E L U LT IM O RECURSO En los malos momentos, no os pongáis a llorar, porque os harán callar
con la lim osnita de un poco de pan.
En los malos momentos, decid que no entendéis. Y tras escuchar,
decid, porque es verdad, que seguís sin entender.
Cuando os digan: «C arid ad», vosotros decid: «Justicia», porque pedís lo que es vuestro,
no descanso de conciencia para los que dormitan. Cuando os digan que el problema va a estudiarse, salid gritando a la calle
POR DE PRONTO, ESTO Lo prim ero es respirar. Lo segundo es comer. Lo tercero es andar. Andar por andar,
pues, ¿sabe usted adónde va? Comer por comer,
¿o es que no quiere seguir? Respirar por respirar,
¿o es que quiere usted morirse? L o normal es vivir,
y respirar, y andar, y a ratos sueltos, pensar.
E L COCIDO
Se discuten principios. Se da por sabido que uno, al llegar a casa, tendrá su cocido.
¿Y de dónde sale?
Se afilan las ideas. Se vuelve y se revuelve lo que sí, lo que no, lo que creo yo.
Y encima, dale,
cuando uno vuelve a casa sigue en la discusión, y le dice a su mujer: «¿ N o tenía razón?».
JU S TIC IA E L E M E N T A L
Considerando en serio que a unos les faltan dientes, que a otros les faltan uñas
y que, en general, la vesícula biliar
les duele a los m illonarios y es un lujo mortal, cambiemos el régimen,
seamos racionales:
Que los que tengan dientes, muerdan; que los que tengan uñas, arañen a rabiar, y que, en general,
el champán y la vesícula biliar
sean un patrim onio de toda la humanidad.
70
E L AMOR, ESA B R IS A Pensar en el am or es importante, sobre todo
cuando no se pasa hambre.
N o hablo de la India, no hablo del Vietnam, aunque vale.
Hablo, amor, de si podremos pagar hoy el pan. Tendremos pan y vino. Si hoy nos falta dinero, mañana lo tendremos.
Y somos millonarios de tiempo, tiempo y tiempo. Como la India, com o la China, com o el Vietnam, no tenemos prisa.
¿Y quién es tan valiente que nos venga a cobrar? Pensemos, por lo tanto, en el amor.
Cuando se puede esperar
hasta la brisa parece lim pia y trascendental.
SOL OCULTO Hay muchos problemas. Hay muchos caminos. Hay muchos partidos.
Pero el hambre que es hambre y no de justicia,
borra ciertos distingos. Hay un hambre de pan. Hay un hambre real. Hay un hambre mortal.
Pero el hombre que es hombre mantiene su dignidad
y defiende la paz.
¿Y qué sostiene a esos hombres? ¿Qué enorgullece a los pobres? ¿ Y qué erigen con sus nombres salvo andrajos del pasado? Quienes bien baten el cobre, en la tierra encuentran soles.
A A M P A R IT X U Si yo anduviera solo
mil veces me hubiera perdido en los caminos. M il amigos
me han llevado de la mano a lo que hoy digo. Mil razones
me enseñaron a entender lo que distingo. Doce libros,
muchas horas dando vueltas a lo mismo y el abismo
de pensar por pensar, gira tornillo... Y venían los amigos
a ayudarme, pero yo, terco en lo mío. Fue Am parito,
de repente real, de repente prodigio m aterialmente fijo ,
quien me salvó del caos cuando estaba perdido. H abló poco,
lo justo que con más poco hubiera valido. Era el vivo
sentirme en los obreros com partido. N o era idea,
y p or eso, desde entonces,
nos sentimos tan seguros, tan unidos, Am paritxu
y este v ie jo burgués arrepentido.
A A N G E L G O NZALEZ M U Ñ IZ Hablo de Angel González, un amigo-enemigo, y de su poesía y sus raptos de amor.
Un am igo correcto: Un poeta del diablo que escribe lo que yo casi estaba pensando, mas ni siquiera me plagia, que es lo malo. P or lo visto, envejezco.
Pierdo todos los trenes; llego tarde a las citas de am or que, a los cincuenta, sólo son poesía. En fin, es un amigo,
pero siempre me pisa los versos que — verán— no eran así — parece casi— , digo: podrían corregirse para m ejor; ¡ay, Dios, qué v iejo soy!
