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La ex pli ca ción fun cio nal del jue go

In document El Cerebro Sintiente (página 115-117)

Una de las primeras teo rías para explicar el juego fue la pro - puesta por K. Groos (1898, 1901), llamada tam bién del preejer ci cio. En ella se concibe el juego como un modo de ejercitar o practicar los ins tin tos an tes de que és tos es tén com ple ta men te de sa rro lla dos. Esta formulación convierte la teo ría de Groos en un antecesor de los en fo ques fun cio na lis tas de los ac tua les etó lo gos. Ambos se ins- piran, efec tivamente, en la obra de Darwin para suponer que si los or ga nis mos jue gan debe ser por que de ello se de ri va al gu na ven ta ja en la lucha por la su pervivencia. Groos en cuentra esa ven taja en la prác ti ca de los ins tintos. Y, por ello, a la hora de cla sificar los di fe- ren tes jue gos acu di rá a las ac ti vi da des adul tas de las que con si de ra que cada uno de ellos es un predecesor.

Criticada la teo ría del instinto en la que se ba saba su explica- ción del juego, el enfoque fun cio na lis ta de Groos se perpetúa en los mo der nos tra ba jos eto ló gi cos. Con vie ne se ña lar la pa ra do ja que la con duc ta lú di ca en tra ña para este en fo que, cuyo én fa sis se si túa en la re la ción en tre con duc ta y me dio. La ex pli ca ción de los apren di za - jes serios de cada es pecie se hace en función de su re levancia para la su per vi ven cia y ello plan tea la pe cu lia ri dad de las con duc tas de

jue go, pues to que éste se de fi ne como com por ta mien to «irre le van- te», centrado en las acciones mismas y no en ob jetivos ex ternos.

Una es tra te gia se gui da con sis ti rá en es tu diar po si bles fun cio - nes que no son per cibidas a primera vista. A la pregunta de ¿para qué sir ve el jue go?, los di fe ren tes au to res res pon den con di fe ren tes ejer ci cios, o prác ti cas an ti ci pa das, de las más diversas ha bi li da des. El pro ce di mien to pue de con sis tir en su pri mir ex pe ri men tal men te el tipo de juego de que se tra te —por ejem plo, el jue go con la ma dre o con los iguales en los ex perimentos so bre sistemas afectivos en los macacos de Harlow—, o en ob servar las consecuencias de su au sen- cia en con di cio nes na tu ra les —como los chim pan cés huér fa nos des- critos por La wick-Goodall, que no llegan a dominar las técnicas de pes car ter mi tas con un palo hu me de ci do.

La otra es tra te gia con sis te en iden ti fi car las con duc tas de jue go pre ci sa men te por com pa ra ción de sus ele men tos y de su or ga ni za - ción con los de aque llos com por ta mien tos lla ma dos se rios. Por ejem plo, el jue go de lu cha ven drá de ter mi na do por:

a) La pre sen cia de ele men tos que no es tán pre sen tes en las lu - chas rea les, como la llamada cara de juego.

b) La ausencia de ele mentos que sí es tán presentes en una lu- cha real, como el tipo de mor disco.

c) La combinación de ele mentos en un orden distinto del que apa re ce en la con duc ta se ria.

Una vez de fi ni da aque lla conducta que llamamos juego, los es - tu dios sue len tra tar de ve ri fi car su pre sen cia en in di vi duos de di fe - ren tes es pe cies, dis tin tas eda des, sexo, es ta tus, etc. Cuan do este en fo que se ha lle va do al es tu dio del jue go in fan til hu ma no (Blur- ton-Jones, 1967; Smith, 1982) se han mantenido tam bién ambas es tra te gias. En los es tu dios ex pe ri men ta les se tra ta de pro por cio- nar cierta ex periencia (o ausencia de ella) y ver cómo ello in fluye en com por ta mien tos ul te rio res. En los más des crip ti vos se iden ti fi can pre via men te las ca te go rías a es tu diar. Y aquí, el avan ce tec no ló gi - co que ha supuesto el ví deo permite pos poner su descripción a una fase posterior a la de ob servación, en la que se identifica su presen- cia en di fe ren tes me dios (fí si cos o cul tu ra les), en gru pos de dis tin ta edad, sexo, etc.

Este modo de plantear el es tudio del juego permite es tablecer una cier ta con ti nui dad en tre com por ta mien tos lú di cos de los pri- mates no humanos y los humanos, no sólo respecto a la forma adop-

tada por ese juego «rudo y de sordenado», sino por las di ferencias que en él se ob ser van en tre ju ga do res de di fe ren te sexo.

Esta mis ma con ti nui dad en tre es pe cies lle va a al gu nos de quie- nes adoptan este en foque a prescindir de cualquier otra informa- ción que no sean los eto gra mas mo to res cui da do sa men te de fi ni dos. El énfasis en las ba ses biológicas de es tos juegos lleva a en tender como puro epi fe nó me no todo lo de más. Así, por ejem plo, Aldis (1975) ana liza di versos juegos infantiles, entre ellos los de la «liga» o el «pilla-pilla», juegos de persecución en los que un niño corre de - trás de otros hasta al canzar a uno de ellos y tocarle con la mano, momento en el que se produce una inversión de pa peles y quien per se guía se trans for ma en per se gui do y vicever sa. Al re fe rir se a ellos, Aldis afirma que:

La explicación más sim ple es que tal in versión de pa peles es de cre- tada por las reglas del juego; en otras pa labras, que constituye un fe nó- meno cultural. Pero esto no pue de ser una ex plicación completa porque la in versión de pa peles es uni versal en el juego de persecución de to dos los ani males... Lo úni co que in dica es que el juego de la liga, y con él la in ver sión de pa pe les, tie ne una base in na ta, aun que mu chas for mas cul - turales dis tintas se han aña dido a ella (Aldis, 1975, p. 212).

La cita sirve de ejemplo para ilustrar cómo el es fuerzo por en - con trar uni ver sa les, en las for mas de jue go de es pe cies dis tin tas, con du ce a al gu nos au to res a mi nus va lo rar la im por tan cia de otras va ria bles y fac to res pre sen tes en ese mis mo jue go.

No prescindir de informaciones tan va liosas como las que pro- por cio nan los pro pios su je tos so bre aque llo que es tán ha cien do, so- bre el modo en que se representan la situación, etc., no impide va lo- rar las téc ni cas de ob ser va ción in cor po ra das des de la eto lo gía, las des crip cio nes de pau tas lú di cas, y las po si bles fun cio nes del jue go en otras es pecies, etc.

In document El Cerebro Sintiente (página 115-117)

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