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que adquirían las ciudades como expresiones materiales de valor histórico y cultural para la humanidad entera; así los llamados “monumentos históricos” fueron depositarios de

79 Juan Larrea Holguín se convirtió en 1952 en el primer miembro del Opus Dei en Ecuador. Como abogado,

ejerció una carrera activa en la política nacional ocupando cargos en la Presidencia de la República durante varios gobiernos, y, como veremos, ejerció una importante influencia en los años de construcción e inauguración del monumento.

80 “Hoy inauguran el monumento a la Virgen María”, El Comercio (Quito), 28 de marzo de 1976: 1, 8. 81 Agustín de la Herrán, Portafolio del escultor en versión digital. Disponible en: www.adelaherran.com 82 Ibíd.

83 Ibíd. 84 Ibíd.

valores patrimonialistas y conservacionistas que se expresaron en políticas gubernamentales para su preservación frente a una posible destrucción de estos bienes en el tiempo.

Así, en 1964 se reunió en Venecia el II Congreso Internacional de Arquitectos y de Técnicos de Monumentos Históricos, dando como resultado la redacción de la llamada “Carta de Venecia”, cuyos postulados se volvieron un modelo a ser incorporado por las legislaciones de todos los países en materia de cuidado a los bienes históricos.

El propósito de la conservación monumental, más allá de la función social de los espacios, priorizaba el valor material de los objetos como depositarios de valor histórico, definiendo de este modo, unos límites taxativos para la interacción y usos sociales que debían generarse frente a estos espacios. Todo ello, en el marco de una nueva “era conservacionista” que germinaba en Europa y se hacía eco en los países del Sur.

Varios fueron los acuerdos y declaraciones internacionales que insistieron “en la obligación de los Estados de conservar y proteger el patrimonio cultural de los pueblos”; entre ellos, la aludida Carta de Venecia de 1964 -que, a su vez, inspiró “las Normas de Quito” de 1967-, la Convención de la UNESCO de 1970, las Conclusiones de Sao Paulo en 1972, entre otras.

La misma Iglesia Católica se adhirió a esta dinámica patrimonialista y planteó en sus congresos la necesidad de incorporar a los estatutos de la institución, la obligación de conservar y proteger el patrimonio artístico-religioso del mundo. Los parámetros definidos para tal fin fueron elaborados en documentos eclesiásticos como los de Liturgia del Concilio Vaticano II, las Recomendaciones de Bogotá y Medellín de 1968 y la Carta de la Sagrada Congregación para el Clero, del 11 de abril de 1971.

A lo largo y ancho del mundo se crearon legislaciones específicas sobre la conservación y protección del patrimonio cultural, y desde 1964, junto a la mencionada Carta de Venecia, empezaron a cobrar solidez los discursos que buscaban posicionar turísticamente a los países.

La prensa jugaba un rol fundamental en esta dinámica potenciadora del turismo, exponiendo de forma espectacularista el valor recreacional que tenían ciertos “bienes materiales” de la capital de la República, entre ellos, la cima del Panecillo que, a través de varios escritos de prensa, era exaltado como el sitio donde convergía la historia de un

indigenismo nacionalista que iniciaba en la religiosidad prehispánica, desde los shyris hasta los incas.85

Ello, sin embargo, matizaba con el despliegue hispanista que, desde la primera mitad de siglo, buscaba rescatar en la ciudad los registros coloniales del pasado que pervivían en el “Centro Histórico” de Quito, creando discursos sobre los valores identitarios de la ciudad a partir de los monumentos en que se expresaba la huella cultural del pasado hispánico.86

La prensa dedicó varios espacios a la promoción turística de la ciudad, mientras de forma simultánea, esa misma prensa servía como canal de denuncia para que dirigentes barriales y habitantes de las zonas desatendidas, expresaran sus demandas a la administración pública sobre los deterioros que sufría el Centro Histórico de la ciudad.87

Entraban en contradicción, de este modo, el afán burocrático de implementar políticas modernizantes, conservacionistas y turísticas sobre el espacio urbano, con las dinámicas sociales que construían la ciudad desde los barrios, las calles, el trabajo diario, los saberes y la religiosidad popular, expresando la necesidad de habitar con dignidad el espacio que les pertenecía antes de que la ciudad se “patrimonializara”.

Para atenuar los signos de abandono en el sector, el Departamento de Planificación del Municipio de Quito preparó un “proyecto de desarrollo integral para El Panecillo” que contemplaba una “rehabilitación” de la colina a fin de convertirla en una zona turística.88 A la par, los habitantes exigían que la autoridad tomara medidas como: la clausura de guaraperías y cantinas que “infestaban” la zona,89 el adoquinamiento de la calle principal, una apropiada restauración de las casas existentes, la dotación urgente de servicios como agua potable y alcantarillado, la ornamentación y cuidado de la cima, un adecuado sistema de transporte, y un sistema de vigilancia frente a la delincuencia e inseguridad que reinaban en el sector.90

85 “Hagamos turismo interno: Panecillo, monte tutelar”, El Comercio (Quito), 16 de marzo de 1967: 17. 86 Santiago Cabrera Hanna, “El Centro Histórico en la planificación urbana (1942-1992): Discursos

patrimoniales, cambios espaciales y desplazamientos socioculturales”. Territorios, No. 36 (2017), 189-215.

87 “El casco viejo de la ciudad: Quito necesita un plan de renovación urbana”, El Comercio (Quito), 3 de

junio de 1969: 14.

88 “Proyecto de Desarrollo integral del Panecillo ha preparado Municipio”, El Comercio (Quito), 4 de mayo

de 1973: 2.

89 “Piden cerrar cantinas en ‘Panecillo’”, Últimas Noticias (Quito), 31 de agosto de 1971: 1, 20. 90 “El ‘Panecillo querido’ en el plano del olvido”, Últimas Noticias (Quito), 20 de marzo de 1971: 3.

Todo ello, en un marco social conflictivo que contraponía el ambiguo ímpetu por la modernización de la ciudad con una fetichización conservacionista del pasado, frente a las sintomáticas necesidades sociales que desentonaban con el propósito de construir una Virgen en una colina que buscaba “desarrollarse”, y cuyo significado político-