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A partir del sujeto clave “pueblos y naciones indígena originario campesinos” y las discusiones que acompañaron su constitución, en el primer capítulo presento el relato que acompaña la llegada de los campesinos e indígenas al Estado. El recorrido presenta una serie de acontecimientos significativos y marcos que concluyen con la convocatoria de la Asamblea Constituyente. El sujeto colectivo que se constituye como núcleo de la Nueva Constitución permite introducir las distintas miradas po- líticas que confluyen en la propuesta del Estado Plurinacional. Junto con el diálogo y tensiones entre los distintos componentes del mas en la constituyente y el Pacto de Unidad, veremos también la mano de la oposición liberal mestiza que sobre el final del proceso interviene en la definición de “pueblo boliviano” que la mayoría en la Asamblea había consensuado.

En los capítulos dos, tres, cuatro y cinco la etnografía focaliza el desarrollo de la Asamblea Constituyente. El capítulo segundo se centra en algunas discu- siones que atravesaron la fase de comisiones: el encuentro y combinación del Estado con instituciones y reivindicaciones indígenas o sociales, la discusión de la tierra y el territorio, de la autonomía y de la plurinacionalidad. En el tercer capítulo se trata la irrupción del tema capitalía que trastoca el curso del pro- ceso amenazando su continuidad. El cuarto capítulo se dedica al complicado proceso de aprobación del texto y, finalmente, el quinto presenta el acuerdo alcanzado, el modo como se lo alcanza y las distintas vertientes que definen el nuevo texto constitucional. En estos capítulos vemos como la discusión sobre qué Estado crear da lugar a un conflicto político regional en que la guerra y el pacto aparecen como extremos posibles de una dinámica política que tarda en presentar un horizonte estable.

Dijimos que los movimientos en contra y a favor del Estado no nos parecen ser exclusivos de ningún ámbito social particular. Pero si en Clastres (2004) la sociedad (sin Estado) aparece como sociedad para la guerra, en la etnografía del

Estado encontramos aparentemente lo contrario. Se trata de una sociedad para el pacto, con mucha gente trabajando para eso, y con el centro político como re- sultado que se busca construir, o en el que los participantes de la política nacional buscaban incidir. La violencia, la voluntad de cambios radicales y los obstáculos a la gobernabilidad hacen, sin embargo, bastante inestable el camino hacia el acuerdo entre proyectos diferentes, que en varios momentos se desploma aparentemente sin solución, pero luego rencontrando nuevos cauces para seguir su curso.

En el análisis del nuevo texto aprobado, luego del acuerdo, vemos el pro- blema de la comunidad y el Estado en la normativa constitucional, con avances y retrocesos en las dos direcciones y configurando una verdadera disputa entre dos fuerzas políticas antagónicas. La resolución constitucional determinó un texto abierto, indefinido y difuso, que parece ser la forma en que se garantiza para lo comunitario y la autonomía un lugar en el nuevo ordenamiento estatal. Esta reso- lución era obligada por las condiciones políticas pero también desarrollada como forma estratégica para proteger lo externo al Estado que no puede ser incluido y definido sin costos que comprometan su naturaleza. Sólo en la ambigüedad y el silencio o contradicción constitucional, es mi hipótesis, se evitaba un avance del Estado contra el pluralismo que una teoría nativa de un posible Estado se empe- ñaba en intentar pensar. Veremos la presencia de cuatro voces en la redacción de la Constitución, como lugares cuyo encuentro determinaron las formas de esa abertura constitucional. Me referiré a esos puntos de vista como miradas liberal, autonomista, indianista y nacionalista-anti-imperialista-popular. Son voces de distinto tipo que no pueden ser puestas en un mismo plano porque se referían a problemas y formas políticas diferentes; a mundos diferentes, pero que en conjunto son las responsables directas de un texto heterogéneo que en parte posterga las tensiones al periodo post-constituyente, iniciado en 2009.

En el último capítulo, el sexto, las posibilidades abiertas por el texto comienzan a ser exploradas en la gestión, con los primeros conflictos del Estado Plurinacional y también el interés de imponer un nuevo marco histórico a partir de simbología indígena que ocupa un lugar importante y da lugar a una considerable cantidad de controversias. En este capítulo, concluimos el tema de la presencia de elementos indígenas y “cultura” en el Estado, abierto en esta introducción, y de las distintas lecturas sobre este tema en el mundo político que es foco de esta etnografía.

Anexo fotográfico de la Introducción

(Fotos Salvador Schavelzon)

Protestas de Oriente, Occidente y por la capitalía en Sucre.

