Pues sí: pirámides en las Canarias. Hace unos años, los cuatro entusiastas miembros del grupo local autodenominado Confederación Internacional Atlántida se hallaban recorriendo la isla de Tenerife en busca de presuntos asentamientos templarios, cuando toparon, a las afueras del pueblo de Güimar, con unas extrañas estructuras piramidales truncadas o escalonadas,
construidas con mampuestos sueltos de origen volcánico, que recordaban vagamente a las pirámides escalonadas americanas y egipcias.
¡Pirámides en las Canarias! ¿Eran el eslabón perdido que permitiría a los atlantistas vincular las pirámides egipcias y mesoamericanas con la desaparecida Atlántida? Los habitantes del pueblo de Güimar no mostraron entusiasmo alguno por las supuestas pirámides: son majanos, decían. ¿Majanos? Sí, hombre, las piedras que se sacan del campo cuando se despiedra para cultivarlo. Y el alcalde no se mostró nada propicio a colaborar en la investigación: «Incluso nos acusa de
querer hacer del municipio un cachondeo». El escéptico edil insistía en que las pretendidas pirámides no eran sino majanos pero esta explicación, aunque emanada de la máxima autoridad local, no convenció a los entusiasmados descubridores: a nadie se le ocurre disponer tan cuidadosamente miles de piedras en forma escalonada, con desagües y todo. Convencidos de haber realizado un importante descubrimiento se dieron a la labor de estudiar científicamente las insólitas estructuras: en un área de cien metros de largo por cuarenta de ancho se inscriben tres pirámides escalonadas, dos de ellas alineadas frente al mar, dejando un
espacio rectangular intermedio, y una tercera situada sobre una colina. Todas están dotadas de toscas y desgastadas escaleras de acceso a la terraza superior. Hay además otra pirámide en Icod, en el interior de la isla, en un lugar denominado La Mancha y otra más en el Paso, isla de Palma.
Los entusiasmados miembros de la Confederación Internacional Atlántida prepararon un detallado informe que incluía planos, fotografías y dibujos, y lo enviaron a Thor Heyerdahl. Los lectores recordarán a este arqueólogo y aventurero noruego que en 1947 cruzó el Pacífico en la balsa Kon-Tiki, para demostrar que la Polinesia había sido
poblada por amerindios, y en 1970 cruzó el Atlántico en una embarcación de papiro, la Ra II, para demostrar que los egipcios pudieron llegar a América. Pues bien, Thor Heyerdahl estaba a la sazón empeñado en la ardua tarea de probar la existencia histórica de la Atlántida y que las culturas más antiguas de México y Perú tienen un origen atlante. El informe de los devotos atlantistas canarios lo sorprendió en Perú, en el remoto valle de Lambayeque, excavando un grupo de veintiséis pirámides de adobe, algunas de hasta cuarenta metros de altura, en cuyo interior se encuentran cuerpos momificados encerrados en sacos de
algodón. El noruego se interesó de tal modo por las pirámides de Güimar que no dudó en abandonar sus pesquisas peruanas para trasladarse a Tenerife y reconocer in situ aquellas misteriosas estructuras. Su posible escepticismo se disipó en cuanto recorrió Güimar. Las pirámides lo entusiasmaron tanto que al poco tiempo regresó con algunos colaboradores y alquiló una casa en el pueblo para estudiar detalladamente aquellas piedras. El investigador noruego sondeó el subsuelo con georradares ultrasónicos que le revelaron, según declaró, que «allí hay algo más que lava y tierra». La imaginación de los lugareños se ha
desbocado. Se habla de cámaras secretas y túneles uno de los cuales conduce al cercano Barranco de Badajoz, a cuya entrada existe otra pirámide escalonada, en el lugar llamado Fuga de los Cuatro Reales, donde se asegura que aparecen misteriosas luces blancas. Heyerdahl señala que el patio ceremonial existente entre las dos pirámides de Güimar que miran al mar se observa también en el conjunto arqueológico peruano de Chavín, fechado hacia el año 1000 de nuestra era.
Para Heyerdahl «los guanches pertenecieron posiblemente a la misma raza de gentes blancas y barbudas que
aparecen en las leyendas de México y Perú, de Quetzacóatl y Viracocha. De ser así puede asegurarse que hubo en América una presencia transatlántica anterior a Colón. Y no se trata de los vikingos —asegura—, porque no tienen nada que ver con las culturas americanas. Los vikingos no son los únicos blancos en el mundo. La población original preárabe de la costa norteafricana erarlos bereberes, en buena parte muy blancos, rubios y con barba. Estoy convencido de que los guanches son descendientes directos de los bereberes».
Heyerdahl señala el origen común de los ritos sepulcrales guanches y
egipcios así como de las técnicas de trepanación de cráneos que se observan en América y Egipto. «Todo ello pone de manifiesto la existencia de un pueblo con nivel bastante alto de cultura, que ha estado antes en alta mar. Y, por supuesto, también ha estado en las Canarias».
La bibliografía sobre las pirámides de Güimar crece de día en día no sólo a nivel nacional, sino internacional. Algunos autores conceden al conjunto una antigüedad de 12 000 años y lo atribuyen a supervivientes de la Atlántida «que habrían arribado a las islas llevando consigo sus conocimientos sobre temas solares, astrales, mágicos y telúricos». Más
recientemente dos investigadores del Instituto Astrofísico de Canarias, J. A. Belmonte y A. Aparicio, han sugerido que estas construcciones fueron «utilizadas como estación astronómica para la predicción de fechas clave del ciclo agrícola y, en consecuencia, para establecer un calendario» dado que «el eje principal del complejo en el que las pirámides se hallan insertas, así como la mayor de ellas, se encuentran orientados, con extrema precisión, a la puesta del sol en el solsticio de verano; además, un segundo eje apunta hacia la salida del sol, seis meses más tarde, en el solsticio de invierno». Por lo tanto las pirámides se construyeron «con una
maravillosa y perfecta orientación astronómica, tan bien definida que resulta difícil creer que sea debida a la mera casualidad».
José León Cano, otro estudioso de las pirámides tinerfeñas, apunta sus «relaciones directas con la situación en el firmamento de la Luna, Venus y la Osa Mayor».