Falla el m otor de arranque. Esperen, que ya voy. Un gran poeta, digo (y olviden lo de amigo porque es pura retórica y estropea el sentido), una calamidad
que camufla a su m odo la locura cordial, un chico muy correcto
que me gusta en direto com o me gusta en verso, pero, en fin, que me pisa,
y sale disparado — ¡oh, el acelerador!— hacia donde no suena mi voz por anterior. En fin, que tengo envidia
pues me gusta su vida, la no vista ironía
con que tom a las cosas (y o soy una entre otras), y me digo: «G abriel,
así fuiste ayer también». ¡Ayer!
Bendice en este ángel al que fuiste y aún es. Amén.
Mas me da un poco de rabia ser tan viejo. ¡Joder!
VERSOS DE BAEZA Ocurría algo raro.
Conocía a todo el mundo. Nos dábamos abrazos. Nadie decía nada. ¿Para qué, si era claro?
Tan claro com o raro,
tan puesto en cierta luz de un mundo diferente era hallar m il amigos,
nerdidos por provincias, perdidos por distingos chiquitos que Machado fundía en su pureza. ¡Estábamos unidos,
unidos en un acto que era más que un recuerdo! Sabíamos que pronto cada uno volvería
a su lugar, su tiempo,
su idea personal com o a una luz o un llanto, y yo me preguntaba:
¿Cómo logra esta unión Don Antonio Machado?
A P R E N D E A TRAG AR T e dirán: Hay que pensar. Y tú no comerás,
sólo rumiarás.
Rumiarás el pensamiento de las mil que te dan. Y al fin, devolverás. D evolver las que te dan sin digerir, no es pensar. Es tan sólo vom itar.
LA FALSA PAZ Peor que la guerra, ¿qué?
¡La paz, la paz!
Esa paz que suena a tiro y que mata sin alarma. ¡ Paz, paz, paz!
CARTA DE UN VIE JO S.S. A UN JO VEN P ILO TO N O R TE A M E R IC A N O
En aquellos tiempos se pensaba poco, se vivía mal,
se bebía bien, quizá demasiado, para no pensar.
Como iba a cambiar el mundo, todo daba igual. Ahora vienen con historias de otro tiempo, ¡y vaya, vaya, bah!
¿Qué tengo yo que ver con esos magazines que hablan de Buchenwald?
¿Y qué hubiera usted hecho, colocado en mi lugar? Lo que todos, lo que nadie, sonámbulos hicimos, bien aquí, bien allá.
Si nos vendan los ojos, estamos vendidos. Es lo normal.
Hay que ser un canalla para atreverse a acusar. N o hay duda de que usted, puesto en el caso, hubiera obrado igual.
Y o disculpo en usted sus vitales instintos. Hay que perdonar
a quienes todavía no han podido asesinar.
IN F O R M E
Se han estudiado todos los datos del problema. Se han hecho m il diez fotos. Se han tomado medidas del lugar del suceso y cuanto le rodea.
Se han aplicado al reo las técnicas modernas sin peligro de vida, con médica asistencia.
Después, previo el permiso, se ha machacado el cráneo, pues algo debe haber que sigue allí secreto.
N o se ha encontrado nada que valiera la pena para hacer racional el supuesto m isterio aunque se ha recurrido a lo pluscuamperfecto. Pero no hay crim inal que no acabe gritando. Vamos a examinar a su madre y sus hijos de un m odo humanitario aséptico-anestésico. Se trata de estudiar, porque es fundamental, cóm o pueden surgir monstruos tan disconformes com o este que estudiamos, no del todo anormal. Hay que estudiar a fondo a su madre, y salvar si es posible a sus hijos, operando en directo esos tiernos cerebros, quizás aún corregibles. Es una gran empresa super-occidental que ejercem os en nombre de la Humanidad.
SED PUROS Y FE LIC E S Cuando se reunieron los Altos, decidieron: «T o d o s los hombres deben ser puros y felices». Hubo mil discusiones, porque algunos pensaban que nunca se podría lograr que fueran puros, y otros consideraban que ser feliz es menos
y es más que ser un hombre, es decir, algo absurdo. Los Altos olvidaron en su exim io debate,
largo com o un Concilio, justo com o la ONU, que el hombre come, orina, moquea y eyacula, suda, y en fin, es cierto que a veces hasta piensa, o hace com o que piensa (o bien escribe versos). De aquí muchos errores que han sido ya estudiados por la URS y la USA y los PV de Marte
que ya descubriremos, si ellos no se adelantan a descubrir que somos siguiendo sin misterio. Comemos y orinamos. Hurgamos las matrices. Pensar es lo de menos. Mas, ¡ ah!, perdón, pintamos, componemos canciones y jugamos al fútbol.
