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Otras herramientas proyectivas: ¿Cuál es su valoración?

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ser muy limitada. Estos sistemas de valo- ración carecen de normas adecuadas, lo que los descalifi ca para su aplicación fue- ra del marco de la investigación; para su posible uso en terapia, habrá que ahondar antes en sus fundamentos.

Defectos en las fi guras

En contraste con el Rorschach y el TAT, que provocan reacciones ante imágenes ya existentes, una tercera aproximación proyectiva es la que solicita del sujeto a examen que dibuje. En algunos de estos instrumentos, pensemos en el test Dibuja una Persona, el individuo debe dibujar un ser humano. Pero en otros la tarea consis- te en dibujar casas o árboles. Habitual- mente, los profesionales interpretan los esbozos poniendo en relación “signos es- pecífi cos” —caracteres somáticos o indu- mentaria— con rasgos de la personalidad o con determinados trastornos psicológi- cos. Podrían asociar ojos grandes con paranoia, corbatas largas con agresividad sexual, ausencia de ciertos rasgos faciales con depresión, etcétera.

Como también ocurre con los otros mé- todos, la investigación sobre los métodos pictóricos mueve a profunda preocupa- ción. En algunos estudios, las valoracio- nes de distintos psicólogos concuerdan bastante bien, pero en otros reina la discre- pancia. Y lo que es todavía peor, la validez interpretativa del método de los signos no

se sustenta en ninguna prueba sólida; es decir, los profesionales se encuentran sin fundamentos para vincular signos espe- cífi cos con aspectos particulares de la personalidad, ni para hacer diagnósticos psiquiátricos. Ni existen pruebas consis- tentes para uncir el abuso de menores a ciertos signos (lengua o genitales) que re- velen realmente una historia de vejación. El único resultado positivo obtenido re- petidamente es que, en cuanto grupo, se da una proporción elevada de trastornos psicológicos entre las personas que dibu- jan muy mal la fi gura humana. Mas, por otro lado, la investigación nos revela que los profesionales tienden a atribuir enfer- medades mentales a individuos normales por el simple hecho de carecer de dotes artísticas.

Defi enden algunos que el recurso a los signos es válido si se deja en manos ex- pertas. Pero, según demostró un equipo de investigación, los expertos que aplican el test Dibuja una Persona se mostraron me- nos precisos, a la hora de distinguir entre la normalidad y la anormalidad psicológi- ca, que alumnos de doctorado.

Podrían, en cambio, ser útiles ciertos sistemas de valoración global, que se ba- san en la interpretación de signos. En vez de partir de la correspondencia unívoca entre un aspecto del dibujo y un rasgo de la personalidad, los psicólogos que aplican estos métodos combinan varios

aspectos de los dibujos para extraer una impresión general del perfi l de la persona. En un estudio realizado sobre 52 niños, el método de valoración global ayudó a dis- tinguir entre individuos normales y quie- nes presentaban trastornos de humor o de ansiedad. En otro informe, la interpreta- ción global diferenció correctamente, en una muestra de 54 niños y adolescentes, entre los normales y los agresivos o re- beldes. El método global podría funcionar mejor que el de signos porque la adición de información elimina el “ruido” proce- dente de variables que aportan confusión o información incompleta.

Por consiguiente, de nuestra revisión bibliográfi ca se desprende que la utilidad del Rorschach, el TAT y el test de los di- bujos de la fi gura humana, tal como se vienen aplicando, se circunscribe a cir- cunstancias muy limitadas. Idéntica con- clusión se extrae a propósito de muchas otras técnicas proyectivas.

Hemos hallado que, aun cuando los métodos evalúen las características que declaran medir, tienden a carecer de lo que los psicólogos denominan “validez incremental”: raramente añaden algo más a la información que puede recabarse por otros medios más prácticos, como son las entrevistas o la realización de tests objeti- vos de personalidad . (Los tests objetivos buscan respuestas a preguntas claras y directas, del tipo: “a menudo me asalta el Los psicólogos disponen de varios

métodos proyectivos basados en los dibujos. De todos, el test del Dibuja una Persona constituye el más socorri- do, en particular para evaluar niños y adolescentes. El profesional solicita al niño que dibuje a alguien de su mismo sexo y luego a otro del sexo opues- to; que los retrate según le plazca. (En una variante del método se le requiere que dibuje una persona, una casa y un árbol.) Los que utilizan este test dan por supuesto que los dibujos propor- cionan información de utilidad sobre la personalidad de los niños o su salud mental.

En el boceto de un hombre, por ejemplo, unos pies pequeños podrían indicar inseguridad o inestabilidad; una cabeza pequeña, inadaptación. Manos o dientes largos se considerarían indica- tivos de agresividad; los brazos cortos, un signo de timidez. Y algunas carac- terísticas femeninas —por ejemplo,

largas pestañas o labios intensamente coloreados— sugerirían confusión del papel sexual.

La investigación ha demostrado, de un modo sistemático, que tales “sig- nos” no mantienen una relación virtual con la personalidad o la enfermedad mental. Los científi cos han llamado a las interpretaciones de estos signos “fre- nología del siglo XX”, en referencia a la pseudociencia difundida en el siglo XIX

de inferir las personalidades de la gente según el tipo de los abultamientos de su cráneo.

