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TURISMO, OCIO Y CULTURA EN LAS SOCIEDADES CONTEMPORÁNEAS

1 EL PATRIMONIO CULTURAL EN EL CONTEXTO DE LAS SOCIEDADES ACTUALES

La sociedad actual podría ser definida como la sociedad del conocimiento4, entendida como la sociedad que posee “capacidad para producir, tratar, transformar, difundir y utilizar la información con vistas a crear y aplicar los conocimientos necesarios para el desarrollo humano. Estas sociedades se basan en una visión de la sociedad que propicia la autonomía y engloba las nociones de pluralidad, integración, solidaridad y participación” (UNESCO, 2005: 29). Esta definición implica creatividad en cuanto a la generación de nuevos contenidos y nuevos significados en un proceso creativo que se ve acelerado por la amplia disponibilidad de las tecnologías de información y comunicación (García, Zofío, Herrarte y Moral, 2009). Según estos autores, el caso de la industria cultural constituye al igual que las tecnologías de la información y comunicación, el pilar esencial en el desarrollo humano dentro del marco de las sociedades del conocimiento. De ahí que resulte más que oportuno dedicar un capítulo de la presente tesis al papel que posee la cultura, las industrias culturales, las actividades culturales en el siglo XXI, y cuál es su

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Informe UNESCO 2005: http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001419/141908s.pdf

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relación con el ocio y por extensión, con el turismo. Estas ideas serán retomadas más adelante, pero en este punto es necesario profundizar en el análisis del lugar que ocupa la cultura en la vida cotidiana de los individuos de estas sociedades del conocimiento. La identificación del importante papel que posee la cultura en estas sociedades, viene a confirmar que esta importancia subyace en las prácticas de ocio y recreativas de estos mismos individuos, que exigen en el ámbito de la gestión turística de un destino, la existencia de posibilidades traducidas en oferta turística que puedan satisfacer la demanda y el interés por la cultura en sus múltiples manifestaciones.

En el contexto de las sociedades del conocimiento, caracterizadas entre otros aspectos por su exposición en un escenario plenamente globalizado, podría resultar paradójico que de forma paralela surja un sentimiento de protección, valoración e identificación de aquellos elementos que potencian o definen la identidad de un grupo, cultura o sociedad. Es decir, que cuanto mayor es el grado de globalización y más amplias son las posibilidades de conocimiento e información, parece que existe un mayor interés por volver a lo propio, a aquello que nos hace diferentes de los otros quizá por miedo a perder la identidad. En palabras de García Canclini (1999), se quiere proteger la diversidad al mismo tiempo que compartir los estilos y valores globales. En la misma línea, Anton (1996. 58) afirma: “La existencia de cuencas de diversidad cultural en un mundo cada vez más homogéneo es, probablemente, uno de los factores más estimulantes para el desarrollo del turismo en este fin de milenio”.

En este contexto, el concepto del patrimonio cultural ha evolucionado de forma paralela a los cambios sociales. Pero en esta evolución permanece inalterable la idea de que es una herencia que ha sido legada a los hombres del presente por los antepasados y que, por obligación moral y jurídica se ha de cuidar, proteger e incluso acrecentar para el uso y el disfrute de las generaciones futuras. Este componente social del término, está plenamente aceptado en la actualidad, pero su grado de importancia ha variado en la evolución histórica del concepto de patrimonio cultural. Se puede afirmar que, actualmente, este componente social ha derivado en una aproximación al patrimonio cultural como el elemento que puede mejorar la calidad de vida de los individuos, porque implica un uso desde diferentes perspectivas de ocio y recreación, y porque además constituye evidentemente un motor de desarrollo social y económico (Mallor et al. 2013). En la evolución conceptual desde el término de patrimonio histórico-artístico a la formación del término de bien cultural, se han incluido elementos del patrimonio cultural (el patrimonio inmaterial y el patrimonio industrial, por ejemplo) que permanecían

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excluidos de las primeras valoraciones, por no constituir monumentos singulares u obras de elevado valor artístico.