De aquel prim er dictado: «S ed puros y felices», entendemos muy poco. La y griega es ya un problema. ¿Qué diré de pureza? Puro soy aunque sólo sea por vio-
tiento, o nuevo y arrancado desde un prim er comienzo.
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¿ Y feliz? ¿Qué diré de las felicidades
de nombres contrapuestos o delicia arrastrada. Soy feliz y soy puro com o fuera del mundo, y a la vez en la tierra, con su sabor oscuro. N i soy, ni quise ser un dios iluminado. Ahora mismo me siento rebajado y amargo, tirado tristemente, sabiendo lo barato del chasco sin tragedia ni sin gesto elevado. Pero sí, soy feliz. Nadie podrá borrarm e del rostro cierta luz com o de aparecido, cierta locura ausente, cierto ser contra todo que quizás, en grotesco, fusile mi retrato.
Mi apariencia de dios no me extraña. Me extraña que este dios sea un dios que orina y que trabaja.
E STO Y E N V EJE C IE N D O Me he pasado cinco horas leyendo a Gramsci,
y a Luckacs y a Fisher, y aún a autores de otro siglo. N o he entendido.
He salido a tom ar una copa igual que cualquier otra donde sé que las beben mis m ejores amigos.
He discutido. He reñido.
Me he apartado de todos para pensar en serio, y me he m etido en casa,
y después de m editar he com prendido que soy viejo sin remedio,
y aburrido, aburrido, aburrido.
84
LAS M ADRES
A Casimira Echevarría.
Madres y hermanas mías, humildes, pequeñitas, cansadas, renegridas, carbones de aquella vida en la que fuimos llamita. Recogidas madres mías con olor a manzanita arrugada y escondida. Doloridas, encogidas en el m artirio del día, trabajadas, sucesivas, laboriosas y sumisas. Madres de negro, vencidas, suspirando la alegría, cunando melancolías.
¡Madres que sois com o niñas, y en mis brazos, hijas mías!
■
2
— «¡E sto s tiempos, señor!»,
me dice la viejita de encogido corazón. R ecojo la toquilla que se le está cayendo. Pregunto por instinto:
— «Señora, ¿cuántos m uertos?» — «M i m arido y dos h ijos.» Me falla la respuesta. Me quedo suspendido.
Y ella desaparece por un largo camino.
86
3 — Me tiene usted que ayudar a rellenar este impreso. Creo que puedo cobrar una pensión si lo hago. Soy viuda de un Capitán del Batallón Gorki-Dos, que m urió con dignidad. — Perdón, señora, perdón, tiene usted aún que esperar.
I
4
Cuando fue a la cárcel después de cien Domingos, le dijeron: Su h ijo murió el Viernes pasado. Domingo tras Domingo lo estaba presintiendo. Sabía. N o lloró. Y en el prim er ribazo
sacó unas medias negras de su bolsa, y dejó la tortilla y la lata que le llevaba al preso. Se estiró bien las medias negras y, sin palabras, marchó hacia la estación com o una castellana, sin llorar, bien erguida, bien puesta, y alta, alta.
88
5 Mi chico no era malo, dice.
Tenía muchas novias, claro.
Tocaba la guitarra y algo
le bailaba en los dedos, malo.
Y o no digo que no fuera raro,
pero explíqueme, Señor, p or qué le fusilaron.
)
6
Doce años que se fue. Doce años sin su hijo. Un día llegó un regalo con noticias de su chico que se fue porque decían que si política y líos. Y era yo quien le traía novedades de mi amigo. La madre m iró el regalo con sus ojos claros, vivos. Eran seis medias caladas de Christian Dior, de lo fino. Y o me d ije: Va a llorar. Pero rió com o un niño: — « N o me las puedo poner, pero ¡qué bonitas, hijo! Se las tengo que enseñar a todos nuestros vecinos.» Y entonces el que lloró com o un tonto fue el amigo.
90
7 — «E stos hijos
son iguales que su padre, siempre metidos en líos, acabarán en la cárcel. Estos hijos,
¿por qué no se irán al baile?» Mas llegan y ella les dice: «Contarm e lo de esta tarde».
8
Madres y hermanas mías, que ya casi no distingo de una en una, pero juntas sois por únicas lo mío, y este d olor de la España
grande y pobre en la que aún vivo Madres de todo el futuro.