Protestas de Oriente, Occidente y por la capitalía en Sucre.

Directiva de la Asamblea en sesión en el Teatro

Mariscal Sucre.

Entrevista a constituyente Nancy Flores Barco.

Cuadernos de campo de esta investigación.

El pueblo boliviano, de composición plural, desde la pro fun- didad de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado.

Preámbulo de la Nueva Constitución.

En este capítulo, recorreré simultáneamente dos caminos con temporalidades diferentes. Uno será el de la discusión en la Asamblea, entre los constituyentes, sobre la redacción del Artículo que trataba sobre la definición de “pueblo boli- viano”; el otro será el tema de la constitución, en los años anteriores, del sujeto colectivo que redactaba esta Constitución, y que es un sujeto político vinculado con los distintos sentidos en que llega a la Asamblea la idea de Estado Plurina- cional. Se trata de una etnografía sobre la llegada de los campesinos e indígenas al Estado y del modo cómo ese proceso se incorpora en un artículo central para el proyecto de Constitución.

El resultado de las discusiones constituyentes es lo que veo como Teoría Nativa del Estado de indígenas campesinos y sus aliados, que aparece en este capítulo como un diálogo entre genealogía y trayectorias de los sectores que participaban de este proceso y sobre el recorrido en la lucha por fuera del Estado que habían protagonizado. Las ideas que cristalizan en la redacción de este artí- culo nos remiten a 30 años atrás, cuando comienzan a escucharse ideas políticas y a formarse organizaciones sociales que ahora eran protagonistas de la política nacional. Veremos cómo esta teoría del Estado aparece implícita en la definición

del sujeto específico para el Estado boliviano, y se construye juntando dimensiones que para otros debían estar separadas: etnia y clase; ayllu y sindicato; pueblos de tierras bajas, colonizadores y afrobolivianos. Al final del proceso constituyen- te, la definición de pueblo boliviano sería una vez más alterada, esta vez por la oposición que reintroducía las ideas de mestizaje, república y nación, propias de las definiciones de Estado y sujeto estatal que campesinos e indígenas buscaban dejar atrás o reformular en los debates constituyentes que presenciamos, y que volverían modificadas ahora por un nuevo contexto constitucional: el de la forma plurinacional de Estado.

1. Redacción de un artículo entre opresión de clase

y discriminación étnica

1.1. Las reuniones del mas en la casa Argandoña

Las reuniones de la bancada del mas en la Casa Argandoña eran la instancia en

que los constituyentes discutían los artículos redactados por las 21 comisiones de la Asamblea.48 En tres grupos que combinaban departamentos de Oriente y

Occidente, los constituyentes oficialistas leían los avances del proyecto de mayo- ría y realizaban modificaciones. Así se conformó una primera versión del texto constitucional, a partir de los informes del mas y aliados en las distintas comi-

siones. Este espacio se conocía como “comisiones mixtas del mas”, y preparaba

una propuesta de texto constitucional que se debería aprobar en las reuniones plenarias que comenzarían luego de finalizado el trabajo de comisiones. En la reunión, se proyectaban en la pared los artículos redactados en su última versión y eran leídos colectivamente, comentando y realizando modificaciones. El primer borrador de la Constitución, formado en julio de 2007 a partir de los informes, tenía más de 700 artículos que irían a buscar ser aprobados con dos tercios de los votos hasta el 6 agosto, fecha prevista inicialmente para la finalización de la Asamblea. El texto se distribuyó entre los constituyentes del mas encabezado con el texto de “borrador observado” introducido a mano en el original a instancias de Roberto Aguilar, vicepresidente de la Asamblea, para evitar filtraciones a la prensa que pudieran publicarse como “la Constitución del mas”, atendiendo a cierta expectativa sobre el contenido de la misma.

Los dos tercios para la aprobación de artículos eran el requisito incluido en el Reglamento de Debates de la Asamblea después de siete meses de discusión. Y esa meta era difícil, a juzgar por el comportamiento de la oposición en las comisiones, reacia a los acuerdos. Por eso se hablaba de una extensión del plazo, 48 Los constituyentes del mas autorizaron mi presencia en sus reuniones, de las que participaban

pero eso era también difícil porque el Senado estaba controlado por la oposición, y podría impedir una modificación en la Ley de Convocatoria a la Asamblea, necesaria para la ampliación. La oposición del Senado había bloqueado todas las leyes propuestas desde el Gobierno en el primer año y medio de gestión, y por tanto era difícil imaginar un acuerdo congresal. Algunos se preparaban entonces para terminar de forma apresurada la Asamblea, que sin consenso obligaba por Reglamento a que todos los artículos aprobados fueran sometidos a referendo. Ante este escenario los técnicos corrían para compatibilizar una versión final de texto. El trabajo de revisión de esa versión probablemente final del texto en la Casa Argandoña era entonces acompañada de un clima de frustración entre los constituyentes que veían señales de que la oposición prefería la clausura de la Asamblea sin Nueva Constitución.

