5. Relato La elaboración toma cuerpo
5.2 Performamos otros caminos para la sanación
Si nuestros cuerpos se han constituido en territorio de dominación, en testimonio de huellas de violencia y en objeto estigmatizado y sometido; es preciso rebelarnos para disponernos a la labor sensata de sanar, es preciso denunciar opresiones para insubordinarnos, es preciso entonar actos de liberación para esculpir historias de poder a partir de sí. Para ello, podemos poner en marcha estrategias de resistencia para elaborar las violencias y emerjan nuestras subjetividades en libertad.
Si sobre los cuerpos se asientan las sujeciones y sometimientos, para sanar es fundamental que las mujeres y la sociedad tengamos conciencia y hagamos visibles las huellas de la violencia y reconozcamos que no son hechos aislados, sino la expresión de control de todo un sistema. Los dolores, los miedos, las heridas sin nombre requieren ser identificados en espacios asociativos para el re-conocimiento y la re-conciliación con nuestros cuerpos, con la vida misma; a esos espacios se llega por caminos amplios, activos y conscientes nacidos para y por la elaboración de las violencias.
A lo largo de los relatos previos he mencionado reiteradamente la palabra Sanación en conexión con la idea de elaboración de las violencias; ahora quisiera detenerme para referirme a esta conexión. A partir de mi construcción profesional –psicóloga- y desde mi vivencia personal –mujer latinoamericana interesada en saberes terapéuticos alternativos-, la acción de sanar32 es un proceso de reconfiguración del orden privado y de inserción en lo social provocado por la confrontación y el cuestionamiento de los
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Según la Real Academia Española el verbo sanar implica vivir un acto de restitución de la salud que alguien ha perdido; siguiendo los criterios de la Organización Mundial de la Salud, la salud resulta de la integración del bienestar físico, mental y social necesario para disfrutar la vida.
modos socioculturales que condicionan las relaciones asimétricas de poder establecidas. En este proceso se revisan los patrones de percepción del mundo y se reconocen los sentires con respecto a la experiencia vivida con el fin de disponerse a identificar los dolores, a confrontar los miedos y a cicatrizar las heridas mediante la aceptación plena del ser y el distanciamiento de la serie de enjuiciamientos escuchados o sentidos y, sobre todo, de las culpas y culpabilizaciones, porque:.
Sanar33 es un verbo que se conjuga en singular y plural, y se multiplica en la pluralidad de las experiencias necesarias y conscientes dirigidas a re-significar/se, re- descubrir/se y re-conocer/se con el fin de re-encontrarse, porque, como lo mencionó Jung, solo se volverá clara tu visión, cuando puedas mirar con tu propio corazón, porque
quien mira hacia afuera, sueña. Y quien mira hacia adentro, despierta.
Sanar es la acción de recibir la vida con brazos abiertos, dando oportunidad a un nuevo comienzo, a un nacimiento en el sentido de Hannah Arendt, a la risa contagiosa, a los afectos propios, a la expresión plena desde la autenticidad del ser; sin máscaras y sin contenciones porque se tiene la intención de remover los cimientos de la dominación para recuperar el cuerpo propio.
Sanar es la acción consciente de transformación tras develar la presencia del ser encarnado, examinar el cuerpo-territorio con sus dolores, sus miedos y sus heridas, para, finalmente, aliviar, cicatrizar, soltar y dejar atrás aquello que ha pesado tanto.
Sanar es una acción personal y a la vez colectiva, mediante ella podemos reconciliarnos con el cuerpo propio y el cuerpo social, gracias a ella asumimos nuestro poder y tomamos nuestro lugar de poder en el mundo.
La sanación a través de procesos de elaboración de las violencias ha de ser integral con respecto al primero y más inmediato territorio, el cuerpo. En dicho territorio se reúnen el
33 Las construcciones que elaboro para el concepto “sanar”, también las he presentado en otro
texto de mi autoria: “Vivencias de Sanación”. Capítulo parte del libro “De las violencias que encierran… a las acciones que sanan”. Editora Dora Inés Munévar. Universidad Nacional de Colombia. 2011.
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orden social y el orden subjetivo, los relatos históricos y la re-construcción del sentido, la vida y la experiencia misma. Las elaboracionesimplicanun conjunto de vivencias con sentido a partir de situaciones corporales creadas autónomamente, de posibilidades para que nuestras subjetividades como mujeres re-emerjan con todo el potencial político, emocional y relacional de que somos capaces, y de apropiación consciente de un lugar en el mundo común.
