CAPÍTULO 3. INTERPRETACIÓN DEL SENTIDO
3.1. La “palabra vacía” y la “palabra plena”
Como se anunció en el capítulo inicial, las primeras formulaciones de la enseñanza analítica de Lacan son el ámbito de configuración de dos modos de realizarse la palabra; estos pueden describirse más precisamente con las dos vertientes semióticas analizadas allí. Así, lo que Lacan llama “palabra vacía” puede apuntalarse teóricamente con la estructura de la significación a partir de la semiosis ilimitada; por su parte, la así llamada “palabra plena” puede describirse discursivamente tomando como base la articulación propia de la semiosis estratigráfica. Sin embargo, el punto medio entre las metáforas podría ser una semiosis de revelación, la cual puede describirse tanto en los términos de una articulación semisimbólica, como en los de un flujo transferencial – aunque, claro está, no orientado hacia la ilusión de la “ego-aldad”, como dice Lacan; es decir, sin ningún interés imaginario de constitución yoica. Sería semisimbólica por su capacidad de expresar un contenido de verdad propia del sujeto, pero también infer- transferencial porque adviene en el marco de la interpretación.
111 Como sostiene Lacan en su primer seminario1, la palabra se delimita por los hitos del silencio y del hic et nunc. El silencio repentino en un diálogo, o sus representaciones –lapsus, chistes, súbitos cambios de tema, etc.–, que son interpretadas como resistencias al análisis, anuncian el abismo de la verdad del sujeto. Esta es la
palabra plena. Por su parte, la palabra en el “aquí” y en el “ahora”, la que está
determinada por la situación en la que se pronunció, aquella establecida entre iguales en diálogo y que opera con las presuposiciones e implicaturas que permiten anticipar lo que el otro dirá, ésta palabra es la palabra vacía y nada dice de la verdad del sujeto. Si entendemos “verdad” como lo completamente singular del sujeto que escapa a las convenciones que regulan las relaciones sociales entre individuos, la palabra vacía lo es porque sólo se realiza con las convenciones enciclopédicas de la cultura, en la cual un diálogo se realiza. En contraste, la palabra plena no esta determinada por el tiempo ni el lugar de realización; su única ubicación, en todo caso, podría ser aquella de la revelación.
No obstante, resulta imposible el advenimiento de la palabra como revelación sin un marco establecido por la palabra vacía. Trayendo a colación “El olvido de los nombres propios” de Freud (aquel texto en el cual se observa cómo el olvido del nombre Signorelli tenía implicaciones con el “ser para la muerte” de Freud), Lacan sostiene que el sujeto
[s]e engancha al otro porque lo que es impulsado hacia la palabra no accedió a ella. El advenimiento inconcluso de la palabra, en la medida en que algo puede quizá volverla fundamentalmente imposible, es el punto pivote donde la palabra, en el análisis, fluye por entero hacia su primera vertiente y se reduce a su función de relación con el otro. Si la palabra funciona entonces como mediación es porque no ha culminado como revelación2.
Efectivamente, la palabra como revelación de la verdad del sujeto, cuya estructura es la del semisimbolismo, sólo puede ocurrir en el modo de la palabra como mediación (“de relación con el otro”), es decir, en el sistema de la significación como flujo de interpretantes.
1 Cf. Lacan, Jacques. El Seminario. Libro 1. Los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires: Paidós -
SAICF, 1998; p.84.
112 El caso analizado en el artículo mencionado ubica al propio autor como personaje3: Freud y su interlocutor eventual estaban conversando sobre un tema que había puesto en la senda de las posibilidades de conversación algunos recuerdos “escabrosos” que Freud prefirió eludir. Se trataba de las costumbres de los turcos residentes en Bosnia y en la Herzegovina. Ante el advenimiento de la muerte de un familiar y frente a la impotencia de los médicos, ellos pronunciaban fórmulas como: «¡Señor (Herr), qué le vamos a hacer! ¡Sabemos que si hubiera sido posible salvarle, le hubierais salvado!». Esto había despertado en Freud la memoria de ciertos pacientes turcos que, cuando se enfrentaban a una enfermedad que les impedía la actividad sexual, se desesperaban con una intensidad que contrastaba con la resignación frente a la muerte antes referida. Pero no sólo había reprimido esto, sino que también lo había hecho con la noticia, que recibió en Trafoi, del suicidio de un paciente suyo por causa de una incurable perturbación sexual.
