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LA POBLACIÓN ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX: EVOLUCIÓN Y

Capítulo 1 LA POBLACIÓN Y LAS ESTRUCTURAS FAMILIARES

1. LA POBLACIÓN ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX: EVOLUCIÓN Y

A lo largo del siglo XIX las cifras absolutas de población experimentaron un notable cambio: España tenía en torno a 11 millones de habitantes en 1800 y 18,6 millones en 1900. Este crecimiento, aunque importante, resulta modesto al compararlo con el de otras naciones de Europa occidental. La transición demográfica, que no se inició en nuestro país hasta finales del siglo, se desarrolló completa durante el siglo XX.

CUADRO I-1.

EVOLUCION DE LA POBLACIÓN EN ALGUNOS PAÍSES EUROPEOS

(Millones de habitantes) PAÍS 1800 1850 1900 Bélgica 3,1 4,3 6,6 Francia 27,3 35,8 40,2 Gran Bretaña 15,3 27,4 41,5 Italia 19,0 24,4 34,0 Países Bajos 2,1 3,1 5,1 Portugal 2,9 3,5 5,0 España 10,6-11,51 15 18,6

Fuentes: Censos de población y NADAL, J.: La población española, Barcelona: Ariel, 1973 (3ª edición)

El crecimiento natural es muy bajo respecto a otros países europeos. De 1865 a 1883 en España el crecimiento natural es de 5,2 por mil, mientras que en la Europa occidental y nórdica las cifras se sitúan entre los 10,5 a los 13,7 por mil y en Italia en el 7,2 por mil. España solo supera en crecimiento natural a Francia, que cuenta con un índice de natalidad muy bajo.

1 Las estimaciones de la población probable para 1800 se basan en los recuentos de 1787 y 1797. Autores como Vicens Vives, Nadal o Artola, sitúan su estimación en el límite inferior de 10,5 millones de habitantes, en tanto que Anes y otros estudios recientes estiman en 11,5 millones la población probable para 1797.

CUADRO I- 2.

TASAS BRUTAS (POR MIL HABITANTES) Y TASA DE CRECIMIENTO NATURAL.1858-1900

AÑOS Natalidad Mortalidad Nupcialidad Crecimiento natural

1858 35,2 28,0 7,3 7,2

1860 36,7 27,4 8,1 9,3

1878 36,1 30,5 7,1 5,6

1887 36,1 32,8 5,5 3,3

1900 33,8 28,9 8,7 4,9

Fuente: ROSER NICOLAU: «La población», en CARRERAS, Albert (coord.): Estadísticas históricas de España,

siglos XIX-XX. Madrid: Fundación Banco Exterior, 1989, pp. 69-70.

El ritmo de crecimiento no fue sostenido a lo largo de la centuria. Es muy modesto en los primeros quince años del siglo (0,42%) debido a los desastres de esta etapa, pero la recuperación fue rápida. Según Pérez Moreda, el mayor crecimiento de la población española se produjo entre 1815 y 1860, con un crecimiento anual del 0,8 %; luego se frenó entre esta fecha y 1900 posiblemente por el nivel del flujo migratorio: en torno a un millón y medio de habitantes salió del país.2

Respecto a la distribución interior de la población española, durante el siglo XIX, se mantuvo la tendencia iniciada el siglo anterior por la que el crecimiento de la población se concentró especialmente en ciertas regiones periféricas. Como puede apreciarse en el cuadro regional, ambas Castillas y Aragón disminuyeron su peso en el conjunto de la población española desde principios de siglo a finales, mientras que Andalucía, Cataluña y Valencia pasaron de sumar el 34% de los habitantes a principios de siglo al 38% a finales. Asimismo, hay que constatar el fuerte peso de Madrid en el conjunto de la población de Castilla la Nueva.

2 Hacia 1860, las nuevas disposiciones legales españolas y la creciente demanda de trabajadores en Cuba y en otras repúblicas independientes americanas fomentaron el despegue de la emigración, de intensidad muy notable hasta 1877. Entre 1888 y 1897 se inició una nueva intensificación de las salidas, con una pérdida neta de 379.000 personas o, lo que es igual, un 40% del crecimiento vegetativo del decenio. PÉREZ MOREDA, Vicente: «La Población» dentro de FERNÁNDEZ GARCÍA, Antonio (coord.): Los fundamentos

de la España liberal (1834-1900). La sociedad, la economía y las formas de vida. Historia de España de Menéndez

CUADRO I-3.

