1.3 Mitos de la historia oficial.
1.3.5 Percepción machista de la historia peruana
importancia de los ejes regionales (sur, centro, norte) y olvidando completamente la vasta zona amazónica. Lo más curioso es que esta narrativa histórica, genera percepciones sociales, donde se pierde de vista hechos como que la mayor población peruana estaba concentrada históricamente en los andes y que ciudades como Cusco y Arequipa (además del altiplano), tuvieron un protagonismo indiscutible a nivel político, económico, social y cultural.
Las percepciones centralistas, resultan casi una regla en las narrativas históricas nacionales, pero no permiten comprensiones más amplias de los procesos históricos en marcha, así como la evolución de los conflictos sociales locales y regionales. Actualmente Lima concentra casi la tercera parte de la población nacional, y resulta clave conocer su historia para entender la configuración del país. Pero no se puede comprender la historia del Perú sólo desde Lima, sino desde perspectivas descentralizadas, que deben conjugarse y expresarse en la escuela, los medios y los distintos debates públicos.
1.3.5 Percepción machista de la historia peruana
Quizás si partimos del principio de que tradicionalmente la historia fue escrita por hombres se entienda este fenómeno. Lo cierto es que la historia que se enseña en la escuela es esencialmente patriarcal (¿falocéntrica?); basada en una producción historiográfica tradicional que invisibilizó el papel de la mujer y los colectivos femeninos por desconocimiento o simple prejuicio. En los últimos años, sin embargo el interés por los estudios de género ha permitido ampliar el conocimiento de la mujer en la historia (antigua, moderna, contemporánea). Lamentablemente, como se sabe, estos giros en los estudios sociales no tienen un correlato inmediato en las practicas discursivas escolares, mediáticas o cotidianas. En la percepción social peruana apenas son reconocibles algunas mujeres, cuyas acciones van unidas siempre a los grandes personajes masculinos (cuyo “brillo” las opaca).
En los últimos años la presencia femenina es mayor en la esfera política, el mundo laboral y las organizaciones de todo tipo, pero la mirada sobre ellas es todavía
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subalternizante. La historia peruana tradicional (fuertemente vigente) refuerza esto al presentarlas desvalorizadas (como a los indios, negros y obreros), o simplemente al no visibilizarlas.
La enseñanza de la historia en el Perú no tendrá sentido sino incorporamos los aportes vinculados a la participación femenina y los distintos roles que asumió y asume. Los interesantes trabajos de María Rostworowski, María Emma Mannarelli, Sara Beatriz Guardia, Maritza Villavicencio, entre historiadores e investigadores, aún brillan por su ausencia en las bibliografías de los textos escolares.
Percepción elitista de la historia peruana
La historia positivista de los grandes hechos (políticos-militares-diplomáticos) y los personajes notables, circunscribe el relato histórico a las altas esferas del poder (élites, burguesías, líderes políticos), desplazando la posibilidad de una historia que incluya a otros actores sociales: campesinos, obreros, organizaciones civiles, estudiantes, etc. Este modo tradicional de presentar la historia nacional, está enraizado en la mentalidad colectiva y provoca por eso mismo una percepción elitista de la historia.
La historia peruana se convierte así en una sucesión de incas, virreyes, caudillos militares y presidentes, cuyas acciones definen el proceso histórico nacional. La historia centrada en las acciones de las élites, impide construir una historia más horizontal, que incluya a los actores populares y que permitan un entendimiento más cabal de las estructuras en las que se producen los cambios y continuidades históricas.
La historia desde abajo, es todavía una deuda en la enseñanza escolar. Las identidades locales del país empujan por construir (escribir) esas historias, pero aún estamos lejos de integrarlas cabalmente a la memoria histórica peruana.
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1.3.6 Percepción episódica de la historia peruana
Un vicio de la historia impartida en las aulas, es que se ha convertido en una serie de pasajes y/o eventos inconexos o aislados de hechos notables o anecdóticos. La historia no es apreciada como proceso o continuidad, sino como conjunto de acontecimientos aislables y memorables. No se trata, por supuesto, de que todos los ciudadanos tengan una mirada academicista de la historia (bajo el prejuicio de que es la única o verdadera), sino una mirada más integral, que permita apreciar mejor a los actores históricos y los procesos en que se ubican. Si la narrativa histórica nacional es presentada como simple conjunto de episodios desligables, se pierde la posibilidad de llegar a conclusiones más profundas sobre la evolución de la realidad nacional.
Las nociones de tiempo cronológico e histórico son escasas entre estudiantes y maestros, de tal manera que la diacronía y sincronía son reemplazadas por una colección de sucesos o hechos banales a memorizarse. Los principios de cambio-continuidad, ritmo-duración así como de sucesión y simultaneidad son incomprendidos, generando así una historia episódica lejana a cualquier historia explicativa seria.
Tal vez el mayor ejemplo de esto sea la visión de la emancipación, donde el largo y complejo proceso independentista peruano es explicado a partir de episodios limitados como el desembarco de San Martín en Pisco, la declaración de independencia en Lima el 28 de julio de 1821 o las batallas de Junín y Ayacucho de 1824. De esta manera se ignora importantes antecedentes como: los gritos de Tacna o las rebeliones de Huánuco o Cusco (1811-1814), así como el contexto español de las cortes de Cádiz, la constitución liberal de 1812 o la rebelión de Riego. Esta mirada episódica de la independencia se centra además en el liderazgo criollo-extranjero, dejando de lado la activa y permanente participación de los sectores populares: indios, mestizos, negros, mulatos, etc. (Romero Meza, 2015)