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Pablo, agente romano o delator?

In document El Escandalo de Los Rollos Del Mar Muerto (página 116-125)

Segunda parte: Los representantes del Vaticano.

16. Pablo, agente romano o delator?

Con este plan general en mente, vale la pena volver a mirar la confusa e incompleta descripción de los sucesos que ocurren hacia el final de Hechos de los Apóstoles. Pablo, recordaremos, luego de una prolongada misión evangélica en el exterior, vuelve a ser llamado a Jerusalén por Santiago y la indignada jerarquía. Percibiendo el peligro, sus partidarios inmediatos lo exhortan repetidas veces, en cada etapa de su itinerario, a que no vaya; pero Pablo, que no es hombre de eludir enfrentamientos, hace oídos sordos a esas súplicas. Se reúne con Santiago y otros integrantes de la jefatura de la comunidad, y vuelve a ser castigado por laxitud en su observancia de la Ley. Hechos no registra la respuesta de Pablo a esas acusaciones, pero pareciera, por lo que sigue, que perjura negando las acusaciones, que sus epístolas muestran como justificadas. En otras palabras, reconoce la magnitud de su ofensa; y por intensa que sea su integridad, por fanática que sea su lealtad a su versión de Jesús, reconoce que esta vez es necesaria alguna forma de arreglo. Así, cuando se le pide que se purifique durante siete días y muestre de ese modo la injusticia de las acusaciones de las que es objeto, de buena gana consiente en hacerlo. Eisenman sugiere que Santiago quizá sabía cuál era la verdadera situación y que quizá se utilizó a Pablo. Si se hubiera negado al ritual de purificación, equivaldría a declararse abiertamente en contra de la Ley. Al aceptar el ritual se convertía, aún más que antes, en el Mentiroso del Comentario de Habacuc. Fuera cual fuese su proceder, se habría condenado, quizá lo que buscaba Santiago, precisamente.

En todo caso, y a pesar de su autopurificación exculpatoria, Pablo sigue inspirando enemistad en los celosos de la Ley, quienes, unos días más tarde, lo atacan en el Templo. Éste -proclaman- es el hombre que va enseñando a todos por todas partes, contra la Ley. Los disturbios que siguen no son poca cosa:

Toda la ciudad se alborotó y la gente concurrió de todas partes. Se apoderaron de Pablo y lo arrastraron fuera del Templo; inmediatamente cerraron las puertas. Intentaban darle muerte, cuando subieron a decir al tribuno de la cohorte: Toda Jerusalén está revuelta.

Llaman a la cohorte -no menos de seiscientos hombres-, que rescata a Pablo en el momento justo, quizá para impedir que se produzca una agitación civil en escala todavía mayor. Por qué si no habría de molestarse la cohorte en salvar la vida de un judío heterodoxo que había encolerizado a sus semejantes? La magnitud del tumulto da una idea de la aceptación y la influencia de que debía gozar la llamada Iglesia primitiva en la Jerusalén de la época. entre los judíos! Hablamos, evidentemente, de un movimiento dentro del propio judaísmo, que merece la lealtad de gran parte de la población de la ciudad.

Tras rescatarlo de la indignada multitud, los romanos arrestan a Pablo, quien, antes de ser llevado a prisión, solicita permiso para decir un discurso autoexculpatorio. Inexplicablemente, los romanos autorizan esa solicitud, aunque el discurso sólo sirve para indignar más al populacho. Se llevan entonces a Pablo para torturarlo e interrogarlo. Como ya nos preguntamos antes, interrogarlo acerca de qué? Por qué torturar e interrogar a un hombre que ha ofendido a sus correligionarios en puntos delicados de su ortodoxia y de su práctica ritual? Existe sólo una explicación para que los romanos hayan mostrado tanto interés: que sospecharan que Pablo disponía de información de naturaleza política yo militar.

