Capítulo 2. Los elementos del paisaje ritual en San Jerónimo Acazulco: curanderos, ofrendas,
2.2 Los elementos de humanización de los cerros Hueyamalucan y Dongú
2.2.1 Las piedras como elementos sagrados en Hueyamalucan y Dongú
La concepción de las piedras como elementos sagrados proviene de una larga tradición, un mito de origen nahua del cual se desprenden diversas creencias en torno a los gigantes. En éste se hace referencia a seres fantásticos como moradores de la tierra, los cuales tuvieron existencia en el segundo Sol:
“En él (…) se hundió el cielo (…) el sol no cambiaba; (….) y cuando se oscureció, las gentes eran comidas. En este sol vivían gigantes; (….) su salutación era “no se caiga usted”, porque el que se caía, se caía para siempre”.142
Lo anterior hace referencia a que los gigantes al caerse no podían levantarse de nuevo, pasando a ser parte de la tierra o del paisaje (en términos mitológicos) y por consiguiente se podría relacionar con la aparición de las grandes rocas.
Jacques Galinier menciona que los gigantes fueron entes divinos que moraron la tierra entes del diluvio, y propone que los gigantes se transformaron en piedras.
“Son construcciones cuyos hábiles arquitectos fueron los “gigantes”, divinidades de la época antediluviana, sumergidos por el último diluvio. Esas temibles criaturas habían edificado los cerros y emprendido la construcción de santuarios en sus cimas. A causa del diluvio, su obra quedó inconclusa. Ellos mismos se vieron transformados en piedra (…)”143
142
Velázquez, Feliciano Primo (2002), “Los cinco soles. Mito nahua”, Arqueología mexicana, vol. X, núm. 56, México, Editorial Raíces, julio- agosto, pp. 28-29.
143 Galinier, Jacques (1990), La mitad del mundo cuerpo y cosmos en los rituales otomíes, México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, p. 554.
Recuperando parte del mito nahua y tratando de relacionarlo con la propuesta de Galinier, podemos hablar de una correspondencia entre ambas visones. Si bien, en el México antiguo se tuvo la creencia de que la tierra en algún momento fue habitada por seres de gran tamaño, (quienes, con el tiempo, se convirtieron en los ancestros dadores de vida y las piedras que ahora se encuentran en los cerros) también se tiene la idea de que las piedras son parte de los dioses.
Con relación a lo anterior Leonardo López Lujan y Marie-France Fauvet- Berthelot proponen que los mexicas veían en sus efigies gobernantes y sacerdotes, la representación o parte de la esencia de las deidades; a estas reproducciones ellos las denominaron “ixiptla, concepto que corresponde a la idea de ’piel’, ’cobertura’, ’cáscara’ de lo numinoso, es decir, de receptáculo de las influencias, las virtudes y las fuerzas”.144 Esta es la razón por la cual las piedras pasan a ser más que un elemento del paisaje, pues en ellas se emitía una gran carga simbólica.
La naturaleza del ixiptla deriva de la similitud existente entre la imagen y el dios que la ocupaba dándole vida. Los mitos nos cuentan que, en algunos casos, tal similitud se remontaba al primer amanecer; en aquel momento genesiaco, los rayos solares se proyectaron sobre la tierra y, como resultado, muchos dioses se petrificaron. Quedaron atrapados en la materialidad de la roca hasta ser identificados por el hombre, quien los veneraba en su estado natural o se daba a la tarea, con el cincel en mano, de hacer surgir sus formas retirando la costra superflua que los envolvía. 145
144
López Luján, Leonardo y Fauvet- Berthelot, Marie- France (2010), “El arte escultórico de los mexicas y sus vecinos”, en Eduardo Matos Moctezuma y Leonardo López Lujan, Escultura monumental mexica, México, Fondo de Cultura Económica, pp. 71-114.
Con lo anterior podemos concretar la idea de que las piedras también fueron veneradas en su forma natural, ya que no necesariamente debían estar talladas con la imagen de alguna deidad para pasar a ser una entidad sagrada, como se menciona en la cita anterior, sólo bastaba que el hombre los descubriera para venerarlos en su estado natural o en una imagen esculpida.
Sergio Sánchez menciona que para los otomíes, las piedras son concebidas “como los mismos ancestros quienes desaparecieron en el fondo de los cerros y desde allí ejercen su influencia sobre los vivos que habitan en la tierra”.146
Sánchez sostiene que para los actuales otomíes del valle del Mezquital, esta concepción ancestral de las piedras se encuentra relacionada con lo mencionado anteriormente sobre los gigantes, pues se sigue teniendo la concepción de que las piedras son vistas de manera similar al mito de creación citado anteriormente y se asume que “son consideradas como los huesos de los ancestros; además se hace referencia a unos ancestros que no eran hombres comunes, eran hombres grandes y fuertes, es decir gigantes”.147
Las concepciones sagradas que se tenían en el México antiguo, sobre las piedras, posiblemente fueron heredadas en los siglos siguientes, como es el caso de los otomíes del Mezquital y de otros lugares.
