“Los débiles nunca pueden perdonar. El perdón es un atributo de los fuertes”.
Cometer errores es parte de la condición humana. Si prefieres que te lo digan de una forma más dulce:
“No hay errores sólo lecciones que apren- der”. No importa lo que pienses al respecto. Es- toy seguro que en algunos casos has cometido la misma equivocación una y otra vez como mu- chos de nosotros
Alguien dijo que “la locura es el arte de re- petir los mismos actos muchas veces esperando resultados distintos”.
Haz balance de las faltas cometidas por ti en el pasado para que puedas perdonarte. Revisa quienes te han ofendido o han hecho cosas que te hayan herido profundamente, para que les perdo- nes también.
Si quieres escribe las circunstancias de la disputa o del hecho en si y una vez que lo tengas escrito reflexiona sobre el suceso y di en voz alta: “Dejo ir esta situación de una vez y por todas de mi vida y perdono de todo corazón a esta(s) per- sona(s). Nunca más este suceso tendrá importan- cia en mi vida” y diciendo esto rasga el papel y échalo a la basura.
Existen seres a los que les es muy difícil perdonarse o perdonar a otros. Pero mientras más fuerte sea esa emoción mas importante es sacar de tu alma esa pena y dolor que solo perjudica al que lo lleva dentro.
Hay quienes piensan que perdonar es algo tan dramático que evitan esa palabra en el vocabula- rio. Perdonar es un acto noble. Limpia el ambien- te y crea un espacio para que este se llene de co- sas buenas.
Cuando un problema o situación te persigue, utiliza tu libre albedrío para perdonar a cualquie- ra que te amargue la existencia. Hay quien cree que el perdonar a otros no tiene nada que ver con nuestra calidad de vida; sin embargo cuando lo haces, te sientes más ligero, con energía y con un amor infinito hacia el mundo: Que alguien me diga que eso no es lo más cercano a una salud y estabilidad perfectas.
Una amiga me pidió consejo acerca de la mala relación que tenía con su padre. Desde que era una niña, recuerda lo problemático que era todo en la casa y cuán abusivo era su progenitor, física y verbalmente.
Le pedí que me dijera un poco acerca de sus relaciones con los hombres y resulta ser que eran un dilema. Ella era un imán para fracasados. To- dos los hombres en su vida eran abusivos y las relaciones se hacían más cortas cada vez, y ella no se explicaba por qué.
Entonces le dije: “Perdona y olvida lo que pasó entre tu padre y tú desde el fondo de tu corazón y deja ir cualquier resentimiento” Por un momento parecía que la había ofendido:
De un momento a otro me convertí en el vi- llano de la novela:
“No digas nada de lo que luego puedas arre- pentirte; medita, reza y déjame saber de tu decisión. La experiencia fue dolorosa, pero mientras sigas re- viviéndola, estarás reavivando el dolor y dañándote y te convertirás en una esclava de tu dolor.”
Le di el mejor consejo que podía en ese mo- mento con la información que tenía. Sentí su pena y oré por mi amiga.
Dios trabaja en formas extrañas, pero trabaja. Dos días después de la conversación ella me llamó:
“No te garantizo nada, pero voy a tratar de resolver mis diferencias con mi padre”
Ésa era una buena señal. Era importante que ella pudiera salir de lo que tanto la apenaba y la hacía miserable.
“Hay cosas en la vida que no puedes hacer a medias,” le dije a mi amiga. “Si una mujer está em- barazada, lo está totalmente no esta medio embraza- da o un poquito embarazada”.
“Si perdonas debes cerciorarte de que lo haces sin reserva. No digas que lo perdonaste pero que no has olvidado lo que te hicieron. Ése sería el equivalente a decir que estás un poco embarazada. Si esa persona contra la que tienes mala voluntad falleciera hoy, ¿Estás segura de que te sentirías igual? ¿Valdría la pena sufrir tanto dolor a cambio de nada?”
“Perdona y olvida por lo menos a un nivel donde puedas mantener una relación de respeto nuevamente sin convertirte en juez de nadie.”