El concepto de bien implica un reconocimiento de valor, un valor que es atribuido por la sociedad a determinados elementos patrimoniales y en cuya atribución, se ha superado el valor puramente estético o formal (Ballart et al. 1994; Ballart, 1997). Este valor en la actualidad es atribuido por su condición cultural, por constituir un elemento que representa la identidad de un grupo social que lo identifica y siente como propio. De ahí que el concepto de patrimonio cultural se haya ampliado. Ya no es patrimonio cultural únicamente el elemento que es valorado por sus relevantes características formales, estéticas, artísticas o históricas. Es patrimonio todo aquello que merezca ser conservado porque la sociedad considere que es un elemento identificativo de su razón de ser, de su historia, de su forma de entender y comprender el mundo. En palabras de Nicolau (2002) “para que el patrimonio exista hay que crearlo, pero sobre todo habrá de ser reconocido como tal por el cuerpo social, tendrá que ser útil como referente de identidad y por tanto, como factor de diferenciación respecto de otro grupo. El carácter simbólico del patrimonio es un factor definidor de su capacidad de instrumentación social, de la fuerza que puede tener, y por tanto de su utilidad”.

La aceptación y el fomento de la utilidad del patrimonio cultural han contribuido a que sea considerado como un motor de desarrollo desde diferentes perspectivas desde la perspectiva territorial, a la económica, la social, y también la turística. Este hecho se ha traducido en diferentes cuerpos de políticas asociadas a cada una de las perspectivas mencionadas. A modo de ejemplo, la aceptación del patrimonio como motor de desarrollo económico, social y territorial en el ámbito europeo, se traduce en la elaboración, aprobación y ejecución de diversos programas. La Unión Europea recoge las ideas comentadas a propósito del patrimonio cultural como construcción social en los siguientes términos: “La UE quiere conservar el patrimonio cultural común de Europa — lenguas, literatura, teatro, cine, danza, radiodifusión, arte, arquitectura y artesanía, por citar solo algunos de sus aspectos— y contribuir a hacerlo accesible a otros5. Por este motivo, muchas de las políticas de la Unión Europea están relacionadas con la cultura, como aquellas centradas en la educación, incluida la enseñanza de idiomas, la investigación científica, las dedicadas al apoyo a las TIC y las que promueven el desarrollo social y regional. Así, el programa marco a favor de la cultura emanado del ámbito europeo en el período 2000-2004 destacaba la diversidad del patrimonio cultural europeo

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Esta información se encuentra disponible en http://europa.eu/pol/cult/index_es.htm. Fecha del último acceso: 28/3/2013.

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como uno de los principales elementos con los que podían identificarse los ciudadanos europeos. Para ello, en primer lugar había que trabajar por conseguir que los ciudadanos europeos tuviesen conciencia de ese patrimonio común para reconocer su destacado papel en la mejora del conocimiento y la comprensión de elementos comunes que los unen. Sólo así se contribuiría a mejorar el conocimiento, la comprensión, la tolerancia y por extensión, se reforzaría el sentimiento de ciudadanía europea (Fernández, 2006). Como se podrá apreciar con mayor profundidad en el capítulo dedicado a la formación del concepto actual de patrimonio cultural, éste ha contribuido a generar sentimientos de pertenencia a una colectividad europea. Pero este uso identitario que se hace del patrimonio cultural, no es una novedad, si se realiza un repaso a la amplia bibliografía científica a propósito de la formación de este concepto, fundamentalmente a finales del siglo XVIII en los albores de la Ilustración en Europa cuando tiene lugar el despertar de una nueva sensibilidad por la recuperación, protección y conservación de determinados elementos que han sido recibidos para transmitirlos a la posteridad (Hernández, 2002). La firma del Tratado de Maastricht en 19926 supuso la implantación de iniciativas encaminadas a la cooperación entre los estados miembros para la valorización del patrimonio cultural. Hasta este momento, la Unión Europea había estado históricamente orientada hacia la economía y el comercio comunes. Por tanto, es la primera vez que se llevan a cabo acciones para la salvaguarda, la difusión y el desarrollo de la cultura en Europa. Estas acciones se desarrollan a partir de los programas ARIADNE (literatura), CALEIDOSCOPIO (artes vivas) y RAPHAEL (patrimonio cultural).

