8. El lugar puede definirse como “el primer límite inmóvil del continente”.
1.2. Pliegue del Lugar al No-Lugar.
1.2.1. El pliegue.
Más allá de la luz está la sombra, y detrás de la sombra no habrá luz ni sombra. Ni sonidos, ni silencio. Llámale eternidad, o Dios, o infierno. O no le llames nada. Como si nada hubiera sucedido.
Los sinónimos. Francisco Brines. (1999:182).
Y así, más allá de la luz, más allá de lugar está el no-lugar, ambos se suceden por medio de un pliegue que los une fundiéndolos el uno con el otro.
El pliegue, indica Deleuze, como lo diferencia el Barroco, se da según dos direcciones o dos infinitos, como si el infinito, indica, tuviera dos pisos. Así, distingue entre los repliegues de la materia y los pliegues del alma. Y se pregunta si existe un pliegue entre los dos pliegues.
Deleuze manifiesta que Descartes cae en un error al señalar como separabilidad la distinción existente entre las partes, reivindicando la teoría de Leibniz según la cual ”dos partes de materia realmente distintas pueden ser inseparables, como lo demuestran no sólo la acción de los circundantes que determinan el movimiento curvilíneo de un cuerpo, sino también la presión de los circundantes que determinan su dureza (coherencia, cohesión) o la inseparabilidad de sus partes”, (…) así, continua diciendo que “la división del continuo no debe ser considerada como la de la arena en granos, sino como la de una hoja de papel o la de una túnica en pliegues, de tal manera que puede haber en ella una infinidad de pliegues, unos más pequeños que otros, sin que el cuerpo se disocie nunca en puntos o mínimos” (Pacidius Philalethi, C, págs., 614-645. Citado en Deleuze 1989:14)
“Siempre hay un pliegue en el pliegue, como también hay una caverna en la caverna. La unidad de materia, el más pequeño elemento de laberinto es el pliegue, no el punto, que nunca es una parte, sino una siempre extremidad de la línea”. Deleuze (1989:14)
Al igual que lugar/no-lugar no se separan sino que se van plegando en sucesivos ciclos, existiendo un interior, un pliegue y un exterior.
Deleuze indica que el pliegue siempre remite a otros pliegues, pero para pasar de un nivel a otro, es necesario una determinación externa o la acción directa del ambiente, sin lo cual habría que detenerse.
Con lo que la interiorización del exterior conformaría los lugares y al producirse un pliegue e ir hacia la exteriorización de lo interno se podría afirmar que el lugar se deslugariza denominándose no-lugar, pues lo que estaba en el interior es vertido hacia el afuera
perdiendo su lugar hasta que con una reflexión, se forma a través del pliegue un lugar al interiorizarlo. “La inclusión, la inherencia, es la causa final del pliegue” (Deleuze. 1989:34). “El pliegue siempre está entre dos pliegues, y ese entre-dos-pliegues parece pasar por todas partes: ¿entre los cuerpos inorgánicos y los orgánicos, entre los organismos y las almas animales, entre las almas animales y las razonables, entre las almas y los cuerpos en general?” (Deleuze. 1989:14)
Deleuze afirma que el despliegue no es lo contrario del pliegue, ni su desaparición, sino “la continuación o la extensión de su acto, la condición de su manifestación” (1989:50). Con lo que en este despliegue, extensión del acto, los lugares siguen existiendo en los no lugares y viceversa.
Y al igual que las mónadas de Leibniz que como unidades individuales sin embargo, expresan la totalidad del mundo en su conjunto, también los lugares están contenidos en los no-lugares y viceversa, pues como expresa Paul Éluard: “existen otros mundos pero están en éste”. Así, siempre se suceden el lugar y el no-lugar estando ambos contenidos en un mismo mundo, en un mismo ciclo, que se puede comparar a la cinta de Moebius. Como el alma y el cuerpo que expresan el Mundo, también el lugar y el no-lugar están e implican nuestro mundo….y el inspirar y el expirar nuestra respiración.
Y si bien son diferenciables el lugar y el no-lugar no son separables….”como han dicho los estoicos, nada es separable o está separado, sino que todo conspira, incluidas las sustancias entre sí, en virtud de los requisitos” (Deleuze. 1989:76). Y si bien debo tener un cuerpo para cobijar la parte oscura, también la clara está inmersa allí. Pues lo claro está inmerso en lo oscuro, como el lugar está inmerso en el no-lugar.
Así, al igual que el despliegue no es lo contrario del pliegue sino, el movimiento que va de un pliegue a otro. Al igual, los lugares y no-lugares no son separables, sino que se van plegando y replegando los unos en los otros formando y deformando, a través de la arquitectura, y sobre todo a través de nosotros, lugares y no-lugares.
Se destaca la característica de pertenencia pues el lugar se pliega sobre el no-lugar y el no-lugar sobre el lugar, no existiendo acción entre uno y otro sino “pertenencia”, al igual que entre “los dos pisos” de Leibniz.
