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EN EL TERCER TRIMESTRE DE 2018, SÓLO 52,8% DE LOS

POBLACIÓN ACTIVA

18,2 19,4 16,0 18,5 19,3 8,5 Figura 2.3A Distribución de los hogares según tipo de inserción socio-ocupacional

En porcentaje de hogares particulares con jefe activo. Año 2018.

Jefe pleno y sin trabajadores secundarios Jefe precario o desocupado y sin trabajadores secundarios Jefe pleno y trabajadores secundarios plenos Jefe pleno y trabajadores secundarios precarios o desocupados Jefe precario o desocupado y trabajadores secundarios plenos Jefe precario o desocupado y trabajadores secun- darios precarios o desocupados

Fragmentación socio-ocupacional y condiciones de vida familiares

La matriz de desigualdad socio-ocupacional se ex- presa también en la desigualdad de las condiciones de vida familiares. La Figura 2.4 exhibe que aquellos hogares que sólo tienen empleos plenos disponían de un ingreso total familiar 19% superior al prome- dio y un ingreso per cápita familiar 42% más alto que la media. En contrapartida, los hogares en los que

todos los trabajadores tienen empleos precarios y/o se encuentran desocupados tenían un ingreso total y un ingreso per cápita familiar 40% y 42% inferior al promedio, respectivamente. De este modo, la frag- mentación socio-ocupacional también se expresa en una fragmentación de las oportunidades de repro- ducción económica de los hogares, que depende de los tipos de inserción laboral de sus integrantes. Los distintos tipos de inserción socio-ocupacional de

los hogares se corresponden con una disímil compo- sición de los ingresos familiares según fuentes (Figu- ra 2.5). Si bien –como cabe esperar al tomar en con- sideración sólo hogares con jefe económicamente activo– los ingresos laborales representan la mayor parte de los presupuestos domésticos (86,3%), los ingresos no laborales tienen una incidencia muy di- ferencial, lo que manifiesta distintas estrategias fami- liares y oportunidades de captar recursos. Mientras que representan 10% entre los hogares en los que todos los miembros tienen empleos plenos (y algo similar ocurre entre los que “combinan” ocupacio- nes), significan más de 25% entre los hogares en los que todos sus integrantes se desempeñan en em- pleos precarios y/o son desocupados. En particular,

cobran relevancia las transferencias provenientes del sistema de protección social, tanto por medio de ju- bilaciones y pensiones (14,1%) como de programas de asistencia social y planes de empleo (5,2%). Si bien hasta aquí se consideró el ingreso total fami- liar y el ingreso per cápita según el tipo de inserción socio-ocupacional del hogar, no se conoce en qué medida los ingresos obtenidos bastaron para garan- tizar las condiciones familiares de subsistencia. Un modo de aproximarse a ello es evaluar el grado en que tales ingresos bastaron para cubrir el valor de una Canasta Básica Total (CBT), la cual sintetiza los requerimientos mínimos de bienes y servicios del hogar tomando en cuenta su composición demográ- fica y ciclo vital. El valor de una CBT define la “línea Fuente: EDSA Agenda para la Equidad (2017-2025), ODSA, UCA.

1,19 1,42

Figura 2.4 Brecha de ingreso total familiar e ingreso per cápita familiar según tipo de inserción socio-ocupacional del hogar

Ingreso medio=1. Año 2018.

Todos los trabajadores del hogar en empleos plenos

1,33 1,14

Algún trabajador del hogar en empleo pleno y otros con empleos precarios o desocupados

0,60 0,58

Todos los trabajadores del hogar en empleos precarios o

desocupados

Fuente: EDSA Agenda para la Equidad (2017-2025), ODSA, UCA. Fuente: EDSA Agenda para la Equidad (2017-2025), ODSA, UCA.

Todos los trabajadores del hogar en empleos

plenos

Algún trabajador del hogar en empleo pleno y otros con empleos precarios o desocupados

Todos los trabajadores del hogar en empleos precarios o desocupados

TOTAL

Figura 2.5 Composición del ingreso total familiar según tipo de inserción socio-ocupacional del hogar

En porcentaje. Año 2018.

Ingreso por programas de asistencia social y planes de empleo

Otros ingresos no laborables Ingreso laboral

Ingreso por jubilaciones y pensiones

6,0 89,8 5,4 90,0 5,2 14,1 74,5 7,7 1,6 86,3 3,7 4,4 4,0 6,2

Todos los trabajadores del hogar en empleos

plenos

Algún trabajador del hogar en empleo pleno y otros con empleos precarios o desocupados

Todos los trabajadores del hogar en empleos precarios o desocupados

TOTAL

Figura 2.6 Niveles de subsistencia en múltiplos de la Canasta Básica Total según tipo de inserción

socio-ocupacional del hogar En porcentaje. Año 2018.

