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2. ALGUNAS NOTAS SOBRE LA PLAZA MAYOR COMO “LUGAR”

2.5. Público-privado

Para entender la dialéctica de lo público y lo privado, se debe estudiar ésta desde lo socio-físico: por un lado, a partir de las configuraciones formales del espacio (barreras físicas que dividen los dominios públicos de los privados) y, por otro, a partir de los comportamientos humanos y normas socio-culturales que le dan al espacio físico un valor determinado.

Los dominios públicos y privados están estrechamente relacionados con el comportamiento humano. En general, las personas tienen tres tipos de actuaciones bien diferenciadas: las públicas, las privadas y las íntimas.53 No es fácil deducir la

51 Josep Muntañola i Thornberg, "La configuración en literatura y arquitectura," Khora.14 (2003): 35-44. 52 Bajtín, 220.

distinción entre las tres, cada cultura define unas normas sobre los límites de cada una de ellas. Los límites que las separan se pueden sobrepasar, infringiendo la norma, de buena o de mala fe. Lo único que pertenece de cada persona a las demás personas de un grupo social son las actuaciones públicas, debido a que están hechas en público y para el público. No pasa lo mismo con las actuaciones íntimas, que le pertenecen sólo a cada persona en particular. El que quiera sobrepasar el límite de esta actuación sin un previo permiso puede estar cometiendo un delito (en el marco de una sociedad democrática), porque atropella el derecho a la intimidad de cada persona.

Las actuaciones son públicas, privadas o íntimas de acuerdo al espacio en que se desarrollen. El hombre utiliza el espacio a modo de escenario para su representación. Se puede entender como indiscreción el manejo o uso público que en algunas ocasiones se pueda hacer de lo privado e incluso de lo íntimo.

Toda persona que pertenezca a una sociedad es una entidad social o, dicho en otras palabras, un sujeto público. El propio sujeto define el espacio privado mediante dispositivos que permitan su inobservancia. Las actuaciones, bien sea públicas o privadas, tienen una proyección externa que las hace observables y se diferencian de las actuaciones íntimas (que pueden ser imaginar, proyectar, sentir, admirar, amar, odiar, entre otras) en que éstas últimas son actuaciones internas del sujeto y no pueden ser sabidas por nadie fuera de él. La intimidad se puede deducir a partir de lo que dice o hace un sujeto, pero nunca se tiene acceso directo a ella por su propia condición. 54

A finales de los años 70, tanto Amos Rappoport desde la antropología del espacio como Richard Sennett desde la psico-sociología, estudiaron los problemas del comportamiento humano y de lo público y lo privado en la ciudad. Aunque Sennett aborda el problema del comportamiento humano en la ciudad de una manera distinta a la de Rappoport, entre los dos existen puntos en común y de unión. Rappopport se basa en las normas de comportamiento que rigen los grupos humanos. Sennett por su parte, destaca la importancia de la historia para explicar los cambios en los

comportamientos humanos y su relación con la concepción de lo público y lo privado en la ciudad actual. 55

La ciudad, entendida como un gran artefacto arquitectónico, contiene un sistema o una estructura pública-privada.56 Los espacios urbanos, al igual que sucede con la plaza mayor, están divididos por lo que denomina Rappoport como “dominios públicos y privados”, los cuales se distinguen por unas reglas culturales de uso.57

Tanto los dominios públicos como los privados cambian de acuerdo a la cultura. Rappoport define la privacidad como el control de la interacción no deseada en la que, según las diferentes culturas, pueden variar tanto la “privacidad” como el “control”, la “interacción” o la definición “no deseada”. En el lugar nada actúa por sí solo, es necesario entender tanto la naturaleza y localización de las barreras físicas como su permeabilidad. La interacción no deseada se puede controlar mediante alternativas de tipo psicológico o de comportamiento, a través de planificar las actividades en el tiempo (para evitar encontrarse con otras personas) o por medio de barreras físicas como muros, puertas, vallas, entre otros. Algunas veces se pueden mezclar varias alternativas pero sin perder la jerarquía que tiene uno sobre los demás medios. Lo importante es definir los distintos elementos que se deben interrelacionar (quién, cuándo, dónde y cómo) y definir lo “no deseado” y el tipo de “interacción”. El objeto construido o proyecto arquitectónico es un elemento de comunicación socio-cultural en el que se filtra información social, permitiendo o no la interacción entre personas y grupos sociales. Estos filtros son reconocidos desde lo físico, desde materiales muy transparentes a muy opacos. La decisión de poner barreras en un sitio u otro implica necesariamente la comprensión socio-cultural tanto de los aspectos espaciales como del comportamiento humano. En la plaza de Bolívar, por ejemplo, se pueden ver grados de diferenciación de dominios en el espacio abierto o público y también en la relación del espacio abierto con los edificios representativos. Para poder descubrirlos es necesario descifrar mapas mentales de

