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Otras propuestas neomalthusianas sobre la población

Capítulo II. Malthusianismo y otras teorías poblacionales

2.3 Nuevas aportaciones neomalthusianas

2.3.1 Otras propuestas neomalthusianas sobre la población

El vertiginoso crecimiento de la población, las migraciones y los procesos de urbani- zación, impulsados por el desarrollo moderno, así como los efectos que de tales procesos van a constituir los principales factores que han impulsado una nueva reflexión sobre el so- porte argumental de la relación población y recursos naturales. De todos modos reconociendo la importancia del factor demográfico en estos cambios ambientales, sin embargo no ha de enfatizarse en exceso, como si fuera el factor único, ya que otros muchos factores, la produc- ción industrial y los cambios que ello lleva aparejado, los avances científicos y tecnológicos, el enorme crecimiento de las ciudades, la presencia y expansión de los motores de explosión que pusieron los automóviles (coches) al alcance de todos, etc., etc., intervinieron e intervie- nen en dichos cambios:

“La urbanización ha sido, junto con el crecimiento demográfico y la emigración uno de los motores más poderosos entre los muchos que han impulsado el cambio medio ambiental en el siglo XX (...). El crecimiento demográfico, considerado a menudo causa principal de los trastornos del medio ambiente, sólo encaja, probablemente, en esa descripción en ciertas circunstancias concretas”28.

Tal proceso de reflexión se va a centrar en la identificación, caracterización y concep- tualización de los efectos que el crecimiento poblacional produce en el planeta que habita- mos, así como los procedimientos a poner en práctica, el control poblacional, para evitar las consecuencias que se prevén desastrosas. En cambio se prestará escasa atención a los restan- tes factores de urbanización y migraciones. En esta proyección surge la figura de Malthus y de la teoría malthusiana como precedente claramente identificado con la preocupación por

27“El fantasma de la guerra, de la hambruna y de la miseria se pasea por la Tierra, en medio del terror de los

pueblos, como un nuevo jinete del Apocalipsis, montado en el corcel de las últimas estadísticas demográficas”

Hübner, op. cit., p. 10.

- 85 - los recursos naturales, por cuanto es en esta teoría donde se relacionan científicamente los dos polos del problema ecológico: la población con tendencia al crecimiento ilimitado y los recursos limitados que ofrece el planeta, la gran cuestión sobre la que reflexionó el econo- mista inglés Malthus, a finales del siglo XVIII. Teniendo en cuenta que los recursos son ne- cesarios para la subsistencia humana y no pueden crecer al mismo ritmo que la población, es obvio que, así como según el malthusianismo la superficie terrestre limita inexorablemente la producción alimentaria, también los limitados recursos determinarán sin piedad el número de habitantes que el planeta puede contener. A pesar del tiempo transcurrido, la experiencia habida y los estudios científicos que desmienten la tesis del pastor anglicano, ésta se genera- liza y aplica a las relaciones Tierra y el hombre. Este es el asunto clave que conducirá la reflexión científica, ética y política de la ecología.

En tiempos más recientes asistimos a nuevas matizaciones en el marco de aplicación del pensamiento neomalthusiano. En la segunda mitad del siglo XX, se reivindica el nombre de Malthus para recalcar los daños ecológicos (destrucción de ecosistemas, agotamiento de recursos no renovables) causados por la expansión demográfica mundial. Como muy bien se ha sugerido, el neomalthusianismo reaparece en los momentos cruciales de explosión demo- gráfica. Uno de estos momentos coincidió con la toma de conciencia de la crisis ambiental moderna y por ello no es de extrañar que la preocupación por el crecimiento poblacional haya acompañado el nacimiento de la reflexión ambiental. El principal vehículo para los temores neomalthusianos pasó a ser el peligro de una catástrofe ambiental. El libro publica- do por Fairfied Osborn en 1948, Our Plundered Plant (Nuestro planeta saqueado) y The Li- mits of the Earth (Los limites de la Tierra)29 en el 1953, marcó el inicio de esta nueva pre- ocupación que culmina en la década de los sesenta, con una floración de escritos de índole

29 Referente a lo planteado, podemos hacer mención de la obra titulada Los Límites de la Tierra publicada en los

inicios de los cincuenta (1953) del siglo pasado por F. Osborn, donde intentaba como profeta del catastrofismo, poner en relieve la relación entre población y los medios de subsistencia. “Vivimos sometidos al imperio de un

principio independiente del tiempo, que ejerce su influencia implacable y universalmente. Este principio está estrechamente relacionado con la ley de oferta y la demanda. Se expresa en una simple razón, en la que uno de los términos sería los recursos de la tierra y el otro sería el número de habitantes. Mientras que el primero es relativamente fijo y está sólo parcialmente sujeto al poder del hombre, el otro es cambiante y puede determi- narlo el hombre en buena medida, si es que no del todo. Si somos ciegos para ver esta ley, o si nos engañamos subestimando su poder, podemos estar seguros de una cosa: el género humano pasará por un período de cre- cientes penalidades; de conflictos y de tiniebla”. Osborne, Fairfield. ([1953] 1956). Los Límites de la Tierra.