Cuando le tocó preguntar –por causa de las derivaciones de los interpretantes–, si su compañero de viaje había estado en Orvieto y visto los famosos frescos pintados por..., el nombre Signorelli estaba ya implicado con esos temas reprimidos por Freud consciente e inconscientemente. Lo único que logró ubicar como sustituto de ese olvido fue Botticelli y Boltraffio.
El análisis permite descubrir diversas articulaciones retóricas. La forma puramente significante “Bo”, en los nombres de los dos pintores que se ubican en vez del olvido, proviene de Bosnia, el escenario de la primera anécdota de los turcos. Se trata de una sinécdoque en la que una parte (Bo) está en lugar del todo (Bosnia); no obstante, esta se ubica dentro de las operaciones elocutivas llamadas metaplasmos4, ya que se realiza con unidades de orden inferior a las palabras. La forma “traffio”, fragmento del segundo de los nombres, sustituye al lugar en donde se enteró de la muerte de su paciente, Trafoi; en este caso, se habría producido una metábole metaplástica: supresión de una “f” y permutación entre “i” y “o”.
3 En términos semióticos clásicos deberíamos hablar de un desembrague actancial.
4 Respecto de las figuras elocutivas o metáboles, clasificadas en cuatro categorías: mataplasmos,
metataxis, metasememas y metalogismos, véase Grupo Mi. Retórica general. Barcelona, Edit. Paidos, 1987. Para una aplicación un tanto libre de tales conceptos Cf. Mondoñedo, M. “Grafismos retóricos en
Contra Natura de Rodolfo Hinostroza”. En: Escritura y pensamiento. Lima, U.N.M.S.M, Año III, Nº 5,
113 Por otro lado, Signor, como parte del nombre olvidado, está sustituido por Herr,
Señor en alemán, que se encuentra en la frase que manifestaba aquella extraña
resignación ante la muerte; esta operación retórica se denomina metataxis, la cual es una modificación en el nivel sintáctico y se trataría tanto de la supresión del término alemán, como de la adjunción del vocablo en italiano. Este análisis, sin embargo, no es completo puesto que Signor no es reemplazado por Herr en un mismo co-texto, sino que la sustitución se da entre co-textos diferentes; podría decirse, entonces, que la metataxis es un mecanismo que forma parte de una operación metafórica, es decir, de una articulación entre dos dominios diferentes.
Finalmente, “elli”, la otra parte del nombre olvidado, pasó directamente como forma, pero ubicada en otro co-texto Botticelli. Se podría también describir como una sinécdoque en la que esa parte está en lugar del todo, el “Signorelli” olvidado; también aquí debemos ubicar esta operación en el nivel metaplástico.
Todas estas operaciones retóricas están determinadas en su base por la lógica de la remisión, es decir, por la significación en flujo. Piénsese sino en aquel momento de la conversación cuyo tema fue las costumbres de los turcos en Bosnia; dicho tema puede ser descrito como el Representamen que generó el Interpretante, en la Cuasimente freudiana, de los turcos que se desesperan por una disfunción sexual. Este tópico a su vez, debido a que la semiosis ilimitada operó inconscientemente –y es que el inconsciente mismo opera con la metáfora del flujo–, se convirtió en el Representamen para el Interpretante de la noticia de la muerte de su paciente; lo cual no es sino el Representamen de su propia castración.