Con ingresos bajo la línea de la pobreza (menos de 1 CBT)

Con ingresos de 1,5 CBT o más Con ingresos entre 1 y 1,49 CBT

10,9 13,6 75,6 16,6 18,3 65,0 50,1 15,9 34,0 27,6 15,8 56,6

de pobreza” de acuerdo con los adultos equivalen- tes que tiene el hogar, de modo que aquellos hoga- res con ingresos inferiores a una CBT son definidos como pobres. Adicionalmente, puede considerarse que aquellos que no alcanzan a cubrir el valor de 1,5 CBT se encuentran en situación de “vulnerabili- dad” (Cecchini y Martínez, 2013) en tanto los ciclos económicos los exponen al riesgo de no cubrir sus necesidades reproductivas.

La Figura 2.6 exhibe la desigual propensión a la po- breza por parte de los hogares en función del tipo de inserción socio-ocupacional al que acceden. La mitad de los hogares (50,1%) que disponen exclusivamente de trabajadores en empleos precarios y/o desocupa- dos se encuentran en situación de pobreza (es de- cir, su ingreso familiar no cubre el valor de una CBT). Además, dos tercios (66%) de tales hogares se ubican por debajo del umbral de vulnerabilidad, es decir, tienen ingresos familiares por debajo de 1,5 CBT. En contraste, sólo 1 de cada 10 hogares (10,9%) cuyos miembros se insertan exclusivamente en empleos plenos se ubican bajo la línea de pobreza. Estos re- sultados ponen de manifiesto la estrecha asociación que existe en la Argentina urbana entre la situación ocupacional predominante y la pobreza monetaria. Existen múltiples factores que inciden en la proba- bilidad de que un hogar se sitúe por debajo de la línea de pobreza. Las características sociodemográfi- cas de las familias, la tasa de dependencia económi- ca (entendida como cociente entre perceptores de ingresos y el total de integrantes), la diversificación

de fuentes de ingreso y las estrategias desplegadas en cuanto a la utilización de la fuerza laboral de los miembros, entre otros aspectos, influyen en la pro- babilidad de experimentar pobreza por ingresos (Lohmann y Crettaz, 2017). Desde un “enfoque es- tructural” de la pobreza (Brady, 2019), cabe suponer que las características socio-ocupacionales de los hogares desempeñan un papel crítico, en tanto el mercado de trabajo es la principal fuente de recur- sos económicos con los que cuentan las familias. Por consiguiente, el tipo de inserción socio-ocupacional del hogar debería constituir un determinante clave de la pobreza monetaria del hogar.

Para evaluar el sentido y la magnitud de los distintos factores explicativos en la probabilidad de experi- mentar pobreza monetaria se estimó un modelo de regresión logística binomial. Se introdujeron varia- bles independientes que remiten a las característi- cas personales del jefe de hogar (sexo, edad y nivel educativo), a los atributos sociodemográficos del hogar (presencia de menores de 18 años, tipo de hogar y región urbana), a las estrategias laborales y al tipo de inserción socio-ocupacional del hogar. El modelo tiene adecuada bondad de ajuste al con- siderar tanto la capacidad clasificatoria (de 81,5%) como los estadísticos (el R cuadrado de Nagelkerke es 0,46) y la prueba de Hosmer-Lemeshow (que no es significativa). Los resultados completos se pre- sentan en la Figura A3 y en el Figura 2.7 se grafi- can las razones de probabilidad (odds ratio) de que el hogar se sitúe bajo la línea de pobreza tomando una categoría de comparación.

En primer lugar, con respecto a los atributos del jefe de hogar, se advierte que el sexo no tiene un efecto estadísticamente significativo sobre la probabilidad de que la unidad doméstica se sitúe bajo la línea de pobreza; en contraste, el grupo de edad al que per- tenece tiene un efecto negativo sobre la pobreza: los hogares cuyo jefe tiene mayor edad se encuen- tran más protegidos que los encabezados por un jefe joven. El nivel educativo del jefe desempeña un papel crucial en la propensión a la pobreza, que se expresa en el valor del coeficiente de Wald (Figura A3). Específicamente, entre los hogares encabeza- dos por un trabajador que sólo completó la primaria las chances relativas de estar en pobreza (frente a no estarlo) son casi 7,3 veces las que enfrentan los encabezados por un trabajador con nivel terciario o universitario (completo o no).

LA MITAD DE LOS HOGARES

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