Por el objeto de estudio que ocupa la presente tesis, se pasa a comentar brevemente los contenidos del programa RAPHAEL (1997-2000), que constituye el programa específico en el ámbito del patrimonio cultural. Este programa europeo se desarrolló en el periodo comprendido entre 1997 y el año 2000. Los objetivos específicos del programa se desarrollan a partir de tres acciones. La primera de ellas, tenía como objetivo la conservación, la salvaguarda y la valorización del patrimonio cultural europeo a través de la cooperación europea. La segunda, establecía la cooperación necesaria para el intercambio de experiencias y desarrollo de técnicas aplicadas al patrimonio. La tercera acción se centró en el fomento del acceso, participación y sensibilización del público al patrimonio cultural. El objetivo era mejorar el acceso del público al patrimonio cultural

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Información disponible en: http://europa.eu/legislation_summaries/culture/index_es.htm. Fecha del último acceso: 28/372013.

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mediante el fomento de proyectos de sensibilización dotados de una dimensión europea y el impulso de la utilización de tecnologías y servicios avanzados de información y comunicación.

Los tres programas mencionados fueron sustituidos por un único programa marco denominado Cultura 2000. El objetivo de este programa era la creación de un espacio cultural común a través del fomento del diálogo cultural, el conocimiento de la historia, la creación, la difusión de la cultura de los pueblos europeos y la movilidad de los artistas y sus obras, el patrimonio cultural europeo, las nuevas formas de expresión cultural y el papel socioeconómico de la cultura.

Este programa fue sustituido a su vez por el programa marco Cultura 2007-2013 que continúa vigente en el momento de redacción de estas líneas. Éste incluye el objetivo general de los programas anteriores, orientado a la valorización de un espacio cultural común a los ciudadanos europeos con el fin de favorecer el surgimiento de una ciudadanía europea. En concreto los objetivos específicos del programa, pasan por promover la movilidad transnacional de personas que trabajan en el sector cultural; fomentar la circulación transnacional de obras y productos artísticos y culturales, y favorecer el diálogo intercultural.

Una de las iniciativas más evidentes del uso del patrimonio cultural como elemento para aglutinar identidades y crear ciudadanía, es el Sello de Patrimonio Europeo. Se trata de una acción iniciada oficialmente en 2011 que consiste en la concesión de este sello a modo de reconocimiento a aquellos elementos del patrimonio natural y cultural que hayan incidido en el valor simbólico europeo de los sitios y en su dimensión pedagógica. La Decisión 1194/2011/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de noviembre de 2011, concreta el apoyo a las políticas de los Estados Miembros que pongan en valor el patrimonio común de los pueblos de Europa. Así pues, es complementaria de otras iniciativas, como los Itinerarios Culturales del Consejo de Europa o el Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO.

