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Pierce, James y Dewey: La reconstrucción de la filosofía

1. Introducción

1.3. Justificación

2.1.4. Pierce, James y Dewey: La reconstrucción de la filosofía

Figura 4. Representación del pragmatismo. Teniendo en cuenta los elementos que aportan a la presente investigación.

Los primeros contactos con la noción de pragmatismo develan las dificultades de definir este término. Para no entrar en definiciones restrictivas y reduccionistas que no permiten comprender la dimensión de esta filosofía, hay que empezar por decir que para el presente trabajo, es preciso ubicarse en el pragmatismo norteamericano específicamente en los postulados de Charles Sanders Peirce, William James y Jhon Dewey, que, aunque difieren en bastantes aspectos, presentan algunos puntos de encuentro que además serán útiles para comprender de alguna manera los alcances del pragmatismo:

1. El rechazo por la idea de certeza y verdad absoluta 2. Crítica a la separación entre pensamiento y acción 3. Crítica a la racionalización del universo

4. Rechazo de la equiparación entre empirismo y comprobación científica

5. Necesidad de una reestructuración de la filosofía a partir de la experiencia y la acción.

Siguiendo un orden cronológico, Peirce se ha presentado como el primero en utilizar el término «pragmatismo», aunque posteriormente para diferenciarse de la propuesta de James lo bautiza «pragmaticismo». En su artículo denominado Cómo esclarecer nuestras ideas (1878) da a conocer su «máxima pragmática» que ya venía desarrollando en otros trabajos como La fijación de la creencia (1877). Esta máxima reza del siguiente modo:

«Consideremos qué efectos, que pudieran tener concebiblemente repercusiones prácticas, concebimos que tiene el objeto de nuestra concepción. Entonces, nuestra concepción de esos efectos es la totalidad de nuestra concepción del objeto» (69, 1878). Palabras algo confusas debido a la cacofonía, sin embargo, lo que quiere mostrar Peirce en resumidas cuentas es que «Nuestra idea de algo es nuestra idea de sus efectos sensibles» (Peirce, 1878, p.69). Así en el caso de la creencia, que para Pierce es el motor de la acción, ésta es verdadera cuando tiene determinadas consecuencias prácticas convirtiéndose en hábitos que guían la acción.

Las creencias de un grupo o una persona se fijan dependiendo de su practicidad, sin embargo, y este es uno de los puntos clave de la propuesta de Peirce, sea cual sea la creencia deben siempre estar dispuestas a: (…) «primero, haciendo que se basen en la mayor variedad posible de consideraciones diferentes, y segundo, dejando espacio para las modificaciones que no pueden precaverse (…)» (Peirce, 1877, p.35). Y es que es oportuno recordar que justamente el pragmatismo nace de la negación de la certeza absoluta. A diferencia del pensamiento cartesiano donde después de la duda y la introspección, las ideas son para siempre claras y distintas, presentando varias problemáticas como la carencia de un correlato de las ideas en la realidad o el solipsismo.

Las consecuencias del pensamiento de Peirce para la filosofía no se hacen esperar. La tradición había reducido sus disputas verbales a los conceptos de verdad y creencia. Así se hacía referencia al concepto de verdad como si fuera un sustantivo: “la verdad”, algo objetivo y ostentado por algunas facetas de la filosofía. Esto deviene en creencias

dogmáticas y esencialistas que limitan la experiencia humana o más bien no dan cuenta real de ella con sus complejidades. Por esta misma línea, William James realiza su propuesta pragmatista que reza del siguiente modo:

La verdad de una idea no es una propiedad estancada inherente a ella. La verdad acontece a una idea. Llega a ser cierta, se hace cierta por los acontecimientos. Su verdad es, en efecto, un proceso, un suceso, a saber: el proceso de verificarse, su veri- ficación. Su validez es el proceso de su valid-ación. (James, 1954, 158).