Pero, “¿por dónde pasa el pliegue?” se pregunta Deleuze (1989:154) a lo que responde que “no sólo pasa entre las esencias y los existentes. Por supuesto, también pasa entre el alma y el cuerpo, y ya pasa entre lo inorgánico y lo orgánico en lo que concierne a los cuerpos, y, además, entre las “especies” de mónadas en lo que concierne a las almas. Es
un pliegue extremadamente sinuoso, un zigzag, un enlace primitivo no localizable. E incluso hay regiones en esta zona en las que el vínculo es sustituido por un lazo más débil, instantáneo”.
Aunque parafraseando a Leibniz, es importante destacar la dificultad de distinguir dónde empieza lo sensible y lo razonable….pero existe diferencia entre lo grande y lo pequeño, lo sensible y lo insensible….Y al igual que la racionalidad se sirve de la irracionalidad para constituirse como tal, como indica Benjamin, también el lugar se sirve del no-lugar para constituirse como tal.
Y aunque se vayan descubriendo nuevas maneras de plegar al igual que nuevas envolturas, como indica Deleuze en el final de su obra El pliegue (1989:177)”seguimos siendo leibnizianos porque siempre se trata de plegar, desplegar, replegar”.
Imagen: Calveen office project in Imagen: Concurso para Iglesia del jubileo, Amersfoort, the Netherlands, 2000. MVRDV. Roma 1996 Eisenman. Fuente de la imagen: Fuente de la imagen: http://www.arquinauta.com/ http://soniabove.altervista.org/diariodibordo.html Esta relación del pliegue con lugar / no-lugar, también con interior / exterior, implica directamente a la arquitectura como comunicación entre interior / exterior un adentro que tiene que con-mover para llevarnos al afuera y un afuera del que nos sintamos atraídos por la arquitectura con-movidos a adentrarnos en ella.
Pero cuidado porque este “pliegue”, que une interior con exterior, a veces también, como sucede en la arquitectura barroca,según Deleuze, puede producir una escisión entre la fachada y el interior. Con lo que el problema no es cómo acabar un pliegue, sino cómo continuarlo, cómo llevarlo hasta el infinito, ya que además de afectar a las materias, determina la forma, convirtiéndola en una expresión.
Con lo que se sostiene que el lugar y el no-lugar pertenecen a una totalidad en la que ambos se implican formando pliegues. Pliegue como continuidad del material y espacial, que aunque cambie de dirección, de tamaño, de escala… sin embargo pertenece siempre a un mismo elemento y resalta por sobre todo su sencillez ligada a la totalidad “como si nada hubiera sucedido”, como indicaba Brines, en este pliegue que sigue al pliegue, traspasando los límites físicos de la arquitectura y uniéndolo todo en un “continuum”.
À des heures et sans que tel souffle l’émeuve Toute la vétusté presque couleur encens
Comme furtive d’elle et visible je sens Que se dévêt pli selon pli la pierre veuve.
Plie selon plie, pliegue según pliegue, es la expresión que Mallarmé utiliza en el primer
cuarteto del “Remémoration d’amis belges” y que Boulez transforma en una obra musical.
Pli selon pli, como la hipótesis que aquí se plantea donde dentro del lugar está el no-lugar
y ambos se suceden como un ciclo, como un faro. Siempre en movimiento pero en reposo. Lugar que se transforma en no-lugar y después vuelve a ser lugar, pero este movimiento le ha hecho cambiar.
Se pone de manifiesto la importancia del otro para dar valor, el otro como reflejo donde nos podemos ver y nos lugariza; El otro que nos conduce del no-lugar hacia el lugar. Como el espejo que plantea Foucault en el que me veo donde no estoy y a la vez abre un espacio virtual detrás del espejo, convirtiendo al lugar real en una especie de retorno, pues me miro y me descubro ausente en el lugar que estoy puesto que me veo allá, y es a partir de esta mirada que vuelvo sobre mí empezando a reconstituirme allí donde estoy.
Ese efecto sucede en el pliegue, donde una misma banda se pliega produciendo un efecto de espejo mirándose sobre sí misma que es a la vez utopía, pues le hace ver cosas que no existen y a la vez produce un efecto de heterotopía, ya que es un lugar real que la transforma; y es al mirarse cuando se descubre y comienza a partir del efecto de “retorno” a re-descubrirse y a convertirse de nuevo el lugar en lugar, que no será el mismo tras este quiebre, pero seguirá siendo lugar, teniendo su esencia, su capacidad de albergar.
Al igual que Zumthor define arquitectura como lo que brota de las cosas y vuelve a ellas, produciéndose también una especie de re-pliegue.
Pliegue que se puede asimilar al giro de Orfeo hacia Eurídice, como relata Ovidio en el libro décimo de Las Metamorfosis, cuando ascendiendo por el camino que conducía a la pareja de la zona de las sombras hacia la luz, Orfeo, olvidando lo pactado con los dioses del Hades se gira hacia Eurídice, y en ese giro su amada se desvanece y Orfeo se queda abrazando la nada, pasando de la presencia a la ausencia.
