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LA PAZ Y EL «EFECTO MARIPOSA»

In document Leonardo Boff Etica y Moral (página 38-45)

En el mundo, todo es dialéctico; pero no porque lo hayan dicho Hegel o Marx, y antes de ellos el presocrático Heráclito, sino porque ésa es la ley de las cosas, regida por el caos y por el cosmos, por lo sim-bólico (lo que une) y por lo dia-bólico (lo que desune).

Las guerras en el mundo, el terrorismo y el imperio de la violencia, especialmente a través de los medios de comunicación, están

provocando un efecto dialéctico: el crecimiento en todo el mundo de los movimientos pacifistas, de los grupos contrarios a las armas de destrucción masiva; y las articulaciones de quienes quieren otro mundo posible y otro tipo de globalización, donde la competencia que produce tensiones y conflictos pueda ser reducida a niveles menos destructivos. Crece en el seno de la sociedad civil mundial la conciencia de que la violencia, la represión y la guerra son la peor respuesta que se puede ofrecer como solución a los problemas existentes.

La vergonzosa guerra que los Estados Unidos, Inglaterra y otros aliados menores promovieron en 2003 contra Irak movilizó a gran parte de la humanidad, que se manifestó contra ella e hizo que las plazas del mundo entero congregasen a millones de personas, hasta en los rincones más lejanos en el interior de la selva amazónica.

También allí se hicieron manifestaciones por la paz, en las que indios, seringueros y ribereños llevaban pancartas y gritaban consignas.

Alguien podría preguntar: ¿qué sentido tiene que esas débiles voces gritaran si no iban a ser oídas, si ni siquiera iban a aparecer en los medios de comunicación? ¿Cómo contribuyó a la paz mundial ese gesto realizado en el más desconocido de los lugares?

Tiene un sentido profundo y constituye una contribución que puede ser decisiva en la realización de la paz. Para comprender ese efecto nos sirven de ayuda los conocimientos recientes ligados a la teoría del caos y del llamado «efecto mariposa». Según esta teoría, el aleteo de una mariposa en mi jardín puede producir una tempestad en el Pentágono. ¿Dónde está la razón de tal efecto? Simplemente, en el hecho de que todos los fenómenos y todos los seres son interdependientes entre sí.

En la Tierra y en el universo, todo tiene que ver con todo, en todos los puntos y en todos los momentos, sentenciaba el padre de la fisica cuántica, Niels Bohr. En función de ello, a veces el eslabón

aparentemente más insignificante es responsable de la irrupción de lo nuevo.

Alguien totalmente desconocido señala en la calle hacia arriba con el dedo y grita: «Mira allá, mira allá». Puede ser cualquier cosa, quizás un objeto no identificado. Y, en un momento, grupos y multitudes empiezan a mirar en la misma dirección. Se ha producido el «efecto mariposa». Lo pequeño ha producido lo grande por una

concatenación de relaciones.

Acudamos al sentido común, fuente de sabiduría universal de la humanidad. Según una convicción del sentido común, la luz, por

muy débil que sea, vale más que todas las tinieblas juntas. Basta una cerilla para exorcizar toda la oscuridad de una habitación y mostrar la puerta de salida. La luz, por naturaleza, hace su curso misterioso por el espacio sin fin y siempre será captada por los espíritus de luz. Otra convicción de la sabiduría común: el bien posee una fuerza interior que es propia de él, semejante a la fuerza del amor. Por eso, al final, nada resiste al bien y al amor, que siempre acaban

triunfando. Es un fenómeno semejante al de la fuerza de la lluvia sobre los inmensos incendios de la Amazonía. La lluvia está compuesta de millones y millones de gotas. Una gota hace muy poco, como el agua que lleva en el pico el colibrí que, solidario, desea prestar también su ayuda en la

extinción del fuego devorador. Pues bien, son esos

millones y millones de gotas, cual millones de minúsculos colibríes, los que apagan en pocas horas el incendio más persistente de la selva amazónica. Ésta es la fuerza invencible de lo pequeño.

Es importante creer en la fuerza secreta de la buena voluntad, por pequeña que sea. El bien no queda encerrado en la persona que lo practica. El bien es, como la luz, una realidad que se irradia. Como una ola, sigue su curso por el mundo, evocando el bien que está en todos y fortaleciendo la corriente del bien por los espacios infinitos. El bien es la referencia principal para cualquier ética humanitaria. Estas reflexiones obvias nos convencen de la importancia de cada gesto, por más insignificante que sea. Porque puede ser el portador de la fuerza que desencadene un proceso de cambio, como ha mostrado la historia con frecuencia.

En esta concatenación, ¿quién podrá decir que la paz no puede empezar a partir de esa desconocida aldea del Amazonas? Sí, de lo pequeño podrá venir la fuerza secreta de la paz.

LA IMPORTANCIA DE LAS FIGURAS EJEMPLARES Hoy la humanidad está muy cansada de las propuestas y los llamamientos éticos. Estamos en gran parte desmoralizados, y por eso no nos entusiasman. Y sin entusiasmo no hay cambios ni atrevimiento para abordar prácticas innovadoras.

En momentos como éste necesitamos figuras éticas ejemplares, personas que hayan ejemplificado en sus vidas determinados valores, hayan realizado proyectos significativos y hayan movilizado a otros para que buscaran e hicieran camino.

Este hecho explica, en gran parte, que hoy se publiquen y se lean en el mundo entero tantas biografias de faraones, emperadores,

filósofos, santos, criminales famosos, artistas e incluso personas sencillas que, sin ser públicamente visibles, han vivido historias personales que llenan de fascinación y respeto a quien se acerca a conocerlas.