Mi amiga decidió perdonar a su padre. Abrió las puertas de su corazón y dejó que entrara aire fresco. Su vida se convirtió en una aventura mágica. Ha tenido una relación de más de dos años con su actual novio. Ha dado un ejemplo para su familia en cuanto a entereza, tiene una nueva profesión y una nueva casa. Puedo decirte que todas esas bendiciones comenzaron en el momento mismo que mi amiga tuvo el gran gesto de perdonar y de crecer como ser humano.
A veces eres duro con otras personas y con- tigo mismo sin darte cuenta de la llama divina que todo ser lleva en sí, incluyéndote a ti.
Cuando llegas a la mayoría de edad estás a cargo de tu vida. Es tu opción aceptar en tu co- razón a un Dios revanchista o a un Dios de amor y misericordia, que va a hacer tu vivir más inte- resante.
Hay hombres que motivan en otros los dese- os de vivir con la miseria como compañera de viaje, mientras que ellos viajan a todo lujo. Te dicen: “Es malo ser rico.”
Claro es malo para ti, porque a ellos les fas- cinan la superabundancia y los lujos.
La razón porque estas personas desean que tú sigas siendo pobre es porque de esa forma mantienen el control sobre ti y de tu familia. Una vez que te conviertas en una persona próspera serás muy difícil o casi imposible de manipular. Para los ricos la libertad de ellos y sus familiares se convierte en una meta y en la razón de ser.
Los ricos se codean con las personas que toman las decisiones importantes en el mundo y las ayudan a llegar donde quieren, por eso se vuelven imprescindibles.
En su libro “Prosperidad” Charles Fillmore escribió: “Es un pecado ser pobre,” y créeme que prefiero vivir bajo esa enseñanza que bajo otra que diga que mi Dios tiene que ser un viejo amargado sin sentido del humor.
Yo creo que Dios ama a la gente de buen co- razón. No lo sé, pero lo siento de esa manera. Si mis opiniones te causan un problema espiritual, consulta a un ministro religioso. Yo no soy mi- nistro y es probable que hayan discrepancias en- tre lo que yo pienso y alguna que otra doctrina o enseñanza teológica.
Hoy eres resultado de lo que hiciste ayer. Pero eso no indica que mañana tengas que estar en el mismo lugar donde estás ahora. Si cambias tu forma de pensar, ser y actuar es muy probable que en el futuro estés donde soñaste llegar.
Puedes crear tu destino en la forma que quieras, eres y serás producto de tus deseos y rea- lidades. Sólo tú puedes corregir el curso de tu vi- da. Al presente se le llama “presente” porque es un regalo de Dios y es lo único que podemos cambiar para un futuro mejor.
Catherine Ponders en su libro “Las Leyes
Dinámicas de la Prosperidad” le aconseja a
aquellos que lo deseen hacer, que mediten y per- donen diariamente y que declaren: “El amor de
Dios que todo lo perdona, me libera aquí y aho- ra. El Amor Divino me provee y todo está bien entre todos. Te contemplo con los ojos del amor y la gloria en todo tu éxito, prosperidad y el más completo bien.”
Es una oración excelente para perdonar y limpiar nuestra alma de resentimiento y abrirla a nuevas bendiciones. Aquellas personas que prac- tican el desapego a los problemas pueden traer un nivel espiritual más alto a su corazón. En una vi- sita a la congregación cristiana Unity escuché es- ta oración de prosperidad que la he cambiado un poco para este libro:
“El amor divino a través de mí, bendice y
multiplica todo lo bueno que tengo, todo lo bue- no que doy, todo lo bueno que recibo y todo lo bueno que soy. Amen”.
Cada vez que donas algo a una iglesia o ins- titución de caridad reza esta oración sirve además en la búsqueda del sustento diario. Trabaja y además te ayuda a limpiar las energías negativas del cuerpo.
