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Perdón total

In document Andrew Kuyvenhoven Participes Del Pacto (página 35-40)

Jeremías 31:31-34, Hebreos 8, 9, 10

El texto clave que hemos utilizado para distinguir entre el Antiguo y el Nuevo Pacto es Jeremías 31:31-34. En esta profecía Dios prometió que llegaría el día en que él haría un Nuevo Pacto. En dicho pacto Dios viviría en los corazones de su pueblo. La abundante presencia del Espíritu Santo dentro de un pueblo

impío será posible debido a que Dios perdonará la iniquidad de su pueblo: «nunca

más me acordaré de sus pecados».

La Epístola a los Hebreos sostiene el Antiguo Pacto, el del Sinaí, ha dejado de estar vigente y se ha visto reemplazado por el Nuevo Pacto. Este es el mensaje principal de la epístola. En consecuencia, no causa gran sorpresa que nuestro texto clave, Jeremías 31:31-34, juegue un papel tan preponderante en Hebreos. Si ha leído bien los capítulos 8, 9 y 10 de Hebreos, habrá notado que el autor desarrolla su argumentación en torno a Jeremías 31:31-34.

Un pacto mejor

El Nuevo Pacto es el pacto de los «días finales» (1:1). Ahora Dios nos ha hablado por intermedio de su Hijo (1:2), quien está más cerca de Dios (1:3) y ha sido exaltado por sobre todos los ángeles (1:4-14). Con todo, él se convirtió en un Hijo del hombre y en nuestro hermano (2:17). Su posición puede ser comparada con la de Moisés, puesto que ambos habían sido colocados sobre la casa o el pueblo de Dios (3:1-6). Se lo puede comparar también con Josué (3:7-4:13). Pero Jesucristo es aún mayor que Moisés y mejor que Josué, puesto que gobierna sobre la casa de Dios como Hijo (3:6) y realmente guía al pueblo de Dios hacia el descanso prometido (4:8ss.) si su pueblo está dispuesto a escuchar el mensaje del evangelio y creer en él (3:16-19, 4:11-13).

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La nueva era y el Nuevo Pacto son muy superiores a la era anterior y al Antiguo Pacto. Ahora todo es «mejor». Cristo es mayor, o mejor, que Moisés y mediador de un pacto mejor que da una esperanza mejor y una patria mejor, puesto que está basado en un sacerdocio mejor y en sacrificios mejores. (El vocablo griego equivalente a «mejor» es utilizado en 1:4; 6:9; 7:7,19,22; 8:6; 9:23; 10:34; 11:16, 35,40; 12:24).

El escritor no sólo dice que todas las cosas son ahora mejores; también indica que nuestra responsabilidad es mucho mayor. «¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?» (2:3).

El sacerdote único y definitivo

El Nuevo Pacto ha reemplazado al Antiguo y lo ha cumplido porque ha aparecido Cristo, el verdadero sumo sacerdote. Él ha borrado de una vez por todas, mediante un sacrificio completo, todos nuestros pecados. El autor de la Epístola a los Hebreos, enfatiza ese mensaje de varias maneras. Si bien el énfasis central es absolutamente claro, los argumentos del autor no son siempre transparentes. Aun entendiendo su línea argumenta!, la fuerza de sus argumentos no parece ser siempre demasiado convincente.

El autor formula, por ejemplo, la pregunta respecto a cómo puede Cristo ser sacerdote, dado que Jesús no era levita. ¿Dónde están, entonces, sus credenciales? Respuesta: su nombramiento está en el Salmo 110, «Tu eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec». Todo sacerdote sirve según algún orden levítico, pero Cristo lo hace «según el orden de Melquisedec» (5:1-10). ¿Y quién fue Melquisedec? Se trataba de alguien muy importante. Todos saben que el judío recibe bendición porque su padre es Abraham. ¿Pero quién es tan grande que aun Abraham dependió de él para recibir una bendición? ¡Pues Melquisedec! Además, sabemos que todos los israelitas están obligados a dar el diezmo de todas sus posesiones a los levitas y sacerdotes, y sin embargo los propios levitas y los sacerdotes, en su totalidad, dieron diezmo de todo lo suyo a Melquisedec cuando estaban todavía en Abraham (7:1-10, compárese con Gn. 14:18ss). ¡Qué sacerdote tan grande y misterioso es éste! A diferencia de cualquier otro sacerdote, aparece en la historia sin padre ni madre ni genealogía (¡igual que el Hijo de Dios!).

