1. BERENJENA
1.9. Principales causas de deterioro poscosecha
1.9.3. Pardeamiento enzimático
El pardeamiento enzimático del tejido de frutas y vegetales es una de las principales
causas de pérdida de calidad durante el almacenamiento poscosecha o procesamiento,
conduciendo a la formación de polímeros complejos de color marrón (melaninas). En general,
es causado por la oxidación de compuestos fenólicos por parte de la enzima polifenoloxidasa
(PPO, EC 1.14.18.1), que se caracteriza por presentar dos átomos de cobre en su centro activo
(Tomas-Barberán y Espín, 2001). Como se observa en la Figura 1.6, la reacción tiene lugar
cuando, en presencia de O2, PPO cataliza la hidroxilación de monofenoles a o-difenoles
(actividad cresolasa), y la posterior oxidación de los o-difenoles a quinonas (actividad
catecolasa). Las quinonas son muy inestables y reaccionan con aminoácidos o proteínas
Figura 1.6. Representación esquemática de la reacción de la enzima polifenoloxidasa (PPO) con mono y di-fenoles, en presencia de oxígeno (O2). Adaptado de Gacche y col. (2003).
Puede encontrarse una nomenclatura diferencial entre las enzimas con actividad
monofenol oxidasa (EC 1.14.18.1) y catecol oxidasa (EC 1.10.3.2), sin embargo en general el
término polifenoloxiasa (PPO) se emplea para ambos. La mayoría de las plantas presentan
múltiples formas de PPO y su función estaría relacionada a la resistencia frente a patógenos y
herbívoros, aunque esto no ha sido aún totalmente dilucidado (Mayer, 2006). Por su parte, la
enzima peroxidasa (POD, EC 1.11.1.7) participa también en las reacciones de pardeamiento,
catalizando la oxidación de fenoles en presencia de peróxido de hidrógeno. Sin embargo, dada
la baja concentración de H2O2 en el tejido de los vegetales, su contribución al deterioro es
considerada en menor medida (Mishra y col., 2013). A pesar de esto su participación en
procesos lentos, como el pardeamiento interno, podría ser posible.
El pardeamiento no sólo tiene efectos negativos en la apariencia, sino que también
genera cambios en el sabor, olor, textura y características nutricionales del producto. En este
sentido, la capacidad antioxidante de las frutas y vegetales se vería disminuida por la oxidación
directa de los compuestos fenólicos (Tomas-Barberán y Espín, 2001). El problema es
Introducción general. Berenjena
(Pérez-Gilabert y García-Carmona, 2000). En general, estos frutos se comercializan como
productos frescos enteros, y más recientemente como productos mínimamente procesados
(Barbagallo y col., 2012; Ghidelli y col., 2013). La aparición de pardeamiento enzimático se
asocia en el primer caso, al almacenamiento por períodos prolongados o al daño por frío
cuando se conservan a bajas temperaturas (Pérez-Gilabert y García-Carmona, 2000; Concellón
y col., 2007; Massolo y col., 2011). Mientras que en los productos frescos cortados la vida útil
del producto se ve limitada, debido al rápido desarrollo de pardeamiento luego del corte y
exposición del tejido al aire (Barbagallo y col., 2012; Mishra y col., 2012; Ghidelli y col., 2013).
En todos los casos, se produce una alteración y daño de la estructura del tejido, con pérdida de
compartimentalización celular que permite que los sustratos fenólicos, normalmente
confinados en las vacuolas, sean liberados y entren en contacto con las enzimas responsables
del pardeamiento ubicadas en plástidos (Concellón y col., 2007; Plazas y col., 2013a)
La medición del pardeamiento en berenjenas puede ser llevado a cabo visualmente o
empleando un colorímetro, siendo este último más preciso y comúnmente utilizado (Plazas y
col., 2013a). La evolución de la luminosidad (L*) de rodajas de berenjenas recién cortadas, es
un buen indicador del pardeamiento interno durante el almacenamiento. Concellón y col.
(2007) encontraron que luego de 13 d de almacenamiento a 0 °C, bajos valores de L*
correlacionaron con un severo nivel de daño por frío y de pardeamiento en pulpa y semillas, en
tanto que no observaron estos síntomas en frutos almacenados a la temperatura
recomendada (10 °C). Por su parte, Massolo y col. (2011) no hallaron en frutos enteros
almacenados por largos períodos (21 d) a 10 °C variaciones en el parámetro L*, sin embargo
una significativa disminución se produjo con la posterior transferencia de los frutos a 20 °C.
Según los autores, la disrupción del tejido asociada a la senescencia del fruto luego de un largo
período de almacenamiento, junto a una inducción de las enzimas a mayor temperatura
logró controlar el pardeamiento inducido por daño por frío. En berenjenas frescas cortadas y
almacenadas a temperatura ambiente o en refrigeración, se ha observado que el
pardeamiento comienza inmediatamente luego del corte y se incrementa con el tiempo de
conservación (Mishra y col., 2013; Barbagallo y col., 2012).
Numerosos trabajos han informado el rol central del nivel de actividad enzimática y
contenido fenoles en berenjena ante el desarrollo de pardeamiento. Asimismo, se indica que
es posible seleccionar variedades que presenten alto contenido de compuestos fenólicos, y a
su vez, un bajo nivel de actividad enzimática y grado de pardeamiento, favoreciendo el
mantenimiento de la calidad poscosecha y las aptitudes nutricionales del fruto (Prohens y col.,
2007; Mishra y col., 2013; Ghidelli y col., 2013; Plazas y col., 2013a,b). De todos modos son
muy pocos los estudios que hayan demostrado evidencias directas de que la enzima sea el
factor limitante para el proceso. En tal sentido es posible que otros factores sean centrales en
la extensión del pardeamiento, entre ellos la pérdida de compartimentalización celular, los
cambios en el pH intracelular, el incremento de la difusión del oxígeno o de la producción de
especies reactivas del oxígeno. Estos aspectos han recibido mucha menor atención.
Finalmente, la presencia de otros antioxidantes en berenjena, como el ácido ascórbico, puede
cumplir una función de protección frente al deterioro enzimático (Plazas y col., 2013a).
A fin de minimizar las pérdidas causadas por el pardeamiento, numerosos estudios se
han llevado a cabo con el objetivo de controlar la actividad de PPO. Los mecanismos
propuestos actúan ante uno o varios de los componentes necesarios para el desarrollo del
fenómeno: enzima, oxígeno, cobre o sustratos. De acuerdo a esto la inhibición puede ser
basada en el empleo de compuestos químicos como agentes reductores (sulfitos, ácido
ascórbico), quelantes de metales (ácido sórbico, ácidos policarboxílicos, EDTA); acidulantes
(ácido cítrico, málico y fosfórico) e inhibidores enzimáticos (ácido benzoico y cinámico), o a
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