• No se han encontrado resultados

La participación juvenil a finales de la década de los noventa

3. Espacios y formas de participación social

3.3. La participación juvenil a finales de la década de los noventa

El Eurobarómetro 97 (Comisión Europea, 1997: 20-22) permite percibir que no han ocurrido grandes cambios en relación a la participación de los jóvenes, en comparación con la situación de 1987 y 1990. La vida asociativa de los jóvenes de 15-24 años continúa manteniéndose en un bajo nivel. Al igual que en 1990, só- lo uno de cada dos jóvenes (47,6 %) declara pertenecer a algún tipo de organiza-

ción, cualesquiera que sea. De todas las organizaciones propuestas en el cuestio- nario, al igual que en 1987 y 1990, son los clubes y las asociaciones deportivas los que demuestran tener mayor capacidad de convocatoria: el 27,6 % de los en- trevistados afirma participar en alguna organización vinculada al deporte (en 1990, 28 %). Las organizaciones religiosas o parroquiales tienen una participa- ción juvenil de alrededor del 9 % (8,7 % en 1990). Las organizaciones juveniles o para jóvenes como los grupos de scouts, las casas de juventud y otros espacios similares, atraen el interés y la participación de un 7 % de los jóvenes europeos. Una diferenciación de la participación social de los jóvenes por país miem- bro de la Unión Europea, muestra las siguientes tendencias:

– La pertenencia a un club o asociación deportiva se manifiesta mayoritaria- mente entre los jóvenes suecos (51 %), holandeses (50 %), daneses (44 %), irlandeses (43,7 %), luxemburgueses (40 %) y alemanes occidentales (38,8 %). Estas nacionalidades se ubican muy por encima de la media europea (28 %), mientras que los jóvenes griegos (16 %) y los españoles (12%) son los que menos participan de organizaciones o asociaciones deportivas. Países co- mo Francia (28,2 %), Reino Unido (28 %), Austria (27 %), Finlandia (26,6 %), Bélgica (23,5 %), Italia (23,1 %), Alemania Oriental (22,6 %) y Portugal (21,1 %) se sitúan ya sea en la media europea o algunos puntos por debajo de ella.

– La pertenencia a organizaciones religiosas o parroquiales es particularmen- te intensa entre los jóvenes italianos y holandeses (18 % respectivamente), siendo especialmente débil entre los belgas y los griegos (2 % respectiva- mente), hallándose la media Europea en un 9 %.

– La pertenencia a movimientos o centros juveniles (como los scouts, casas de juventud, etc.) se halla particularmente desarrollada entre los jóvenes lu- xemburgueses y daneses, quienes adhieren a este tipo de organizaciones en alta proporción (26 % y 18 % respectivamente), mientras que la media euro- pea se ubica en un 7 %. Este tipo de participación social es especialmente dé- bil entre los jóvenes griegos y portugueses (con un 3 % y 5 % respectivamen- te).

– Las demás organizaciones (sociales y de beneficencia; culturales y artísti- cas; sindicatos y partidos políticos; de protección de la naturaleza y del me- dio ambiente; grupos o asociaciones de “aficionados” –amateurs–, como ser coleccionistas, clubes de fans, clubes de informática, y otras organizaciones o asociaciones “espontáneas”) alcanzan porcentajes menores al 6 %. A la ca- beza de estas asociaciones se ubican los grupos de “aficionados” y las aso- ciaciones de protección de la naturaleza y el medio ambiente. Las organiza- ciones sindicales y los partidos políticos, también en 1997 se hallaban casi al final de la lista de preferencias en cuanto a las formas de participación de los

jóvenes. Las tasas más bajas en cuanto a medias europeas las presentaban los movimientos de defensa de los derechos humanos (2 %) y las asociaciones de consumidores (1 %), lo que, en el caso de la defensa de los derechos hu- manos, demuestra la gran diferencia existente entre la aceptación verbal de causas movilizadoras y la participación real de los jóvenes en ellas.

– Desde el punto de vista sociodemográfico es posible afirmar que los proce- sos de afiliación tienden a evolucionar con la edad y el nivel educativo. Mientras más tarde terminan los jóvenes sus estudios, más tiende a aumentar el grado de asociacionismo y de participación.

