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PEATÓN, INTERACCIÓN SOCIAL Y VIDA EN LA CIUDAD

In document FACULTAD DE CIENCIAS AMBIENTALES (página 34-37)

CAPÍTULO II. ANTECEDENTES Y MARCO TEÓRICO

II. 2.1 ¿QUÉ DEFINIMOS POR ESPACIO PÚBLICO?

II.2.4. PEATÓN, INTERACCIÓN SOCIAL Y VIDA EN LA CIUDAD

Cuando analizamos las perspectivas de diferentes autores en relación a la interacción social generada por el peatón en el ámbito del desarrollo urbano sostenible, encontramos un similar enfoque al ser producto de la creación de espacios públicos en la ciudad como puntos de encuentro por excelencia y generador de la calidad de vida y vida en la ciudad.

Existen innumerables estudios enfocados al comportamiento del hombre en el espacio público, pero para efectos de esta tesis, es importante definir al peatón y su rol en la ciudad, y dar una mirada global de cómo las actividades en los espacios públicos genera una ciudad vital y con ello la calidad de vida del ser humano en su oportunidad de relacionarse.

Gehl (2012) nos da un primer acercamiento en el documental The Human Scale, donde describe al hombre como un individuo inteligente que sabe lo que le gusta y disgusta, es social, íntimo, capaz de generar estímulos y aprender de ellos.

El ser humano, en su rol de peatón, se convierte en el actor protagónico de la ciudad ya que es capaz de movilizarse a pie por los espacios públicos o espacios de circulación, pero es su permanencia la que otorga sentido al espacio urbano, según indica Joseph (2002 citado por Burneo 2010).

En ese sentido, la permanencia cumple un papel importante en la generación de actividades en los espacios públicos debido a que son las promotoras de la interacción social. Gehl (2013) menciona que mientras más tiempo las personas pasan en el exterior, mayor frecuencia de encuentro existirá para interactuar entre sí, debido a que se empiezan a crear conexiones entre ellas.

El autor hace mención en su obra Ciudades para la Gente (Gehl, 2014) que existen dos tipos de actividades en una ciudad, las actividades de movimiento y las de permanencia. En este aspecto, son las actividades de permanencia las que miden la calidad del espacio público, siempre que estas generen diversos estímulos que atraigan a la gente a mirar y hasta ser parte de ellos.

Entras estas actividades, Gehl (2014) manifiesta que pararse es la actividad que menos tiempo de permanencia genera en el espacio urbano, ya que depende de la situación y la comodidad del entorno. Uno puedo detenerse por corto tiempo si algo le llamó la atención o si se presentó algún inconveniente.

Por otro lado, la actividad de sentarse demanda un periodo de tiempo más largo ya que independientemente a la comodidad que se siente hacerlo, depende también de encontrar un buen lugar donde hacerlo, es por ello que el mobiliario urbano juega un cargo importante para generar permanencia en el espacio público.

Es por esta actividad que el autor menciona el efecto del borde como un fenómeno psicológico propio del peatón en el espacio urbano para percibir las actividades de forma discreta desde el borde del espacio público, sin interrumpir el tránsito peatonal, de manera que representa un buen lugar para estar sobre todo si existe contacto directo con una edificación con fachada en relieve ornamentada la cual dará mayor seguridad, comodidad y lugar de apoyo.

Sin embargo, el desarrollo de estas actividades permanentes generadoras de interacción social entre los peatones, dependerá del contexto y de la situación económica de la ciudad, además el exterior deberá mostrar ciertas cualidades como la seguridad y calidad del entorno o paisaje urbano.

En muchas ciudades en desarrollo, estas actividades son impulsadas por la necesidad, mas no de forma voluntaria, ya que la calidad del entorno físico o del espacio público persé es baja y carente de planificación, por lo que la cantidad de interacciones sociales es mucho menor o inexistente.

Reforzando esta idea, Burneo (2010) hace mención al anonimato como aquel goce del peatón, como aquella incertidumbre del pensamiento, sentimiento, género o ideología, al circular por el espacio urbano, manifestando que se está al tanto de la presencia de otros seres o elementos, pero que no se genera algún interés en particular por seguir observando a la persona, debido a que no existe motivo alguno.

La autora manifiesta también que este beneficio al anonimato puede perderse cuando existe la presencia visual de alguna autoridad vigilante en el espacio, ya que automáticamente el comportamiento del individuo cambia cuando ve a otro que hace uso del espacio de manera autoritaria y se siente controlado sin libertad de expresión generando un espacio no amigable para el usuario.

Por otro lado, Gehl (2014) señala que para lograr estos espacios públicos vitales y amigables con la gente, primero se debe dar una mirada holística en la planificación urbana para obtener una ciudad sostenible, sana y segura, y con ello conseguir posteriormente interacción social entre sus habitantes con un contacto directo con la sociedad y la atracción de más personas al espacio.

De esta manera, Joan Clos menciona en el prólogo de la obra Ciudades para la Gente de Gehl (2014) que las ciudades deben estar diseñadas a escala humana con el fin de lograr espacios públicos donde se pueda desarrollar la interacción social, mejorando así la calidad de vida y logrando transmitir sensación de identidad y pertenencia.

En ese sentido, a nivel mundial se están adoptando nuevos enfoques en torno a un desarrollo sostenible en ciudades y asentamientos humanos que aseguren la importancia debida al desarrollo de espacios públicos de calidad con prioridad en el peatón y a la cohesión social.

II.2.5. IMPORTANCIA DEL ESPACIO PÚBLICO EN EL DESARROLLO

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