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Sobre la paradoja en el tiempo y en el orden social

o por un saber comprometido

LA PARADOJA DEL TIEMPO EN LA HISTORIA COMO DISCIPLINA ESCOLAR UNA INDAGACIÓN EN EL

1. Sobre la paradoja en el tiempo y en el orden social

“La contemplación de las ruinas nos permite entrever fugazmente la existencia de un tiempo que no es el tiempo del que hab

resucitar las restauraciones. Es un tiempo puro, al que no puede asignársele fecha, que no está presente en nuestro mundo de imágenes, simulacros y reconstituciones, que no se ubica en nuestro mundo violento, un mundo cuyos cascotes, faltos de tiempo, no logran ya convertirse en ruinas. Es un tiempo perdido cuya recuperación compete al arte” (Marc Augé, 2003, pág. 7).

La pregunta fundamental de este trabajo es por la idea del tiempo que está presente en la Civilización Occidental; cómo esa idea se deja ver en la forma de una paradoja permitiendo descubrir trazos de carácter de lo escolar y su orden.Entonces, ¿En qué consiste y qué pone de manifiesto la falacia de la temporalidad, como corolario de la paradoja del tiempo que contrapone duración y medición? ¿Cómo la contraposición entre medición y duración

de configurar una paradoja en el tiempo de la historia y en su condición de disciplina escolar, originando la falacia de la temporalidad? ¿En qué medida la colonización que el tiempo científico ha realizado en el tiempo de la Historia, como una expresión de la imposición de un determinado orden moral fundado en la scientia y su orden, conduce a la falacia de la temporalidad? ¿De qué manera el estudio de la paradoja y la falacia como su corolario, en la historia como disciplina escolar, específicamente, en el currículum prescrito (Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos y Programas de Estudio) y los textos escolares oficiales de Chile, permite comprender el carácter de lo escolar como

que hace a lo social51. Todo lo cual, pasa por convenir que el tiempo ocupa el

centro de la historia, y de la historia como disciplina escolar, amén de entrever que en su hipocentro, irrumpe una paradoja que da forma a la mentada falacia de la temporalidad. Adviértase el sentido de utilizar el término de hipocentro, para referirse al puesto que ocupa la paradoja en la idea del tiempo en la Civilización Occidental; el uso de la metáfora muestra, precisamente, la contradicción como se verá más adelante. Ciertamente, usar un término, propio de la geología, que indica el punto del interior de la corteza terrestre donde tiene origen un terremoto (RAE, 2001), para pensar el problema de investigación, sugiere que la paradoja originaría una suerte de sismo en la idea del tiempo, instalando la falacia de la temporalidad, que produciría plegamientos y fallas; en cualquier caso, una fractura en la idea del tiempo. Obsérvese, cómo el peso de esta argumentación se deja ver en las palabras de Henri Bergson (1963e), que inspiran el desarrollo de este trabajo:

“..corrientemente, cuando hablamos de tiempo, pensamos en la medida de la duración y

no en la duración misma. Pero esta duración, que la ciencia elimina, que es difícil de concebir y de expresar, se la siente y se la vive.¿Y si buscásemos lo que ella es? ¿Cómo se aparecería a una conciencia que no quisiese más que verla sin medirla, que la aprehendiese sin detenerla, que se tomase en fin ella misma por objeto y que, espectadora

enri Bergson, 1963e, pág. 935).

