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2. El análisis por niveles

2.1. A nivel internacional

2.1.3. Otras Agencias Internacionales

En los últimos años se han realizado numerosos estudios ocupados del análisis de las políticas educativas del Banco Mundial (BM); sin embargo, no es frecuente que se atienda el tema de

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la diversidad cultural en el análisis de las prioridades, posiciones y recomendaciones de la institución.

Un estudio realizado por Eduardo Domenech (2007) sugiere que las políticas y el discurso del BM referido a la relación diversidad-desigualdad, está apuntalado en una lógica tecnocrática fundamentada en la llamada modernización conservadora. Entendiendo que el neoliberalismo es conservador en la medida en que se fundamenta en “la imposibilidad conceptual y fáctica de establecer mecanismos de igualdad que regulen y orienten el funcionamiento democrático de las sociedades modernas” (Gentili 1998, 63).

El BM continúa siendo uno de los principales agentes que participa en la instauración del neoliberalismo y la construcción de su agenda (Domenech 2007); procurando expandir una ideología que “no remite exclusivamente a la economía, sino a la representación global de una realidad que afirma, en sustancia, que el mercado es el que gobierna y el Gobierno quién administra lo que dicta el mercado” (Estefanía 1998, 26).

Aumentar la eficacia y la eficiencia, elevar la calidad y lograr la equidad, forman parte de las metas del BM. Las recomendaciones de este organismo internacional en materia de política educativa, giran fundamentalmente en torno a la relación costo-beneficio de la educación (Torres 1997). En base a esto, las comunidades indígenas y otros grupos étnicos se vuelven objeto de análisis e intervención de programas focalizados de la institución.

El interés del BM por las comunidades indígenas se enmarca, por otra parte, en la relación cultura-pobreza-desarrollo, pensada desde el pragmatismo economicista que caracteriza la línea de pensamiento de la institución. Al BM le interesa “la etnicidad o la cultura en la medida en que puedan constituir o no un obstáculo para el desarrollo económico y la reducción de la pobreza” (Domenech 2007, 73), de ahí que, por ejemplo, manejen términos como los “costos de la etnicidad”. En los años noventa se sumó además la preocupación del BM por los eventuales o potenciales conflictos culturales y étnicos en la región

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Otro grupo sociocultural que ha despertado la atención del Banco son los inmigrantes. Este grupo no es tratado con la misma atención que a las comunidades indígenas, ya que, mientras los indígenas son considerados como actores sociales, los inmigrantes (en el caso de la educación) son tratados como minorías étnicas, y analizados como hecho social relacionado con movimientos migratorios. Para el BM, “los inmigrantes son objeto de preocupación en tanto formen parte del comercio internacional e influyan de manera significativa en las economías locales y/o globales” (Domenech 2007, 73). Los documentos de la institución referidos al fenómeno de la inmigración, abogan por la liberalización comercial como

suplente de las migraciones internacionales, y de esta forma, detener la inmigración masiva de países dependientes. La conclusión era de esperarse: el Sur debe liberar el comercio y el Norte debe imponer una tasa (óptima) de inmigración (Schiff 1996).

Un ejemplo claro de la intervención del BM en materia cultural lo podemos encontrar en las formulaciones de la institución respecto a la educación bilingüe (aunque en la concepción del Banco no forma parte de una política multi/intercultural). Para el organismo internacional, la educación bilingüe sólo se justifica en la “educación básica”, ya que, más allá de los primeros años de escolaridad, esta educación no es rentable.

Por otra parte, en la visión del Banco existen grupos y sectores sociales que el organismo califica como “grupos desaventajados”5, y que en correspondencia con sus características no deben estar incluidos en el sistema de educación formal. Esto hace pensar que, a pesar de las metas declaradas por el BM, “no se trata de incluir a todos los excluidos, sino a aquellos cuya inclusión sea rentable o cuya exclusión configure una amenaza para la cohesión social” (Domenech 2007, 78). Por ello planteó que “las estrategias deben variar de un país a otro y por lo general los métodos no formales serán más apropiados que la enseñanza formal” (Banco Mundial 2004, 133).

Por último haremos referencia a un documento del BM dedicado al etnodesarrollo. En este se plantea la necesidad de un nuevo enfoque para el desarrollo, fundamentado en la

configuración de procesos descentralizados que incluyan como actores principales a las

5 Este grupo está compuesto según el BM por nómadas; grupos geográficamente aislados; niños de la calle; y

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comunidades indígenas, a representantes del gobierno y de ONGs. En correspondencia con esto plantean que la única manera de garantizar un reparto eficaz y eficiente de proyectos de desarrollo, es encargándoselos directamente a los sistemas de gobierno y liderazgo indígenas (Domenech 2007). De esta forma el BM no niega sus principios y estrategias, pero de alguna manera encubre, mediante el discurso de partnership, los verdaderos efectos de la

participación de organizaciones indígenas en los proyectos que financia: mediante el comprometimiento en tareas de monitoreo, evaluación y rendición de cuentas, las comunidades pierden su autonomía e internalizan los criterios del Banco.

Además de UNESCO y el Banco Mundial, el Programa de Naciones Unidas para el

Desarrollo (PNUD) ha trabajado temas de cultura y desarrollo. Este programa dedicó en 2004 su Informe sobre Desarrollo Humano anual a “La libertad cultural en el mundo diverso de hoy”. El argumento central de este informe es que las sociedades deben acoger a las

identidades múltiples, y no reprimirlas. Por esta razón, los legisladores enfrentan el desafío de ampliar las opciones de las personas, de forma que no tengan que renunciar a aspectos de su identidad para acceder al espectro de oportunidades económicas y sociales (UNESCO 2010b).

El Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) también en su Informe del Estado de la Población Mundial de 2008 abordó la temática cultural. Desde sus primeras palabras, el Informe señala que la cultura “es y ha sido siempre un aspecto central del desarrollo. Dado que se trata de un aspecto natural y fundamental en las vidas de los seres humanos, es preciso integrar la cultura en las políticas y los programas de desarrollo” (UNFPA 2008, 1). El

Informe maneja como argumento central, la cuestión de la vinculación entre género, cultura y desarrollo, con la transversalización de los derechos humanos.

Existen además redes culturales mundiales con una amplia agenda de trabajo. Entre ellas está la Comisión de Cultura de la asociación mundial Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), que fomenta la relación entre políticas culturales locales y el desarrollo sostenible. Para ello utiliza la Agenda 21 de la cultura como documento fundacional, donde se incluye a la cultura en el modelo de desarrollo que plantean de forma explícita.

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La Federación Internacional de Consejos de Artes y Agencias Culturales (FICAAC), por otra parte, es la red global de agencias nacionales encargadas de la financiación de las artes. Su objetivo es mejorar las prácticas de las políticas culturales y artísticas, la financiación de las artes, el desarrollo de públicos y el acceso público a las artes.