerra Mundial cuando comienza a utilizarse en el ámbito internacional. Después, a lo largo del siglo XX este se vincula ya a la sociedad en tanto que bien común, al conjunto social, algo a lo que todos deben tener acceso. (Querol y Martínez, 1996, citados en González Monfort, 2006, p. 7.) Es algo a lo que deben tener acceso, sólo así puede darse el querer la herencia, la voluntad de heredar ese patrimonio cultural que, como se ha dicho en el párrafo anterior tiene valor por su significado.

Así, si tomamos unas fiestas tradicionales, como es el caso de la Fiesta Mayor de Santa Tecla, las costumbres, las manifestaciones artísticas de toda índole o la arquitectura, que no tienen por qué ser solo restos arqueológicos etc. “se acaban convirtiendo en referencias identitarias para sus protagonistas, que los reciben, los utilizan, los transforman, los interpretan y los traspasan según su propia dinámica cultural.” (González Monfort, 2006, p.9).

Según González Monfort y Pagès i Blanch (2005) se está intentando dar un paso más en la conceptualización del término patrimonio, tomando en consideración el concepto de interpretación del mismo. Ello implica que el patrimonio adquiere un papel activo ya que se relaciona con la identidad en tanto que puede generar imagen, ejemplo, de una sociedad, una identidad cultural, etc. como se ha visto, crear identidad. “La interpretación intenta lograr la dinamización del patrimonio en su contexto original. Por ello, la contextualización es muy importante para poder ofrecer las claves de una lectura que permita al observador explorar, situar, comprender, analizar, revivir.” (González Monfort, 2006, p.10).

Así, el concepto patrimonio ligado al concepto interpretación no sólo relaciona al primero con la identidad, sino también con la economía, la conservación y la divulgación del mismo. En la actualidad, se corre el riesgo de que el patrimonio se convierta en un mero objeto de consumo en tanto que se piensa que a través de él pueden obtenerse beneficios económicos. Si bien es cierto que la preservación y

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divulgación del patrimonio va acompañado de unos costes económicos, si el costo que una persona tiene que asumir para “consumir” dicho patrimonio es desorbitado y se le torna inaccesible, éste pierde su significado y, consecuentemente, se imposibilita el querer heredarlo. Por ello, el patrimonio cultural nunca debe convertirse en objeto de consumo. Este es el caso de los imponentes y abundantes restos arqueológicos Mayas en Guatemala; el acceso a los mismos tiene un costo que dobla el sueldo medio de un guatemalteco y que, además, no va acompañado ni de una buena conservación de los mismos ni de una óptima divulgación. No es de extrañar, pues, que casi el 90% de los guatemaltecos jamás haya visto ni vaya a ver las pirámides de Tikal, evidencia viva de sus raíces históricas y culturales.

Como dicen García y Moreno (2003) resulta necesario que la sociedad lo sepa ver como un gran recurso para formar ciudadanos reflexivos y críticos que se identifican con su pasado y ello les compromete con su futuro. Y, sumado a esto, se fomenta el respeto y la protección, así como la conservación en pro de las generaciones futuras. (García y Moreno, 2003, citado por González Monfort, 2006, p. 11.)

3.1.7.3 Santa Tecla y los restos arqueológicos romanos, el patrimonio