¿Exis de Bergson, alguna posibilidad de volver a colocarse en la dura

el interrogante cuyo estudio exige indagar por cual sea el sentido y significado de u indag L deriv esto consi expre

signi nión recibida y común,

también, la paradoja propone algo que parece asombroso que pueda ser, tal

contradicción, formulado por Aristóteles en su Analítica Priora. Tal

principio, sostiene que A es B o no B, es decir, una cosa no puede, al mismo

y actora, espontánea y reflexiva, aproximase hasta hacerlas coincidir juntamente la atención que se fija y el tiempo que huye” (H

te, al hilo

ción y aprehender la realidad en la movilidad, que es su esencia? He aquí, na paradoja, y cómo ella podría ser un instrumento adecuado para

ar en el orden escolar.

a paradoja, según el diccionario de la Real Academia Española (1992), a etimológicamente del latín paradoxa, que significa una idea extraña, es, opuesta a la común opinión y al sentir de los hombres. También, se dera como una figura de pensamiento que consiste en emplear siones o frases que envuelven contradicción. En griego, paradoja fica contrario a la opinión, esto es, inverso a la opi

como se dice ser (Ferrater Mora, 1999). Esta primera revisión del término, deja de manifiesto que las paradojas envuelven contradicción, de modo que, desde el punto de vista lógico, en un mismo dominio existen, conjuntamente, dos ideas que se excluyen radicalmente, no obstante, en el mundo de la cultura muestran una coexistencia, incluso, en una cierta armonía que, talvez, sea una exteriorización de la complejidad que nos alcanza como seres humanos.

La paradoja puede conducir, según se intenta mostrar en esta investigación, a una confusión, es decir, a una falacia aspecto que se aborda más adelante. De modo que, la paradoja desde el punto de vista estructural, es una afirmación contradictoria respecto de los términos o conceptos que en ella se relacionan; se trata de términos que son, expresamente, excluyentes uno de otro. Es decir, la paradoja, afirma y niega el predicado de un sujeto, de una condición o de una característica, con lo cual contraviene el principio lógico de no

51Esta idea de El lugar en cuestión nació inspirada en la obra homónima de Paul Klee, que nos cautivó en una exposición en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), justo en un interludio de la reflexión que realizáramos en los tiempos del diseño del proyecto que cristalizaría en la presente investigación.

tiemp

ello, en ocasiones se considera como una clase especial de paradojas a las antinomias, que son el resultado

de u ciones, cada una de las cuales parece

ser d ntonces, se dice que hay antinomia cuando

una pr de la

prim destacar la paradojalidad de la condición humana,

mien demos hablar de las antinomias jurídicas que

se pr rias normas jurídicas que son contradictorias entre

juríd

oseyendo los mismos ámbitos de validez, una afirma y la otra niega el deber a)Ám to de validez personal son los sujetos a quienes la norma jurídica va

Es necesario para que exista contradicción entre normas jurídicas que posean el

Com la ac hum para postm incer

intrínsecamente caótico de la historia humana (Morin, 1999). Se comprende o, ser y no ser tal o cual cosa, o no podemos de un mismo sujeto afirmar y negar una cualidad; a la vez, ninguna proposición puede ser al mismo tiempo verdadera y falsa (Vera, 2001b). De lo cual se sigue, que la paradoja, como figura lógica semántica, es la manifestación de una contradicción, que constituye su meollo. La paradoja, permite develar la contradicción en los territorios donde se presenta, así nos sitúa en el dominio de la lógica. Esta figura lógica semántica que es la paradoja, al manifestar claramente una contradicción, posee un parentesco con la antinomia, que también representa la manifestación de una contradicción. Por

na contradicción entre dos proposi efendible racionalmente. E

oposición resulta, a la vez, verdadera y falsa, cuando dos consecuencias misma premisa son contradictorias (Ferrater Mora, 1999). Así, en un

r caso podemos e

tras que, en el segundo, po sentan cuando existen va e

sí (Pacheco Gómez, 1988). Por ello se sostiene que, dos normas icas son contradictorias entre sí cuando:

“p

jurídico de una determinada conducta.