55 Por un lado Sennett estudia el comportamiento humano en la ciudad contemporánea desde un punto de vista

psico-socio-histórico. Teoriza sobre el papel que juegan las personas en las presentaciones ante los demás y en su propio espacio personal, analizando la falta de equilibrio del hombre entre la vida pública y privada, sus causas y sus consecuencias. Sennett en su análisis muestra cómo una persona extraña puede amenazar la estabilidad del espacio privado y cómo el silencio y la observación son las únicas maneras en que se experimenta la vida pública. Para Sennett los comportamientos humanos en la ciudad contemporánea no se pueden explicar como un fenómeno actual, sino que vienen dados históricamente desde la gran ciudad del s.XVIII y XIX (Ciudades como París y Londres). Por otro lado Rappoport estudia el comportamiento humano y su relación con lo físico desde un punto de vista antropológico. Para él es importante estudiar esta relación desde la observación y la experiencia.

56 Rossi.

acuerdo al uso del espacio por parte de los usuarios: así se podrían observar las relaciones dentro-fuera, reglas de comportamiento, formas de protección y la permeabilidad o no de los espacios.58 Al estudiarse los dominios públicos y privados

se deben analizar tanto los vínculos como las relaciones y las barreras físicas y sociales.59

Por su parte, Richard Sennett desarrolla una teoría sobre lo público y lo privado en la sociedad moderna de las grandes ciudades y el papel que juegan las personas en las presentaciones ante los demás y en su propio espacio personal.60 Sennett afirma que

los primeros usos en inglés del término público se dieron en el s. XV y XVI. Lo público se refería al “bien común en sociedad” y a todo lo que “es manifiesto y

abierto a la observación general”. Más adelante dice Sennett: “Público significa abierto a la consideración de cualquiera, mientras que privado significa una región de la vida amparada y definida por la familia y amigos”. De acuerdo con Sennett el s.

XVIII fue una época donde los comportamientos en las grandes ciudades, como son París y Londres, seguían unas reglas culturales que permitían un trato correcto con las personas extrañas y al mismo tiempo una separación hacia ellas. Sennett también explica lo que ha sucedido posteriormente con el espacio público de la ciudad contemporánea y su falta de concepción para la sociabilidad. Hoy en día se diseña el espacio público como carente de sentido porque se convirtió en subordinado del movimiento y de la tecnología del transporte y del coche particular: "Actualmente disfrutamos de una facilidad de movimiento desconocida para cualquier otra civilización urbana precedente y, sin embargo, este movimiento se ha transformado en el mayor portador de ansiedad de las actividades cotidianas."61

Desde luego existe una facilidad de desplazamiento que no se ha conocido nunca antes en otras culturas. Sin embargo, el efecto que ha tenido el coche sobre el espacio público es que éste se convierte en insignificante. Este uso nuevo de la tecnología del transporte, afirma Sennet, condiciona también el uso de la plaza mayor. Según Sennett, la plaza pública en la ciudad contemporánea se ha convertido en un espacio de paso y no de permanencia. Cita como ejemplo la explanada de la

58 Rappoport, 265. 59 Rappoport, 268.

60 Richard Sennett, El declive del hombre público (Barcelona: Ediciones Península, 1978). 61 Sennett, 24.

Defensa en París, donde prácticamente la única función predominante (la financiera o de oficinas) destruyó la sociabilidad y la naturaleza de combinar gentes y actividades distintas en el espacio público. El área de la Defensa es un espacio de paso desde el transporte público o privado (bus o coche) hasta los edificios que la circundan.

“Los seres humanos necesitan mantener cierta distancia con respecto a la observación íntima de los demás a fin de sentirse sociables. Si se incrementa el contacto íntimo se disminuye la sociabilidad.”62