– Desde el punto de vista de una diferenciación por género, al igual que en la década del ochenta, el Eurobarómetro 97 muestra claras diferencias de gé- nero en relación al tipo de afiliación: mientras que las mujeres se hallan más representadas en grupos y asociaciones sociales y de beneficencia (5,6 % vs. 3,9 %), religiosas y parroquiales (10,1 % vs. 7,4 %), culturales y/o artísticas (5,8 % vs. 4,5%), de protección de la naturaleza y el medio ambiente (6,5 % vs. 4,5 %), en otras asociaciones “espontáneas” (4,6 % vs. 3,1 %) y entre los no organizados (50,4 % vs. 44,3 %); los varones, como ya se observara, muestran un mayor grado de afiliación en organizaciones deportivas (31,6 % vs.24,1 %), en organizaciones juveniles o casas de juventud (8,5 % vs. 6,3 %) y en sindicatos y partidos políticos (5,4 % vs. 3,5 %) (Eurobarómetro, 1997; gráfico “Participation in Community Life”, pág. 20).

El análisis-resumen de algunos de los datos obtenidos por las encuestas del Eurobarómetro, concretamente aquellos referidos a las diferentes formas de afi- liación y participación juvenil, permite concluir que los jóvenes europeos prefie- ren más que nada afiliarse a grupos de interés general –particularmente aquellos vinculados al deporte– y menos a aquellos que actúan de acuerdo a intereses es- pecíficos, como es el caso de los sindicatos, de los partidos políticos o las asocia- ciones de consumidores. Los datos muestran además que la religión parece ser una variable diferenciadora interesante: un 31 % de los jóvenes que declaran per- tenecer a “otra religión” (o sea, que no se declaran ni católicos, ni protestantes u ortodoxos), dice a la vez que es miembro de organizaciones religiosas o parro- quiales, mientras que sólo un 10 % a un 11 % de aquellos que afirman pertenecer a las tres confesiones citadas, se declara afiliado a una asociación religiosa o pa- rroquial. También el hecho de ser estudiante ejerce un importante impacto sobre la pertenencia o no a asociaciones. De hecho, los estudiantes muestran en los tres relevamientos aquí analizados, tasas superiores de participación que los demás grupos de nivel educacional inferior. La misma tendencia se muestra en relación a aquellos jóvenes responsables del ingreso principal de sus hogares, que de- muestran tener un grado mayor de afiliación a las asociaciones y organizaciones juveniles que aquellos cuya contribución material a su familia es sólo subsidiaria.

Este panorama sobre la presencia de los jóvenes europeos en formas institu- cionalizadas de participación social obviamente debe ser complementado con un análisis de la participación juvenil en formas alternativas a las de afiliación insti - tucional. Así, por ejemplo, en el caso alemán, un 71 % de los entrevistados en la encuesta Shell 1997 (Jugendwerk der Deutschen Shell, 1997) afirma estar de acuerdo con participar de una “iniciativa ciudadana”, de servicio comunitario por ejemplo (aunque sólo un 8 % declara hacerlo efectivamente). Un porcentaje simi- lar se manifiesta de acuerdo con “trabajar en una actividad para el tercer mundo” (si bien sólo un 4 % lo hace efectivamente); el 52 % dice que participaría de un “boicot de consumidores”, por ejemplo contra una empresa que inquine el medio ambiente (el 21 % ya lo ha hecho), y el 21 % estaría dispuesto a “actuar en con- tra de convicciones falsas”, por ejemplo contra tendencias neonazis, incluso “si para ello hubiera que ejercer la violencia” (un 16 % declara ya haberlo hecho). La encuesta Shell 1997 muestra además que, al igual que en otros planos, en relación a los grupos de participación informal los jóvenes tienden más a tener simpatías y a identificarse con ciertos grupos y sus acciones (por ejemplo, con Green Pea- ce), que a ser activos en ellos. Del mismo estudio se desprende que los jóvenes depositan fundamentalmente su confianza en aquellas organizaciones sociales y asociaciones ciudadanas que tematizan problemas del futuro de la sociedad y que, por lo tanto, son consideradas por ellos de gran significación para sí mismos. De este modo, por ejemplo, se les tiene confianza o “mucha confianza” a los grupos ambientalistas o ecologistas (68 % de los entrevistados). Las organizaciones de derechos humanos (51%) y las iniciativas locales –de barrio u otras– (37%) les siguen en cuanto a confiabilidad. Sin embargo, como hemos visto, la pertenencia real a dichos grupos es bastante baja: sólo entre un 3% y un 4 % de los entrevis- tados declara pertenecer a una organización ecologista o a una de derechos huma- nos, y menos del 1 % a una iniciativa ciudadana de orden local.

Algunos datos más actualizados sobre el caso español pueden obtenerse de los informes Juventud en España 1992 (INJUVE, 1993) y Juventud en España 1996 (INJUVE, 1996). En el Informe Juventud en España 1992 se corroboran da- tos y resultados de informes anteriores, así como aquellos obtenidos por el Euro- barómetro 90: la mayor parte de los jóvenes españoles (66 %) está desvinculada de cualquier tipo de relación con una asociación voluntaria, aunque algunos ten- gan contactos o amigos que sí pertenecen a ellas.