Los ámbitos de validez de las normas jurídica son: personal, espacial, temporal y material.

bi dirigida;

b)Ámbito de validez espacial es el territorio donde debe aplicarse la norma jurídica.

c)Ámbito de validez temporal es el período de tiempo durante el cual tienen vigencia la norma jurídica; y

d)Ámbito de validez material es aquello que, de acuerdo con la norma jurídica, debe ser hecho por el destinatario.

mismo ámbito de validez que unas afirmen y otras nieguen un determinado deber de conducta” (Pacheco Gómez, 1988, pág. 398).

o puede observarse, la paradoja está presente en los diversos ámbitos de ción social, representando una de las características de la condición ana; parece adecuado recordar que, en la época actual, se asume esta dojalidad, aspecto vinculado a la incertidumbre propia de la condición de

odernidad y al tránsito de las culturas de la certeza a las culturas de la tidumbre (Hargreaves, 1996). Lo que, también, indica el carácter así, por qué, José Saramago (2000), en su obra La Caverna, que forma parte de su trilogía donde expresa su visión del mundo actual, destaca con especial atención cómo la contradicción alcanza a lo humano, señalando que sabríamos mucho más de las complejidades de la vida si nos dedicáramos a estudiar, con ahínco, sus contradicciones en vez de perder tanto tiempo con las identidades y las coherencias, que tienen la obligación de explicarse por sí mismas52.

52El mismo Hargreaves(1996), escribe sobre las paradojas postmodernas, tal es el caso de la globalización que puede llevar al etnocentrismo, y de la descentralización que puede conducir a una mayor centralización. Son, precisamente, estas paradojas y perversidades las que hacen, para este autor, de la postmodernidad un fenómeno fascinante y difícil de comprender.

Existen varias clasificaciones de las paradojas, para los efectos de este trabajo y, siguiendo lo indicado en el Diccionario de Filosofía de José Ferrater

dice la verdad) si y sólo si miente” (Ferrater Mora ,1999, pág. 2694). La fo entre verda del m adver

ntonces x > y y también y < x. Todo

la vez el mayor de todos los números ordinales”(Ferrater Mora, 1999, pág. 2693).

En suma, la paradoja representa una expresión paradigmática de la contradicción, por ello es necesario enfatizar el sentido y significado del concepto lógico de contradicción; dos términos son contradictorios cuando a uno se le antepone un no, por ejemplo, el contradictorio de alumno es no alumno y el contradictorio de movimiento es no movimiento (inmovilidad). La paradoja, tanto lógica como semántica, manifiesta una contradicción, los ejemplos antes citados de la paradoja semántica de Epiménides, y la paradoja lógica, llamada paradoja del mayor número ordinal, constituyen una clara muestra de ello. La paradoja como figura lógica semántica, consiste en mostrar la contradicción en cada uno de los ámbitos señalados, tal como lo han indicado los ejemplos precedentes queda, por tanto, preparado el camino Mora (1999), se considera aquella que toma como criterio la naturaleza de la paradoja, lo que permite clasificadas en: <<lógica>> (y<<semánticas>>), <<existencial>> y >>psicológica>>. En ese mismo texto, se ilustra algunas célebres paradojas, que pueden ayudarnos a comprender nuestra paradoja del tiempo. Probablemente la más antigua, a la vez, que la más conocida, sea la paradoja semántica de Epiménides, también llamada El Mentiroso o El

Cretense, cuya formulación es la siguiente:

“Epiménides es cretense y afirma que todos los cretenses mienten.

Si Epiménides es cretense y todos los cretenses mienten, entonces cuando Epiménides afirma:

Todos los cretenses mienten,

afirma una proposición que es verdadera. Por lo tanto, Epiménides no miente cuando afirma que todos los cretenses (incluyendo Epiménides) mienten.

En consecuencia:

1) Epiménides si y sólo si no miente (esto es, dice la verdad). 2) Epiménides no miente (esto es,

rma más simple de manifestar esta contradicción, la ofrece el hombre de los cretenses que dice “miento”. Si miente dice la verdad y si dice la

d miente.