Madres de mis escondrijos. Madres pequeñas, tan bellas en el d olor reunido.
92
A GARCILASO DE LA VEGA Si de mi baja lira prosaísta
surgiera, no mi voz, sino mi España, verías cóm o vibras en su entraña pese a tanto cantor garcilasista. Estamos con las armas en la mano, buscando un nuevo ritm o, fiel contraste. Estamos, com o tú nos enseñaste,
luchando por lo nuevo y por lo sano. Por eso te saludo y te prom eto
que daré, com o tú, cauce a la Historia; porque eres en mí, vida, no memoria, e impulso a la aventura, no soneto.
T
M I LOCURADespués de mucho andar, mucho perder, mucho luchar, me dicen: «¿P ara qué?»
Y o digo simplemente: «Pa ra v iv ir m ejo r». Me dicen: «¿C óm o es eso,
si tú vives bien? ¿Qué más quieres, d i?» Y o digo en tonto: « N o sé».
Pero es claro lo que quiero para todos,
y me digo por lo bajo: «¡Pues sí que estamos b ien !» Y sigo trabajando más que tonto
por una gloria total, con inocencia,
y a veces con tan alta claridad, que esa luz casi parece una ferocidad.
94
■
A UN C A M PE S IN O AN D ALU Z Con la cabeza vacía
y el corazón a punto
se iba dando en las paredes susto a susto, con barruntos
de que había algo posible, realizable, traicionado,
si eran ciertos los anuncios. ¡Y nunca daba en lo justo! Le decían:
«H a y cosas que vuelan, y hay otras, ya se sabe, que se posan y esperan».
¿Esperar?
¿Qué podía él esperar? ¿V olver de nuevo a la cárcel o callarse y aguantar? Le decían...
¡ Tantas cosas le explicaban, que ya no entendía nada!
Le decían: «T ú eres un campesino
y tienes que estudiar para ser más consciente, porque todos vamos juntos, iremos,
y quizá tras pocas vueltas nos encontrarem os».
Era el tío vivo. Caballitos y cerdos. Vueltas, y vueltas, y vueltas, la falsa revolución.
A veces contemplaba lo que siempre da vueltas, y sólo con seguir, domina y se acrecienta. Otras veces sonaban la polka o la habanera popularmente grotescas de la Feria.
Y se veían venir, se veían
los cerdos y caballitos cabalgados por los niños señoritos del momento, tan bonitos
com o los niños obreros que a su lado se reían en el tío vivo.
¡ Qué poco les bastaba para no ser distintos a obreros y señoritos: Cinco perras bien contadas! Y entonces Juan González creía en el prodigio, creía en el futuro,
y creía en el m isterio progresivo volviendo a sentirse niño, y creía en la paz,
y en la magia natural de la igualdad vivaz, y en la pequeña alegría que a veces nos dan. Y viendo a los niños
sentía que valía la pena de luchar
aunque a veces no se sepa bien adonde se va. ¡Por los niños, por los niños juntos en el tío vivo!
V
/ I No t a... 9 Cantos i b e r o s... 11 Dime que s í ... 13 España e x t r a ñ a ... ... 15
La arcilla que palpó y b e s ó ... 18
España en m a rc h a ... 21
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La necesidad, la sencillez, la a le g r ía ... 27
Manos a la o b r a ... 29
La dificultad y el deber de la a c c ió n ... 31
A Juan Ruiz, arcipreste de H i t a ... 33
Hablando en c a s te lla n o ... 36
España en p i e ... 39
Todos a u n a ... 41
Con los labios en la h e r id a ... 43
T odo está p or in v e n ta r... 45
Los niños miran de f r e n t e ... 48
En el que se cita al t o r o ... 50
Mañana será otro d í a ... 53
Defendamos nuestra v i d a ... 55
La poesía es un arma cargada de futuro ... 57
V iv ir para v e r ... 59
Otro s p o e m a s... 65
El últim o re c u r s o ... 67
Por de pronto, e s t o ... 68
Justicia e le m e n ta l...\ ... 70 El amor, esa b r is a ... 71 Sol o c u lt o ... ... 72 A A m p a ritx u ... 73 A Angel González M u ñ iz ... 75 Versos de B a e z a ... 77 Aprende a t r a g a r ... 78 La falsa p a z ... 79
Carta de un v iejo S. S. a un joven piloto nor teamericano ... 80
I n fo r m e ... 81
Sed puros y fe lic e s ... 82
Estoy e n v e je c ie n d o ... 84 Las m a d r e s ... 85 A Garcilaso de la V e g a ... 93 Mi lo c u r a ... 94 A un campesino a n d a lu z... 95
