• No se han encontrado resultados

4. La Conferencia de Puebla Documento de Puebla Tercera Parte.

4.4. Opciones

4.4.1. Pastoral de conjunto

El primer criterio “Integrar la comunicación en la pastoral de conjunto” (1080, Cfr. 1306- 1307), de alguna manera enlaza lo que sigue y descuella como una tarea englobante y totalizante del tema en cuestión. No basta que la comunicación social tenga algún espacio en la acción pastoral, ella deberá estar presente en todo el ámbito de la misma. De acuerdo con lo reflexionado (Cfr. 1063-1067) la comunicación es una categoría evangelizadora que conduce y fortalece la comunión y participación, comprometiendo a toda la acción pastoral (Cfr. 1074). La comunicación se convierte así en una perspectiva que penetra el conjunto de la praxis pastoral. Es una dimensión constitutiva que afecta toda la acción evangelizadora (profética, litúrgica, caritativa y comunitaria) de la Iglesia. La comunicación se introduce en la organización de la evangelización (pastoral de conjunto, orgánica o planificada80) para adecuar los signos y símbolos y las palabras propicias a las diversas culturas y comunidades humanas para que la Iglesia participe a los hombres del mensaje salvador de Jesús y del Reino que vino a proclamar.

Habitualmente la reflexión de la Iglesia se había ocupado de los medios o instrumentos de comunicación social, Puebla al privilegiar el acto vital de la comunicación social en cuanto medio de evangelización propone una revisión y renovación de la acción pastoral de la Iglesia en tanto que ella misma es creadora de comunión (o comunicación). Junto a los medios de comunicación social, la comunidad eclesial como organización visible (pastoral de conjunto) ha de ser un ambiente que signado por las enseñanzas de Jesús, fomente la interrelación de sus miembros, en libre opinión, diálogo, comprensión, solidaridad y promoviendo al máximo la participación y responsabilidad.81

De este criterio integrador consideramos que se derivan las siguientes propuestas pastorales. El énfasis de empalmar la comunicación social en la pastoral de conjunto, trasciende lo meramente organizativo, por eso antes que nada ella es un fenómeno que debe ser conocido, comprendido y experimentado por la misma jerarquía y los agentes de pastoral para que la

integren en la pastoral de conjunto (Cfr. 1083). De esta primera experiencia más empírica el documento pasa a “una efectiva articulación de la pastoral de comunicación con la Pastoral de Conjunto exigiendo un organismo específico y este organismo hay que ‘incorporarlo en las actividades de todas las áreas pastorales’ (N 1084)”.82

Si las organizaciones internacionales, nacionales y diocesanas que planifican las actividades pastorales saben llevar adelante las propuestas de Puebla en comunicación social y pastoral de conjunto, se ayudará a que la Iglesia continental pase de una cierta percepción sobre el fenómeno de la comunicación, a la comprensión de ésta como hecho global (Cfr. 1074). Una pastoral orgánica nacida desde esta perspectiva será un paso hacia adelante en una más pródiga evangelización del continente.

Ubicada la comunicación social dentro de la pastoral de conjunto, observamos que el DP ilumina algunos tópicos que responden a la situación latinoamericana con sus implicancias en la evangelización. Así destacamos el lenguaje que constituye una forma y perspectiva totalizante de los valores y desvalores culturales del hombre y de los pueblos (Cfr. 387)83 y siendo uno de

los medios transmisores de la cultura en cuanto realidad histórica y social (Cfr. 392)84, debe ser

actualizado, concreto, directo, claro y a la vez cuidadoso, cercano a la realidad, la mentalidad y la religiosidad del hombre y los pueblos, tomando a mano los recursos (medios) que brinda la misma civilización audiovisual (Cfr. 1091) y su polución vibrante (Cfr. 1065). Se solicita lenguajes y recursos que sean similares y cercanos a los que están acostumbrados a recibir y percibir a diario los hombres y pueblos por los mismos MCS, a fin de hacer accesible y eficaz el mensaje del Evangelio.

Un procedimiento en la obtención de un lenguaje adecuado, lo brindan los medios de comunicación grupal que facilitan el diálogo y las relaciones interpersonales más comprometidas (Cfr. 1090). Anteriormente se había mencionado su rápido desarrollo (Cfr. 1078) en la praxis pastoral del continente. Frente a los medios masivos que están necesariamente vinculados a tecnologías altamente desarrolladas (exigidos por los mismos

medios) y generalmente ligados a manipulaciones ideológicas ejercidas desde los poderes políticos y económicos (Cfr. 1069-1073), Puebla reivindica el uso popular de técnicas grupales que son menos costosas y de fácil manejo (Cfr. 1090; 1235).

El DP es el primer documento oficial de la Iglesia latinoamericana que pondera de modo decidido el trabajo evangelizador desde los pequeños medios. Defender la utilización de los medios de comunicación grupal implica proponer un modo de comunicación más popular y alternativa.

La preponderancia del documento por los medios grupales, deja un tanto en la sombra a los masivos. La Iglesia no puede descuidar la necesaria y urgente presencia en los mismos (Cfr. 1090), pero luego de haber descripto las diversas falencias de los mismos (Cfr. 1069-1073), reconociendo algunas de sus ventajas (Cfr. 1068) y de haber observado que la Iglesia no los aprovecha debidamente (Cfr. 1076), en verdad los MCS son nombrados dentro de las propuestas pastorales sin el suficiente énfasis que merecen (Cfr. 1090). Los medios masivos no son simples canales, marcan directrices y conductas por medio de su mensaje, influyen decididamente en la cultura del hombre. Si bien Puebla privilegia a los medios grupales, esto no parece ser la única propuesta.

En efecto su empleo en los años en torno a Puebla tuvo un gran desarrollo pero su uso “no suple la ausencia de los macro-medios cuya presencia continua, masiva y globalizante ejerce un influjo poderoso en un aspecto que no pueden cubrir los medios grupales. Es la formación del hombre al ritmo histórico que lo enfrenta al acontecer sucesivo. La interpretación cristiana del continuo sucesivo es un aspecto fundamental de la evangelización del ‘hombre en comunicación’”.85

Otra de las grandes áreas de la pastoral la constituye la liturgia “que es en sí misma comunicación” (1086). Ella no puede sustraerse de la nueva civilización audiovisual (Cfr. 1065) y desde el lenguaje específico de los medios (Cfr. 1074) tendrá que disponer de la forma más adecuada para incluir “los recursos de sonido e imagen, los símbolos y las formas de expresión más aptos para representar la relación con Dios” (1086). No se trata únicamente de las transmisiones por radio o televisión de celebraciones litúrgicas (Cfr. 900; 949); es la

valorización de la liturgia como lenguaje y comunicación que expresa la relación de la comunidad eclesial por medio de Cristo al Padre en el Espíritu Santo que santifica a la Iglesia. Los signos, tan importantes en toda acción litúrgica deberán estar en consonancia con la nueva civilización audiovisual, propia del hombre contemporáneo, a fin de que captándolos “se facilite una mayor y más adecuada participación en los actos litúrgicos” (1086). También el documento recomienda “un esmerado manejo del sonido en los lugares destinados para el culto” (1087).