Dentro de las paradojas lógicas, merece considerarse la llamada paradoja

ayor número ordinal presentada por Burali-Forti, en el año 1897

tida, un par de años antes, por Georg Cantor, donde se sostiene que:

“Todo conjunto cantoriano bien ordenado tiene un número ordinal. Los números ordinales correspondientes están dispuestos en orden de magnitud, de forma

ue, dados dos números ordinales, x, y, e q

conjunto de ordinales ordenados en la forma indicada está bien ordenado, siendo su ordinal mayor que cualquier elemento del conjunto. Si consideramos el conjunto de todos los ordinales ordenado en la forma indicada y, por tanto, bien ordenado, habrá que asignarle un número ordinal. Este número ordinal es a la vez un elemento del conjunto de todos los números ordinales y mayor que cualquier elemento de tal conjunto. Hay, así, un número ordinal que es y no es a

para presentar la paradoja que existe en la idea del tiempo en la Civilización Occidental que este trabajo se empeña en mostrar.

Parece adecuado, entonces, rescatar el epígrafe iconográfico en este trabajo, Saturno (Xrónos) devorando a sus hijos y desplegar la reflexión desde su condición de fuente. Su autor, Francisco de Goya, se ha inspirado en el mito del dios Xrónos, para nombrar y, a su paso, representar-nos la falacia de la temporalidad53. Volvamos, pues, a situarnos en el mundo griego fuente

fund

te, a la medida del tiempo, vincu

jo la tierra con implacable corazón, el

nde sólo se cons

amental para el estudio de la idea del tiempo en la Civilización Occidental, y en tres conceptos que allí nombran esa idea: kairós, xrónos y aión y, desde allí, recojamos el mito de Xrónos devorando a sus hijos. El tiempo, es kairós, el acontecer mismo, el tiempo existencial y presente, también, es el tiempo oportuno, conveniente y creativo. Su acepción en plural, oi kairoi, designa, por su parte, al contexto de un hecho, al conjunto de los tiempos. El tiempo del kairós podría ser, así, entendido como un tiempo constructor y explicador, y correspondería al tiempo social y al tiempo histórico (Benveniste, 1983, Trepat, 2002).

La palabra xrónos, se refiere, por su par

lada a la imagen del tiempo como orden mensurable del movimiento, de la cual derivan el tiempo de la cronometría y de la cronología. Cabe señalar, que Saturno es el dios itálico de origen etrusco que, posteriormente, se helenizó en la mitología griega con el nombre de Xróno o Xrónos (Espasa- Calpe, 1999). El mito de Xrónos, según la versión de la Teogonía de Hesíodo(2000 a), narra lo siguiente:

“Rea, entregada a Cronos, tuvo famosos hijos: Histia, Deméter, Hera de áureas sandalias, el poderoso Hades que reside ba

resonante Ennosigeo y el prudente Zeus, padre de dioses y hombres, por cuyo trueno tiembla la anchurosa tierra. A los primeros se los tragó el poderoso Cronos según iban viniendo a sus rodillas desde el sagrado vientre de su madre, conduciéndose así para que ningún otro de los ilustres descendientes de Urano tuviera dignidad real entre los Inmortales. Pues sabía por Gea y el estrellado Urano que era su destino sucumbir a manos de su propio hijo, por poderoso que fuera, víctima de los planes del gran Zeus. Por ello no tenía descuidada la vigilancia sino que, siempre al acecho, se iba tragando a sus hijos; y Rea sufría terriblemente” (455-468, págs. 31 y 32)54.

Es importante señalar, sin embargo, que la coexistencia de estas dos palabras,

xrónos y kairós, se ve eclipsada en el mundo greco-latino, do

erva la palabra kairós, situación que se proyecta en las lenguas romances. ¿Qué sugiere esta prevalencia de la palabra xrónos, es decir, del tiempo medido, en desmedro de la palabra kairós o del tiempo vivido? ¿Qué

53La obra de Francisco Goya data, aproximadamente, del año de 1818 y simboliza el mito del Dios Cronos, que lo presenta, según se señala más adelante, como devorador de sus hijos; mas, repara Priestley (1966), se trata de una doble condición de creador y destructor de la vida. Lo ermite atender a la ubicación de su acción en los dos extremos entre los cuales transcurre la vida de cualquier ser vivo, vale decir, el nacimiento y la muerte (Arendt,1993).