En otros términos, la significación inferencial había logrado vincular algunos recuerdos –en realidad algunos significantes en su dimensión exclusivamente formal y elocutiva– con la palabra olvidada y con la verdad de la muerte como límite absoluto. De este modo, sólo la semiosis en flujo, la que puso en correlación “Botticelli”, “Boltraffio”, “Signor”, “Herr”, “Herzegovina”, “Bosnia”, “Trafoi”, permitió un particular semisimbolismo:
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Signorelli a
≈
muerte - φ
Es posible entonces establecer el vínculo entre la palabra vacía y la palabra plena como complementarias gracias a su articulación con los dos modos de semiosis, los cuales a su vez resultan complementarios. Pese a que Lacan las presentó como opuestas, esto no significa que dicha oposición sea además optativa en términos absolutos. En el Seminario 1, Lacan recuerda haber tratado la oposición mencionada dentro del primer acápite de su “Función y campo de la palabra”: “A saber, la oposición entre palabra vacía y palabra plena; palabra plena en tanto que realiza la verdad del sujeto, palabra vacía en relación a lo que él tiene que hacer hic et nunc con su analista, situación en la que el sujeto se extravía en las maquinaciones del sistema del lenguaje”5.
Sin embargo, entre ambos extremos Lacan abre una amplia gama de realizaciones de palabra. Pero lo más importante es lo que a continuación presenta; se trata de la paradoja de la posición del analista, la de alguien que busca una verdad del analizante, pero que además construye, elabora interpretaciones con sus intervenciones en el discurso del otro, es decir dentro de la dinámica de la palabra vacía. En la posición del analista se trata, nos dice Lacan, “[...] de buscar el más allá del discurso, más allá, piénsenlo bien, que no se encuentra en ningún sitio; más allá que el sujeto debe realizar, pero que justamente no ha realizado y que está entonces constituido por mis propias proyecciones, en el nivel en que el sujeto lo realiza en ese momento”6.
Esto debió haber sonado muy enigmático en el momento de su enunciación: ¿cómo es que se pretende sacar una verdad exclusiva del sujeto analizante si lo que hace el analista es proyectarse en él? Pero debió sonar así a causa de que los psicoanalistas de entonces no veían la necesidad de una aproximación a las disciplinas del discurso, postura que Lacan reprochó durante la década del cincuenta. (Durante esa década hablaba, sobre todo, de la necesidad de observar la lingüística estructuralista como un modo de retomar viejos conceptos freudianos)7. Los psicoanalistas de la actualidad muy
5 Lacan, J. Op. Cit.; p. 85. 6 Ibídem.
7 No está de más apuntar que ese interés psicoanalítico por el análisis del discurso tiene hoy en nada
115 probablemente ya no tienen reparos en escuchar lo que se dirá a continuación: aquél “más allá” del que habla Lacan en la cita es de naturaleza semisimbólica, se trata de una verdad con la forma de contenido expresado de manera distorsionada –es por eso que no habla de expresión propiamente sino de revelación. Y esta verdad revelada sólo es posible por los caminos de la semiosis en flujo.
Lo excepcional es que Lacan sostenga que el analizante “justamente no ha realizado” tal verdad y que sólo por medio de lo que ocurre transferencialmente, en aquellas “proyecciones” del analista en él, podrá constituirse. Resulta a nuestros ojos evidente que esta dialéctica toma de base la “abstracción hipostática” de Peirce; en otros términos, “aquel proceso por el que consideramos el pensamiento como una cosa, por el que hacemos a un signo interpretante el objeto de un signo”8. Se trata, pues, de que la verdad revelada que propugna Lacan es una suerte de substanciación de lo que en realidad no es sino construcción interpretante. Y la formulación que hemos citado más arriba hace evidente que el psicoanalista era consciente de ello: la verdad singular del sujeto es una creación transferencial o –para atenuar las resonancias categóricas de la frase anterior–, dicha verdad solo se realiza en el marco de posibilidades de la sesión analítica.