Nosotros diríamos que esta argumentación es extraña. Pero es imposible equivocarse respecto a su intención: Jesucristo es único en su género. Su persona es única y su obra no puede ser duplicada. No hay dos como él, y su obra no

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puede ser repetida. El mensaje nos llega con toda claridad: tenemos solamente un

sumo sacerdote para todos los pecadores y un solo sacrificio totalmente suficiente para todos los pecados. Nótese con cuanta frecuencia el autor dice que Cristo y su

sacrificio tienen el carácter de «una vez para siempre». La ofrenda de Cristo se efectuó «una vez y para siempre»(10:10), «un solo sacrificio para siempre» (10:12).

Sombra y realidad

Otra línea de argumentación que aparece en Hebreos es la siguiente: vamos de la sombra hacia la realidad. El Nuevo Pacto revela la realidad, dice el autor; el antiguo es una mera sombra de esta realidad. Por lo tanto el Antiguo Pacto, el del Sinaí, era provisional, no definitivo (8:7). El tabernáculo era solamente una copia de las cosas celestiales. Y las cosas celestiales son las reales, las que Moisés vio sobre la montaña (Ex. 25:4; Heb. 8:4). Todo lo que sucedía en el Día de la Expiación no era más que una representación del verdadero chivo expiatorio y del verdadero sacrificio, a saber, del verdadero Cristo cuya sangre verdaderamente limpia (7:3ss., 13:llss.) Todos los sacrificios diarios y estacionales que se efectuaban bajo el Antiguo Pacto eran incompletos, de otro modo ¿por qué había que realizarlos tan a menudo? En su misma repetición los sacrificios estaban siempre diciendo: ¡incompleto, no alcanza! ¡insuficiente! ¡más! ¡más! (10:1-3).

«Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados» (10:4). Ellos daban una protección y una pureza meramente temporal (9:13), pero en su totalidad clamaban por el sacrificio verdadero y final. Ahora Cristo ha venido. Él ha asumido su cargo con un juramento y nos ha santificado definitivamente a través del sacrificio hecho una vez y para siempre de su propio cuerpo. ¡Gloria a él!

Así entró Cristo en el cielo mismo. No entró solamente en el lugar santísimo, que era, repetimos, una mera copia, sino ante la presencia misma del Padre que está en los cielos. Cristo se sentó a la diestra del Padre para ser nuestro sumo sacerdote para siempre (4:20; 8:1; 9:12; 9:24-28; 10:12-14). Ya se han disipado las sombras: se ha manifestado lo real. No nos acercamos a una montaña (Sinaí) sino a la realidad de Dios mismo (12:18-24). Con gozo y temblor nos acercamos al «fuego consumidor», a nuestro Dios (12:29). Pero, dado que nuestro sacerdote ha ascendido, su cielo es ahora el trono de gracia (4:16).

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Lo antiguo y lo nuevo

La promesa del Nuevo Pacto, según nuestro texto clave (Jer. 31:31-34), consistía en que el Espíritu Santo mora abundantemente en su pueblo, sobre la base de una completa remisión de todos los pecados. Hebreos dice que esta nueva era ya ha llegado. Mediante la obra redentora de Jesucristo, que es nuestro único sumo sacerdote, nuestros pecados han sido cubiertos. Ahora nuestro sumo sacerdote, el único e irrepetible mediador del Nuevo Pacto, vive para siempre implicado en salvar completamente a los que le invocan. Dios ha cumplido lo que dijo a través de Jeremías: «haré un Nuevo Pacto... no será como el pacto (del Sinaí)... perdonaré su iniquidad y nunca más me acordaré de sus pecados».

En estos días finales Dios ha venido a nosotros en el Hijo. En la cruz de Cristo se ha dicho la última palabra respecto a nuestros pecados. En la exaltación de Cristo se ha dicho la palabra decisiva acerca de nuestro futuro. No hay ahora espacio para el miedo o la incertidumbre.

