CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN, OBJETIVOS Y METODOLOGÍA
I. 3.3.1.5 El río San Juan
I.3.3.2. El patrón o trazado de los canales de los ríos
La forma del cauce de los ríos viene definida por el denominado índice de sinuosidad, cuya interpretación (SCHUMM, 1963; MORISAWA, 1985) revela aspectos tan significativos como la fuerza de la acción lineal de la corriente a lo largo de su recorrido (SENCIALES GONZÁLEZ, 1999) y puede correlacionarse con otros parámetros estructurales o geomorfológicos. Los diferentes índices de sinuosidad calculados para el cauce de los ríos estudiados ponen de manifiesto que éstos guardan una relación muy clara con el sustrato rocoso sobre el que discurren, del que depende también en gran medida – como se ha dicho- la propia forma del valle (Tabla I.2).
El índice de sinuosidad total del valle (ISTV), es decir la relación entre la longitud del valle a partir de su contorno envolvente con la distancia aérea mas corta, pone de manifiesto que los tramos de valle de tipo cañón u hoz estrecha presentan los trazados más
sinuosos, aunque dentro del conjunto de ellos se aprecian notables diferencias entre los cañones con meandros encajados (hoces del Duratón, hoz-combe de Sepúlveda, hoz de la Presa del Barrio), con índices entre 1,65 y 1,30, y los cañones rectilíneos (cañón de Casla y cañón de Prádena), donde el índice se sitúa entre 1,08 y 1,11. Hay que destacar en este sentido que los tramos de cañón u hoz altamente sinuosos, donde se suceden meandros encajados, se localizan exclusivamente en el macizo de Sepúlveda, mientras que los tramos de hoz rectilíneo se ubican en el piedemonte. En una posición intermedia entre el sector más alejado del piedemonte y próximo al macizo de Sepúlveda se encuentra el cañón de Castroserna de Abajo, cuyo índice de sinuosidad (1,15) está entre los de los anteriores. Todo parece indicar que los tramos de tipo cañón han experimentado una evolución y han desarrollado su trazado en unas condiciones diferentes en función de su posición geográfica, favorables en unos ámbitos (concretamente en los sectores más alejados del piedemonte) a la formación de meandros y en otros (situados dentro de dicha rampa) desfavorables a ella. Por su parte, los tramos de valle en hoz abierta, así como las gargantas que cortan los afloramientos metamórficos y los valles abiertos en la cuenca sedimentaria, registran IS totales del valle bajos, cuyos valores oscilan entre 1,02 como valor mínimo y 1,17 como valor máximo, indicativos de trazados de valle relativamente rectilíneos.
Por su parte, la interpretación de los valores del índice de sinuosidad total del canal o
cauce (ISTC), o lo que es lo mismo de la relación entre la longitud total del cauce y la
distancia aérea más corta, permite extraer las siguientes consideraciones:
- En los tramos en hoz o cañón estrecho éste índice es prácticamente igual al IS total del valle, lo cual es lógico ya que el canal se adapta fielmente al trazado de los valles de este tipo, alguno de los cuales como se ha dicho presentan meandros encajados de amplio radio de curvatura. En consecuencia, las pequeñas irregularidades del canal inscrito en el fondo de estos cañones u hoces sólo aumenta insensiblemente el valor del índice sinuosidad. Algo similar ocurre con los tramos de valle en garganta, donde prácticamente ambos índices (ISTV e ISTC) coinciden, lo cual es lógico teniendo en cuenta que la estrechez del fondo impide o limita sustancialmente tanto en unos como en otros el desplazamiento del canal.
- Por el contrario, tanto en las hoces abiertas como en los valles abiertos y disimétricos de la cuenca sedimentaria, así como en el tramo de valle de tipo nava, el índice de sinuosidad total de cauce es significativamente más elevado que el índice de sinuosidad total del valle, lo cual pone de manifiesto que en ellos el canal divaga sobre el fondo, dibujando un patrón entre sinuoso y ligeramente meandriforme (como en el caso de río Duratón, que presenta un ISTC de 1,48). A diferencia de los tipos de valle anteriores, éstos presentan un fondo relativamente amplio -entre 100 y 300 m en los valles abiertos y entre 125 y 150 m en las hoces abiertas (a excepción de la de Burgomillodo, que se aproxima a los 300 m de ancho)-, lo que indica que a medida que
aumenta el fondo del valle también aumenta la sinuosidad del canal. En todo caso, es característica la combinación de valles fundamentalmente rectilíneos con canales fluviales de mediana o alta sinuosidad.
- En los valles de la cuenca, en especial en el valle abierto del Duratón y en algunos tramos de los del Serrano y el Cerezuelo, el cauce dibuja toda una serie de meandros divagantes de corto radio de curvatura, que en muchas ocasiones exceden a los limites del propio fondo, penetrando en mayor o menor medida en el ámbito de las laderas de los valles (sobre las que realizan una activa labor de zapa).
Tabla I.2. Valores de sinuosidad de los cauces de los ríos según los tramos de valle diferenciados Finalmente, el índice de sinuosidad medio del canal (ISMC), definido por la relación entre la longitud del canal y la longitud media del valle, permite obtener una mejor clasificación del tipo de trazado del cauce de los diferentes tramos de los valle. Así, los
bajos valores de este índice obtenidos en las gargantas, las hoces o cañones estrechos y algunos sectores de las hoces o cañones abiertos, indican que en ellos los canales son entre rectilíneos y sinuosos, con poca movilidad y bastante calibrados. En contraposición, los valores algo más elevados -entre 1,30 y 1,10- obtenidos en los tramos de valle que se excavan en la cuenca sedimentaria o en el pequeño valle de tipo nava, son propios de canales apreciablemente sinuosos y en algunos casos ya con ciertos rasgos meandriformes. La división, que más adelante se hará, de los tramos de valle abierto de la cuenca en subtramos permitirá definir y localizar aquellos sectores relativamente meandriformes donde el ISMC es algo mayor, los cuales suelen coincidir con los ámbitos donde los ríos parecen desarrollar una mayor actividad erosiva tanto de fondo como lateral.