En el caso español, España persigue un doble objetivo con este reconocimiento al patrimonio europeo. En primer lugar, el Sello de Patrimonio Europeo debe ser un medio de consolidación de la identidad europea. Por ello, la Unión Europea invita a los sitios, no solo a cooperar para enriquecerse mutuamente, sino sobre todo, a potenciar actividades concretas en aras de la educación de los jóvenes, esto es, del despertar de su conciencia europea. En segundo lugar, pretende promover los valores de convivencia democrática y

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el diálogo intercultural. Esto implica relacionar el patrimonio con el desarrollo sostenible de las regiones, en especial mediante la creación artesanal y artística contemporánea. Estas actividades implican la implantación duradera de valores de solidaridad, así como el entendimiento de la riqueza que supone la diversidad para las generaciones venideras7. A la candidatura por el Sello del Patrimonio Europeo pueden concurrir como candidatos, monumentos, sitios naturales subacuáticos, arqueológicos e industriales, paisajes culturales y lugares de memoria, así como los bienes y objetos culturales y el patrimonio inmaterial asociados a un lugar, incluido el patrimonio contemporáneo.

Otras actividades financiadas por la Unión Europea en el ámbito de la cultura son la Capitalidad Europea de la Cultura, las Jornadas Europeas de Patrimonio y los Premios del Patrimonio Cultural de la Unión Europea. Estos últimos se celebran desde 1963, momento en que tiene lugar la creación de la entidad Europa Nostra, una entidad internacional estrictamente cultural que tiene como objetivo despertar la conciencia moral y social sobre el patrimonio cultural europeo y sobre los peligros que lo amenazan. A modo de ejemplo, los galardonados en el caso español para el año 20138 en la categoría de conservación fueron el Románico del Norte (Palencia y Burgos); el Teatro Romano de Medellín (Badajoz), la Abadía Retuerta Ledomaine de Sardón de Duero (Valladolid) y la Fuente de los Leones de la Alhambra (Granada). En la categoría de investigación, el galardón fue destinado a un estudio realizado sobre los hórreos de NW de España como ejemplo de arquitectura tradicional (Castropol, Asturias), y en la categoría relativa a la educación, formación y sensibilización por el patrimonio, el galardón fue destinado para la propuesta de creación de un archivo de historia viva del Barrio del Cabanyal (Valencia). Por otra parte, como se ha mencionado anteriormente, otra de las iniciativas que tiene como objetivo aumentar la accesibilidad de la cultura europea, es el programa de la Capitalidad Europea de la Cultura. Sus orígenes se sitúan en 1985, cuando la entonces responsable de cultura griega, Melina Mercouri, propuso la celebración anual de la Ciudad Europea de la Cultura. El desarrollo de la elección de las ciudades no se basaba en ninguna acción europea, sino que atendía a la decisión entre países miembros sin la definición de unos criterios establecidos previamente. En 1999 la Comisión Europea inicia los trámites para que se transforme en una acción de la Unión Europea, dada la importancia que había adquirido esta concesión en las ciudades beneficiadas por la

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http://www.mcu.es/patrimonio/MC/PatrimonioEur/. Fecha de acceso: 2/4/2013. En esta escala territorial y política también aparece la obligación moral y jurídica por la conservación, protección y ampliación del legado cultural.

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http://www.europanostra.org/news/326/. Fecha de acceso: 2/4/2013. En esta dirección URL se pueden consultar los motivos por los que han sido galardonados los casos mencionados en el texto.

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capitalidad, desde el punto de vista del desarrollo local y regional. La decisión europea establecía los criterios para la elección de las ciudades candidatas, criterios que se renuevan en 2006 para que la acción Capital Europea de la Cultura sea más eficiente y transparente, mediante la consideración de tres categorías de criterios: la dimensión europea, la ciudad y ciudadanos y la sostenibilidad de la celebración9. En la actualidad, la manifestación Capital Europea de la Cultura es una acción comunitaria mediante la cual el Consejo de Ministros de Cultura de la Unión Europea designa dos ciudades al año, de dos Estados miembros, como Capital Europea de la Cultura. Con ello, se pretende resaltar la riqueza, la diversidad y los rasgos comunes de las culturas europeas, así como promover una mayor comprensión mutua entre los ciudadanos europeos. A través de esta acción comunitaria, se pretende potenciar las corrientes culturales europeas de mayor significación; fomentar las manifestaciones y creaciones artísticas a las que estén asociados actores culturales de otras ciudades de los Estados miembros de la Unión, que faciliten el establecimiento de una cooperación cultural duradera y favorecer su circulación en la Unión Europea; promover la movilización y participación en el proyecto de amplios sectores de la población; fomentar el diálogo entre la cultura europea y las otras culturas del mundo y valorar el patrimonio histórico y el espacio urbanístico de la ciudad seleccionada. En el caso español, fueron Capitales Europeas de la Cultura: Madrid (1992), Santiago de Compostela (2000) y Salamanca (2002), siendo San Sebastián la candidata elegida para el año 2016.