Respecto a la comunidad de San Jerónimo Acazulco los habitantes aún tienen la idea de que las piedras son entes sagrados, que requieren veneración y ofrendas para así poder ayudar a las personas. De acuerdo con los relatos de algunos pobladores en determinadas
146
Sánchez Vázquez, Sergio (2004), “Wemas y cangandhos: limpias con piedras en el valle del Mezquital, Hidalgo”, en Johanna Broda y Catharine Good Eshelman (coords.), Historia y vida ceremonial en las comunidades mesoamericanas: los
ritos agrícolas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 289- 303.
piedras cohabitan entes anímicos, que fungen como guardianes del cerro y en otras Jesucristo dejó elementos de su presencia, lo que las convierte en sagradas.
En algunas de las procesiones a los cerros Hueyamalucan y Dongú, se realizan actos rituales como la sanación de personas enfermas, quienes se unen al recorrido con el fin de dejar ofrendas en los distintos puntos sagrados, varios de éstos se identifican con grandes rocas las cuales, de acuerdo con el pensamiento de los curanderos y pobladores, poseen poderes sobrenaturales que influyen en la curación de los enfermos que visitan los lugares.
Estas actividades concretan la idea de que las piedras, si bien no son percibidas en la actualidad por los acazulqueños como sus ancestros, gigantes o los huesos de éstos, sí contienen una carga sagrada e incluso se les dota de animación al ser habitadas por algún guardián. Ejemplo de lo anterior es una gran roca de la que aseguran los pobladores, es la morada de un guardián, a continuación la imagen. Al igual que otros sitios ofrendados en los que existen guardianes, esta piedra cumple con un valor significativo ya que al ofrendarla se cumple con la petición del guardián para no dañar a los acompañantes de la procesión.
Así mismo podemos identificar otras rocas que poseen una carga sagrada más evidente, los peregrinos acostumbran besarlas y tocarlas, argumentan que están marcadas por las huellas de los pies de Jesucristo, su codo y su corazón; realizar esta acción puede ayudar a sanar a los enfermos. Para dimensionar un poco la situación se muestran las siguientes fotografías.
Fotografía 34: Ofrenda en piedra de guardián, tomada por Paola Peña Millán, 2013.
Fotografía 35: El beso en la Piedra marcada con un codo por Jesucristo, tomada por Paola Peña Millán, 2013.
Fotografías 36: Piedra marcada por una huella de pie, tomadas por Paola Peña Millán, 2015.
Jacques Galinier en su obra La mitad del mundo… ofrece un claro ejemplo de la importancia que adquieren las piedras elegidas por los curanderos. Éstas, de acuerdo a sus creencias, están cargadas de energías positivas que ayudan a la sanación de los enfermos.
Esta es la razón por la cual los fósiles y los objetos que presenta un aspecto antropomorfo son devotamente conservados y protegidos en el altar doméstico. En medio de estas piedras votivas, aparecen a veces figurillas, pequeñas estatuas, tepalcates encontrados en los campos, algunos de los cuales atestiguan la ocupación prehispánica de la región. Algunos sacerdotes curanderos poseen esos artefactos, cuyas virtudes terapéuticas son reconocidas.148
De igual manera entre la visión de los curanderos de Acazulco existen rocas pequeñas a las cuales ellos les han otorgado poderes curativos. Ejemplos de éstas se pueden identificar el en altar de la curandera Angélica, y en algunas de las actividades procesionales; específicamente con el curandero Javier Peña, quien en ocasiones, durante los recorridos, portaba consigo pequeñas piedras que, según él, son poseedoras de poderes curativos. Ambos ejemplos los podemos apreciar claramente en las siguientes fotos.
148 Galinier, Jacques (1990), La mitad del mundo cuerpo y cosmos en los rituales otomíes, México, Instituto de investigaciones antropológicas, p. 549.
Cierto tipo de piedras son elementos fundamentales para las labores de los curanderos de Acazulco, a través de ellas logran la sanación de sus pacientes y también obtienen contacto con la entidad sagrada que veneran, en éste caso la Santa Cruz del Divino Rostro, pues son parte de la tierra en donde él habita, por lo tanto, toman un carácter de reliquia.
Podemos precisar la carga simbólica que se le ha concedido a las piedras desde el México antiguo. De acuerdo con la cosmovisión actual de los habitantes de San Jerónimo Acazulco identificamos la permanencia de una parte de las creencias ancestrales que se tienen en el culto a las rocas; claro está que se adecuaron a una re-funcionalización de elementos, los cuales son adaptados a las necesidades actuales de los pobladores. Es así que las piedras, al igual que algunos otros elementos de la naturaleza, pasan a formar parte de la historia de la comunidad, pues su cosmovisión sigue considerando el paisaje natural como un ente sagrado al cual deben ofrendar de diversas formas para obtener beneficios
Fotografía 37: Pequeñas piedras utilizadas para sanar por un curandero, tomada por Paola Peña Millán, 2015.
Fotografía 38: Piedras en el altar de una curandera, tomada por Paola Peña Millán, 2015.
tanto individuales como colectivos. Este cúmulo de rituales da cuenta de su historia y sus raíces indígenas al legar actividades ancestrales con sus respectivas adaptaciones.