Los únicos adversarios políticos yo militares serios que hacían frente a los romanos eran los partidarios del movimiento nacionalista: los zelotes de la tradición popular. Y Pablo, el evangelista de la Iglesia primitiva, estaba amenazado por los celosos de la Ley -en cantidad de cuarenta o más- que se habían confabulado para matarlo, y jurado no comer ni beber hasta que eso se cumpliese. Salvado de ese destino por el hasta entonces nunca mencionado sobrino, es trasladado, con escolta, de Jerusalén a Cesarea, donde invoca su derecho como ciudadano romano a apelar personalmente ante el emperador. Mientras está en Cesarea se codea en tono cordial e íntimo con el procurador romano, Antonius Felix. Eisenman ha recalcado que Pablo también tiene un trato íntimo con el cuñado del procurador, Herodes Agripa II, y con la hermana del rey., más tarde amante de Tito, el

comandante romano que destruirá Jerusalén y terminará siendo emperador.

No son ésos los únicos elementos sospechosos que aparecen en el fondo de la biografía de Pablo. Desde el comienzo, su aparente riqueza, su ciudadanía romana y su natural familiaridad con el sistema reinante lo han diferenciado de sus semejantes y de otros integrantes de la Iglesia primitiva. Evidentemente, tiene relaciones influyentes con la minoría gobernante. De qué otra manera podría un hombre tan joven convertirse en el brazo ejecutor del sumo sacerdote? Además, en su epístola a los Romanos, habla de un compañero que tiene el llamativo nombre de Herodión: un nombre evidentemente relacionado con la dinastía reinante, y muy improbable para un evangelista. Y Hechos se refiere a uno de los compañeros de Pablo como Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes. Aparece aquí, de nuevo, una prueba de sus relaciones aristocráticas elevadas.

Por sorprendente que sea la idea, parece al menos posible que Pablo haya sido una especie de agente romano. Eisenman llegó a esta conclusión estudiando los propios rollos, y luego encontró en el Nuevo Testamento referencias que apoyan la teoría. Efectivamente, si uno combina y superpone los materiales encontrados en Qumran con los de Hechos, junto con oscuras referencias en las epístolas de Pablo, esa conclusión aparece como una clara posibilidad. Pero existe una posibilidad más, quizá no menos sorprendente. Los últimos sucesos en Jerusalén, confusos y enigmáticos, la oportuna intervención de los romanos, la partida de la ciudad con una pesada escolta, la lujosa permanencia en Cesarea, la misteriosa y total desaparición de la escena histórica: todo eso tiene un curioso eco en nuestra época. Uno piensa en los beneficiarios del Witness Protection Program en Estados Unidos. Uno también piensa en el fenómeno del supersoplón en Irlanda del norte. En ambos casos, un integrante de una organización ilícita -dedicada al delito organizado o al terrorismo paramilitar- es convertido por las autoridades. Acepta dar pruebas y prestar declaración, a cambio de inmunidad, protección, un nuevo lugar donde vivir y dinero. Al igual que Pablo, provocaría la ira vengativa de sus colegas. Al igual que Pablo, sería puesto bajo una protección militar yo policial aparentemente desmedida. Al igual que Pablo, sería llevado disfrazado y escoltado. Habiendo cooperado con las autoridades, recibiría una nueva identidad y, junto con con su familia sería restablecido fuera del alcance de sus vengativos compañeros. Al igual que Pablo, para el mundo en general simplemente desaparecería.

Pertenece entonces Pablo al grupo de agentes secretos de la historia? Al grupo de informadores y supersoplones de la historia? Esas son algunas de las preguntas generadas por la investigación de Eisenman. Pero en todo caso la aparición de Pablo en el escenario puso en movimiento una serie de acontecimientos que resultaron irreversibles. Lo que empezó como un movimiento localizado dentro del marco del judaísmo existente, sin ninguna influencia fuera de Tierra Santa, se transformó en algo de una escala y una magnitud que nadie en esa época puede haber previsto. El movimiento confiado a la Iglesia primitiva y a la comunidad de Qumran fue efectivamente secuestrado y convertido en algo donde ya no había cabida para sus progenitores. Apareció una madeja de pensamiento que, herética al comienzo, evolucionaría en el curso de los dos siglos siguientes hasta convertirse en una religión totalmente nueva. Lo que había sido herejía en el marco del judaísmo sería ahora la ortodoxia del cristianismo. Pocos accidentes de la historia pueden tener consecuencias más trascendentales.