Creo en la importancia de perdonar como una forma de mejorar el medio ambiente. Necesi- tas mucho amor para perdonarte y perdonar a otros. Es bueno que des aquello que quieres que regrese a tu vida. Si quieres amor, da tanto amor como puedas. Muestra tu amor y consideración por otros en todos los actos de la vida: Cede el paso, ábrele una puerta a una persona. Regala una rosa, elogia a la señora que limpia en tu ofi- cina.
Escucha con detenimiento la historia del anciano aún si la ha contado más de mil veces.
“Honrar, Honra,” dijo el poeta cubano
José Martí.
Conocí a una señora que hacía buenos actos en forma selectiva, pero lo único que deseaba era sentirse bien acerca de sí misma. Su caridad le servía para alimentar una actitud de victima que había adquirido a lo largo de años de soledad. Trataba de hacer lo mejor, pero no había amor en sus actos. Se sentía sola y abandonada.
La dama saboteaba a aquellos que querían ayudarla. Por muchos años se quejaba de que da- ba mucho a cambio de nada. Su vida era una ver- dadera pesadilla
Alguien le aconsejó que perdonara a las per- sonas que le habían hecho daño en su vida. Que bendijera cada regalo que hiciera y a la persona que lo recibía, porque un obsequio bendice a am- bos al que lo da y al que lo recibe.
Al principio fue duro, pero una vez que comenzó a hacer buenos actos desde lo más pro- fundo de su corazón, las cosas mejoraron. Los mi- lagros comenzaron a pasar en su vida con frecuen- cia, las malas relaciones se volvieron buenas; Su vida cambió totalmente. El universo siempre reac- ciona a favor de aquellos que tienen un propósito en la vida y muestran su amor por otros.
Capítulo Cinco
Ley del Dharma
o Propósito en la Vida
“Todo el Mundo tiene un propósito en la vida…un regalo único un talento especial que dar a otros”. Dr. Deepak Chopra.
Un secreto importante es que “Si conoces bien las leyes universales las puedes flexionar hasta un punto”. Es entonces cuando te vuelves creador con el Creador. El mundo se convierte en un mejor lugar cada vez que un ser humano con- vierte sus sueños en realidad.
La ley de Propósito en la vida (también co- nocida como Ley del Dharma) dice que cada ser humano tiene una razón de estar vivo y es muy importante saber porque estás en este plano.
La razón de ser del médico es salvar vidas; la del ministro religioso es acercar las almas a Dios y así sucesivamente. Una vez que conoz- camos la razón por la que estamos aquí podemos seguir esa inspiración que es como una llama o como un baile. El resultado es sorprendente una vez que vamos detrás de nuestra razón de ser.
No dejes que los asesinos de sueños te atrapen.
Tus sueños son tu tesoro más valioso, cuando ellos fallecen también tú has muerto.
En el camino cotidiano te vas a encontrar seres que te animan a seguir y otros a quienes ni les importa tú ni tus planes.
Estas personas son los “Asesinos de Sue- ños”; no le interesa nada ni nadie solo quieren es- tropearles la fiesta a los demás. Esa es la gente a evitar en nuestras vidas a toda costa porque son dañinos para la salud; tóxicos.
Sean tus metas grandes o pequeñas, recuer- da que son las tuyas y es bueno evitar a quienes andan buscando sueños para asesinarlos.
Quienes tratan de atrasarte, no son buenos ni malos, tratan de desbaratar los anhelos de otros porque ellos mismos no tienen un futuro y su única misión es destruir la esperanza y metas de otros. El camino está lleno de seres que buscan todos los pretextos posibles para no llegar a nin- guna parte y como si eso fuera poco, hacen lo mismo con los demás.
Hay quienes dedican su vida a soñar, pero cuidado, porque cada sueño es bueno sólo en proporción a la cantidad de energía que dediques a convertirlo en realidad. Si no actúas la falta de acción matará las posibilidades que tienes de ob- tener lo que quieres.
Por cada persona que se rinde hay otros que sabiendo a donde van, actúan y logran lo que quieren sin rendirse, y lo hacen sin importarles el color de su piel, si son demasiado jóvenes, viejos, altos, bajos, gordos, flacos, católicos, protestan- tes, judíos o musulmanes.