De la población juvenil asociada, en 1992, sólo el 2 % de los encuestados (N= 2.397) (o el 5,8 % de los que están asociados) está afiliado a alguna organi - zación política. Un 3 % del total y 8,9 % de los asociados se halla afiliado a una asociación sindical; el 2,3 % de la población encuestada y 6,6 % de los asocia- dos dice pertenecer a movimientos sociales; el 3,7% de los entrevistados (10,7 % de los asociados) afirma pertenecer a una asociación de estudiantes; mientras que el 4,7 % de los entrevistados (13,8 % de los asociados) pertenecía a una asocia - ción religiosa. De estos datos se desprende que sólo un 15,7 % de los entrevista-

dos o 45,8 % de los que se hallan organizados, pertenecía a algún tipo de organi- zación política o “parapolítica”, constituyendo una muy pequeña minoría. Si bien la situación de asociacionismo y participación general de los jóvenes mejoró al- go en los años ochenta y comienzos de los noventa, sigue estando claramente ba- jo la media europea. De los datos del informe de juventud de 1988 se desprende que, de acuerdo a la distribución del tiempo libre que en aquel entonces efectua- ban los jóvenes, a un joven español medio sólo le quedaban cuatro minutos para realizar actividades asociativas organizadas (participación en asociaciones volun- tarias, asistencia a reuniones políticas o religiosas, casas de juventud, etc.) lo que indica claramente que sólo una pequeña proporción de jóvenes empleaba alguna parte de su tiempo libre en este tipo de actividades. Estos datos se refieren, eso sí, sólo a los días laborables, lo que no considera el hecho de que muchas de las actividades mencionadas se realizan concentradamente los fines de semana. El Informe Juventud en España 1992 vuelve a corroborar esta situación: la mayoría de los jóvenes ocupan parte de su tiempo de ocio en cuatro actividades principa- les, que realizan con mucha más frecuencia que todas las demás, y que son –en orden decreciente de frecuencia– “salir con los/as amigos/as”; “ver televisión o video”; “oír la radio” e “ir a bares, pubs o discotecas”. Mientras que los jóvenes asociados tienden a participar más de actividades que requieren de una cierta for- mación previa, como por ejemplo participar en actos culturales (conferencias, ex- posiciones, etc.), y a concurrir con más frecuencia al cine o al teatro, siendo los que más frecuentemente leen los periódicos, los no asociados desarrollan activi- dades de ocio más pasivas o consumistas (INJUVE, 1993: 201, cuadro 7.15). Se- gún Prieto, estos datos pueden ser tomados como un buen indicador del interés de los jóvenes asociados y los no asociados por la vida cultural y de su país. Sin embargo, según nuestra opinión, dicen muy poco en cuanto al deseo real de par- ticipación de los jóvenes en la vida social y política.

Esta tendencia general vuelve a observarse en el Informe Juventud en Espa - ña 1996. Si bien el tema del asociacionismo se discute en este informe sólo en re- lación al papel que éste pueda tener en la generación o prevención (evitación) de actitudes violentas, de manera indirecta sí proporciona alguna información sobre la participación de los jóvenes españoles en 1996.

Según sus autores (Serrano/Velarde Hermida), el deseo de participación de los jóvenes, al igual que en épocas anteriores, se canaliza hacia el “asociacionis- mo formalmente no político” (INJUVE, 1996: 259). Entre los jóvenes asociados, los autores distinguen dos orientaciones distintas:

– aquellos que canalizan su deseo de participación hacia la “práctica deporti- va y excursionista”, actividades que atraen sobre todo a los varones y especialmen- te en las edades donde existen vínculos más endogrupales, o sea los más jóvenes, y – aquellos que se orientan más hacia una participación en “torno a acciones solidarias”, incluyendo organizaciones para la preservación de la naturaleza (a las

que pertenece un 29 % de aquellos que están asociados), de defensa de los dere- chos humanos (11 %), de acción pacifista y de objeción de conciencia (7 %), pa- ra obras benéfico-asistenciales (7 %). Las asociaciones culturales y políticas se ubican todas por debajo de este último porcentaje.

Una comparación con los datos referidos a 1990 (Eurobarómetro 90) y 1992 ( Informe de Juventud en España 1992) muestra que a mediados de la dé- cada del noventa se produce un aumento de la participación juvenil en activi- dades vinculadas al medio ambiente y a la defensa de los derechos humanos, mientras que las demás dimensiones del asociacionismo permanecen más o me- nos inmodificadas.

4. Interés por la política, confianza en las instituciones y