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UNA PÁGINA DE BERGSON

In document La Memoria (página 89-93)

CAPÍTULO VII EL REGISTRO MENTAL

LOS MISTERIOS DE LA MEMORIA

3. UNA PÁGINA DE BERGSON

En este libro hemos considerado la memoria bajo su aspecto funcional, cuidando de

expresarnos de una manera igualmente aceptable a los materialistas y a los espiritualistas, incluso doctrinarios. Estos últimos se satisfacen, por lo general, una definción tan hueca como facultad del alma , en tanto que sus adversarios, más simplistas todavía, definen la

memoria diciendo que es función del cerebro . Por poco que el lector se interese en el

problema de la naturaleza íntima del recuerdo, leerá con satisfacción la admirable obra de Bergson denominada: Matiêre et Mêmoire , en que ese genio actual de la filosofía ha sabido sacar sutilmente, de las únicas bases clásicas, una luminosa demostración de la

insuficiencia de las teorías corrientes que admiten que “el cuerpo conserva los recuerdos en forma de dispositios cerebrales”.

Cada día aparece más claramente que la fisiología casi está muy lejos de poder dar una explicación tan estrechamente exacta como la que se ha supuesto de la psicología.

Y de todas las concepciones metafísicas, son sin contradicción las del ocultismo las que se atribuyen lo mejor de los hechos.

La memoria estaría no ya localizada en el cerebro, su instrumento de manifestación material, sino que sería la propiedad de uno de los medios invisibles atribuidos por la

ciencia oculta a nuestro Ego , lo cual explicaría, entre otras cosas, la posibilidad de recordar estados anteriores a la existencia presente y a la íntegra conservación de los recuerdos. El de nuestros vehículos , definidos por el ocultismo, y que corresponden a lo que nuestros

psicólogos llaman inteligencia , ha sido llamado por los modernos iniciados Cuerpo mental . Está formado por una substancia de esencia diferente de la materia física que interpenetra. Nuestros pensamientos, según esas teorías, parten del cuerpo mental y mueven el cerebro después de haber transmitido sucesivamente sus vibraciones a los vehículos intermediarios entre la mente y el cuerpo físico. Pero las vibraciones psíquicas tienen otro efecto: graban, por decirlo así, su objeto en la substancia mental ambiente. Porque, según dice Annie

Besant, la memoria es la reproducción que hace en la materia el sujeto 1 de los objetos con

que se ha encontrado ya en contacto .

Las pocas líneas que anteceden bosquejan incompletamente la teoría ocultista de la

memoria y no tienen otra finalidad que despertar la atención del lector sobre ese aspecto de la cuestión. En las obras especiales podrán encontrarse todos los datos necesarios.

De ninguna manera podría epilogar estas consideraciones terminales, que transcribiendo una de las páginas más sugestivas del trabajo de Bergson que he citado antes.

“Estudio ahora 2 en cuerpos semejantes al mío la configuración de esa imagen particular

que llamo mi cuerpo. Veo nervios aferentes que transmiten sacudidas a la periferia y ponen en movimiento las diferentes partes del cuerpo o el cuerpo entero. Interrogo al fisiólogo y al psicólogo sobre el destino de unos y otros, y me responden que si los movimientos

centrífugos del sistema nervioso pueden provocar el desplazamiento del cuerpo o de las

1 Vale decir, el Ego. 2

diferentes partes de éste, los movimientos centrípetos o, cuando menos, algunos de éstos, hacen nacer la representación del mundo exterior. ¿Qué hay que pensar de todo eso? “Los nervios aferentes son imágenes, el cerebro es también una imagen, las sacudidas transmitidas por los nervios sensitivos y propagados al cerebro son también imágenes. Para que esa imagen que llamo sacudimiento cerebral engendrara imágenes exteriores, sería preciso que las contuviera de una manera u otra y que la representación del universo material completo estuviera implicada en la del movimiento molecular. Pero sería

insuficnete con enunciar tal proposición para descubrir lo absurdo de ella. Es el cererbro el que forma parte del mundo material y no es éste el que forma parte de aquél. Suprimid la imagen que lleva el nombre de mundo material y simultáneamente aniquilaréis el cerebro y el sacudimiento cerebral que son partes de él.

“Suponed, por el contrario, que esas dos imágenes, el cerebro y el sacudimiento cerebral, se desvanecen: por hipótesis no borráis sino éstas, es decir, muy poca cosa, un pormenor insignificante en un cuadro inmenso.

“El cuadro, en su conjunto, es decir, el Universo, persiste íntegramente. Hacer del cerebro la condición de la imagen total, realmente es contradecirse uno mismo, ya que el cerebro, por hipótesis, es una parte de esa imagen. Ni los nervios ni los centros pueden, pues, condicionar la imagen del Universo.

“Detengámonos en este último punto. He aquí las imágenes exteriores, después de mi cuerpo y, por último, las alteraciones aportadas por mi cuerpo a las imágenes exteriores sobre las que llamo mi cuerpo: ellas imparten movimiento. Y veo por otra parte de qué modo actúa ese cuerpo sobre las imágenes exteriores: les restituye movimiento. Mi cuerpo es, pues, en el conjunto del mundo material, una imagen que obra como las demás

imágenes, recibiendo movimiento y transmitiéndolo a su vez, con la sola diferencia, quizás, de que mi cuerpo parece seleccionar, en cierta medida, la forma de restituir lo que recibe. Pero como mi cuerpo general, mi sistema nervioso, un particular, engendraría la totalidad o parte de mi representación en el Universo.

“Ya digáis que mi cuerpo es materia o que es imagen, el hombre poco me interesa. Si es materia, forma parte del mundo material; por ende existe en torno a él y fuera de él. Si es imagen, ésta no podrá dar lo que no se le proporcionó, y puesto que, por hipótesis, ella es solamente la imagen de mi cuerpo, sería absurdo querer sacar de ésta de todo el Universo.

Mi cuerpo, objeto destinado a mover los objetos, es, pues, un centro de acción: no podría hacer nacer una representación”.

In document La Memoria (página 89-93)

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