Respondiendo a la “Agenda de Octubre”, que había expulsado a Sánchez de Lozada cuando este intentó impulsar la exportación de gas a Estados Unidos por puertos de Chile, los constituyentes buscaban garantizar la propiedad de los recursos naturales para el pueblo boliviano. “Movemos un ladrillo y se mueve toda la pared” graficaba un constituyente, porque si se declaraba la propiedad de los recursos naturales para el pueblo boliviano, sería necesario definir quién componía el pueblo, cómo este era compuesto y conceptualizado. No vaya a ser que nuevamente los extranjeros expropiaran las riquezas de suelo boliviano. Y esta sería la discusión en que entrarían los constituyentes del mas, y de la que trataremos en este capítulo.

La definición era importante, además, porque independientemente de los recursos naturales, la idea de pueblo se hacía presente como sujeto principal del

proceso de cambio impulsado por los que se identificaban justamente con el pueblo

boliviano en oposición a los partidos tradicionales y la elite que siempre había gobernado. En los debates, alguien recordaba que “el presidente” había dicho que el poder radicaría en el pueblo y ya no en el Estado. La definición de la categoría pueblo servía entonces para que quedara claro que serían los indígenas y campe- sinos los que pusieran la firma en el texto constitucional que estaban redactando. Pero definir la categoría pueblo implicaría desglosar y explicar constitucionalmente un concepto difuso que en el terreno social se mantenía como suma de identi- dades diversas sin necesidad de ser explicitadas. El problema era análogo al de la institucionalización de formas comunitarias que en el proyecto de Constitución también el mas buscaba realizar.

En la definición consensuada, que se incluía como Artículo tercero en el pro- yecto de Constitución, se incluyeron como individuos a las mujeres y los hombres como “bolivianas y bolivianos”. Se hizo referencia también a la visión clasista de la realidad social, del marxismo y el movimiento obrero boliviano, pero como forma de inclusión también de los sectores medios no identificados étnicamente, como “áreas urbanas de diferentes clases sociales”. El lugar central en la Constitución y en esta definición de pueblo sería reservado para las naciones originarias del

Altiplano, los pueblos indígenas de las tierras bajas, los campesinos de todo el país, los colonizadores (“comunidades interculturales”, según la definición que ellos mismos habían adoptado) y los afrobolivianos, que no se consideraban indígenas ni originarios pero también exigían ser reconocidos. La primera formulación de la definición sobre la cual los constituyentes discutirían era la siguiente:

“El pueblo boliviano es el conjunto de los bolivianos y bolivianas pertenecientes a las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, afrobolivianos y clases sociales, sectores y grupos económicamente y culturalmente diversos”.

Una mujer, constituyente del mas, había sugerido que se hablara de “boli- vianas y bolivianos” antes que de “bolivianos y bolivianas”, y la sugerencia fue aceptada, a pesar de que para algunos la cuestión de género era una discusión del primer mundo, llevada a Bolivia por los agentes el desarrollo y la cooperación extranjera. También se eliminaría la calificación de “culturalmente diversas”, originalmente incluida como modificador de las áreas urbanas. La modificación había sido una sugerencia de la constituyente Rosalía del Villar, de El Alto, que era trabajadora social y decía que ella no se identificaba como “culturalmente di- versa”, expresión que le parecía aludir a “una ensalada”. También tuvo lugar una larga discusión sobre la necesidad de mencionar o no a “clases, sectores y grupos sociales”. Una asesora de pueblos de tierras bajas opinaba que no debía incluirse, porque las clases “clasificarían nuevamente”. Otro constituyente agregó: “nues- tro aliado Cuba no tiene clases, si las nombramos las estaríamos reafirmando”. Roberto Bustamante, que había participado de la lucha armada proponía que se mencionara al proletariado. Y Rosalía intervino nuevamente para defender la mención a las clases. Como encuestadora, decía haber constatado que la gente se identificaba como “clase baja”, “clase media”, o “clase media-baja”, y por eso el rótulo debía incluirse. Otro constituyente proponía reemplazar el término “clase” por el de “poblaciones urbanas”.