Epìlogo.

Está de más decir que la historia de los rollos no ha terminado. La trama continúa desarrollándose, tomando giros nuevos e inesperados. Mucho ha sucedido desde que este libro apareció en Gran Bretaña en mayo de 1991. En el otoño, las cosas habían llegado a un clímax, y los rollos eran tema de primera plana y de editoriales en periódicos como el New York Times. Mientras se prepara la edición norteamericana de nuestro libro, aparecen otros libros y artículos, se organizan conferencias, se intensifica la atención de los medios, diversos protagonistas hacen nuevas

declaraciones.

En mayo, la Comisión Supervisora israelí donó a Oxford University un juego completo de fotografías de todos los manuscritos, y se fundó un centro de estudios de los rollos bajo los auspicios de Geza Vermes. Pero el acceso era todavía rigurosamente restringido, y se denegaba a todos los estudiosos independientes. Entrevistado por la televisión británica, el profesor Norman Golb de la Universidad de Chicago expresó sus dudas acerca del objeto de un centro como ése. Iba a ser, preguntó, simplemente un centro de frustración?

El 5 de septiembre, la prensa norteamericana informó que dos especialistas de la Hebrew Union College de Cincinnati, el profesor Ben-Zion Wacholder y uno de sus estudiantes de doctorado, Martin G. Abegg, habían quebrado el monopolio de los rollos del mar Muerto. Utilizando la concordancia preparada por el equipo internacional en la década de los cincuenta, habían empleado un ordenador para reconstruir los propios textos. Los resultados, supuestamente correctos en un ochenta por ciento, fueron publicados por la Biblical Archaeology Society bajo la dirección de Hershel Shanks. Los miembros sobrevivientes del equipo internacional estaban previsiblemente furiosos. El profesor Cross habló de piratería. Qué otra cosa se le puede llamar-tronó el destituido John Strugnell- sino robo? Pero el 7 de septiembre un editorial del New York Times aprobó la acción de Wacholder y Abegg:

Quizá algunos integrantes de la comisión sientan la tentación de acusar de piratería a los investigadores de Cincinnati. Por el contrario, el señor Wacholder y el señor Abegg merecen un aplauso por su trabajo, y por atravesar tantas capas de oscuridad. La comisión, con su obsesiva reserva y su estilo clandestino de investigación, agotó hace mucho tiempo su credibilidad tanto ante los especialistas como ante los profanos. Los dos estudiosos de Cincinnati parecen saber lo que la comisión de los rollos ha olvidado: que los rollos y lo que los rollos dicen acerca de las raíces comunes del cristianismo y el judaísmo rabínico, pertenece a la civilización, y no a unos pocos profesores recluidos.

Pronto se produciría una revelación todavía más electrizante. El 22 de septiembre, la Huntington Library de California reveló que poseía un juego completo de fotografías de todos los rollos inéditos. Esas fotografías habían sido confiadas a la biblioteca por Betty Betchel de la Betchel Corporation, que las había encargado alrededor de 1961. Al enterarse de la existencia de las fotografías, algunos integrantes del equipo internacional exigieron su devolución. La Huntington respondió en tono desafiante. La biblioteca no sólo hacía pública su posesión de las fotografías, sino que anunciaba además su intención de ponerlas a disposición de cualquier investigador que quisiese verlas. Se ofrecerían copias en microfilm por sólo diez dólares. Si se deja en libertad los rollos -dijo William A. Moffat, el director de la biblioteca-, se deja en libertad a los estudiosos. Los integrantes del equipo internacional hicieron, por supuesto, otro escándalo, esta vez más ruidoso que el anterior. Hubo de nuevo acusaciones de robo de trabajo académico. Pero un profesor independiente respondió que la mayoría de la gente verá [a la Huntington] como un Robin Hood que roba a los académicamente privilegiados para dar a los hambrientos de conocimiento.