cual p

54El mito desempeña un papel relevante para el estudio de las concepciones del tiempo que han existido en diferentes civilizaciones. Ello queda de manifiesto, vr. gr., en que Jacques Le Goff (1991), encabeza su obra El orden de la memoria. El tiempo como imaginario, con un primer capítulo dedicado a las edades míticas. Ilustra el caso de las edades míticas de la Antigüedad Grecorromana, precisamente, con Hesíodo(2000b), y su epopeya didáctica, Los trabajos y los

días, que constituye el primer testimonio del primitivismo cronológico, se trata de “cuatro

edades que son cinco, si se puede decir; una edad de oro, un ciclo de decadencia que conoce altibajos y no desemboca ni en una catástrofe final ni en un retorno al tiempo primitivo” (pág. 21).

podría ocultar la desaparición de la palabra kairós? ¿Acaso, es posible encontrar allí la semilla de posteriores brotes y significaciones, como diría Emilio Lledó (1996), v.gr. la falacia de la temporalidad? Tal vez, siguiendo la estela del mito, Xrónos y su implacable medición, haya terminado por devorar, en el sentido de aniquilar, las posibilidades de comprensión del movimiento de la vida, del tiempo sucedido, de la vida vivida. Dejemos, pues, al menos aquí enunciado, el nexo que el mito de Xrónos sugiere entre medir y devorar.

Finalmente, con la palabra aión, los griegos nombraron la idea de <<no movimiento>>, de la perfección de una permanencia sin cambios, vale decir, de la eternidad, el tiempo de los dioses, al que aspiran todos los humanos (Maestro, 1993). Acepción vinculada a la idea platónica(1966d), planteada en el diálogo Timeo o De la naturaleza, donde el tiempo aparece como una imagen móvil de la eternidad; la actividad del demiurgo que es un Dios que trabaja siguiendo el modelo de las ideas, “lo lleva a producir el alma del mundo por la mezc

yen los polos de la paradoja del tiempo que aquí ntenta mostrar, nos preguntamos, ¿Qué es duración? ¿Qué es medi exclu (1963 esen con u contr temp por deten afán trans núm con Berg tiemp

la ordenada de lo Mismo y de lo Otro, el tiempo como medida (ordenada) del universo y como imagen móvil de la eternidad, el alma humana y la realidad física” (Ferrater Mora,1999, pág. 2800).

Tiempo y espacio constituyen los dos grandes referentes que, en la Civilización Occidental, permiten la comprensión del cosmos y del mundo histórico-cultural, para usar una distinción de Aranguren (1987)55. En función

de estos referentes, se configura la idea de orden y la distinción entre un orden natural y un orden socio-cultural. Por consiguiente, desde los prolegómenos de la Civilización Occidental, las ideas de tiempo, espacio y orden aparecen, indisolublemente unidas. Consonante con ello, en esta investigación la paradoja del tiempo y, su corolario, la falacia de la temporalidad recalan en la idea de orden56.

Duración y medición, constitu se i

ción? ¿En qué sentido, duración y medición, constituyen dos términos yentes que habitan en el tiempo? Respecto de la duración, Henri Bergson

a, 1963b, 1963c), utilizando el método de la intuición, plantea que la cia del tiempo real es la duración; una continuidad indivisible, un flujo na multiplicidad de formas que escapa a las matemáticas, con lo cual se apone al tiempo espacializado de la ciencia. El tiempo es duración, la oralidad es manifestación expresa de esa duración y sólo se puede captar la conciencia, pues, la duración como fenómeno psíquico no puede

erse, es un flujo continuo, irreversible e imposible de medir.

La medición, en cambio, se inscribe en el tiempo de la scientia, que en su de medir la duración, provoca una mutación en el tiempo, formándolo en un tiempo espacializado, compuesto de unidades de