No importa lo que eres, sino quien eres y qué deseas. Si decides que tu sueño es lo sufi- cientemente bueno, no dejes que nada se inter- ponga entre tú y tus fines.
Dios es el proveedor de toda nuestra riqueza. No podemos dar a otros lo que nosotros mismos no tenemos.
Si quieres comenzar a controlar lo que te pa- sa diariamente, escribe en un papel tu propósito en la vida. Lo que te hace feliz va a ayudar a otros de igual manera que te va a ayudar a ti.
Pregúntate: ¿Cuál es la razón por la que vi- niste a este mundo? Cuando hayas llegado a una respuesta clara, escríbela en un papel y anota, además ¿Cómo te gustaría que el mundo te re- cordara una vez que ya no estés entre nosotros?
Pon en la misma hoja tus metas para la vida y en un papel aparte detalla las cosas que quisie- ras lograr en los próximos 12 meses.
Oculta tus metas por un par de días. Enton- ces vuelve a analizar lo escrito y cuidadosamente revisa lo planeado. Vas a ver que hay cosas que no son realmente importantes. Dales un vistazo nuevamente y tacha lo que no se ajuste con tus planes reales o lo que no sea verdaderamente im- portante. Traza un plan de acción que te diga como vas a obtener esas cosas que quieres y prio- riza aquellas que son más importantes y que de- seas realizar en los próximos 12 meses. Haz un análisis serio de lo que deseas y de cómo lo vas a obtener y dale una fecha límite.
Dar un límite a lo que quieres te obliga a esforzarte por tus anhelos, cuando quisieras di- vertirte o hacer otra cosa. Enfócate en la meta y actúa tanto como puedas, porque algo terrible pa- sa cuando no actúas: ¡Nada!
Quienes logran lo que quieren están de acuerdo en que todo empieza con un plan pero que ese plan requiere de mucha acción para lle- gar a la realización del mismo.
Si nos toma un siglo para descubrir nuestra razón de ser en este mundo habremos perdido irremediablemente nuestras vidas.
No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Descubre por qué estás aquí y que quieres hacer a partir de ahora.
Aprecia la creación de Dios en todas las criaturas que interactúan contigo y aprecia todo lo que te rodea sin importar cuan sencillo o com- plejo es.
Existe la historia de un anciano sabio que trataba de cruzar un río en medio de un mal tiempo y para ello contrató los servicios de un joven pescador y su bote.
Comenzaron a pasar a través de la corrien- te. El pescador remaba lo más fuerte que podía y mientras tanto el viejo trataba de establecer una conversación.
“¿Sabes leer?” Le preguntó al muchacho. “No” Respondió.
El viejo movió la cabeza contrariado
“Has perdido un cuarto de tu vida.” Le dijo nuevamente el anciano al dueño del bote.
Como el pescador seguía remando con todas sus fuerzas y no parecía con planes de establecer conversación alguna el pasajero volvió a la carga con plática:
“¿Sabes matemática?” preguntó.
“¡No!” Respondió el joven casi mascullando la palabra.
“Has perdido otro cuarto de tu vida.” volvió a decir el anciano meditabundo.
La lluvia arreció y el bote comenzó a hacer agua por todas partes. Ambos se dieron cuenta que la única solución era abandonar el bote na- dando y ponerse a salvo en la otra orilla; fue en- tonces que el remero le preguntó al sabio:
“¿Sabe nadar?”
“¡No!” respondió sorprendido el anciano y el pánico se le reflejaba en las pupilas dilatadas y en el semblante descompuesto.
“Entonces, usted señor, ha perdido toda su vida”. Sentenció el pescador al tiempo que se lanzaba al agua para salvar la vida nadando hasta la otra orilla.
Hay más sabiduría en las personas ignoran- tes de lo que creemos. Nos toca aprender de to- dos un poco. A veces conviertes en un gran asun- to, algo pequeño (una tormenta en un vaso de agua) y te olvidas de aprender a nadar en el río