Tal vez no sepamos teóricamente lo que es bueno y lo que es malo, ni tengamos la hoja de ruta de la vida. Pero sabemos identificar en

las personas verdaderos caracteres —uno de los sentidos originales de ethos—. En ellas la ética y la moral emergen como prácticas vivas y convincentes, o también como su negación estridente, como lo que no debe ser. Ellas muestran la posibilidad con la que sueña todo ser humano: la de realizarse como persona. Esa realización vale más que la pura y simple búsqueda de la felicidad.

Las construcciones éticas de los maestros del pasado, como

Aristóteles, Platón y santo Tomás de Aquino, partían del proyecto de felicidad (o beatitud, como ellos preferían decir), inherente a los seres humanos. Hoy ya no estamos seguros de esa felicidad. Vivimos frustrados, porque, si bien la felicidad es lo que más se busca y lo que el marketing comercial promete sin descanso, es también lo que menos se encuentra. Pasar por encima de los demás puede incrementar el saldo de la cuenta bancaria, conferir más poder e influencia y ofrecer más posibilidades de placer, pero no la

felicidad. La felicidad no puede ser construida sobre la infelicidad de los otros. Nadie debería sentirse feliz al constatar la dramática

infelicidad de la mayoría de los seres humanos y la creciente degradación de los ecosistemas.

Por estas razones, ya no sabemos cuál es el deseo de felicidad consistente, verdadero y duradero. Preferimos la satisfacción de realizamos como profesionales y como personas, sabiendo crear una unidad dinámica de los contrarios que viven en nosotros: el deseo ilimitado y lo limitado de sus realizaciones; la voluntad de

perennidad y la fugacidad del tiempo.

En nuestras reflexiones tratamos de rehacer la experiencia originaria a partir de la cual se construyó la ética y la moral, la experiencia de la morada y de sus implicaciones existenciales y hoy planetarias. Esa experiencia tiene la virtud de conferir unidad y organicidad a nuestra comprensión del ethos. Pero no basta con que comprendamos.

Tenemos que transformamos en personas éticas, en el sentido que postulaba Aristóteles cuando, en su Etica a JVicómaco, sentenciaba: «No filosofamos para saber lo que es la virtud, sino para hacemos personas virtuosas» (11,1-2).

Por eso pasamos de una comprensión teórica del ethos, del ethos que busca, a otras vertebraciones prácticas del ethos. el ethos que cuida, el ethos que ama, el ethos que se compadece, el ethos que se

responsabiliza y el ethos que se solidariza. Estas expresiones del único ethos-raíz inducen en nosotros las tres virtudes cardinales más importantes en la fase de transición en que nos encontramos: el bien común humano y de toda la comunidad de la vida, la autolimitación y la justa medida.

Este cuadro, tomado en su radicalidad y seriedad, seria el mayor antídoto contra la apatía, el cinismo, los conflictos y las guerras que siguen asolando peligrosamente a la humanidad y que no sólo persisten, sino que se agravan. Pero creemos que son estertores que anticipan el parto de un nuevo paradigma de civilización, fundado en la re-ligación de todos con todos, con la Tierra, con el universo y con Dios.

No tenemos más alternativa que consolidar ese camino ya abierto. Lo opuesto a él sería la oscuridad. Estamos convencidos de que saldremos renovados de esta crisis ética y moral, como ha sucedido siempre en la historia de las tribulaciones de los hijos y las hijas de Adán. Y volveremos a brillar, porque la Casa Común, la Tierra, será finalmente el ethos (morada) de todos, acompañado por el ángel bueno y protector (el daimon) que hará leve y jovial nuestro fugaz paso por este mundo.

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La Carta de la Tierra fue aprobada el 14 de marzo de 2000 en la sede de la UNESCO en París, después de 8 años de debates en todos los continentes, en los que habían participado cuarenta y seis países y más de cien mil personas, desde centros de educación primaria, pasando por esquimales, indígenas de Australia, de Canadá y de Brasil, y entidades de la sociedad civil, hasta grandes centros de investigación, universidades, empresas y religiones.

La Carta de la Tierra deberá ser presentada y asumida por la ONU, después de un profundo debate, con el mismo valor que la

Declaración de los Derechos Humanos. En virtud de ella se podrá arrestar a los agresores de la dignidad de la Tierra, en cualquier parte del mundo, y llevarlos ante los tribunales.

En la Comisión de Redacción estaban Mikhail Gorbachov, Maurice Strong, Steven Rockefeller, Mercedes Sosa, Leonardo Boff y otros. A continuación incluimos La Carta para que sea debatida en las comunidades y en todos los ámbitos. Su texto se puede encontrar también en Internet:

www.cartadelatierra.org www.eartcharter.org

PREÁMBULO

Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el que la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que, en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible, fundada en el respeto a la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En tomo a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos para con otros, para con la gran comunidad de la vida y para con las generaciones futuras.

La Tierra, nuestro hogar

La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las

condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado.

La situación global

Los modelos dominantes de producción y consumo están causando una gran devastación ambiental, un agotamiento de los recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten

equitativamente, y la brecha entre ricos y pobres se está

ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.

Los retos venideros

La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidar unos de otros, o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interrelacionados, y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas.

Responsabilidad Universal

Para llevar a cabo estas aspiraciones debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con

nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, donde los ámbitos local y global se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad para con el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.

Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial emergente. Por lo tanto, juntos y con gran esperanza, afirmamos los siguientes principios interdependientes para una forma de vida sostenible, como un fundamento común mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones,

empresas, gobiernos e instituciones transnacionales. PRINCIPIOS

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