Todavía hoy se recurre al enfoque de los signos. Hay psicólogos que con- tinúan proclamando que ciertos signos clave sugieren abuso sexual. Por ejem- plo, en el dibujo infantil, los signos de abuso —se alega— incluyen a una per- sona mayor que la niña, con el cuerpo parcialmente desnudo, una mano cerca de los genitales, la otra mano oculta en un bolsillo, la nariz grande y bigote. La verdad es que el nexo entre dichos signos y el abuso sexual permanece, en el mejor de los casos, dudoso.

Dibujos de la fi gura humana: signos engañosos

pensamiento de autolesionarme— ¿ver- dadero o falso?”) La ausencia de una ma- yor penetración por parte de los métodos proyectivos hace difícilmente justifi cable sus costes en tiempo y dinero.

¿Qué hacer?

Algunos profesionales de la salud mental no están de acuerdo con nuestras conclusio- nes. Aducen que las herramientas proyec- tivas tienen una larga historia de uso cons- tructivo y que, utilizadas e interpretadas apropiadamente, pueden superar las barre- ras que las entrevistas tienen para que los pacientes informen de sí mismos, propor- cionando una imagen de los pliegues de su

mente. Nuestros críticos también afi rman que hemos puesto énfasis en los aspectos negativos y excluido los positivos.

Pese a tales objeciones, no abdicamos de nuestras conclusiones. De hecho, por negativas que resulten nuestras afi rmacio- nes generales, podrían pintar un cuadro sonrosado de las técnicas proyectivas de- bido al efecto de extracción de archivos. Es conocido que las revistas científi cas prefi eren publicar informes que demues- tran que un procedimiento funciona y no sobre otro que haya fracasado. En con- secuencia, los investigadores tienden a silenciar con total tranquilidad los datos negativos, que difícilmente verán la luz.

Nos parece preocupante que los psi- cólogos recurran de forma rutinaria a los métodos proyectivos en situaciones don- de carecen de validez fundada, según se ha demostrado por numerosos estudios. Ello puede repercutir en un diagnóstico erróneo y éste condicionar los planes de tratamiento, las reglas de custodia de la prole y las decisiones de los tribunales de justicia. Basándonos en nuestros descu- brimientos, urgimos enérgicamente a los psicólogos para que cesen en la utiliza- ción de las técnicas proyectivas y, cuando opten por tales métodos, se ciñan a valorar e interpretar el número restringido de va- riables que han demostrado su fi abilidad. Cuando un rimero de investigaciones demuestra cuán erróneas eran las viejas intuiciones, la opción a tomar es adoptar nuevos enfoques.

SCOTT O. LILIENFELD, JAMES M. WOOD y HOWARD N. GARB dirigen diversas investi- gaciones sobre métodos de análisis psicológico. Recientemente han colaborado en una exten- sa revisión de la investigación sobre métodos proyectivos, publicada por la Academia Nor- teamericana de Psicología. Lilienfeld y Wood enseñan, respectivamente, en la Universidad Emory y en la Universidad de Texas en El Paso. Garb trabaja en el Centro Médico Wilford Hall, de la Base Lackland de las Fuerzas Aéreas en San Antonio.

En una encuesta realizada en 1995 se consultó a 412 psicólogos clínicos, seleccio- nados al azar, con qué frecuencia recurrían a diversas herramientas proyectivas y no proyectivas de apoyo, incluidas las listadas a continuación. Los métodos proyectivos muestran a los examinandos escenas, palabras u objetos ambiguos; los otros modelos son menos abiertos. El número de profesionales que se sirven de métodos proyectivos parece haber disminuido algo desde 1995, pero las técnicas siguen utilizándose ampliamente.

Técnicas Usadas siempre Usadas

proyectivas o frecuentemente ocasionalmente

Rorschach 43% 82%

Dibujos de la fi gura humana 39% 80%

Test de Apercepción 34% 82%

Temática (TAT)

Test de terminación de la frase 34% 84%

CAT (versión para niños 6% 42%

del TAT)

Técnicas Usadas siempre Usadas

no proyectivas* o frecuentemente ocasionalmente

Escala de Inteligencia para 59% 93%

Adultos, de Wechsler (WAIS)

Inventario 2 de Personalidad 58% 85%

Multifásica, de Minnesota (MMPI-2)

Escala de Inteligencia para Niños, 42% 69%

de Wechsler (WISC)

Inventario de la Depresión, 21% 71%

de Beck

*Los listados son los tests no proyectivos más comúnmente utilizados para valorar el CI de adultos (WAIS),

la personalidad (MMPI-2), el CI de niños (WISC) y la depresión (Inventario de la Depresión, de Beck). FUENTE: “Contemporary Practice of Psychological Assessment by Clinical Psychologists”, por C. E. Watkins et al. en Professional Psychology: Research and Practice, vol, 26, n.o 1, págs. 54-60; 1995.

Para más información, véase también “What Tests Are Acceptable for Use in Forensic Evaluations? A Survey of Experts”, por J. Lally en Professional Psychology: Research and Practice, vol 34, n.o 5,

págs. 491-498; 2003.

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