Conscientes de los efectos de las violencias esculpidas en nuestros cuerpos por el dominio ejercido para el resguardo del sistema patriarcal, en los procesos de elaboración emprendidos necesitamos ocuparnos del cuerpo vivido con la finalidad de re-ocuparlo como un lugar clave para retomar el control de nuestras propias vidas y definir autónomamente nuestro sentido existencial, abarcando dimensiones y capacidades: afectivas, sexuales, espirituales y cognoscentes. En definitiva, la reconciliación con la vida, la elaboración de las violencias y la sanación, parten de la recuperación y labor corporal.
La recuperación del cuerpo ha de entenderse como la recuperación de un lugar político por excelencia; una labor que pasa por la resignificación con las historias que este mismo cuerpo narra con el propósito de generar conciencia de las opresiones y, por ende, de experimentar acciones subversoras que confronten al sistema de dominación encarnado en los cuerpos oprimidos. Para ello es fundamental identificar, inventariar y nombrar las huellas encarnadas de las violencias, despojarnos de sus efectos nocivos, tomar conciencia de los nexos estructurales de lo vivido; y, a partir de este develamiento, iniciar, continuar o consolidar procesos propios de elaboración.
Es fundamental que vivamos las interacciones entre re-conocimiento, re-creación y re- significación del cuerpo para favorecer la sanación del cuerpo pero también de la vida. Estos procesos de elaboración, así mismo, como ya lo mencione en el relato de elaboración en proceso y en el relato de elaboración de las acciones, son nutridos por los aportes de las artes creativas y de la performance como medios de toma de conciencia, expresión y recuperación del poder. El trabajo con la performance ofrece el contacto con
colectiva. Y, aunque en sí misma la performance expresa una situación efímera, en medio de experienciaslúdicas, provoca efectos muy profundos con una connotación vital que contribuyen a la sanación de los efectos vividos por las violencias.
La acción performativa opera a modo de ritual. El ritual, entendido en términos de conjunto de “actos pensados como una puerta desde donde volver a instaurar los aspectos sacros del ser humano; también una llamada a lo no-conocido” (Josep Carles Laínez, 2004: 146), permite a cada ser humano simbolizar su historia, sus sueños o sus conflictos para dotarlos del poder que materializa la sanación y la hace sentir posible al dotarla de la solemnidad de una ceremonia. Su incorporación en los procesos de elaboración de violencias puede ser reivindicado en la medida que:
“cada gesto es un ritual de sanación, un recorrido que descubre las heridas y las sana lentamente. Es el descubrimiento de lo que ya esta ahí y no podemos ver, nublados por las muchas distracciones que hoy nos impiden reconocer nuestras debilidades y lo que hemos logrado en la vida” (Sandra Miranda Pattin. Ciber-conversación. Diciembre de 2009).
Las experiencias investigativas vividas me hacen pensar en la importancia del ritual para
tomar el espacio, ocupar un territorio, y en ese espacio físico compartir la construcción colectiva para tomar un lugar en el mundo. Ahora mismo considero que si el ritual implica
la presencia en el espacio también convoca a las subjetividades para que las mujeres puedan reconocer, recorrer, sentir, experimentar y fusionar cuerpo-espacio a través de la gestualidad, el movimiento, la acción, el sonido o la palabra. El ritual nos brinda un espacio, para que en los espacios asociativos de elaboración todas juntas conjuguemos la acción y los símbolos con una intencionalidad dirigida a la apropiación consciente, para trascender y dotar de nuevos significados las historias, los recuerdos y los cuerpos.
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Para considerar más de cerca el potencial de la elaboración de violencias podemos recorrer múltiples caminos pero sabiendo que todos ellos convergen en la labor corporal, en la reconciliación con la vida y en la re-significación de los hechos dolorosos. El camino catártico consciente ofrecido por la performance como estrategia política para la denuncia y la confrontación, introduce los debates identitarios y las apuestas críticas para subvertir el orden hegemónico. Es un medio que despierta conciencias y sensibiliza a la sociedad. Por eso mismo, la performance puede actuar como catalizadora de conciencias y puede activar la imbricación espacio/tiempo/cuerpo/sociedad para hacer visibles las violencias y para denunciarlas; igualmente para reestructurar aquellas situaciones de la vida que se velan o silencian por el peso de la naturalización de lo cotidiano.
Con la convicción de que los procesos de elaboración de violencias constituyen una alternativa individual/social/política de sanación y recuperación corporal, propongo que hagamos uso de estrategias propias de la performance teniendo en cuenta que la performance activa la comunicación libre de presión para que las mujeres nos propongamos la acción, provoquemos los cuestionamientos a la represión y discriminación y resignifiquemos el dolor. Mediante la realización de acciones orientadas por la performance, las mujeres podemos, de manera espontánea y voluntaria, develar las situaciones traumáticas y mirar directamente a los ojos del fantasma. En ese caso, el cuerpo podrá contar las historias que tal vez la boca se niega a relatar.