DISTRIBUCIÓN REGIONAL DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA 1797-1900

(MILES DE HABITANTES,% SOBRE EL TOTAL NACIONAL)

1797 1860 1877 1900 Regiones

históricas Cifras

absolutas % absolutas Cifras % absolutas Cifras % absolutas Cifras %

Galicia 1.142.630 10,83 1.799.224 11,47 1.848.027 11,10 1.980.515 10,6 Asturias 364.238 3,45 540.586 3,44 576.352 3,46 627.069 3,3 Vascongadas 283.450 2,69 429.186 2,73 450.699 2,70 603.596 3,2 Navarra 221.728 2,10 299.654 1,91 304.184 1,82 307.669 1,6 Aragón 657.376 6,23 891.057 5,68 894.991 5,38 912.711 4,9 Cataluña 858.818 8,14 1.673.842 10,67 1.752.033 10,53 1.966.382 10,5 Valencia 825.059 7,82 1.275.676 8,13 1.374.592 8,26 1.587.533 8,5 Castilla la Nueva 1.227.293 11,64 1.495.245 9,53 1.627.131 9,78 1.923.310 10,3 Castilla la Vieja 954.619 9,05 1.196.823 7,63 1.226.489 7,37 1.785.403 9,6 León 924.025 8,76 1.284.065 8,19 1.313.854 7,89 982.393 5,3 Extremadura 428.493 4,06 697.407 4,44 739.403 4,44 882.410 4,7 Andalucía 1.909.422 18,11 2.994.951 19,10 3.285.912 19,75 3.549.337 19,1 Murcia 383.226 3,63 588.911 3,75 670.669 4,03 815.864 4,4 Canarias 173.865 1,64 237.036 1,51 280974 1,68 358.564 1,9 Baleares 186.979 1,77 269.818 1,72 289.035 1,73 311.649 1,6 Total nacional 10.541.221 15.673.481 16.634.345 18.594.405

Fuente: elaboración propia a partir de los respectivos censos de población.

En la mayoría de los casos, la distribución regional de la población está ligada al desarrollo económico: Cataluña destaca al frente de las tasas regionales de crecimiento, debido al previo declive de su mortalidad y a la aportación de una corriente inmigratoria que coincidió con una primera fase de industrialización. Es notable el crecimiento demográfico de Extremadura que se benefició de cambios en el sistema de propiedad, que favorecieron una economía agrícola más intensiva; la industria vasca absorbió mano de obra procedente de Navarra; por el contrario, Galicia se vació hacia América Latina y Castilla la Vieja y Aragón mantuvieron su emigración hacia la periferia.

La explicación al menor crecimiento vegetativo de España respecto al de otros países europeos se encuentra en la pervivencia de una alta y arcaica mortalidad. La mortalidad española era tanto en 1850 como en 1900 más elevada que en las naciones vecinas, con un mínimo del 26,7 en 1861 y un máximo del 37,9 por mil en 1885. En los primeros años del siglo, las altas mortandades derivaron de las crisis de subsistencias acompañadas en ambas Castillas de paludismo y de fiebre amarilla. En la segunda mitad del siglo se mantuvieron las

crisis de subsistencia periódicas, acompañadas en algunos casos de manifestaciones de descontento social y alteraciones del orden público.3

Las grandes epidemias del cólera morbo se sucedieron con cierta periodicidad: en 1833- 1835, en 1853-1856 (la oleada de 1855 provocó pérdidas de población de un 15% a un 16%), 1859-1860 y otras dos en 1865 y 1885. Particularmente mortíferas en los territorios cercanos al Sistema Ibérico (Valencia, Zaragoza y, en general, todo el litoral levantino) y en la provincia de Granada. Nadal, a partir de los datos que proporciona el Boletín de Estadística demográfico-sanitaria, alude además a la sobremortalidad femenina de la epidemia de 1885 (131 mujeres por cada 100 hombres).4 Pérez Moreda apunta que también fue importante la

incidencia en regiones del interior y en otras zonas rurales, señalando una marcada estacionalidad en los meses estivales.

Los altos niveles de mortalidad infantil y juvenil contribuyeron a situar muy alta la tasa de mortalidad de la segunda mitad del siglo XIX. La tasa de mortalidad infantil está situada entre 214 y 180 por mil entre 1861 a 1870 y sólo descendió a comienzos de siglo para situarse en 1903 en torno al 100 por mil. En la España interior apenas un 60 % de los nacidos llegaba a los 10 años de edad y pocos más de la mitad cumplían los 15 años. Esta situación se agrava por la práctica de la exposición de niños y por el infanticidio, que constituyeron causas importantes de la mortalidad infantil hasta la 2ª mitad del siglo XIX (a los niños de las inclusas se les condenaba a una especie de infanticidio diferido).5

Como muestra el siguiente cuadro, la mortalidad infantil en España durante el primer lustro de los años 80 era superior a la del resto de los países europeos citados con excepción de Rusia. En 1900 se mantiene la situación anterior, sumándose Alemania al grupo de países (España y Rusia) con una mortalidad infantil más elevada.

3 Ver NADAL, Jordi: Op. Cit, pp. 171-173; incluye estadísticas de la correlación entre mortalidad y carestía a partir de SÁNCHEZ ALBORNOZ, Nicolás: Las crisis de subsistencias en España en el siglo XIX, Rosario, 1963, pp. 8-9. Frente a esta tesis de Sánchez Albornoz, Pérez Moreda considera que los efectos de la crisis de subsistencias son menos importantes que los efectos de la mortalidad epidémica.

4 NADAL, Jordi: Ibidem, pg. 157. También Dirección General de Beneficencia y Sanidad: Resumen de la invasión

del cólera en España, 1885. Madrid, 1886.

