H o y en día Peter Haberle es cualquier cosa, menos un desconocido. Y por eso, la Universidad de Granada, por iniciativa de su Facultad de Derecho, organizó un congreso dedicado al "Derecho Constitucional y la Cultura", precisamente en homenaje al profesor Peter Haberle, con motivo de su sexa- gésimo quinto aniversario, celebrado tanto en el ámbito de la comunidad aca- démica germana, como en el hispánico. Y esto merece una explicación.
Como todos sabemos, el mundo germano ha sido pródigo en la producción científica del Derecho, que se da, sobre todo, en lo que el mismo Haberle ha calificado, con mucho acierto, como los "gigantes de Weimar". Ellos son: Kelsen, Schmitt, Heller y Smend, que no obstante el tiempo transcurrido, siguen sien- do importantes y dignos de lectura. De ellos, han tenido una estrecha vincula- ción con el mundo hispánico, Hans Kelsen (pues visitó y dio conferencias en México y en Buenos Aires); Heller, quien murió en Madrid, huyendo de la persecución nazi; Schmitt, que terminó embebido en la tradición hispánica, pasando grandes temporadas en España, en donde casó su única hija A n i m a (y en consecuencia, tiene nietos españoles). Smend, por el contrario, fue un ilus- tre desconocido en nuestras letras (salvo el caso de los eruditos que nunca fal- tan), y sólo ahora empieza a ser traducido, leído y comentado.
Pero después de esta hornada que podríamos llamar clásica, han venido muchos autores, de desigual calibre. E m i n e n t e , en grado sumo, es la producción de Konrad Hesse, del que se conoce muy poco, pero cuyo manual, excelente por lo demás, acaba de ser traducido al portugués y en el Brasil. Y es de esperar que pronto lo sea al castellano.
*•*) Publicado en el Boletín Informativo, Órgano de la Asociación A r g e n t i n a de Derecho Constitucional, n ú m . 172, agosto, Buenos Aires, 2002.
Y después de Hesse, hay muchos más. Acaso más de lo que debiera, pues en Alemania, al igual que en los Estados Unidos, la producción académica es quizá inabarcable. Y en la práctica, inmanejable. Existen algunos autores que gozan de mucho predicamento, como es el caso de Zippelius, cuya Teoría del
Estado ha sido traducida en México y tiene gran cantidad de ediciones. Pero el
libro de Zippelius, siendo ordenado y un buen presentador de la problemática, no pasa de ser un excelente manual, que sistematiza y difunde ideas ajenas. No es el caso de Haberle, a quien gusta, por así decir, el sport de las ideas. No es un glosador ni tampoco un vulgarizador, sino un pensador del Derecho y del Estado a la altura de nuestro tiempo. Y por lo mismo que es un creador, no ha querido ponerse los grilletes del tratado o del manual, sino que por el contrario, dispersa sus ideas libremente, a través del artículo, de la conferen- cia y del ensayo, muchos de ellos compilados luego en forma de libro.
Pero aparte de este factor intelectual, que lo hacen una de las cabezas más lúcidas en nuestra disciplina hoy en día, está el factor humano. Haberle no es un profesor alemán de los que vemos con tanta frecuencia, sino que por el contrario, tiene la verdadera humildad del sabio. Tampoco es una persona distante, sino cordial y afectuosa en el trato, como lo comprueban todos los que lo conocen. Es además un humanista en el sentido clásico, porque en lugar de mirarse a sí mismo y a su entorno, como hacen otros profesores alemanes, ha salido al mundo, al ancho mundo, para ver, conocer y entender otras realidades. Mientras otros juristas miran a nuestros pueblos desde arriba, Haberle los mira desde su misma altura, y no vacila en citar, leer y aprender los problemas de los países que se encuentran fuera del marco geográfico de E u r o p a . H a s t a hace poco, y q u i z á hasta ahora, los franceses eran paradójicamente universales, pero provincianos. Universales, porque jugaban con ideas generales, pero provincianos, porque sólo les interesaba lo que pasaba en París, y en algo más allá, pero siempre dentro de sus fronteras. Por el contrario, Haberle podría repetir como Terencio, que nada de lo humano le es ajeno.
Y todo esto se comprobó cuando en las actividades sociales del evento hecho en su honor, nos brindó un hermoso concierto de piano, en el cual nos deleitó tocando piezas de Bach, Schumann y Schubert. Lo acompañó con el violín, su discípulo y joven jurista, Lothar Michael, quien demostró así sus cualidades de virtuoso.
El Congreso, como queda dicho, se llevó a cabo en la Facultad de Dere- cho de la Universidad de Granada, los días 2 y 3 de marzo del año en curso. El programa fue breve, pero intenso. El primer día hizo uso de la palabra Javier Torres Vela, Presidente del Parlamento de Andalucía, y luego siguió una con- ferencia magistral de Pedro de Vega García, sobre "Tiempo y continuidad en el Derecho Constitucional".
En la tarde, Ángel López López disertó sobre " E l rostro histórico de la garantía institucional", en donde rastreó el origen de este término en los años treinta, mucho antes que lo usase y replantease Schmitt. Más tarde, una mesa redonda presidida por Juan Cano Bueso, contó con la participación de Javier Corcuera Atienza, Gregorio Cámara Villar, Rafael Barranco Vela y Francisco Balaguer Callejón, este ú l t i m o , verdadero artífice y animador del Congreso.
El día 3 se inició con una disertación sobre "Bilingüismo y multilingüismo en Iberoamérica", con especial referencia al caso del Perú, a cargo de D o m i n - go García Belaunde. Y luego una exposición sobre "La concepción dialéctica de las relaciones sociedad civil-Estado" por Nicolás López Calera.
Más tarde, José Joaquim Gomes Canotilho disertó sobre diversos aspectos de la obra de Haberle, al que siguió una mesa redonda, presidida por José Antonio Portero, en la que intervinieron Modesto Saavedra, M i g u e l Pasquau Liaño, Miguel Carbonell y José Antonio M o n t i l l a Martos, eficiente Secretario del Congreso.
El tramo final del Congreso lo ocupó la conferencia que sobre "La Cons- titución dialogada" impartió Javier Jiménez Campo. Las palabras de clausura las tuvo a su cargo Pedro C r u z V i l l a l ó n , presidente del Tribunal Constitucio- nal español.
Como se puede apreciar, este segundo evento en homenaje a Haberle, al que se suman las anteriores visitas que ha hecho a la Universidad Complutense y a la misma Universidad de Granada, reunió a un grupo muy selecto de constitucionalistas españoles, y al cual asistieron algunos representantes de México (Miguel Carbonell), el Perú (el autor de estas líneas y José F. Palomi- no Manchego), así como de Portugal (Gomes Canotilho). De Alemania asis- tieron también dos discípulos y colaboradores de Haberle, Markus Kunzur, así como el ya mencionado Lothar Michael.
Fueron breves días de una actividad intensa y llena de calor humano. Para los profesores peruanos que ahí asistimos, no sólo fue un honor participar en este justo homenaje a un jurista de la talla internacional de Peter Haberle, sino además, volver a reencontrarse en un cálido ambiente con tantos amigos y colegas españoles.
En lo personal, fue para mi un detalle significativo que dedicando mi exposición al tema del bilingüismo en América Latina, y con especial referen- cia al Quechua, que es la segunda lengua peruana, me hayan alojado en un hotel que se llamaba "Cóndor", tradicional ave andina que tiene un nombre quechua: "Kuntur". Y además, ubicado en la hermosa Avenida Constitución.