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106 Perlas de conocimiento idhunita

In document AGENDA IDHÚN 2008 INTRODUCCIÓN: (página 106-110)

Las dragonas, como las sheks, sólo pueden poner huevos una vez en la vida, y sus vidas son muy largas, llegando a alcanzar los quinientos años, en el caso de los individuos más longevos. Unas y otras suelen poner un mínimo de diez huevos y un máximo de veinte, pero son raras las nidadas que alcanzan este número. Además, es fácil que alguna de las crías no logre salir del huevo. Entre unas cosas y otras, una prole de entre quince y dieciocho crías supervivientes ya se considera una nidada extraordinaria.

Los dioses que crearon a una y otra especie tuvieron en cuenta las grandes dimensiones de ambas, y lo que sucedería si se reproducían indiscriminadamente, como hacían otras especies. Los dragones son carnívoros y necesitan grandes cantidades de comida para subsistir. Era importante, por tanto, que el número de dragones y sheks no fuera demasiado elevado, o llegaría un momento en que no habría suficiente comida para sustentarlos; y, aunque los humanos y similares no constituyen un manjar para ellos, quién sabe lo que habrían podido hacer de verse acuciados por el hambre.

CITA: "El primero de ellos pasó junto a él y lo miró

extrañado, pero con un destello de sabiduría en sus ojos dorados. Jack, aterrado, quiso retroceder, y la criatura emitió un gruñido que sonó como una especie de risa.

Tras él aparecieron tres más. Parecía que bajaban desde detrás de las nubes, por eso no los había visto hasta entonces. Sus escamas relucían al sol como piedras preciosas bruñidas y destellantes. Sus poderosas alas batían el aire provocando remolinos a su alrededor. De entre sus fauces se escapaba, ocasionalmente, alguna voluta de humo.

Dragones.

Enormes, magníficos, aterradores y hermosos. Bestias míticas que solo existían en las leyendas y en la imaginación de la gente.

Jack se sintió inmediatamente fascinado por ellos. Quiso seguirlos, pero ya estaban muy lejos. Se quedó quieto, mirando cómo

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se alejaban hacia la luz de la mañana.

De pronto le pareció oír un rugido y entendió, de alguna manera, que se trataba de una advertencia. Vio que los dragones se habían detenido un poco más allá. Intuyó que algo no estaba saliendo bien.

Las cuatro extraordinarias criaturas, suspendidas en el aire, contemplaban un espectáculo terrorífico: las tres lunas habían emergido por el horizonte y se movían con una rapidez anormal, alzándose hacia lo alto del firmamento, al encuentro de los tres soles. Jack contempló, fascinado y aterrorizado a la vez, cómo los seis astros se entrelazaban en una conjunción extraordinaria que, intuyó el muchacho, no se daba muy a menudo. Aguardó, conteniendo el aliento, a que formasen la figura que sabía que iban a dibujar en el cielo: un hexágono perfecto.

Y, de pronto, algo terrible sucedió.

La primera señal fue una especie de sonido atronador que sacudió cielo, tierra y mar. La segunda señal fue el tono rojo sangre que comenzó a adquirir el firmamento.

La tercera señal fue el terror de los dragones. Jack los vio dar media vuelta en el aire y huir, desesperados; huir, no importaba dónde, a cualquier parte, a cualquier parte…

El primer dragón cayó a tierra como un proyectil, envuelto súbitamente en llamas. El segundo y el tercero no tardaron en correr la suerte de su compañero. El cuarto dragón se volvió para ver lo que había sucedido y lanzó un grito de dolor, impotencia y muerte.

Batió las alas, tratando de escapar…

…a un lugar, comprendió Jack, un lugar donde el poder destructor de los seis astros no lograse alcanzarlo". (MdI I)

PERSONAJE DEL MES: DOMIVAT, EL VISIONARIO

Existe entre los dragones la figura del Visionario, un dragón con tres ojos capaz de contemplar imágenes del futuro. A pesar de que esas imágenes pueden pertenecer a un futuro posible, y no a un futuro cierto, y suelen ser difícilmente interpretables, los Visionarios gozan

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de un gran respeto entre la comunidad dragonil. Por otra parte, sólo existe un Visionario cada vez; el mismo día en que uno muere, hace eclosión el huevo de una cría de dragón con un tercer ojo. Nadie sabe por qué sucede esto, de la misma forma que no podemos saber si tras la muerte del último Visionario el día de la conjunción astral, habría nacido otro, tal vez una cría que no llegó a ver la luz, quizá de la misma nidada de Yandrak. Nunca lo sabremos.

Pero siempre hubo un Visionario entre los dragones, al menos desde los tiempos de Sabarat, el primero de su clase. La forma en que Sabarat obtuvo su tercer ojo es la materia de una de las leyendas sobre dragones más bellas y evocadoras de Idhún, pero no se sabe qué hay de mito y qué de verdad en esa historia.

Domivat nació con el tercer ojo, el mismo día que fallecía Vakenat, el anterior Visionario. Su madre había puesto once huevos, y de los diez que nacieron sanos -el undécimo no fue capaz de romper el cascarón-, Domivat era el único que tenía el tercer ojo sobre la frente.

A pesar de contar con el respeto del resto de los dragones, Domivat no tuvo una infancia feliz. Las visiones acudían a él día y noche, y era difícil controlarlas. Mientras los demás dragones de su edad aprendían a volar o a escupir llamas, Domivat yacía día y noche en una oscura cueva, con los ojos cerrados, tratando de asimilar y comprender todo lo que veía.

Cuando comprendió que el futuro le mostraba la extinción de los dragones, y que todos los caminos posibles llevaban al mismo fin, Domivat trató de averiguar si los Visionarios anteriores conocían ya el futuro que les aguardaba a los dragones, y si habían hecho algo al respecto. Aprendió la dura verdad: desde los tiempos de Sabarat, todos los Visionarios habían contemplado un futuro en el que los dragones se extinguían. Pero no habían prestado atención, tal vez porque resultaba demasiado aterrador, quizá porque les parecía demasiado improbable, o porque lo creían inevitable, dado que las imágenes de todos los tiempos se mezclaban en sus visiones y no sabían cuándo iba a suceder el desastre.

Cuando ya era viejo y la vida se le escapaba, Domivat decidió legar parte de sí mismo a la posteridad, y acudió a ver a Ydeon, el

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gigante, para que forjara una espada. La templó con su propio fuego y le imprimió parte de su esencia. Y cuando, años más tarde, Domivat murió, una parte de su espíritu quedó atrapado en aquella espada.

Como espada, Domivat se convirtió pronto en un arma legendaria, aunque nadie era capaz de empuñarla. Y cuando, siglos después, los dragones fueron exterminados y sólo sobrevivió uno, refugiado en un humilde cuerpo humano, la espada lo estaba aguardando.

Así, mucho tiempo después de su muerte, Domivat, el Visionario, fue capaz de proteger a Jack, el último dragón, bajo la forma de una espada de fuego; y en una ocasión, en el Oráculo, incluso tuvo la oportunidad de hablar con él cara a cara para transmitirle parte de la sabiduría ancestral de los dragones.

CITA: ―Esta espada lleva mi fuego‖, dijo el dragón. ―Cuando

yo muera, se llevará parte de mi espíritu. Por eso, en cierta manera, esta espada es parte de mí, o podría decirse, incluso, que soy yo‖ (MdI III)

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