5 PÉREZ MOREDA, Vicente: Las crisis de mortalidad en la España interior. Siglos XVI-XIX. Madrid: Siglo XXI, 1980, pg. 455.

CUADRO I- 4.

MORTALIDAD INFANTIL. ESPAÑA Y EUROPA.1880–1902 (por mil nacidos)

Países 1880-1884 1900-1902 Bélgica 163 153 Francia 170 146 Alemania 232 206 Italia 201 171 Rusia 275 261 Inglaterra y Gales 142 146 ESPAÑA 249 200

Fuente: MITCHELL B.R.: European Historical Statistics, 1750-1970. JIMENO AGIUS: La natalidad y la mortalidad en España.6

La mayor parte de las regiones españolas muestran unos niveles muy altos de mortalidad durante el primer año de vida a lo largo de todo el periodo aunque, en general, la mortalidad era mayor en las zonas del interior, siendo más moderada desde principios del siglo en las regiones de la periferia y Baleares.7

Se produjeron puntas de mortalidad infantil durante todo el periodo, coincidiendo en las fechas más destacadas con el cólera; pero las epidemias infantiles conocieron una gravedad especial en el último tercio del siglo. Entre los factores que explican este repunte, aparte del mejor registro de las defunciones infantiles, cabe citar el deterioro de las condiciones ambientales ligado al proceso de industrialización y urbanización sin una adecuada política sanitaria; los factores socio-laborales, como la incorporación de la mujer al trabajo fabril, la influencia de la crianza de niños por nodrizas y la difusión de la lactancia artificial en condiciones no siempre higiénicas. La vacunación antivariólica había caído en desprestigio a mediados de siglo y no fue obligatoria hasta 1902.8

Una serie de prácticas culturales como la valoración social de los niños, los cuidados que recibían embarazadas y lactantes, los métodos de crianza, la consideración de enfermos y

6 Citados por Pérez Moreda, en su obra ya citada en nota 2, pg. 61.

7 Para el periodo 1863- 1870, Fausto DOPICO sitúa la mortalidad infantil de Baleares en 168,1, la de Asturias en 193,6 y del País Vasco en 213,6 por mil nacidos, todas ellas muy por debajo de la media española cifrada en 244,8 por mil; frente a estas regiones, Aragón (279,7), León (273,7), Castilla la Nueva (267,3) y Castilla la Vieja (266,3) se sitúan muy por encima de la media nacional. Citado por PÉREZ MOREDA, Vicente:

Op.Cit. pg. 63.

ancianos, etc., también afectaron a la mortalidad.9 Como ya apreciaron los higienistas del

siglo XIX, la alta mortalidad española que frenó el crecimiento demográfico se explica, en parte, por el retraso en el combate contra las enfermedades infecciosas (particularmente la tuberculosis) o en las medidas de higiene urbanas; tampoco la precaria asistencia hospitalaria ayudó a combatir la mortalidad.

A pesar de todo, en términos absolutos, la esperanza de vida de la población española durante el siglo XIX experimentó un aumento gracias a la mejora del sistema de comunicaciones y de la distribución interna de alimentos.10

CUADRO I-5.

EVOLUCIÓN DE LA ESPERANZA DE VIDA DE AMBOS SEXOS.1863-1900

AÑOS MUJERES HOMBRES DIFERENCIA

1863-1870 30,2 29,4 0,8

1878-1887 29,8 29,1 0,7

1888-1900 32,5 31,7 0,8

1900 35,7 33,9 1,9

Fuente: DOPICO, F.: «Ganando espacios de libertad. La mujer en la transición demográfica española».11

El descenso de la mortalidad femenina durante la edad fértil a medida que mejoraron las condiciones de asepsia y la atención sanitaria durante el parto, es un componente importante en el aumento de la diferencia en la esperanza de vida entre ambos sexos, que se fue haciendo mucho mayor a medida que avanzaba el siglo XX.

9 En la transición al siglo XX, se introdujo en España la eugenesia, procedente de Francia e Inglaterra y que aquí estuvo ligada al regeneracionismo. Así a comienzos del siglo XX se propugnaba el matrimonio consciente, higiénico y eugénico para el mejoramiento de la raza. Algunos médicos preocupados por la mortalidad infantil, que en muchos casos se relacionaba con enfermedades que se transmitían o tenían alguna relación con el matrimonio, representaron a España en el Congreso Eugénico Internacional realizado en Londres en 1912. Ver ALVAREZ PELÁEZ, Raquel: «Introducción al estudio de la eugenesia española (1900-1936)», Quipu, Madrid vol. 2, 1985, pp. 95 a 122.

10 LIVI BACCI, M.: «La fecundidad y el crecimiento demográfico en España en los siglos XVIII y XIX», dentro de GLASS, D. y REVELLE: Población y cambio social. Estudios de demografía histórica. Madrid, 1978. 11 En DUBY y PERROT: Historia de las Mujeres. El siglo XIX, Barcelona: Santillana-Círculo de Lectores, 1994,