- 86 - catastrófico ambiental: Rachel Carsons (1963) Silent Spring, Hamilton, Londres. Edición española: La primavera silenciosa, (Grijalvo, 1980) Paul Ehrlich en 1968, The population Bomb (La bomba demográfica), Garret Hardin en 1978, The tragedy of the commons (La tragedia de los bienes comunes), Barry Commoner en 1969 comienza la publicación de la revista Environment y ya había comenzado la publicación en 1958 de Nuclear Information que luego en 1964 pasaría llamarse Scientist and Citizen y en 1966 publica un ensayo de gran éxito acerca de los riesgos implicados en el complejo tecnocientífico contemporáneo, con el título Science and survival (Ciencia y sobrevivencia). Esta literatura arranca de sectores con- cretos y de problemas medioambientales limitados, pero en muchos esta ya presente el de- nominador común del crecimiento poblacional como destructor y depredador del medio am- biente, que va a constituir un rasgo del neomalthusianismo. Garrett Hardin, profesor retirado de biología de la Universidad de California, y uno de los más influyentes teóricos del control de la población en el último tercio del siglo XX. Su ensayo más famoso The Tragedy of the Commons (La tragedia de los comunes), publicado en 1968 en la revista Science y reimpreso 87 veces, ha sido cita obligada de los más entusiastas defensores del control demográfico. El ensayo se ha convertido en un clásico referido a los asuntos del medio ambiente dentro del marco de la población. El término “capacidad de carga de la Tierra” fue popularizado por Garret Hardin donde adoptó la teoría de capacidad de carga, usualmente utilizada para de- terminar el número de insectos que un ecosistema dado podía soportar, y lo aplicó a la pobla- ción humana. A partir de la publicación del famoso artículo de Garrett Hardin, la gestión colectiva de los recursos se convirtió en uno de los temas clave de los economistas ambienta- les y los especialistas en recursos naturales. En este trabajo Hardin sostiene que cuando los recursos son limitados, las decisiones racionales de cada individuo “dan lugar a un dilema irracional para el grupo”, planteando que cada usuario de un bien colectivo tiende a maximi- zar el uso individualizado de ese recurso en un corto plazo, lo que conduce invariablemente a su sobreexplotación30.

30 Hardin, Garrett (1968). “La tragedia de los Comunes”. “La tragedia de los recursos comunes se desarrolla

de la siguiente manera. Imagine un pastizal abierto para todos. Es de esperarse que cada pastor intentará mantener en los recursos comunes tantas cabezas de ganado como le sea posible. Este arreglo puede funcionar razonablemente bien por siglos gracias a que las guerras tribales, la caza furtiva y las enfermedades manten- drán los números tanto de hombres como de animales por debajo de la capacidad de carga de las tierras. Fi- nalmente, sin embargo, llega el día de ajustar cuentas, es decir, el día en que se vuelve realidad la largamente soñada meta de estabilidad social. En este punto, la lógica inherente a los recursos comunes inmisericorde- mente genera una tragedia. Como un ser racional, cada pastor busca maximizar su ganancia. Explícita o im-

- 87 - Según Garrett Hardin las comunidades, en las que los humanos tendemos a agrupar- nos, cumplen la función de conseguir unos bienes determinados, donde aparentemente, estos bienes comunes se consiguen con independencia del grado de participación individual, exis- tiendo la tentación de no contribuir a su conservación. Cuando esta actitud se generaliza, puede provocar el agotamiento o la destrucción de los bienes pertenecientes a la comunidad. Lo que pertenece a todos en este sentido está en peligro de no ser valorado ni mantenido por nadie. Esa tragedia de los recursos comunes, advierte el autor, está negativamente afectada por la reproducción humana y que de una forma u otra ha sido alimentada por el estado bene- factor.

“Si cada familia humana dependiera exclusivamente de sus propios recursos, si los hijos de padres no previsores murieran de hambre, si, por lo tanto, la reproducción excesiva tuviera su propio "castigo" para la línea germinal: entonces no habría nin- guna razón para que el interés público controlara la reproducción familiar. Pero nuestra sociedad está profundamente comprometida con el estado de bienes- tar…Equilibrar el concepto de libertad de procreación con la creencia de que todo el que nace tiene igual derecho sobre los recursos comunes es encaminar al mundo hacia un trágico destino”31.

