2.6. Incorporación de la perspectiva de género en los planes de desarrollo local
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[cómo]
A la hora de explicar el diferente comportamiento econó- mico de mujeres y hombres, con frecuencia, se echa mano de estereotipos que hoy en día siguen profundamente arraigados y que históricamente han estado vinculados a las diferencias biológicas. Estos estereotipos son utilizados para discriminar y favorecer a unos colectivos sobre otros. Estereotipos ligados a la economía con los que habría que romper4. Así, se describe el comportamiento económico
del sujeto masculino como egoísta, que busca exclusiva- mente la satisfacción y el lucro personal, que no se preocu- pa más que por el mercado, en el que se ocupa a tiempo completo a lo largo de toda la vida adulta, autosuficiente, carente de memoria, de sentimientos de justicia, recipro- cidad y de solidaridad. El sujeto femenino se define como altruista, que se encarga del cuidado de las personas y de los trabajos reproductivos no pagados por amor, a quien le basta la recompensa del cariño y el reconocimiento de los suyos, que antepone las necesidades de los demás miem- bros de la familia a las suyas propias, dependiente, que tie- ne opción de participar o no en el mercado, participación siempre condicionada a los cambios en la vida familiar. En este sentido, el trabajo de sensibilización y concienciación sigue siendo, a día de hoy, necesario para superar los este- reotipos sobre los que, no en pocas ocasiones, se constru- yen imaginarios que sustentan determinado tipo de accio- nes tanto públicas como privadas.
La Oficina de Igualdad de Género de la OIT (Oficina In- ternacional del Trabajo) en su publicación Guía para la in- corporación de la perspectiva de género en las estrategias
de desarrollo económico (2010) plantea que la desigual- dad de género interpone diversos obstáculos que impiden la participación plena de las mujeres en las estrategias de desarrollo económico local. Obstáculos que se compleji- zan cuando las mujeres son víctimas de múltiples formas de discriminación (por motivos de origen étnico, religión, condición de migrante, diversidad funcional, etc.) Entre los obstáculos más comunes se citan los siguientes:
Falta de representación en las estructuras de toma de decisiones.
Menos oportunidades de educación, y la consi- guiente restricción del acceso a la información, entre otras cosas.
Confinación a ocupaciones que someten a la persona a un menor nivel y socavan su confianza en sí misma.
Servicios de infraestructura deficientes, y los consi- guientes costos por lo que respecta a oportunidades.
Multiplicidad de tareas, y la consiguiente merma de tiempo y energía para participar en asuntos públicos.
Limitaciones de acceso a la financiación, por carecer de garantías y de antecedentes comerciales con buenos resultados; o tasas de interés elevada.
Servicios de desarrollo empresarial insuficientes o inaccesibles.
4 LARRAÑAGA SARRIEGUI, Mertxe y Yolanda JUBETO RUÍZ (2014): “La economía será solidaria si es feminista”, en Sostenibilidad de la vida. Aportaciones desde la economía solidaria, feminista y ecológica. REAS Euskadi, Bilbao.
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Transformando los territorios desde la economía solidaria. Herramientas para el impulso de políticas públicas locales
Restricciones culturales a la movilidad de las mujeres. Escasas oportunidades de empleo a nivel local. Condición de migrante en situación irregular.
En la guía editada por Emakunde (Instituto Vasco de la Mujer) para incorporar la perspectiva de género en el de- sarrollo local y regional señalan que es un hecho que las mujeres no tienen un acceso igualitario a las fuentes de desarrollo (créditos, subvenciones, asesoramiento, forma- ción ) y que los planes de desarrollo, por lo general, no tienen en cuenta las diferentes experiencias, necesidades e intereses de mujeres y hombres. Las mujeres y hombres tienen relaciones diferentes con el ambiente natural y el construido, así como experiencias distintas de la toma de decisiones políticas. Los días laborales difieren en longi- tud y modelo y su relación con el trabajo remunerado y no remunerado (productivo, reproductivo, comunitario) es notablemente diferente. El uso del transporte, los servicios sociales y de las instalaciones de ocio difiere según sexo. Pero estas diferencias no son una entidad fija sino que son fluidas y presentan posibilidades de cambio, tanto negati- vo como positivo, en términos de igualdad entre mujeres y hombres. Todas estas diferencias complejizan la posición socioeconómica de las mujeres y se traducen en obstácu- los para la participación en el desarrollo económico y local de un territorio.
Los obstáculos que identificamos para la participación de las mujeres en los procesos de desarrollo local no están aislados sino que guardan, por lo general, una relación de causa y efecto. Es preciso hacer un análisis de género en las primeras etapas de cada intervención para definir los estereotipos que están funcionando y los problemas y obstáculos que se plantean para la participación igualitaria de hombres y mujeres. Asimismo, hay que incorporar esta mirada en cada una de las fases de intervención, teniendo en cuenta las distintas necesidades y carencias de hombres
y mujeres, buscando siempre superar las desigualdades de género que se detecten.
Por tanto, es necesario dotarnos de herramientas que nos permitan incorporar la perspectiva de género en los planes de desarrollo local y también continuar trabajando para desmontar los estereotipos de género que sustentan y mantienen las desigualdades y discriminaciones seculares que padecemos las mujeres.