1.2.2. El volverse de Orfeo hacia Eurídice.
“La mirada de Orfeo es así, el momento extremo de la libertad, momento en que se vuelve libre de sí mismo y, acontecimiento más importante, que libera a la obra de su preocupación, libera lo sagrado contenido en la obra, da lo sagrado a sí mismo, a la libertad de su esencia, a su esencia que es libertad (la inspiración es por esto el don por excelencia). Todo se juega entonces en la decisión de la mirada. En esa decisión se aproxima al origen por la fuerza de la mirada que libera la esencia de la noche, que aleja la preocupación, interrumpe lo incesante descubriéndolo: momento del deseo, de la despreocupación y de la autoridad”. Blanchot. El espacio literario. (1992:165)
A partir de este volverse Orfeo hacia Eurídice25, se puede comprender la metáfora del pliegue del lugar al no-lugar afín de ir más allá, hacia el no-lugar y en el no-lugar buscar el lugar.
Un no-lugar podría esbozarse como el giro de Orfeo hacia Eurídice, este movimiento, este acto de volverse, de mirar hacia atrás en busca del anhelo de lo prohibido, de lo que ya no puede ser ni será porque al contemplarlo se transforma en nada. Giro o pliegue que también se da en el lugar.
“¡Qué extraño animal es el hombre! Nunca está en lo que tiene delante!”. Unamuno. Niebla (2000:256).
Así, en el lugar se tiende a ir hacia el no- lugar y en el no-lugar hacia el lugar, produciéndose este pliegue de uno a otro, que ni siquiera forman las dos caras de una misma moneda, sino que más bien se le asemeja al ciclo que sigue la cinta de Moebius con solo una cara donde co- existen lugar y no-lugar.
Giro de Orfeo hacia Eurídice como el giro de volverse hacia lo que no se tiene, hacia lo prohibido como característica inmanente del ser humano.
Imagen: Orpheus and Eurydice. G. Kratzenstein-Stub, 1806.
Ubicación: NY Carlsberg Glyptotek, Copenhague. Fuente de la imagen:
http://tejiendoelmundo.files.wordpress.com/2009/07/orfeo _euridice.jpg
25
Además de las múltiples pinturas, algunas de las representaciones más famosas del mito de Orfeo son: la ópera de Claudio Monteverdi L’Orfeo, favola in música (1607) una de las primeras de la historia. Gluck también con Orfeo y Eurídice. El poema de Quevedo Un Orfeo Burlesco. Los sonetos a Orfeo de Rilke. Y la trilogía de Cocteau basada también en este mito
Quizás un no-lugar esté ligado con el movimiento, el deseo (desiderare) como una continua búsqueda de algo que ya poseemos, que tenemos en nuestro interior en forma de ausencia pero que somos incapaces de ver…No-lugar como instante efímero de búsqueda de deseo, de aspiración-a, de llegar-a.
No-lugares vacíos de sentido pero llenos de búsquedas de querer “volverse”, querer pertenecer al deseo de desear. Relacionados con la incertidumbre, el no-saber. En el fondo son actos de sinceridad pues se confirma la duda, en estos espacios de “flujos”, por y para el movimiento, la prisa, el sin-ser....cobijos de no-tiempo, envoltorios sin presente ni pasado.
...Y siempre ha existido la instancia del no-lugar pero quizá es ahora cuando su materialización se ha hecho más evidente que nunca.
Finalmente, tanto un re-plegarse sobre sí mismo: Interiorizándose y, por tanto, aislándose del exterior, es lo mismo que exteriorizarlo todo alejándose de su interior y por tanto aislándose. Romperse hacia fuera o romperse hacia adentro. Explosión e implosión.... dos formas distintas de estallar que conducen del lugar al no-lugar o del no-lugar al lugar.
No lugares que sólo remiten a un flujo sin presente ni pasado pero que se vuelven a plegar para ofrecer un lugar, siendo este nuevo pliegue una consecuencia de nuestra “domesticación del no-lugar” o capacidad de “crear lazos” dotándolo de sentido.
Así, el lugar se “pliega” o se quiebra, saliéndose de su quicio, de su ciclo “natural” para doblarse hacia un sector de las sombras. Y tras este quiebre se vuelve a producir otro giro del no-lugar al lugar, que como el faro, sigue de nuevo inmerso en el movimiento circular que nos alumbra de nuevo con su luz.
Sin embargo, “no es la luz lo que importa en verdad, son los 12 segundos de oscuridad”, es sólo a partir del no-lugar, de sumergirnos en la oscuridad cuando podremos apreciar la luz, la presencia de los lugares.
Aunque también cambie rápido el mundo como formas de nubes,
todo lo acabado regresa a su origen remoto.
Por encima del cambio y la marcha, más amplio y más libre, resuena aún tu preludio,
oh dios de la lira. No se ha reconocido el dolor
ni se ha aprendido el amor y lo que nos aleja en la muerte
no ha sido develado aún. Sólo el canto sobre la tierra
santifica y celebra.