Las representaciones sociales que el lenguaje construye es la realidad que la
sociedad consume. Lo que el discurso transmite es lo que se ingiere, se digiere y
se refleja en los marcos de acción de individuos y grupos sociales. De tal forma
que de la misma manera en que el lenguaje construye escenarios de guerra, de
intimidación y subyugación, crea mundos donde invita y permite adoptar como
propia la necesidad de contextos pacíficos. Es aquí donde las representaciones
sociales cumplen su cometido: dan a conocer nuevos y transformados modelos de
pensamiento que, una vez interiorizados, se traducen en esquemas de acción que
funcionan como resonadores y multiplicadores de una causa específica en el
entramado social. Esto es posible porque el lenguaje, los pensamientos y las
acciones forman una cadena indestructible.
El lenguaje es un arma de dotación que construye realidades, pseudo realidades y
ficción. Esta es una verdad en medio del juego político del que hacen parte los
medios de comunicación como legitimadores o destronadores de poderíos e
ideales. “El elemento crítico en la maniobra política para sacar ventaja es la
creación de significado: la construcción de creencias sobre los acontecimientos,
las políticas, los líderes, los problemas y las crisis, creencias estas que
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racionalizan o cuestionan las desigualdades existentes”
79Esto lo han sabido
interiorizar y ejecutar quienes lideran la guerra psicológica en el país; han
promovido el terror, el miedo, el silencio y la desconfianza hacia el otro, al tiempo
que lo han convertido en la estrategia idónea para no matar físicamente
(generando complacencias), pero sí destruir simbólicamente. La fortaleza del
lenguaje radica en que representa el origen de mundos que pueden o no coincidir
con los imaginarios sociales presentes, no obstante son interiorizados y adoptados
como verdad.
Según Murray Edelman, “lo que la gente experimenta es el lenguaje sobre los
acontecimientos políticos, no los acontecimientos en cualquier otro sentido: incluso
desarrollos cercanos a nosotros toman su significado del lenguaje que los
describe. De modo que el lenguaje político es la realidad política. No hay ninguna
otra en lo que concierne al significado de los acontecimientos para los actores y
espectadores.
80” En esta medida, la guerra psicológica goza de condiciones a su
favor y toma pasos agigantados ante la imposibilidad de experimentar una realidad
diferente; habrá grupos sociales a los que sólo les resta quedarse con la verdad
que los violentos construyen.
El lenguaje, entonces, es un arma generadora de beneplácitos tanto en escenarios
violentos como de paz. A través del discurso puede lograr el convencimiento hasta
de los hechos más atroces. Se trata de un juego de palabras, de condiciones y
estados de ánimo utilizados para dar rienda suelta a la manipulación. Bien dice
Edelman que “el lenguaje de la política suele servir para racionalizar acciones que
violan los códigos morales de la comunidad y de los actores mismos.”
81El
lenguaje en tanto es capaz de transformar situaciones sociales, formas de
pensamiento y acción, es artífice de la creación de un nuevo sujeto. Un individuo
que en la medida en que se acoge al mensaje de quienes gobiernan, es un agente
multiplicador de las significaciones que en un principio él mismo legitimó. En esta
79 MURRAY, Edelman.
La construcción del Espectáculo político. Ediciones Manantial, 1991, p. 120
80 Ibid. p. 121 81 Ibid. p. 128
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línea, María Victoria Uribe resalta el papel de la radio como el medio que ayudó a
multiplicar los motivos para hacer aún más fuerte esa brecha entre liberales y
conservadores a mediados del siglo XX, teniendo en cuenta su capacidad de
llegar hasta los lugares más escondidos. Se trató de un medio de comunicación
que difundió las razones de la enemistad para reforzar la separación entre unos y
otros. “Estos programas eran seguidos al pie de la letra por miles de familias
colombianas, contribuyendo a impregnar de odios políticos los espacios de
sociabilidad campesina.”
82Por lo anterior, los medios de comunicación adquieren el perfil de un actor político:
el lenguaje, hecho discurso, crea opinión y es motor de grandes transformaciones
sociales que en el campo de la política son definitivas, en la medida en que
modifican formas de adoptar y reaccionar a realidades como la nuestra, en la que
el conflicto se ha convertido en una guerra perpetua. Según José Joaquín
Brunner los medios hacen parte de la escena política “porque entran en el campo
de la significatividad y la negociación de sentidos sobre lo social. Sentidos que
aspiran no sólo a legitimarse como modos de ver institucionales, sino a convertirse
en normas sociales y culturales válidas.”
83Quizás por esto los medios de
comunicación no pocas veces han sido tildados como „el cuarto poder‟; su
injerencia y capacidad de legitimar y deslegitimar personajes o temáticas
trascendentales en materia política, económica, social y cultural es cada vez más
evidente. La razón: “las noticias reconstruyen los mundos, las historias y las
escatologías sociales, evocando bases para la preocupación y la esperanza, y
supuestos sobre lo que debe advertirse o ignorarse, sobre quiénes son
respetables o heroicos y quiénes no lo son.”
8482 URIBE, María.
Antropología de la inhumanidad un ensayo interpretativo sobre el terror en Colombia. Editorial Norma, 2004. p. 32
83 BRUNNER, José.
Un espejo trizado. Ensayos sobre cultura y políticas culturales. Flacso, 198. Mencionado por BONILLA, Jorge, GARCIA, María. Los Discursos del Conflicto. Espacio Público, Paros Cívicos y Prensa en Colombia. Pontificia Universidad Javeriana, 1998. Primera Edición. p. 31
84 MURRAY, Edelman.