Amir Drori, jefe del departamento de Antigüedades israelí, acusó a la Huntington de varias transgresiones legales, aunque las fotografías habían sido tomadas mucho antes de que los rollos pasasen a manos israelíes como botín de guerra. Magen Broshi, director del Santuario del Libro, habló misteriosamente de acciones legales. La Huntington se mantuvo firme. Hay o no hay libertad de acceso. Nuestra posición es que tendría que haber acceso, sin ningún tipo de trabas. A esa altura la divulgación de las fotos ya era un hecho consumado, y cualquier esfuerzo por revertir el proceso habría sido inútil. Es demasiado tarde -declaró la Huntigton Library-. Ya está hecho.

El 25 de septiembre, el gobierno israelí se dio por vencido, y se distanció cuidadosamente de las declaraciones de Drori y Broshi. Se dijo que Drori y Broshi habían hablado a título personal, y no como representantes del gobierno israelí. Yuval Neeman, ministro de Ciencia de Israel, distribuyó una declaración de prensa en la que decía que. Todo investigador tendría que poder examinar con libertad los rollos y publicar sus descubrimientos. Es una suerte que esa oportunidad se haya

materializado ahora con la apertura al público de la colección fotográfica de la Huntington Library. Cuando los sucesos que acabamos de relatar llegaron a la primera plana de los periódicos, Eisenman había empezado a investigar también en otros frentes. En 1988 había señalado que las excavaciones de Qumran distaban mucho de ser completas, de ser exhaustivas. El terreno circundante es, en realidad, ideal para la preservación de manuscritos, y prácticamente todos los expertos en la especialidad piensan que se puede hacer más descubrimientos. No sólo es posible, sino probable, que existan todavía rollos enterrados debajo de deslizamientos de tierra o de rocas. Todavía falta excavar adecuadamente muchas cuevas: apartar los escombros de techos caídos y llegar al lecho rocoso. Otras cuevas, exploradas sólo por los beduinos, hay que explorarlas de nuevo, puesto que los beduinos tendían a pasar por alto algunos documentos escondidos y a dejar muchos fragmentos; y de todos modos, las excavaciones beduinas oficialmente autorizadas, cesaron realmente con la guerra de 1967. Hay otros sitios en las cercanías de Qumran que todavía no han sido totalmente explorados. Por ejemplo, a unos quince kilómetros hacia el sur, en las costas del mar Muerto, en un lugar llamado En el-Ghuweir, un arqueólogo israelí encontró tumbas parecidas a las de Qumran y las ruinas de una residencia parecida a las de Qumran. Es razonable, por cierto, suponer que las cuevas de los wadis cercanos, hasta ahora nunca excavadas, pueden también almacenar rollos.

Con esos hechos en mente, Eisenman decidió emprender sus propias exploraciones arqueológicas. Su objetivo principal era, desde luego, buscar nuevos rollos. Esos materiales -como lo probó el caso del Rollo del Templo- pueden ser totalmente nuevos. Pero aunque repitiesen textos ya en manos del equipo internacional, eso quitaría sentido a toda supresión. Aparte de la perspectiva de nuevos manuscritos, Eisenman quería formarse un cuadro lo más completo posible de la población de toda la región, desde Qumran hacia Masada, en el sur. Pueden haber existido, concluyó, otras comunidades del estilo de la de Qumran. Por consiguiente, se propuso buscar pruebas de cualquier otro tipo: pruebas de control de agua, por ejemplo, como terrazas, acueductos y cisternas, que pueden haber sido construidos para sustentar ganado y hacer posible la agricultura.