EDICIONES TURNER
Títulos publicados
1. E l bandolerism o andaluz, por C. Bernaldo de Quirós y Luis Ardila.
2. Cruz y raya: Antología. Selección y prólogo de José Bergamín.
3. E l cántico am ericano de Jorge Guillén, por J. Ruiz de Conde.
4. La sociedad madrileña fin de siglo y Baroja, por Carmen del Moral. Prólogo de Blanco Aguinaga. 5. Las cartas boca arriba, por Gabriel Celaya.
6. E l espartaquismo agrario andaluz, por C. Bernaldo de Quirós.
7. Las cosas de España, p or Richard Ford. Prólogo de Gerald Brenan.
8. Azaña, por E. Giménez Caballero. Prólogo del autor. 9. H ora de España: Antología. Selección y prólogo de
Francisco Caudet.
10. Num ancia, por Rafael Alberti.
11. Y o, inspector de alcantarillas, por E. Giménez Caba llero. Prólogo de E dw ard Baker.
12. Cantos iberos, p or Gabriel Celaya. 13. Prim era imagen de..., por Rafael Alberti.
14. La picota. Figuras delincuentes, por C. Bernaldo de Quirós. Prólogo de Antón Oneca.
15. E scritores p olíticos españoles, 1780-1854. Selección y prólogo de Albert Dérozier.
16. P olítica obrera en el País Vasco, 1880-1923, p or Juan Pablo Fusi.
17. Discursos fundamentales, por Indalecio Prieto. Se lección y prólogo de E. Malefakis.
18. Galdós: Burguesía y revolución, p or Julio Rodríguez- Puértolas.
19. De m itólogos y novelistas, por C. Blanco Aguinaga. 20. Leviatán. Antología. Selección y prólogo de Paul
Preston.
21. Cartas a Galdós, por E m ilia Pardo Bazán. Edición de C. Bravo-Villasante.
22. Ideas recurrentes en A n ton io Machado, por Domin go Ynduráin. Prólogo de Aurora de Albornoz. ' 23. Las revistas poéticas españolas, 1939-1975, p or Fan-
ny Rubio.
24. Conciencia burguesa y otros ensayos sobre el si
glo X I X , por José M aría Jover.
25. Todos mis sonetos, por Blas de Otero.
26. Costa, Azaña, el Frente Popu la r y otros ensayos, por
Gabriel Jackson.
27. Los afrancesados, por Miguel Artola. 28. L o demás es silencio, por Gabriel Celaya.
29. Lectura y lectores en la España de los siglos X V I
y X V I I , p or Máxime Chevalier.
30. A lejandro Sawa. M ito y realidad, por Alien W. Phillips.
31. H istoria verdadera y real de la vida y hechos del
bandolero Juan Caballero. Edición, prólogo y notas
de José M.* de Mena.
32. Los gitanos en España, por George Borrow . 33. M anuel José Quintana y el nacim iento del libera
lism o en España, por Albert Dérozier.
LA N O V E LA SO CIAL E SPA Ñ O LA
1. E l m édico rural, p or Felipe Trigo. Prólogo de José Bergamín.
2. La vida d ifícil, por A. Carranque de Ríos. Prólogo de José Luis Fortea.
3. Los caimanes, p or Manuel Ciges Aparicio. Prólogo de José Esteban.
4. .L a turbina, por César M. Arconada. Prólogo de Gon zalo Santonja.
5. Jarrapellejos, por Felipe Trigo. Prólogo de Rafael Conte.
6. Doña Mesalina, p or J. López-Pinillos. Prólogo de José Carlos Mainer.
7. E l blocao, por J. Díaz Fernández. P rólogo de V íctor Fuentes. 8. La fo rja de un rebelde. I. La f o r j a. Arturo Barea. 9. La fo rja de un rebelde. II. La r u t a. Arturo Barea. 10. La fo rja de un rebelde. I I I . La l l a m a. Arturo Barea. COLECCION B E LTE N E B R O S Apartada orilla (1971-1972). /José Bergamín. Muestra. Angel González. Jacinta la p elirroja .
José M oreno Villa.
Velado desvelo.