Según Sennett, los términos modernos de lo público y lo privado se originaron en el s. XVIII en las ciudades capitales como París y Londres. Lo público se relacionaba con la vida fuera de la familia y de los amigos cercanos, en una región pública con grupos sociales complejos que mantenían un contacto permanente. En esta época, cuando las ciudades crecieron, se desarrollaron sistemas de sociabilidad independientes de cualquier control directo y aumentaron también los lugares donde personas extrañas se encontraban de manera regular. La ciudad se convirtió en el foco de esa actividad pública donde apareció una nueva figura, el cosmopolita, que es un hombre que tiene facilidad para moverse en la diversidad y que se encuentra cómodo en situaciones que no son familiares. En este momento la ciudad empieza a experimentar cambios en su estructura urbana y aparecen nuevos parques metropolitanos, alamedas o paseos como espacios de relajamiento. También en esta época los cafés y cafeterías se convirtieron en centros sociales y lugares de encuentro. El teatro y la ópera abrieron sus puertas a un público más masivo. Las clases trabajadoras adoptaron hábitos de sociabilidad hasta ese momento no conocidos como los paseos por los parques de la ciudad que hasta ese entonces eran exclusivos de las minorías o de la élite de la ciudad. Existía una línea muy clara que diferenciaba lo público y lo privado. El ciudadano era una persona que compartía, por un lado, una vida pública cosmopolita entre extraños y, por otro, una vida privada familiar, todo dentro de un equilibrio. Existió una tensión entre los reclamos de una civilidad de lo público (de la sociedad) y los derechos de la naturaleza de lo privado (en el núcleo familiar). En esta línea divisoria se mantuvo la tensión en las personas y esta tensión creó un universo de relaciones sociales. De esa forma el ciudadano se convirtió en un ser social. Los comportamientos humanos sociales seguían unas

reglas culturales que permitían un trato correcto con las personas extrañas y al mismo tiempo una separación hacia ellos.

De acuerdo con Sennett, en el s. XIX ocurre un cambio importante en la sociabilidad urbana cuando incursiona el capitalismo industrial en la vida urbana. La cultura urbana estaba modelada por unas nuevas fuerzas económicas e ideológicas. Gradualmente se fue desgastando la preocupación por controlar y mantener el dominio público y las personas se dedicaron a protegerse de él, ya que lo público no se medía por el grupo reducido de relaciones sociales sino como algo moralmente inferior. La familia pasó de ser una región privada a convertirse en un refugio ideal que tenía un valor moral más alto que el dominio público. La estabilidad del ser social ya no compartía su ideal en el dominio público sino que se basaba en la intimidad y estabilidad propias del núcleo familiar. El silencio público era una constante en el s. XIX en Francia y de esta manera se reprimiría a los trabajadores, debido al hecho que la burguesía reinante interpretó una relación entre libertad de expresión y revolución entre los trabajadores. El silencio de los trabajadores significaba que, si bien ellos no estaban de acuerdo con las condiciones laborales de la época, eran obedientes. Por esta razón la burguesía prohibió las reuniones fuera de las horas laborales porque esto podría generar una falta de control sobre las actuaciones de sus trabajadores en público, ya que podrían conversar sobre las injusticias laborales a que eran sometidos. En 1838, la ley prohibía en Francia las discusiones públicas de los trabajadores. Se llegó incluso a manipulaciones por parte de la burguesía sobre la vida social de los trabajadores, al asociar las buenas conductas con el consumo de alcohol:

"Cuando el café se transformaba en un lugar de conversación entre los trabajadores,

amenazaba el orden social; cuando el café se volvía un lugar donde el alcoholismo destruía la comunicación, se mantenía el orden social."63

De esta manera la burguesía podía controlar las actuaciones de los trabajadores en la ciudad. Incluso se podía cerrar y clausurar una taberna si se desobedecían estas normas. Existía una amenaza del orden social si se permitía que los trabajadores conversaran y debatieran sobre sus condiciones laborales y sus derechos en un

estado de sobriedad. De esto anterior se deduce que la constante en el s. XIX sobre el dominio público era el silencio:

“el silencio es orden porque el silencio es la ausencia de la interacción social.”64

En esta época, en el café y en el club existieron unas reglas del silencio como un derecho público de protección contra la socialización. En los cafés aparecían personas leyendo, bebiendo, descansando reunidas en un mismo local pero separadas por muros invisibles. Con relación al club, allí iban las personas pertenecientes a los estratos burgueses para poder estar solas sin ser molestadas por nadie. El silencio se convirtió en un derecho también en los clubes.

A finales de los años noventa, Michel de Certeau elabora una teoría sobre la “cotidianidad”. De Certeau estudia el problema de lo público y lo privado en la ciudad contemporánea y se refiere a la vivienda como aquel espacio privado donde finalmente la persona se puede encontrar a salvo de las molestias de la ciudad.65 En

su afirmación anterior coincide con el punto de vista de Sennett sobre lo público y lo privado en la ciudad contemporánea. De Certeau define el espacio doméstico como el territorio personal donde está el “microcosmos familiar” y donde se repiten cotidianamente las acciones elementales de “las artes de hacer”. Allí es donde las personas encuentran la paz necesaria y cualquier visitante se puede convertir en intruso o alguien ajeno si no ha sido invitado a entrar libremente.