Hasta el momento, Michael Baigent ha acompañado a Robert Eisenman y su equipo de arqueólogos y voluntarios en dos expediciones exploratorias, en enero de 1989 y en enero de 1990. En la primera se concentraron en la excavación de una cueva alrededor de un kilómetro y medio al sur de Qumran, a unos ciento cincuenta metros de altura en el risco. La cueva daba a una serie de cámaras que se extendían por lo menos veinticinco metros dentro de la roca. Parte del interior tenía suelo liso hecho con frondas de palmas y barro endurecido. No se encontraron rollos, pero aparecieron varios restos de la edad de hierro: un jarro pequeño, una lámpara de aceite y, especialmente, un astil y una punta de flecha en perfecto estado de conservación después de tres mil años. La expedición demostró, por primera vez, que por lo menos algunas de las cuevas que rodean a Qumran habían estado habitadas: que no se habían utilizado sólo como refugios temporales sino que habían estado ocupadas de manera más permanente.

La segunda expedición procuró explorar todo lo posible la costa del mar Muerto al sur de Qumran y la cara del risco contiguo. El propósito de esa empresa era compilar un inventario de todas las cuevas aún inexploradas que pueden justificar una excavacion exhaustiva. Dividida en pequeños equipos, la expedición registró unos veinte kilómetros de risco, que subía a pico hasta unos trescientos cincuenta metros. Aparte de las cuevas, se encontraron restos de terrazas y muros artificiales, de construcciones para el control del agua y para la irrigación, todo lo cual confirma que allí vivían y practicaban la agricultura seres humanos. Se localizaron en total ciento treinta y siete cuevas habitables, las que fueron sometidas a un examen preliminar sin excavación. De ésas, ochenta y tres fueron consideradas dignas de excavación sistemática: serán el foco de futura actividad arqueológica.

De particular y revolucionaria importancia para esas actividades será un nuevo sistema de radar subterráneo de alta tecnología conocido como Subsurface Interface Radar. Hemos discutido con Eisenman la posibilidad de que haya otras cuevas en las cercanías de Qumran y a lo largo de la

costa del mar Muerto, además de cuevas habitaciones, sótanos, pasajes u otras estructuras subterráneas debajo de las ruinas de la propia Qumran. De Vaux, la única persona que trató de excavar en el lugar mismo, nunca buscó nada por el estilo, nunca exploró debajo de la superficie. Sin embargo, resulta virtualmente desconocido que una construcción como la que sugieren las ruinas de Qumran no tenga cámaras subterráneas, pasajes, mazmorras o túneles de escape. Es un hecho generalmente admitido que debe existir algo parecido. Pero sería necesario realizar excavaciones de considerable extensión, que implicarían muchos tanteos y quizá daño al lugar. Por lo tanto,. la perspectiva de encontrar algo debajo de Qumran parecía, a priori, condenada por la magnitud de lo que habría que hacer. Pero en el otoño de 1988 tropezamos en un periódico con un artículo acerca de una cripta secreta de probable interés para estudiosos de Shakespeare, encontrada debajo de una iglesia cerca de Stratfordon-Avon. Lo que nos interesó del artículo fue el hecho de que la cripta aparentemente había sido localizada por una especie de sistema de radar subterráneo que explotaba una compañía con base en el sur de Inglaterra.

Las posibilidades que ofrecía SIR resultaban verdaderamente apasionantes. Era un equivalente terrestre de un sistema de sonar como el que llevan los barcos. El aparato era portátil. Cuando se lo movía por encima del suelo a una velocidad constante, producía una imagen generada por ordenador de detalles subterráneos. La imagen era a su vez producida mediante la construcción de un perfil de interfases, es decir, puntos donde la tierra o la roca o cualquier otra sustancia con densidad y solidez cede paso al aire. El sistema era entonces ideal para localizar cuevas y

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