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Podemos proponerle alguna forma de registro que le

Deberes, castigos y refuerzos en verano

2. Podemos proponerle alguna forma de registro que le

permita ver que avanza, visualizar lo que ya ha leído o estudiado. Por ejemplo, subrayamos con rotulador

fosforito cada definición que ha leído tres veces, copiado o estudiado, ponemos una pegatina en la esquina de cada página leída o hacemos una llave en cada párrafo. Cuando estaba en la universidad vencía el aburrimiento de estu­ diar dibujando una línea de cuadritos como la de abajo. Cada cuadrito reflejaba un apartado de la lección que te­ nía que estudiar (en ocasiones, si un apartado era muy largo o muy difícil podía dividirlo y representarlo con dos o tres cuadrados). Cada vez que me leía o estudiaba (según el objetivo del momento) un apartado, coloreaba un cuadradito.

Muchas veces me ponía metas, miraba el reloj y trazaba una raya vertical entre dos cuadrados para indicar el pun­ to al que quería llegar en el tiempo que me había marca­ do. Recuerdo que solía ponérmelo fácil para animarme, y llegado a ese punto me daba un pequeño «premio» (salir de la biblioteca a tomar un café, llamar a un amigo o pi­ car algo en la cocina si estaba en casa). Puede parecer una

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soberana estupidez imaginar a una futura licenciada es­ tudiar en la biblioteca con un hoja llena de tiras de cua­ dritos, pero eso me entretenía, hacía que visualizara el avance y me hacía el estudio algo más llevadero. En todo caso, los métodos de registro deben ser personales y, en el caso de los niños, muchas veces requieren variarlos fre­ cuentemente.

3. Podemos tomarle la lección oralmente, ponerle un «mini­examen» y darle un feedback constructivo del resultado. Por ejemplo: «Esta semana estuviste leyendo los

tres primeros puntos del tema de cono, así que te voy a poner una pregunta sobre un apartado breve (por ejemplo, un párrafo) y lo tienes que responder en tu cuarto por escrito». Esto resulta útil porque enseña al niño a poner por escrito lo que sabe y de forma organizada.

¿Y si lo hemos intentado y no funciona? Lo más probable es que debamos ajustar la exigencia. Quizá le hemos puesto un nivel muy alto y nuestro hijo no esté preparado para simular un exa­ men en su cuarto si es por escrito (y necesita que sea oral), o sea preciso limitar el ejercicio a una sola pregunta y eliminarle otros deberes ese día.

Cómo dejar de supervisar el día a día

Imaginemos ese momento soñado en el que nuestro hijo que ya tiene cierto hábito de trabajo: saca sus libros él solo, cuenta a su madre lo que tiene que hacer, trabaja más o menos indepen­ dientemente y luego pide a su madre que le pregunte. ¿Cómo da­ mos el salto hacia un mayor nivel de independencia?

Algunos consejos:

1. Aprovechamos un momento del curso que nos permitiría recuperar el tiempo perdido si él falla en su intento de

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autonomía. Por ejemplo, al principio de la primera o se­ gunda evaluación.

2. Hablamos con él para que vea que le creemos capaz de afrontar los deberes por sí mismo, aunque sepamos que probablemente le costará más al principio.

3. Hablamos con la profesora para avisarle de que comienza el período de entrenamiento en autonomía: eso quiere decir que mamá no va a estar tan al pie del cañón y que él debe sentir que la profesora sí va a estar pendiente de si cumple o no con los deberes (si mamá no supervisa y la profesora se relaja, será probable que cada vez se esfuerce menos y deje de trabajar).

4. Como le estamos entrenando, lo normal es que «meta la pata», lo cual es perfectamente legítimo. No olvidemos que cuando se entrena se asume que el niño va a cometer errores. Cuando esto suceda, se le hace reflexionar sobre ellos y se le invita a volver a intentarlo de la forma ade­ cuada. En el entrenamiento no se castiga; no tendría sen­ tido, porque le estaríamos castigando por algo que toda­ vía no está bajo su control. Por tanto, le daremos más oportunidades para reaccionar. Por ejemplo, puede ser que esté todo el fin de semana sin ponerse a hacer los de­ beres a pesar de nuestra insistencia y que, una vez metido en la cama el domingo, le dé el nervio y no pueda dormir porque no ha cumplido con lo que tiene que hacer. No es lo ideal que se acueste tarde, pero tampoco es el momen­ to de decirle: «Haberlo hecho antes, así aprenderás». No, porque está aprendiendo y debemos darle la oportunidad de que rectifique (además, no serviría de nada tomar la otra postura). Le echaremos la charla, pero le permitire­ mos que se acueste tarde o se ponga el despertador para madrugar, levantándonos con él para acompañarle en la distancia. De este modo le damos una nueva oportuni­ dad, comprueba que no compensa quedarse sin dormir, pero también obtiene la satisfacción de descubrir que, efectivamente, y como nosotros le decíamos, puede cum­

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plir con sus responsabilidades. Desde clase podríamos hacer algo parecido. Si no ha cumplido con los deberes, la profesora le llamará al orden pero le dará más oportuni­ dades para completarlos (quedarse sin recreo para hacer lo que no terminó, traerlo al día siguiente, etc.) o para entregar el trabajo que olvidó hacer. Eso sí, además de entregar tarde el trabajo deberá presentar 2 o 3 ideas so­ bre: «qué haré la próxima vez para que no me vuelva a suceder esto».

5. Una vez veamos cómo progresa, podemos replantearnos si el nivel de autonomía que le estamos dando es el ade­ cuado o si necesitamos reajustar expectativas o concretar apoyos puntuales.

6. Y no olvidaremos felicitarnos por los pequeños progre­ sos y por «nuestro trabajo en equipo»: al niño, por sus avances, y a nosotros mismos por haber tenido paciencia y haber sabido delegar responsabilidades (no es fácil pa­ sar el testigo si hemos tenido durante tantos años el control).

Cuando los deberes se complican

Los deberes producen en las familias muchos quebraderos de cabeza. En este apartado trataremos de dar sugerencias para afron­ tar algunos de los problemas más frecuentes.

Qué hacer cuando los deberes son inabordables

Nos referimos a aquellas situaciones en las que el niño, habi­ tualmente: (1) no consigue terminar los deberes, (2) lo consigue, pero a costa de un apoyo excesivo de los padres para la edad o ca­ pacidad del niño, o (3) lo consigue él solo pero a costa de excesi­ vas horas de dedicación.

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El modo de proceder depende de muchos factores, así que los consejos que figuran a continuación deben sopesarse con el tera­ peuta de nuestro hijo: