En este apartado ofrecemos una definición sobre qué es la participación ciudadana y por qué es necesaria. Antes
de entrar en detalles, quizá deberíamos recordar que estamos hablando de la participación que se produce en el ámbito de los gobiernos locales o, en términos más generales, de la ciudad. En estos espacios de proximidad tiene lugar el viejo debate entre eficiencia y democracia. Para J. Bentham, quien utilizó por primera vez el término gobierno local, la existencia de un ayuntamiento se justificaba por su capacidad de ofrecer servicios de una forma más eficiente. Según J.S. Mill, en cambio, lo que justificaba su presencia era precisamente su contribución a la democracia. Desde este último punto de vista, la proximidad convierte a la ciudad en un espacio privilegiado para la participación ciudadana. Un espacio donde las ciudadanas y los ciudadanos, debidamente educados, son capaces de entender e interesarse por el debate público. La llamada democracia participativa a la que tanto se ha hecho referencia durante la última década es, en realidad, un fenómeno de naturaleza principalmente local.
Nos gustaría señalar también que hablar de democracia participativa puede resultar tautológico, ya que sea cual sea el modelo de democracia que tengamos en mente, siempre se caracterizará por algún tipo de participación: participamos al ir a votar, al asistir a una manifestación y al deliberar en un taller. El término participación ciudadana, sin especificar más, no nos aporta información suficiente sobre el modelo de democracia al cual nos referimos (Held, 2007).
Así pues, es imprescindible vincular las recientes reivindicaciones de participación ciudadana a la demanda, más profunda, de una nueva democracia. Una democracia
regenerada que –como hipótesis– debería superar los
límites de un modelo representativo y agregativo para constituir una alternativa directa y deliberativa. Las demandas de participación ciudadana e innovación democrática tienen, por tanto, una doble dimensión:
• En primer lugar, la diferencia entre democracia representativa y democracia directa hace referencia a
quién gobierna: nuestros representantes o nosotros (el pueblo) directamente (Sartori, 1987).
• En segundo lugar, la distinción entre democracia agregativa y democracia deliberativa se refiere a cómo
se toman las decisiones: sumando las preferencias que se expresan a través del voto o mediante un debate colectivo que busca alcanzar el consenso (Mansbridge, 1980).
En este artículo dejaremos de lado los debates sobre
quién toma las decisiones y nos centraremos en cómo se toman. No se trata de otorgar mayor o menor importancia a una u otra dimensión, sino de reconocer que gran parte del debate sobre la participación ciudadana de las últimas dos décadas se ha situado en este último ámbito. En las populosas democracias occidentales, hemos tendido a dar por sentado el modelo representativo y, al mismo tiempo, nos hemos interesado en cómo incluir innovaciones democráticas en los procesos de toma de decisiones.
Desde esta óptica, vinculamos la participación ciudadana al modelo de democracia deliberativa y, por tanto, la definimos como un proceso de diálogo destinado a incidir en las decisiones que se toman desde las instituciones públicas. Así pues, participar no sólo es votar, reclamar, protestar o estar presente en las redes sociales; significa
también deliberar y dialogar, intercambiar argumentos con la intención de influir en las decisiones que,
posteriormente, deberán tomar los responsables públicos. No se trata de una aportación formal y anecdótica sino que, al pasar de la lógica agregativa a la lógica deliberativa, la participación ciudadana se convierte en el motor que permite conseguir transformaciones significativas en la calidad de las decisiones públicas. De esta forma, nos situamos en el ámbito del porqué de la participación ciudadana, inspirándonos en los trabajos de autores como Barber (2004) o Gutmann y Thompson (2004), consideramos que hay dos razones básicas para incorporar la deliberación en los procesos de toma de decisiones: mejorar la calidad de las políticas públicas y mejorar la solidez de la ciudadanía.
• En primer lugar, la deliberación supone una mejora tangible tanto del contenido como de la puesta en práctica de las políticas públicas. El diálogo genera sabiduría, innovación y, en definitiva, enriquece el contenido de unas políticas que fracasan cuando se pretende basarlas en las tradicionales simplificaciones tecnocráticas. La participación deliberativa genera también compromisos y complicidades que proporcionan eficiencia y eficacia a la implementación de las políticas. En definitiva, la participación ciudadana se convierte en la herramienta imprescindible para poder gobernar una sociedad cada vez más compleja y poliédrica.
• En segundo lugar, la propia participación genera espacios públicos donde reunirse y discutir sobre aquellos temas que afectan al conjunto de la comunidad. Es una oportunidad clave para aprender a ser ciudadanas y ciudadanos y construir una comunidad. El concepto ciudadanía, en términos politológicos, significa ser capaz de interesarse y participar en el debate público. En este sentido, para los griegos de la antigüedad, quien sólo se preocupaba por sus intereses personales era definido como un idiota. Hoy en día, parece que hayamos entronizado a los idiotas, pero eso sí, hemos cambiado el término y actualmente les llamamos
clientes. La participación deliberativa, en resumen, nos permite convertir a los clientes en ciudadanas y ciudadanos
y, en esta misma línea, construir una polis, un espacio de relaciones y de comunidad que tiene un indudable impacto sobre la calidad de nuestras vidas.
En conclusión, hemos definido la participación ciudadana como un diálogo estrechamente relacionado con las decisiones públicas y, además, hemos establecido que esta participación es básica para poder gobernar sociedades complejas y disponer de ciudadanas y ciudadanos que puedan facilitarlo. Estos dos objetivos nos permiten hablar de las dimensiones inclusiva (construir sociedades cohesionadas) y pedagógica (construir una ciudadanía responsable e interesada en la cosa pública) de la participación ciudadana.
Foto superior:
Audiencia Pública Infantil y Juvenil de Rivas Vaciamadrid © Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid
Foto inferior:
Foro infantil de Rivas Vaciamadrid © Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid