Capítulo VIII. El lugar histórico del imperialismo. El capitalismo monopolista de
2. El plan de Lenin para la construcción del socialismo y su cumplimiento
La industrialización socialista del país.
La víspera de la Revolución de Octubre, Lenin planteó la tarea de conquistar primero el poder político y, luego, apoyándose en él, avanzar y adelantar en el aspecto económico a los países capitalistas avanzados.
A fin de construir el socialismo en la URSS era preciso erradicar, en primer término, el atraso técnico-económico del país. La solución de este problema exigía que se crease una poderosa industria socialista. Lenin subrayaba que la única base material del socialismo sólo podía ser la gran industria mecanizada, capaz de reorganizar también la agricultura.
El progreso de las fuerzas productivas supone la ampliación del aparato productivo de todas las ramas de la economía nacional y su perfeccionamiento
sobre la base de la técnica de vanguardia. La técnica de vanguardia -las máquinas, los mecanismos, los útiles, los aparatos y los equipos- la produce la construcción de maquinaria. Por eso se considera con razón que la construcción de maquinaria es la médula de la industrialización.
La producción de máquinas y equipos requiere metal, combustible, fluido eléctrico, productos químicos y materiales de construcción. De ahí la importancia de tales ramas como la metalurgia, la extracción de combustible (carbón, petróleo y gas), la industria química, la electro-energética y la producción de materiales de construcción (cemento, hormigón armado, etc.). Todas estas ramas, unidas a la construcción de maquinaria, constituyen la industria pesada. El crecimiento de la industria pesada sirve de base para el éxito del fomento de la producción agropecuaria, para el incesante aumento de la producción de bienes de uso y consumo y para el mejoramiento continuo del nivel de vida de la población.
La industrialización es necesaria para asegurar la independencia económica y reforzar el poder de defensa del país.
El rumbo hacia la industrialización del país es la base de la línea general del Partido Comunista, enderezada hacia la construcción de la sociedad socialista en la URSS.
Toda la situación interior y exterior imponía la necesidad de imprimir un rápido ritmo a la industrialización socialista de la URSS. Mientras en el país predominaba la pequeña hacienda campesina, seguía siendo en ella más firme la base para el progreso del capitalismo que para el del comunismo. El problema se planteaba de la siguiente manera: el paso de la economía del país, incluida la agricultura, a una base técnica superior, a la base de la gran producción maquinizada o el retorno al capitalismo. El rápido ritmo de industrialización, además de ser una condición para la victoria del socialismo en la URSS, era igualmente una condición para el mantenimiento de la independencia del país.
La industrialización del gigantesco país en breve plazo histórico era una obra muy difícil. Reclamaba inmensos esfuerzos y grandes sacrificios. La tarea sólo podía cumplirse con éxito porque la revolución socialista había suprimido las barreras levantadas por las relaciones de producción capitalistas en el camino del progreso de las fuerzas productivas y había ofrecido campo libre para el rápido crecimiento de estas fuerzas. El derrocamiento del capitalismo desencadenó inagotables veneros de iniciativa popular. El Partido Comunista, pertrechado con el plan leninista de construcción del socialismo, condujo al pueblo soviético al asalto decisivo del atraso secular técnico-económico del país. Las ventajas históricas del régimen socialista, más perfecto que el capitalismo, aseguraron la posibilidad
de lograr tan intenso ritmo de fomento de la industria y de toda la economía, como jamás había visto la historia del capitalismo.
Merced a ese ritmo, la Unión Soviética obtuvo la posibilidad de recorrer en corto plazo histórico una distancia que les había costado varias veces más tiempo a los países capitalistas. En cuanto a las proporciones de la producción industrial, la URSS recorrió en 12-13 años un camino que al mundo capitalista, considerado en conjunto, le había llevado 80 años, es decir, un período de tiempo seis veces más largo, y a los países más desarrollados del capitalismo -EE.UU. y Alemania-, como mínimo 50 años, es decir, cuatro veces más largo.
Ya con el cumplimiento de los primeros tres planes quinquenales (1929-1941), la Unión Soviética construyó una industria moderna y se convirtió en gran potencia industrial. Por el volumen de la producción industrial, la URSS ocupó firmemente el primer lugar en Europa y el segundo en el mundo (después de los EE.UU.). Se aseguró así la completa independencia económica respecto de los países capitalistas. Creció inconmensurablemente la capacidad de defensa de la Unión Soviética. La industrialización de la URSS es una magna hazaña de la clase obrera, de todo el pueblo, el cual no escatimó fuerzas ni medios y aceptó conscientemente las privaciones con tal de sacar su país del atraso.
La reorganización socialista de la economía agropecuaria.
Luego de conquistado el poder, ante la clase obrera se planteó la tarea de resolver el multisecular problema campesino.
El campesino no es homogéneo. En un polo se encuentran los campesinos pobres, aliados naturales de la clase obrera, en el otro, la burguesía, los kulaks. Y la masa fundamental consta de campesinos medios. Después de lograr la victoria sobre la burguesía, la clase obrera debe aplicar respecto del campesinado medio una política de división y deslindamiento de los dos aspectos en el campesino, separando al trabajador del propietario. Lenin señalaba que en esta delimitación residía la esencia del socialismo. La tarea de la clase obrera, respecto de las masas trabajadoras del campesinado, consiste en incorporados a la construcción del socialismo mediante su tránsito de los rieles de la pequeña hacienda individual a los de la gran producción colectiva, socialista.
El programa de la reorganización socialista de la economía agropecuaria mediante la organización de las haciendas campesinas en cooperativas fue elaborado por Lenin. Las condiciones fundamentales para la puesta en práctica del plan cooperativo de Lenin son la dirección ejercida por la clase obrera y el fomento de la gran industria socialista, capaz de reequipar técnicamente la economía agropecuaria.
Con la instauración del poder de la clase obrera se inculcan paulatinamente a los campesinos hábitos colectivistas, primero mediante el desarrollo de las formas más sencillas de cooperativas de suministro y de venta. Una vez preparadas las condiciones indispensables, se efectúa el paso de la fraccionada economía en pequeñas haciendas individuales a las grandes agrupaciones socialistas de producción, a los koljóses.
Lenin enseñaba que se debía pasar el campesinado a los rieles de la hacienda colectiva de modo voluntario, por vía de la persuasión, mostrando las ventajas que supone la gran hacienda colectiva, en comparación con la pequeña individual. La labor dirigente y organizadora del Partido Comunista y del Estado socialista, observándose rigurosamente el principio de la agrupación voluntaria de los campesinos en los koljóses, asegura la feliz solución del problema de la reorganización socialista de la economía agropecuaria.
En la Unión Soviética, ya los primeros éxitos de la industrialización socialista brindaron la posibilidad de tránsito a la gran producción en la economía agropecuaria. El agro soviético comenzó a recibir nuevas máquinas: tractores y compleja maquinaria agrícola. Se organizó una red de sovjóses (haciendas del Estado) y estaciones de máquinas y tractores. Los sovjóses ofrecían pruebas convincentes de las ventajas de la gran producción mecanizada en la agricultura. Las estaciones de máquinas y tractores fueron en manos del Estado importante medio de colectivización de las haciendas campesinas y de ayuda a los koljóses.
La colectivización de la economía agropecuaria liberó para siempre el agro soviético del yugo de los kulaks, de la diferenciación de clase, de la ruina y de la miseria. En los koljóses desapareció la división en campesinos pobres y medios. El agro dejó de arrojar a la ciudad a miles y miles de personas desposeídas en busca de trabajo. Así se suprimió un medio importante que nutría el desempleo en el pasado. Hacia 1931 se acabó para siempre con el desempleo en la URSS.
Como resultado de la victoria del socialismo en el campo, se pone fin a la secular oposición entre la ciudad y el campo y se crean las premisas para la continua aproximación entre la industria y la economía agropecuaria.
La reorganización socialista de la dispersa pequeña hacienda campesina es una de las más difíciles tareas de la revolución socialista, después que la clase obrera ha conquistado el poder. La solución de este problema es de inmensa significación para todos los países que construyen el socialismo. La puesta en práctica del plan cooperativo de Lenin lleva a la auténtica solución del eterno problema campesino.
La revolución cultural.
La reorganización socialista de la sociedad presupone además de la creación de una gran industria maquinizada y una gran producción socialista en la economía agropecuaria, una profunda revolución en el dominio de la cultura.
La construcción del socialismo requiere que se eleve el nivel cultural de las grandes masas de la población. La gran producción socialista, en la que se emplean los adelantos de la ciencia y la técnica de vanguardia, necesita cuadros de obreros, ingenieros y peritos calificados. El rápido progreso de la industria y la producción agropecuaria, el progreso técnico en todas las ramas son inconcebibles sin un alto nivel de la ciencia.
Estas premisas indispensables para el florecimiento de la economía socialista son creadas por la revolución cultural. La colosal significación económica de la revolución cultural consiste en que transforma a los hombres, la principal fuerza productiva de la sociedad. La revolución cultural, la elevación del nivel de instrucción general y el cultural y técnico de las masas populares crea las condiciones más propicias para incorporar a los trabajadores a la participación activa en la dirección de la vida social.
La reorganización socialista de la sociedad lleva a la dominación de la única concepción científica del mundo, la ideología de vanguardia: el marxismo-leninismo. La ideología marxista-leninista ofrece campo ilimitado para más y más realizaciones de la ciencia, para descubrir los secretos de la naturaleza, para el dominio de sus inagotables fuerzas. El socialismo crea las condiciones necesarias para el florecimiento de la ciencia y el incremento de su papel en la vida de la sociedad. En el fomento de la nueva cultura, nacional por la forma y socialista por el contenido, participan todos los pueblos de los países socialistas.
El socialismo brinda a las masas trabajadoras la seguridad material, el constante mejoramiento del nivel de vida y la reducción del tiempo de trabajo. Como resultado de la revolución cultural, millones de hombres que antes estaban apartados de las fuentes de la instrucción se convierten en activos creadores de la cultura. Todo ello ofrece inauditas posibilidades para el progreso universal de la vida espiritual de la sociedad, para el florecimiento de la ciencia, la técnica y el arte, para la promoción de los talentos y las dotes populares.
Así, la reorganización socialista de la sociedad acaba con la oposición entre el trabajo manual y el intelectual. El socialismo crea las condiciones indispensables para la continua aproximación entre el trabajo manual y el intelectual.
La victoria del sistema económico socialista. La construcción de la sociedad socialista
desarrollada.
La industrialización socialista del país, la colectivización del agro y la revolución cultural hacen que cambien cardinalmente la economía formada por diversos tipos económicos en el período de transición.
El rápido crecimiento de las fuerzas productivas conduce a la creación de la base material y técnica del socialismo. Al propio tiempo, cambian absolutamente las relaciones de producción. El sector socialista crece y cobra vigor. La pequeña producción mercantil se reorganiza sobre bases socialistas. Los elementos capitalistas son desalojados continuamente, hasta ser liquidados del todo. Estos procesos llevan a la victoria completa del socialismo en toda la economía.
Tras asegurar en el segundo lustro de los años 30 la victoria del socialismo en todas las esferas de la economía nacional, el pueblo soviético construyó con su trabajo, en el período sucesivo, la sociedad socialista desarrollada. Esto permitió emprender en la práctica el cumplimiento de la gran tarea planteada por el PCUS: la construcción de la base material y técnica del comunismo.
Las leyes objetivas comunes y las peculiaridades de la construcción de la economía socialista en los diversos países.
La experiencia de la Unión Soviética y de todos los demás países del socialismo confirma que la construcción de la economía socialista se asienta en leyes objetivas, comunes a todos los países, que reflejan los procesos principales del devenir de las relaciones sociales socialistas. Al propio tiempo, la revolución socialista y la construcción del socialismo en cada país concreto se distinguen por determinadas peculiaridades condicionadas por rasgos naturales, sociales e históricos concretos de cada uno de estos países. El sacar a primer plano estas peculiaridades, lo que, en realidad, significa negar o hacer caso omiso de las leyes objetivas comunes de la construcción del socialismo significa vulnerar los principios cardinales del marxismo-leninismo.
La experiencia histórica del período posterior a la segunda guerra mundial ha confirmado enteramente la unidad de las leyes objetivas fundamentales de la revolución socialista y la existencia de ciertas peculiaridades en la lucha por el socialismo en cada país concreto debidas a las condiciones nacionales e históricas. El faro orientador para todos los pueblos que luchan por la reorganización socialista de la sociedad es la experiencia de la Unión Soviética, que ha sido la primera en la historia en tender la vía maestra del comunismo.
La experiencia de la construcción del socialismo en un nutrido grupo de países desgajados del sistema capitalista, después de la segunda guerra mundial, ha confirmado la trascendencia internacional de la
experiencia principal y fundamental de la Gran Revolución Socialista de Octubre y la construcción del socialismo en la URSS. Sean las que fueren las peculiaridades nacionales de la lucha por el socialismo en unos u otros países, no niegan las leyes objetivas fundamentales de la revolución socialista. El oponer unos u otros "modelos nuevos" de socialismo a estas leyes objetivas fundamentales significa abandonar las vías principales y esenciales de la reorganización socialista de la sociedad confirmadas hoy tanto por la experiencia de la Unión Soviética como por la de otros países socialistas, significa también contradecir los principios del internacionalismo proletario, causando daño tanto a los intereses del socialismo en el país como a los intereses de todo el sistema mundial del socialismo.
Como es sabido, los dirigentes chinos han planteado su propia plataforma, incompatible con el marxismo-leninismo, enfilada a la lucha contra los países socialistas y a la escisión del movimiento comunista y de todo el movimiento antiimperialista. En estas condiciones, como se hace constar con razón en la resolución del XXIV Congreso del PCUS, la única posición acertada es la de la defensa consecuente de los principios del marxismo-leninismo, el máximo fortalecimiento de la unidad del movimiento comunista mundial y la defensa de los intereses del socialismo.
Capítulo X. El sistema económico socialista. 1. La propiedad social sobre los medios de producción. El carácter del trabajo en la sociedad socialista.
La dominación de la propiedad social socialista.
A cada modo de producción corresponde determinada forma de propiedad sobre los medios de producción. En la sociedad socialista domina en forma absoluta la propiedad social sobre los medios de producción.
La propiedad social sobre los medios de producción se afianza al liquidarse la propiedad privada sobre los medios de producción. Surge por dos vías distintas. En primer lugar, el Estado socialista lleva a cabo la expropiación de los expropiadores, prevista ya por los fundadores del comunismo científico. Les quita a los terratenientes la tierra, a los capitalistas las fábricas, los ferrocarriles y los bancos y los transforma en patrimonio de todo el pueblo. En segundo lugar, como resultado de la agrupación voluntaria de las haciendas campesinas surge la propiedad socialista de los koljóses, colectividades de producción en el campo.
A las dos vías de surgimiento de la propiedad social corresponden sus dos formas.
Como muestra la experiencia histórica de la Unión Soviética y de otros países socialistas, la propiedad socialista sobre los medios de producción reviste dos formas. En primer lugar, la forma de propiedad estatal, de todo el pueblo y, en segundo lugar, la propiedad cooperativo-koljosiana. La diferencia entre las dos formas de propiedad socialista es, ante todo, la diferencia del grado de su madurez, del grado de socialización de los medios de producción.
La propiedad del Estado es la propiedad de todo el pueblo personificado por su Estado socialista. La propiedad cooperativo-koljosiana es la propiedad de las colectividades de trabajadores. En las empresas estatales se han socializado todos los medios de producción. Y en los koljóses se han socializado nada más que los medios de producción principales y fundamentales, mientras que una parte de ellos (ganado de renta en cantidades previstas por los Estatutos del koljós y aperos para el cultivo del terreno contiguo a la casa) queda en propiedad personal de los koljosianos.
La propiedad estatal es la forma superior de propiedad socialista y desempeña el papel rector en la construcción del socialismo y del comunismo. Sólo sobre la base de la dominación de la propiedad estatal puede surgir la propiedad cooperativo-koljosiana. Ambas formas de propiedad social, socialista, se desarrollan en la más estrecha interacción.
A las dos formas de propiedad socialista les corresponden dos tipos de empresas socialistas.
Los dos tipos de empresas socialistas.
Son, en primer término, las empresas estatales: las fábricas, las minas, los ferrocarriles, los sovjóses, los establecimientos comerciales, los bancos y las empresas de servicios municipales. Son, en segundo término, las empresas que constituyen la propiedad cooperativo-koljosiana: los koljóses, las cooperativas de caza y pesca y las de consumo; las empresas fundamentales son los koljóses.
Los koljóses son empresas del mismo tipo que las estatales en el sentido de que los unos y las otras son una forma socialista de economía. No obstante, entre las empresas del Estado y los koljóses existe cierta diferencia en lo tocante al orden de administración de las empresas, las condiciones de disposición de la producción acabada, el modo de obtención de los ingresos por los obreros y por los koljosianos.
En las empresas estatales, el dirigente es nombrado por el Estado, es un apoderado del Estado y responde ante éste por el cumplimiento de los planes. En el koljós, el órgano superior de dirección es la asamblea de los koljosianos, la cual elige la junta directiva y al presidente del koljós.
La producción de las empresas estatales pertenece entera y plenamente al Estado. La venden
organizaciones estatales a precios fijados por el Estado. La producción de los koljóses es propiedad de estos últimos. Cumplidos los deberes de venta de una parte de la producción al Estado, el koljós dispone del resto a su albedrío, crea, en consonancia con el acuerdo de la asamblea de los koljosianos, los distintos fondos y vende una parte en el mercado, etc.