ESTRUCTURA ORGANIZACIONAL DE LA CADENA
6.4 VALORACIÓN DE LOS IMPACTOS DE LAS AGENDAS PROSPECTIVAS.
6.4.1 p apel instituCional para el fortaleCimiento de los impaCtos de las agendas
De manera semejante como en el numeral 6.2.2 se propusieron los retos de los actores del Triangulo de Sábato: academia, sector productivo y estado, en la apropiación del enfoque del direccionamiento de la ciencia y la tecnología con orientación hacia las necesidades de mercado, a continuación se plantean reflexiones y desafíos para cada uno de estos actores en pro de lograr valorar los impactos de la generación y aplicación de las agendas prospectivas, encaminadas a mejorar la competitividad de las cadenas productivas.
6.4.1.1 pApeldelA AcAdemiA
En Colombia, durante los últimos años se ha fortalecido la capacidad de
formación a nivel de maestrías, doctorados y estudios posdoctorales de un importante número de nacionales (aún su cantidad no es suficiente para las necesidades de desarrollo), aumento de los recursos para las actividades de investigación, etc. La academia ha sido el escenario natural donde se han agrupado e involucrado de manera explícita, la gran mayoría de actores generadores de conocimiento que trabajan en ciencia, tecnología e innovación, pero aún éstos manifiestan una capacidad mínima de transferencia hacia el sector productivo. En la academia, con rigor se construye conocimiento,
sustentado por la institucionalidad tradicional de entes como las universidades,
los Ceni´s y los Centros de Desarrollo Tecnológico – CDT, corporaciones, entre otros, que aunque algunos de ellos pueden cumplir la función de ser a su vez entidades de Estado o con participación del Estado, en cualquier caso, están
llamados a ofrecer sus resultados a los sistemas productivos, sin embargo la
eficiencia del cumplimiento de este imperativo en el contexto nacional es muy incipiente aún.
De esta manera se debe resaltar que durante los últimos 10 – 15 años se han creado y consolidado grupos de investigación que están involucrados con el desarrollo agroindustrial del país. Colombia ha realizado esfuerzos significativos
por promover los sectores agrícolas tanto en Colciencias, en los ministerios,
principalmente MADR, y demás entidades. No obstante lo anterior, durante los años de elaboración de las diferentes agendas fue sorprendente la baja presencia
de las facultades de agronomía, veterinaria y zootecnia, y la casi nula de las
facultades de ingeniería, economía, etc, como actores aportantes en este proceso. Los grupos de investigación por su parte participaban de manera puntual y con frecuencia de manera discontinua. Por tanto se puede inferir que la academia
ofrece técnicas instrumentales y puntuales para el desarrollo de las cadenas y
que la visión de los grupos de investigación, se construye generalmente bajo la perspectiva del científico, profesor o investigador, adaptando el conocimiento
a la necesidad y no respondiendo realmente a los requerimientos del país y
la sociedad. En este último caso, los resultados se visualizan en forma de
de divulgación, mientras se desvirtúa la generación de impactos tangibles, reflejados en transferencia de conocimiento, generación de valor y pertinencia de los resultados para el mejoramiento de la competitividad.
Por lo tanto, en los grupos de investigación y en general en la academia la articulación de su trabajo con la gran mayoría de las necesidades de las cadenas es baja. Sumándose a lo anterior se encuentran grupos muy pequeños con
bajos recursos, haciendo que las cadenas productivas en el mejor de los caso
se suplan de conocimiento parcializado. Son pocas las cadenas que pueden ser
mencionadas por tener grupos de soporte en las universidades que las orientan
adecuada y efectivamente. Entre los casos relevantes y de referencia de relación entre la cadena y la academia se pueden mencionar: i) La Universidad Militar y
la Universidad Nacional de Colombia apoyando de forma efectiva con resultados
de sus investigaciones a la cadena productiva de flores y ii) la Universidad de
San Gil haciendo contribuciones concretas a la cadena de cacao, por lo menos a
nivel regional.
En el marco de la realización de las agendas prospectivas se evidenció que algunos grupos de investigación trabajan conjuntamente o desde entidades diferentes a
las Universidades en desarrollos para las cadenas productivas como la papa, la
uchuva, el mango, la carne, entre otras. Sin embargo, la capacidad de oferta
de conocimiento originado en este ámbito que también debe reconocerse como académico, y que debería también estar orientado hacia el sector productivo, es
muy moderada y su impacto y aceptación por el tejido social de las cadenas aún no es tan significativo como podría esperarse.
Por otro lado y con frecuencia, el conocimiento requerido para solucionar las
problemáticas del sector no se aborda suficientemente en las diferentes carreras relacionadas con el agro (ingenierías, administrativas y contables). La formación para la especificidad agropecuaria es muy secular y las investigaciones en las ciencias básicas y agronómicas forman un conocimiento autista dependiendo principalmente de la especificidad particular del grupo de investigación o los
pensum existentes, perdiéndose desafortunadamente la oportunidad de suplir y preparar profesionales pertinentes hacia las necesidades del agro.
