• No se han encontrado resultados

CAPÍTULO VII: INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS

7.2 Ideal de pareja

7.4.2 Pasión

La pasión fue analizada en este estudio a partir de tres puntos de vista: aquella referida a la actitud del amado, aquella referida al tiempo de encuentro y aquella referida al placer. Se puede verificar que la segunda forma se acerca a la forma en que Sternberg (2000) define a la pasión, es decir, como una intensa nostalgia por la unión con la pareja. Además, también la forma en que la pasión es definida en forma de placer, el autor la nombra como expresión de deseos y necesidades tales como la autoestima, la afiliación, el dominio, la sumisión y la satisfacción sexual. Sin embargo, también se constató que en muchos casos, los jóvenes no poseen ni el tiempo ni el espacio físico para satisfacer dichas necesidades, debido principalmente a las limitaciones que les origina el no contar ni un lugar propio donde satisfacer sus deseos sexuales más íntimos, así como por encontrarse permanentemente ocupados por sus actividades cotidianas. De cierta forma, estas limitaciones en tiempo y espacio podrían estar conduciendo a crear una generación reprimida en su forma de sentir y expresar la pasión, y como se vio, generar un tipo de pasión que se caracteriza por la ansiedad que produce el reducido tiempo de encuentro.

7.4.3 Compromiso

Sternberg (2000) explica que el componente decisión/compromiso del amor consta de dos aspectos, uno a corto plazo y otro a largo plazo: “El aspecto a corto plazo consiste en la decisión de amar a otra persona, mientras que el aspecto a largo plazo lo constituye el compromiso de mantener ese amor” (Sternberg, 2002: 18). Sin embargo, se vio que existen diversas maneras en que los jóvenes asocian la noción de compromiso con su relación de pareja. Generalmente, la pregunta llevó a la mayoría a responder si se comprometerían a

largo plazo en matrimonio. También los jóvenes entienden el compromiso asociado a actitudes como la fidelidad o la misma rutina, que sería la fuerza constante contra la cual batallar día a día para perdurar el compromiso.

En los varones, quienes parecen tener una visión más tradicional frente a este aspecto, expresan estar conscientes de la responsabilidad que adquirirían al contraer matrimonio. Existe también la posibilidad de adquirir una forma de compromiso no escrito ni legal.

La rutina es catalogada como uno de “los problemas típicos de la pareja”. Ésta a veces se convierte en causa de discusiones aunque varios de los estudiantes estuvieron de acuerdo en que la rutina debía aceptarse como una parte normal de la relación, argumentando que ésta se encuentra también en toda forma de vida cotidiana. Se pudo observar también que quienes llevan pololeando más tiempo, se ven afectados más fuertemente por la rutina que quienes llevan menos tiempo. Incluso un estudiante relacionó la rutina de su relación con el horario de clases, el que cambiaba cada semestre, lo que muestra una vez más la importancia del aspecto universitario en los jóvenes.

La fidelidad en la pareja está basada en la confianza y en el alto grado de conocimiento que se tienen ambos miembros, por lo que se deduce que el otro no le podría ser infiel. Tal como lo nombra Yela (2000), corresponde al “mito de la fidelidad” según el cual los jóvenes creen que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única pareja. Otra forma de entender esta actitud es con el “mito de la exclusividad”, es decir, los jóvenes están predispuestos en nuestra cultura a creer que el amor romántico solo puede sentirse por una sola persona al mismo tiempo. También ocurrió que para uno de los varones, la fidelidad es un tema de consecuencia, y que, en la posibilidad de ser infiel, siempre habría que conversarlo con la pareja. Cabe recordar también la diferenciación que hacen los jóvenes entre ser “infiel de pensamiento” y “ser infiel en actos”. Este punto de análisis cobra especial importancia, cuando la infidelidad corresponde a una de las razones principales de separaciones en los matrimonios del país. Como explica Yela (2000), la fidelidad sexual corresponde a una de las presiones sociales de nuestra sociedad

más asumidas no solo entre nosotros sino en varias culturas y conduce a la reducción de las parejas sexuales a una sola y única persona.

Con respecto a la convivencia, ésta es vista como un periodo de prueba en que la pareja puede conocerse en diversos aspectos, sobre todo en aquellos en que no puede conocerse no viviendo juntos. La necesidad de convivir antes de casarse - opción que es vista como muy probable por muchos de los jóvenes - demuestra la importancia que los universitarios dan a la institución de matrimonio que, como se verá, ven como vínculo indisoluble. Sin embargo, uno de los mayores obstáculos con los que se encuentran es el factor económico, pues piensan que la independencia es crucial para vivir juntos. Los jóvenes son conscientes que la convivencia implicaría nuevos compromisos y responsabilidades, como el tener que llegar temprano, dormir juntos y pasar mucho más tiempo entre ambos. Como se puede observar, es una amplia mayoría de jóvenes la que opta por esta modalidad, la de convivir antes de casarse, lo que implica, como se dijo dos cosas: una mayor profundización de la relación y la toma de un mayor compromiso frente al matrimonio, sin dejar de tomar en cuenta que la convivencia representa un estilo de vida en pareja bastante contemporáneo.

Frente al matrimonio, los estudiantes le dan una gran importancia y piensan que para tomar la decisión de casarse hay que estar muy seguros y hay que conocerse muy bien, pues se trata de un vínculo indisoluble que va a durar toda la vida. Para Yela (2000), este corresponde al mito del matrimonio o convivencia, es decir, los jóvenes creen que el amor romántico – pasional debe conducir a la unión estable y constituirse en la única base del matrimonio. Para los jóvenes, los elementos básicos que deben existir en la relación de matrimonio son: la tolerancia, la comunicación y la confianza. Además, el matrimonio, más que un contrato, puede significar un símbolo de confianza y de amor hacia el otro. Algunos piensan que los más beneficiados del matrimonio son los hijos. Del mismo modo, de puede afirmar bajo las premisas de Yela (2000) que el amor que los jóvenes vivencian se caracteriza por ser sexual, voluntario, igualitario y base fundamental para el matrimonio.