Establece como argumento final la iniciativa de pedir a la raza humana su renuncia a la procreación, como condición para poner fin a la tragedia de los recursos comunes. En vir- tud de este reclamo el control del sujeto sería total y revestiría la forma coercitiva.

“El aspecto más importante de la necesidad que debemos ahora reconocer es la ne- cesidad de abandonar los recursos comunes, en la reproducción. Ninguna solución plícitamente, consciente o inconscientemente, se pregunta, ¿cuál es el beneficio para mí de aumentar un animal más a mi rebaño? Esta utilidad tiene un componente negativo y otro positivo. [1]. El componente positivo es una función del incremento de una animal. Como el pastor recibe todos los beneficios de la venta, la utilidad positiva es cercana a +1. [2]. El componente negativo es una función del sobrepastoreo adicional generado por un animal más. Sin embargo, puesto que los efectos del sobrepastoreo son compartidos por todos los pastores, la utilidad negativa de cualquier decisión particular tomada por un pastor es solamente una fracción de -1. Al sumar todas las utilidades parciales, el pastor racional concluye que la única decisión sensata para él es aña- dir otro animal a su rebaño, y otro más... Pero esta es la conclusión a la que llegan cada uno y todos los pasto- res sensatos que comparten recursos comunes. Y ahí está la tragedia. Cada hombre está encerrado en un sis- tema que lo impulsa a incrementar su ganado ilimitadamente, en un mundo limitado. La ruina es el destino hacia el cual corren todos los hombres, cada uno buscando su mejor provecho en un mundo que cree en la libertad de los recursos comunes. La libertad de los recursos comunes resulta la ruina para todos” en Gaceta

Ecológica. No. 37. Diciembre 1995, pp.3-4.

- 88 - técnica puede salvarnos de las miserias de la sobrepoblación. La libertad de repro- ducción traerá ruina para todos. Por el momento, para evitar decisiones difíciles mu- chos de nosotros nos encontramos tentados para hacer campañas de concienciación y de paternidad responsable. Podemos resistir la tentación porque un llamado a la actuación de conciencias independientes selecciona la desaparición de toda concien- cia a largo plazo, y aumenta la ansiedad en el corto…La única manera en que noso- tros podemos preservar y alimentar otras y más preciadas libertades es renunciando a la libertad de reproducción, y muy pronto. ‘La libertad es el reconocimiento de la necesidad’, y es el papel de la educación revelar a todos la necesidad de abandonar la libertad de procreación. Solamente así podremos poner fin a este aspecto de la tragedia de los recursos comunes”32.

Por las razones ya expuestas, Garret Hardin, postulaba una de las ideas más influyentes entre los nuevos aliados biologistas de Malthus. Si el pueblo puede reproducirse libremente y sus hijos tienen el mismo derecho que todos a los bienes comunes, que son limitados, será impo- sible evitar que ocurra una tragedia en el planeta, que provocará una destrucción ambiental. Según Hardin, para quien los proyectos de seguridad social y reforma agraria no tenían senti- do en los países en desarrollo, sólo la propiedad privada de los recursos esenciales y una dis- tribución desigual del derecho a la reproducción pueden impedir esa fatalidad.

En la década de los sesenta la conexión entre los problemas de desequilibrio pobla- cional y disponibilidad de medios de consumo se popularizó a través de la discusión sobre el deterioro del medio ambiente. La literatura especializada forjó un amplio consenso en torno a la idea de que el crecimiento poblacional aproximaba el mundo a una situación límite, que desencadenaría una crisis alimentaria y de muchos otros tipos, entre los que no estaba ausen- te la crisis ecológica. El libro de Paul Ehrlich, La bomba poblacional (1968) fue el ejemplo más representativo de esta literatura que alertó y sembró el temor sobre las consecuencias que un aumento desmedido de la población representaba para el género humano. El miedo y la ansiedad se extendió entre la opinión pública de los países industrializados respecto del incontrolable crecimiento poblacional del mundo "en desarrollo". Esta obra, que obtuvo un eco muy notable en el mundo desarrollado, asoció el crecimiento poblacional con el proble- ma de las crisis alimentarias, la expansión de la pobreza, su especial impacto sobre los gru- pos más vulnerables y con el deterioro progresivo del medio ambiente. Esta cadena destructi- va en la que se interrelacionaban el crecimiento descontrolado de la población, la crisis ali-

- 89 - mentaria y el deterioro ambiental era importante porque implicaba que sin políticas de con- trol poblacional, el crecimiento incontrolado de la población no solo conduciría a hambrunas masivas en distintas regiones de mundo sino a la decadencia de los recursos naturales del planeta, afectando a los países ricos y pobres por igual.

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