A través de estos programas, se puede observar que, aunque el objetivo sea el fomento y la mejora del acceso de la cultura a la ciudadanía europea, el turismo se ha visto beneficiado de determinadas acciones, entre ellas, por ejemplo, la Capitalidad Europea de la Cultura. Además de las transformaciones urbanas que tienen lugar en las ciudades seleccionadas, los impactos directos e indirectos por turismo derivados de la celebración de la capitalidad en estas ciudades son elevados y positivos en la mayoría de los casos como demuestran diferentes estudios (Prado, 2007; Troitiño y Troitiño, 2009; Gutiérrez y Paül, 2011).

En este sentido, desde la perspectiva de la política de desarrollo regional de la Unión Europea, la cultura y el turismo también han caminado juntas en el momento de plantear actividades económicas estratégicas para determinadas regiones. Se han planteado

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http://www.mcu.es/cooperacion/CE/Internacional/UnionEuropea/CapitalEuropea.html. Fecha de acceso: 2/4/2013

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acciones para la creación de productos turísticos de naturaleza cultural a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) para espacios rurales en los que una de las prioridades para este período (2007-2013) es el eje «calidad de vida en las zonas rurales y diversificación de la economía rural», que contribuye al desarrollo de los territorios rurales mediante la promoción de servicios a la población, las microempresas, el turismo rural, y la valorización del patrimonio cultural para mejorar las condiciones de crecimiento y de creación de empleo en todos los sectores10. En esta misma línea, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) pretende alcanzar los objetivos de convergencia, competitividad regional y empleo, y cooperación territorial europea establecidos por la política de cohesión para el período comprendido entre 2007-2013. Así, el turismo aparece en las acciones financiables para cada uno de los tres objetivos mencionados como una de las actividades estratégicas para un desarrollo económico sostenible integrado. Por tanto, cultura y turismo caminan unidos a partir de la aceptación de que el patrimonio cultural es un producto social que puede generar empleo y desarrollo desde diferentes aproximaciones. Como se ha podido comprobar, en la escala europea, el patrimonio cultural es un activo fundamental incluido en diversos programas y acciones financiables basados únicamente en el fomento de la cultura, la mejora de su accesibilidad y el aumento de una mayor sensibilización por comprender que es un patrimonio común que ayuda a generar sentimiento de ciudadanía, de colectividad.

La mirada hacia la cultura en el ámbito europeo, en concreto hacia el patrimonio cultural como activo económico que contribuye a aumentar la convergencia y el desarrollo regional, es la plasmación política de aquello que se avanzaba en párrafos anteriores sobre la forma de entender el patrimonio cultural como una construcción social. En el momento en que la cultura pasa a ser un elemento más del ocio y la recreación de amplias capas de la población en sociedades avanzadas, la diversidad del público en lugares de interés patrimonial también aumenta, aspectos que pueden observarse en referencia a diferentes rasgos sociodemográficos, motivacionales y formativos.

Con esta nueva concepción del patrimonio cultural, se impone la necesidad de diseñar e implementar procesos de activación patrimonial que tengan como objetivo la presentación y comunicación de los elementos patrimoniales a la sociedad. La sociedad

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http://europa.eu/legislation_summaries/regional_policy/provisions_and_instruments/l60042_es.htm. Fecha de