En el mismo sentido que Peirce, y dando continuidad a la tesis central del

pragmatismo, para James una idea se verifica y se hace valida según sus consecuencias prácticas y su correlación con la experiencia. Quiere decir con esto, que una idea de la cual hipotéticamente se considera que es verdadera, inicia un camino de verificación el cual está vinculado con una primera experiencia y que en el proceso va conectando y relacionando con otras. En palabras de James:

La verdad descansa, en efecto, en su mayor parte sobre su sistema de crédito. Nuestros pensamientos y creencias «pasan» en tanto que no haya nadie que los ponga a prueba, del mismo modo que pasa un billete de banco en tanto que nadie lo rehúse (…) ustedes aceptan mi verificación de una cosa, yo la de otra de ustedes. Comerciamos uno con las verdades del otro, pero las creencias concretamente verificadas por alguien son los pilares de toda la superestructura. (James, 1857, 162)

La verdad de una creencia se fija en el pensamiento y es perdurable porque corresponde con un acontecimiento, es verificable en la experiencia y genera una

proyección hacia nuevas experiencias. Aunque Dewey no hace una teorización extensa del concepto de verdad como Peirce y James al igual que sus colegas pragmatistas, Dewey ubica la verdad en el terreno de lo práctico y lo social. «Las verdades designan creencias que han sido aceptadas a causa de un cierto proceso crítico de examen» (Mougan, 2005 p.87). Es un proceso de investigación, en donde la sociedad, o determinada comunidad, va corroborando la verdad, que en tal caso funciona como hipótesis. Esto método pragmatista es similar a la navaja de Ockham. El examen crítico de una comunidad hace que sólo pasen aquellas verdades que no acarreen dogmatismos y esencialismos. Líneas arriba ya se podía adelantar esta conclusión con los dos principios que plantea Peirce, acerca de la

corroboración de las creencias, y esto tiene que ver en concreto con los siguientes elementos:

1. La verdad es una hipótesis dispuesta a la corroboración

2. Las creencias verdaderas deben partir de diversas experiencias esto garantiza que pasen más fácilmente la verificación y validación.

3. La verdad es parte de un proyecto de investigación que partirá de la duda, como lo afirman Peirce y Dewey, para instaurarse por la continuidad con la experiencia.

Es en este contexto en dónde los pragmatistas encuentran varios motivos para cambiar el interés de la filosofía. Y es que como acertadamente lo diría Dewey: «Los problemas y materia de la filosofía surgen de las presiones y reacciones que se originan en la vida de la comunidad misma » (1970, p.33). O en las extensas palabras de James:

El pragmatismo representa una actitud perfectamente familiar en filosofía, la actitud empírica, pero la presenta a mi modo de ver de un modo más radical y en una forma menos objetable. El pragmatismo vuelve su espalda de una vez para siempre a una gran cantidad de hábitos muy estimados por los filósofos profesionales. Se aleja de

abstracciones e insuficiencias, de soluciones verbales, de malas razones a priori, de principios inmutables, de sistemas cerrados y pretendidos “absolutos” y “orígenes”. Se vuelve hacia los hechos, hacia lo concreto y lo adecuado, hacia la acción y el poder. (1973, p. 56)

Las verdades eternas desarraigadas de las contradicciones y devenires de la vida real, pasan a un segundo plano. Y a diferencia del empirismo tradicional, no sólo se ocupa de los hechos y los datos puros de la experiencia sino además, y he ahí su importancia social y política, de las consecuencias de las acciones y su poder.

La pregunta por el concepto de verdad tan esencial en la filosofía tradicional, es para el pragmatismo un sin sentido, que en resumidas cuentas podría cambiarse por « ¿cuál es, en términos de experiencia, el valor efectivo de la verdad? » (James, 1973, p. 157). Las

esencias se desvanecen, en la multiplicidad de experiencias. Esto no quiere decir que el pragmatismo sea interpretado como un relativismo ingenuo en el que todo discurso es válido, es más bien, un llamado a la crítica estableciendo que la verdad tiene diferentes maneras de hacerse y que por tal razón, debe ser sometida a un proceso de investigación para abandonar los prejuicios y los dogmas tan peligrosos en sociedades que van en busca de una ciudadanía democrática. En este sentido, el pragmatismo inevitablemente opera en el campo de la ética, haciendo un llamado al diálogo y la búsqueda de acuerdos entre comunidades.