Como fruto de las alianzas realizadas por el mas desde su formación, algunos constituyentes que venían de la izquierda buscaban incluir la clase social como forma sociológica de entender la sociedad, pero también como categoría que los identificaba culturalmente, podríamos decir. Ex militantes de partidos de izquierda, antes que obreros, buscaban que junto a la inclusión de los indígenas y campesinos se incluyeran las clases, como si fuera una categoría étnica que los identificaba, especialmente cuando se trataba de representantes de las clases medias urbanas que no se veían incluidos en la categoría central de la definición, y no se veían a sí mismos como quechuas o aymaras o no creían que esa era la única forma de entender la población.

Siguiendo con la discusión, Eulogio Cayo se reconocía como indígena de la cultura de los K’alchas pero defendía la mirada clasista, típica de su proveniencia: era profesor de escuela, donde los sindicatos de izquierda marxista tienen fuerte

influencia. Cayo, representante del departamento de Potosí, consideraba que era más ideológico político hablar de clase, y que así se evitaría que luchas étnicas se antepusieran a las luchas sociales. Sin la idea de clases en la Constitución, para Cayo, “la lucha étnica va a ser entre pobres, cada uno en su territorio autónomo. No vaya a ser que pase lo mismo que en Yugoslavia”. Veía la inclusión de criterios exclusivamente étnicos como una estrategia del neoliberalismo para someter a los indígenas. En este sentido, un asesor defendía la inclusión de clases argumen- tando contra el multiculturalismo que veía ocultando las relaciones de poder. La división de la sociedad en clases serviría para poner de manifiesto las relaciones de desigualdad.

Además de las propuestas de eliminar la mención a la clase, alguien proponía incluir como definición de pueblo al “conjunto de bolivianos de las distintas clases y sectores que se sienten pertenecientes a naciones y pueblos”. De este modo se quería evitar una doble clasificación de un mismo sujeto, ya que tanto como la etnia, la clase podía abarcar a la totalidad del pueblo. Pero no convencía. Mar- cela Revollo, mujer del Alcalde de La Paz y constituyente por el msm,49 hablaba

del problema de “desdoblar poblaciones” haciendo aparecer clases dentro de las naciones indígenas. Prefería que se hablara solamente de pueblo, y también pe- día que se continuara con esa discusión después, pasando a otra cosa. Intervino también en la discusión un ex miembro del Partido Comunista Boliviano, René Navarro, que en discurso encendido dijo “no seamos ilusos que la lucha de clases va a terminar en 30 o 50 años, no tiene que ver con el marxismo sino con los medios de producción. En Huanuni estamos estatizando a los productores y así fortaleciendo a la vanguardia. No poner clase social es desconocer el momento político. Las clases manejan todo: en el campo hay clases sociales, luchas de ricos y pobres. Como se califica a los zafreros ¿son campesinos, son explotados son obreros? Se trata de luchar entre clases, no entre naciones”.

1.2. La clase social de la izquierda en la Asamblea

En el contexto de la política boliviana discutir la pertinencia del concepto clase para entender la sociedad remitía directamente a la cob (Central Obrera Boliviana) y a los mineros de la Federación, otrora centro de la política (y economía) del país. Desde la Revolución de 1952 que protagonizaron (y de la que luego fueron sepa- rados por los hombres del mnr, ver Dunkerley [2003]), participaron de algunas

experiencias de co-gobierno, con nombramiento de ministros, especialmente en la experiencia de la Asamblea Popular de Torres en 1971 e integrándose en 1982 al Gobierno de la udp presidido por Hernán Siles (1983-1985), que terminó en 49 Movimiento Sin Miedo, partido que eligió constituyentes en las listas del mas, como parte de una alianza política. Su fuerza política era especialmente urbana, y gobernaba la alcaldía de La Paz.

fracaso y que funcionaba como contra ejemplo de la izquierda en el poder para el

mas al iniciar su gestión. En 2007 la cob estaba desprestigiada, sin participación en el escenario político de sus viejos dirigentes, recluida y crítica del Gobierno del mas. Entre los constituyentes no había dirigentes de la cob o mineros, lo

que se explica por la ausencia de la central en el último ciclo de protestas sociales de 2000 a 2005 y la formación del mas. Pero su visión clasista estaba presente en la mirada política de varios constituyentes de la bancada del mas, urbanos de izquierda, con formación marxista, ex militantes de los partidos de izquierda que en el pasado vivieron la influencia de la Central y asimilaron a través de su militancia esa mirada.

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