A partir de lo anterior, los retos para la academia son varios: i) Crear un léxico riguroso, común, accesible y eficiente entre el ethos académico y sus
interlocutores, ii) Construir programas académicos estructurados que aborden
problemas concretos de las cadenas productivas y no conocimientos puntuales
o parciales y descontextualizados, iii) Estructurar procesos de formación para
técnicos, profesionales e investigadores sobre la base de desarrollar, asimilar y
transferir conocimiento enfocado a las necesidades del mercado, con el fin de
fortalecer herramientas y suplir requerimientos desde la perspectiva de problemas reales de las cadenas productivas, así como de los diferentes eslabones y de cada
uno de los segmentos.
6.4.1.2 pApeldel eStAdo
Dicho lo anterior y en esa línea, es fundamental que el Estado también se preocupe por una planeación permanente, recurriendo de manera regular e integrada a
diferentes herramientas de direccionamiento del corto, mediano y largo plazo. La articulación de los ejercicios prospectivos debe ser apropiadamente cohesionada
con las políticas de competitividad del gobierno y, por tanto, mantenerse vigente
en la memoria institucional de los próximos años. El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural debe acoplar los procesos preexistentes de direccionamiento de
desarrollo sectorial con los elementos de la política anterior, buscando de manera
explícita el fortalecimiento del pequeño y mediano agricultor y la distribución equitativa del activo agrícola en el país.
Dentro del Estado también se debe realizar la distribución de los recursos para el fortalecimiento de las cadenas productivas y en general del sistema
agroindustrial a partir de la capacidad de respuesta frente a la demanda. Los
funcionarios de alto nivel, los empleados públicos y los asesores deben estar
necesidades del mercado interno e internacional, teniendo en cuenta cuáles son los nichos objetivo del producto, qué elementos contribuirían a la mejora en diseño, cuál es la dinámica del producto interno, qué procesos deben ser
utilizados para hacer más equitativa la producción y cómo fortalecer las cadenas
logísticas y de valor, entre otros, que puedan generar riqueza para el productor
y el consumidor. Los decisores de política pública deben propender por el entendimiento permanente del mercado y retomarlo como parte del discurso,
así como para la definición de prioridades, estímulos, marcos regulatorios y la asignación de recursos. Como ejemplo de lo que se podría realizar, se puede
aprender de los desarrollos del Estado en Chile, Brasil y en algunos países de
Asia Pacífico.
Las entidades regionales y de carácter nacional y el Ministerio de Agricultura deben articularse de tal manera que su trabajo conjunto permita fortalecer los
sectores productivos del país. Cada entidad tiene una perspectiva particular
alrededor de los temas del agro, sin embargo es esencial que en Colombia
hayan unos comunes denominadores a nivel interinstitucional, para que exista coherencia en el discurso de Estado. Desafortunadamente, se evidencia que en el desarrollo de las cadenas con frecuencia existe duplicidades de las competencias
entre las entidades de estado, trayendo como consecuencia el desaprovechamiento de recursos en la ambigüedad de sus funciones, dejando de abordar problemas
que son estructurales y como se mencionó anteriormente, transversales a todo el sistema agroindustrial. No se puede dejar de reconocer que Colciencias, SENA, Corpoica, los Ministerios, la Corporación Colombia Internacional (CCI), entre otros, últimamente han intentado abordar ejercicios de articulación institucional, sin embargo, estos esfuerzos son menos habituales de lo necesario.
6.4.1.3 pApeldel Sectorproductivo
Este actor institucional cada vez entiende más la necesidad de las dinámicas de fortalecimiento de la ciencia y la tecnología, así como la imperiosa necesidad de
se promueve con mayor fuerza por parte de los productores, comercializadores y empresarios, aunque aún el grado de compromiso manifestados por dichos
actores para la generación de metodologías sencillas de medición, la financiación de estudios de este tipo y su participación en los mismos, es reducido. En el proceso de definición de las agendas prospectivas se encontró que en los
talleres organizados para el trabajo con el sector productivo, los cargos a nivel jerárquico que en algunas ocasiones fueron enviados a representar a las entidades
productivas, no tenían real poder de decisión, ejerciendo así únicamente una representación nominal, incluso a veces sin contar con el conocimiento pasado y
actual ni de la cadena ni de los procesos productivos y del papel de su empresa en
el sector específico. Este comportamiento igualmente es replicado en ocasiones, por ejemplo, para las reuniones de los Consejos.
Por otra parte, al momento de tomar decisiones de cadena, particularmente y en
mayor medida los actores de transformación y comercialización, no brindan con facilidad la información que podría ser útil en la estructuración de estrategias colectivas, lo que lleva a que los espacios de representación sean escenarios de
intereses más de carácter comercial, tributario y normativo, pero en los cuales
realmente se dificulta concertar planes de desarrollo integrales para las cadenas. En este contexto, la capacidad de generar valor desde la ciencia y la tecnología
en nuevos productos y aparatos productivos competitivos a nivel nacional
e internacional se limita al no existir un alto grado de confianza en el sector productivo. El reto entonces ya no es solamente participar, sino confiar realmente en el proceso de integración y apostar con inversión a la ejecución de proyectos,
que celosamente valorados por sus impactos, mejoren la competitividad de cada uno de los actores y de la cadena en general, promoviendo modelos integrados de generación de valor.