Sin embargo, si uno no cree en este mensaje del Nuevo Pacto, si no actúa conforme a él, entonces ya no queda ninguna esperanza: «¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?» (2:3). No dice «si rechazamos» sino que dice «si descuidamos». Véase también 4:1,6:4,10:26,12:1, 25. Una vez que hemos sido hechos partícipes de las realidades del Nuevo Pacto, un regreso al Antiguo (las copias y las sombras) significaría un desprecio total de la cruz de Cristo. Sobre tal persona recaerá la ira de Dios (6:4-8).

Es cierto que toda la epístola enfatiza la diferencia entre el Antiguo Pacto (Sinaí) y el Nuevo (Cristo) [véase los dos círculos de la ilustración que aparece en la cuarta lección], pero el autor no niega de ningún modo aquella línea sólida del Pacto de Gracia que recorre la totalidad de la historia. Podemos ver esto más claramente en ese inmortal capítulo 11. Tanto en los tiempos de la antigüedad como en estos últimos días Dios ha hablado (1:1), y el ser humano siempre ha tenido que contestar. La respuesta correcta es tener fe. La respuesta equivocada es la incredulidad. «La fe», en Hebreos, es la convicción de que la palabra de Dios es absolutamente confiable. La fe es, por tanto, la motivación para actuar de un modo confiado y obediente (11:1). Hebreos 11 repasa la historia de la respuesta de fe desde la creación en adelante. «Por la fe Abel... Enoc... Noé... Abraham... Moisés... todos los hijos de Dios». Si bien el autor nunca olvida la diferencia que existe entre el Antiguo y el Nuevo Pacto (11:39, 40), nos coloca en el estadio de los atletas de Dios y nos hace ver que estamos rodeados de «una multitud tan

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grande de testigos», a saber, los veteranos de la fe del Antiguo Testamento. Nosotros corremos ahora la carrera que ellos ya terminaron. Pero mientras

nosotros corremos, nuestros ojos están puestos en Jesús (12:1-2). Nosotros hoy

corremos la misma carrera que los santos del Antiguo Pacto, y también nosotros mismos debemos dar la respuesta obediente de fe que caracteriza al pueblo del pacto de Dios. Sin embargo, para nosotros todas las cosas son «mejores». Esto es así porque vivimos y trabajamos bajo las condiciones, privilegios, y obligaciones de un Nuevo Pacto.

Preguntas de repaso

1. Aquellos de nosotros que pudimos participar en alguna escuela dominical cuando éramos niños, recibimos la impresión de que en el Antiguo Testamento las cosas eran «mejores», puesto que Dios realmente hablaba con voz audible y ejecutaba señales visibles. ¿Cómo es que llegamos a este punto de vista tan equivocado? ¿Puedes explicar por qué el Nuevo Testamento es mucho mejor?

2. Para combatir los errores de la teología católico romana, los líderes de la

Reforma de los siglos xvi y xvii citaron siempre los textos mencionados en esta lección que dicen «una vez para siempre». ¿Por qué? ¿Podríamos aún hoy citar dichos textos en contra de otros errores? ¿Podríamos citarlos quizá en contra de los mormones? ¿de los Testigos de Jehová? ¿del demonio? ¿de mi propia carne?

3. En el Antiguo Testamento el templo y el tabernáculo eran visibles. En el Nuevo Pacto la presencia de Dios no es visible. Según Hebreos, el templo del Antiguo Testamento, el arca, la montaña, etc. ¿son la realidad o son la sombra? ¿Entiendes que el Nuevo Testamento es más real?

4. Cierto pastor utilizó Hebreos 9:27 como base para su predicación y aterrorizó a los oyentes debido a su énfasis sobre la muerte y el juicio.

a. ¿Por qué es un error predicar sobre Hebreos 9:27 sin utilizar el versículo 28?

b. ¿Cuál es la intención de la comparación entre el versículo 27 y el versículo 28?

c. ¿Es Hebreos 9:27, 28 un texto que te da mucho consuelo, o un texto que te espanta?

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CAPÍTULO 7

In document Andrew Kuyvenhoven Participes Del Pacto (página 35-40)