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CAPÍTULO III: CRÍTICAS A LA DEMOCRACIA LIBERAL

3.4 Contra el parlamentarismo

Cuando Nietzsche se refiere al parlamentarismo podemos decir con acierto que lo percibe como un regalo de la democracia al rebaño (refiriéndose a la masa popular). Según él, el parlamentarismo se define como el permiso que el pueblo ha concedido a un grupo de personas elegir entre una o más opciones políticas. Sin embargo, las decisiones por la cuales decidirá el parlamento aparenta libertad de opinión e interés en el pueblo cuando en realidad su interés está centrado en la burguesía. Una vez que el parlamento ha decidido por determinada situación política, esa decisión es impuesta “al rebaño”, a la masa democratizada, que aparta y reprime a todo aquel que no se muestre a favor de esa decisión. Esto es el parlamentarismo para Nietzsche, un acuerdo que no sirve, sino para dominar al pueblo haciéndole creer que actúa en su beneficio.

Ayudados por la burguesía, las ideas liberales se institucionalizaron con el parlamento y configuraron las instituciones bajo sus paradigmas –derechos universales, libertad, etc.-; sin embargo, según Nietzsche, las instituciones alemanas “no valen nada” y el problema no está en ellas sino en el Hombre, porque, según Nietzsche, “las instituciones han renovado su valor y ahora el Hombre, tras haber perdido todos sus instintos, las instituciones le han rechazado como inservible”(Nietzsche, 2000). Se había llegado al

convencimiento de que el Hombre no era quien servía y era útil a las instituciones, sino que ahora se cree que las instituciones le eran útiles al Hombre y ellas pueden hacer uso de él a su antojo. Resulta hasta cierto punto evidente el pensamiento de Nietzsche contra la institucionalización liberal; ya que, esas instituciones no tenían ninguna virtud para mantenerse en el poder y, sin embargo ellas son las que han modificado las normas a su antojo favoreciendo a los ideales burgueses. Para que las instituciones liberales se transformen, creía Nietzsche que era necesario el imperativo antiliberal: la voluntad hacer, de querer de “decidir”, la voluntad de vivir.

Nietzsche no solamente es contrario al parlamentarismo, sino también contra el periodismo “porque son los medios a través de los cuales el animal de rebaño se ha convertido en señor” (Enguita, 2004:117), pero no se refiere al parlamentarismo inglés o americano, sino al alemán donde el interés es el ascenso al poder, el dominio del comercio y la invención y manipulación de las costumbres y “como última cosa buena,[el dominio] de la buena vida; el ascenso de la estupidez parlamentaria, de los lectores de periódicos, del parlotear literario” (Nietzsche, 1967: 229) pues a decir de Nietzsche, todo comenzó en 1815 cuando:

La patria, la frontera, el terruño, el antepasado: toda clase de estrechez de miras comenzó de repente a hacer valer sus derechos. En aquella época despertó la reacción y la congoja, el miedo al espíritu alemán, algo consecuente con el liberalismo y el revolucionarismo y toda la fiebre política… desde entonces (desde la politización), Alemania perdió el liderazgo espiritual de Europa: y ahora sale bien a los alemanes, los mediocres ingleses (Nietzsche, 1967: 229).

Se ha dicho que hasta 1848, época de la revolución, en Alemania lo político estaba anclado a la Monarquía y al Imperio. Recordemos que, cuando la idea constitucional se presentó, Guillermo IV ni siquiera se interesó en ello y, abiertamente se mostró “contrario a cualquier idea constitucional – y dijo-, que no se interponga un pergamino entre mi pueblo y yo. Sin embargo, se vio obligado, por los levantamientos populares a instituir la Dieta” (Sánchez- Beato, 2005). De ahí en adelante las ideas revolucionarias fundamentadas en el aparente sentido de unidad se fortalecían y se tornaban cada vez más en una teoría de la «igualdad de derechos». Teoría que para Nietzsche era parte esencial del espíritu de una época decadente, como la que estaba viviendo Alemania a partir de los levantamientos populares de 1845. Lo propio de toda época fuerte –decía Nietzsche- es “el pathos de la distancia, es decir, la existencia de un abismo entre unos individuos y otros, y entre unas capas sociales

y otras, la multiplicidad de tipos, la voluntad de ser uno mismo” (Nietzsche, 2002:51) mas no la igualdad. Incluso creía Nietzsche que las teorías políticas alemanas, la Constitución, el mismo Reich eran consecuencia de esta época en decadencia, una época limitada por el nihilismo equívoco, ese nihilismo pasivo que en vez de avanzar hacia retroceder a los pueblos y en vez de optar por el poder los convertía en esclavos de teóricos de la revolución francesa. Era mejor optar por el nihilismo activo, ese nihilismo que acrecentaba el valor de la vida, es decir, la voluntad de poder.

¿Es posible confiar en un individuo fácil de convencer, en un individuo entregado a las instituciones y confiado en que ellas se preocupan por su bienestar? Evidentemente que no y esa clase de Hombre no es el que se debe mantener y educar para el futuro, se debería optar por un nuevo sujeto, pero contrario a este las instituciones, la democracia, la política estatal y todo cuanto esto implica fue cultivado por el Hombre opuesto, “el animal doméstico, el animal de rebaño, aquel animal enfermo que se llama hombre” (Nietzsche, 1999: 12) democrático. Y esta es la razón por la que Nietzsche cree que la humanidad en vez de evolucionar ha retrocedido y ha abandonado esta búsqueda por el afán de progreso, de libertad en la cosas, en el dinero y cambio lo moderno le ha entregado cierto sentimiento de bienestar que lo ha vuelto impotente y lo ha sumido en la decadencia, por esta falsa idea moderna caracterizada por:

a) La libertad e igualdad institucional,

b) inutilizar al Hombre en cuanto ser que decide, c) por atrofiarlo y,

d) degenerarlo.

Estas características, según Nietzsche, pertenecen a las condiciones del verdadero

progressus de la modernidad.

Entendemos por Estado, como ya hemos dicho, el vínculo de acero que rige el proceso social; porque sin Estado, en natural bellum omnium contra omnes, la sociedad poco puede hacer y apenas rebasa el círculo familiar. Pero cuando poco a poco va formándose el Estado, aquel instinto del bellum omnium contra omnes se concentra en frecuentes guerras entre los pueblos y se descarga en tempestades no tan frecuentes, pero más poderosas. En los intervalos de estas guerras, la sociedad, disciplinada por sus efectos, va desarrollando sus gérmenes, para hacer florecer, en épocas apropiadas, la exuberante flor del genio (Nietzsche, 2008:19-20).

3.5 Críticas schmittianas a la democracia liberal: Crítica al parlamentarismo y a la

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