7.5 Influencia del ambiente familiar

La familia de ambos miembros de la pareja juega un rol crucial. Se verificó que el pololo/a adquiere ciertos derechos al asumir esta categoría, como el de participar de las actividades familiares, de los festejos familiares y además, poder visitar a la pareja a su casa a las horas que los padres consideren adecuadas. Pero el conflicto surge en el momento que el pololo/a desee quedarse a dormir en la casa de su pareja. Entonces se vio que en todos los casos, los padres de las mujeres entrevistadas se encuentran mucho más renuentes a que esto suceda ocurriendo lo contrario con los jóvenes varones. Como se puede notar, esto puede explicarse como consecuencia de una sociedad machista en que todavía es mal visto socialmente que la mujer admita a su pololo a su casa a dormir por la noche, o en este caso, sean los padres los que quieran dar este significado. El efecto de esta limitación es que la pareja se ve ante la dificultad de no tener un espacio físico para lograr intimidad. Sin embargo, la paradoja que se encontró fue cuando dos de los jóvenes entrevistados dijeron que posiblemente actuarían de la misma forma con sus hijos, lo que da cuenta de la contradicción que hallan los jóvenes entre la carga moral que implica el hogar con lo que pueden ser las relaciones prematrimoniales de los hijos.

7.6 Sexualidad

La sexualidad es vista para los jóvenes como uno de los principales aspectos que fortifican su relación de pareja y consideran tener relaciones sexuales como uno de los pilares fundamentales de su relación. Sólo en algunos casos, los jóvenes – un hombre y una mujer – no mantenían relaciones sexuales, debido al temor de que la mujer quede embarazada.

La forma en que los jóvenes tienen de acercarse a la sexualidad y de vivenciarla posteriormente es diversa. Esto puede explicarse, como lo distinguen Sharim et al. (1996) por la forma distinta en que los jóvenes hombres inician su vida sexual respecto de las jóvenes mujeres. Los primeros se distinguen como seres sexuados desde la infancia, impulsados también por el ambiente social, el cual a su vez reprime la sexualidad de la mujer la que enfrenta un doble temor: la pérdida de la virginidad y el embarazo. Todo ello conlleva, en palabras de los autores, a que “las experiencias sexuales masculinas no contraigan la carga moral y restrictiva que tienen las femeninas”.

A diferencia de los resultados presentados en 1996 por Sharim et al. - quienes encontraron que las jóvenes no disfrutaban plenamente su vida sexual -, todas las mujeres entrevistadas en este estudio se sienten muy a gusto con sus relaciones sexuales y dicen desempeñar un rol mucho más activo que pasivo. También dijeron mantener una buena comunicación con la pareja, no les gusta fingir orgasmos y les dicen qué les gusta a sus parejas. Por tanto, también se puede hablar de cierta “erotización del romanticismo” entre las universitarias entrevistadas y las mujeres admiten cumplir un rol activo – en algunos casos más que los hombres mismos - cuando se trata de decidir cuándo, dónde y cómo tener relaciones sexuales. Como explica Norma Fuller (1993), las mujeres de esta nueva generación están adquiriendo una nueva actitud frente a su sexualidad, la cual se convierte en una parte esencial de ellas mismas y admiten que las completa como seres humanos.

Por tanto, siguiendo con la definición de Teresa de Barbieri y admitiendo a la sexualidad como una construcción social y cultural, la representación que los jóvenes parecen haber adquirido de la sexualidad es la búsqueda de una dimensión más de su relación de pareja en la que prima – en base a sus propias declaraciones - la sensorialidad y el placer. Las relaciones sexuales son vivenciadas como un elemento crucial de la relación, una forma de comunicación, llegando incluso – en palabras de un entrevistado – a ser el pilar básico a partir del cual construir la relación de pareja.

Conviene recordar que social y culturalmente, las relaciones sexuales prematrimoniales son admitidas por la mayoría de los jóvenes y que además, los padres las permiten. Algunos de los jóvenes asocian ciertas reglas o normas dentro de la sexualidad con pautas de cortejo o seducción, como puede ser hacerle regalos a la pareja. Se debe recordar que parte de las normas a las que se ve sujeta la sexualidad de los universitarios es el espacio físico donde realizar el acto sexual – componente normativo que incluye Teresa de Barbieri (1992) en su definición de sexualidad - , que determina a su vez, la frecuencia y la duración del acto. Como se puede ver, dicho aspecto de la relación se ve sujeto a la restricción cultural que implícitamente prohibe las relaciones prematrimoniales y de una doble moral que explícitamente sí las permite, lo que puede notarse en un ambiente social que es consciente que ello sucede. Es necesario citar entonces la existencia de patrones

tradicionalistas que todavía persisten, remanentes de la moral católica que se plasma en la moral familiar.

Por último, cabe hacer notar que la sexualidad, siguiendo con la definición que hace Teresa de Barbieri (1992), no se encuentra relacionada solamente con las relaciones sexuales. Entre los jóvenes se citaron los componentes a los que Olavarría (1998) hace alusión, tales como sentimientos y afectos. También se la definió como confianza, amor, “el saber compartir espacios”. Al igual que De Barbieri (1992), otro de los jóvenes hizo alusión al componente de fecundación: la sexualidad también tiene como uno de sus fines el de originar una nueva criatura.