Primera edición. Buenos Aires, Editorial Biblos, 2013. 310 págs. (Colección Politeia). ISBN 978-987691-133-7
Arturo Fernández
UBA/CONICET
Esta obra constituye un notable aporte a la Teoría Política, a la cual brinda una gran dosis de realismo histórico-social. Algunas construcciones teóricas de las ciencias sociales, en su intento de reflejar la compleja realidad de sus objetos de estudio y facilitar su explicación, se han alejado peligrosamente de dicha realidad; la Ciencia Política no es ajena a este proceso. Existen teorías universales que se tornan inaplicables a los casos particulares y también existen teorías reduccionistas que ponen entre paréntesis aspectos sustantivos de los procesos sociales. El predominio del individualismo metodológico en la academia norteamericana es un ejemplo de ese reduccionismo y de la inaplicabilidad de enfoques nacidos en una sociedad de caracteres singulares a muchas otras cuyo desarrollo histórico, económico y social es diferente. El libro de Carlos Vilas está situado en la realidad latinoamericana y hace una crítica implícita y a veces explícita a modelos teóricos que desconocen el contexto de los objetos de estudio; sin embargo realiza una reflexión absolutamente universal sobre el fenómeno político.
Por ello, el autor comienza por reconocer que la preocupación central de la Ciencia Política es el estudio del poder y se aboca en caracterizarlo y acotarlo. En ese trayecto lleva a cabo un diálogo consistente entre Teoría y Prácticas Políticas;
entre autores clásicos y politólogos actuales; y, sobre todo, entre la razón que intenta comprender el fenómeno del poder y las pasiones que jamás se podrán explicar por ecuaciones matemáticas. En una Ciencia Política amenazada por la tentación del positivismo individualista numérico esta teorización es un llamado a la sensatez. ¿Pueden los modelos matemáticos explicar causas y efectos de las luchas por el poder que existen en toda sociedad humana? ¿Son esas luchas puramente racionales? La respuesta a estas preguntas que se encuentra en Vilas es cuestionar la oposición entre razón y pasión y afirmar que la racionalidad tiene una naturaleza limitada y que toda conducta humana es una mezcla de actividad racional y de lo imprevisible que deriva de las emociones y pasiones.
Su conceptualización de la política como una práctica diferenciada de la guerra es altamente convincente y validada por numerosas datos históricos sugeridos. Ello conduce a distinguir correctamente al adversario del enemigo político, fundándose en una re-lectura crítica y equilibrada de Carl Schmitt y su tesis decisionista así como de la de autores que desarrollaron el enfoque deliberativo, de los cuales Hannah Arendt es un exponente destacable. Vilas recuerda que esas dos aproximaciones teóricas conducen a esencialismos políticos, pues ambas pretenden transformar la naturaleza humana y son inconducentes para construir una teoría democrática realista. La concepción schmittiana implica que el conflicto social es de tal envergadura que sólo se resuelve por la eliminación física o política del “enemigo” mientras la visión deliberativa excluye el conflicto social del análisis político; uno y otro se olvidan que la política exige una deliberación que culmine en la decisión correspondiente y que ella es lucha que, al contrario de la guerra, no persigue la eliminación del adversario sino la construcción de poder como hegemonía, retomando el concepto de Antonio Gramsci. La conceptualización de Vilas es una superación realista de ambos esencialismos, recurriendo a numerosos ejemplos vertidos en el libro y otros derivados de las vastas experiencias sociales del siglo XX. Esta aguda crítica deriva, en última instancia, de una visión filosófica realista que está resumida, a título de frases finales del libro, de la manera siguiente:
“Ni ángeles ni demonios, y más bien con un poco de lo uno y de lo otro, los seres humanos en su inmensa mayoría tratan de salir delante de las asperezas de la vida orientados por consideraciones básicas de supervivencia, preferencias por el placer y el goce y rechazo al dolor y al sufrimiento, aprecio por la seguridad y repudio a la incertidumbre. Para hacer efectivas esas preferencias, en parte innatas y en parte aprendidas, no tienen más alternativa que organizarse de manera permanente y entre todos tratar de lograr esos objetivos. Y como las opiniones al respecto son muchas y cada quien prefiere
imponer la suya, se hace necesario organizar la pluralidad y el potencial de conflicto que ella involucra, incluyendo la facultad de sancionar a los renuentes y transgresores. En fin de cuentas, éste es el origen del contrapunto tensionante entre cooperación y lucha, razones y pasiones, miedos, afectos y esperanzas” (pág. 283).
A partir de estas creencias derivadas del sentido común y asentadas en los resultados de dos siglos de experimentos sociales, el autor introduce con acierto temas que están relacionados con las subjetividades y, a menudo, puestos entre paréntesis por los enfoques teóricos predominantes; ellos son principalmente el tiempo y la política, y los miedos, los afectos y las esperanzas de los protagonistas políticos, los cuales condicionan sus relaciones entre sí y con el conjunto de los miembros de la sociedad que pretenden dirigir. Estas audaces incursiones se derivan de la mencionada crítica a los esencialismos filosóficos y teóricos derivados de la ilusión del todo poder de la razón. Por ello, es un gran acierto del libro la introducción de la dimensión afectiva de la política y su relación con la edificación del poder; no es fácil analizarla pero es imprescindible hacerlo si se desea una comprensión acabada de las pugnas políticas; o del éxito o fracaso de los dirigentes que buscan el apoyo de sus representados. Asimismo el autor se ocupa de otro tema poco estudiado: el tiempo de la política y la política del tiempo; actores individuales y sociales han logrado éxitos considerables (o trágicos fracasos) por su manejo adecuado (o desacertado) del factor tiempo. Vilas ofrece ejemplos universales y locales para demostrar la importancia del tema y hay muchos más que lo ratificarían. En una Ciencia Política mundialmente obnubilada por la teoría de la democracia que, en los años ochenta, auguró con acierto el advenimiento de la democracia política más o menos institucionalista (conjunto de reglas y procedimientos), las reflexiones de Vilas constituyen un llamado de atención y una renovación teóricos, surgidos de países donde los conflictos sociales han desbordado el marco de dicha democracia política o quizás vuelvan a desbordarlo. La construcción política es un proceso de largo plazo: las elecciones jamás resolverán el conflicto entre mayoría y minorías étnico- religiosas en estados como Irak o Siria; en el África tropical los partidos representan mayoritariamente a identidades étnicas y la competencia electoral aviva sus rivalidades. Ello podrá cambiar pero nunca de forma necesaria ni pronto.
Respecto a la realidad política nacional y latinoamericana, la construcción teórica analizada aparece como capaz de dar cuenta de la complejidad y particularidad de dichas dinámicas. Tampoco se trata de una teoría “nacional” o local; el autor recurre a filósofos y teóricos clásicos y actuales para dialogar creativamente con ellos y obtener una generalización de sus apreciaciones. Aún así, su visión, desprovista de fascinación por enfoques surgidos en antiguas sociedades industriales, puede dar cuenta de las
transformaciones políticas surgidas en los últimos veinte años en América Latina. Este es un mérito esencial de la producción de Carlos Vilas y ello no es ajeno a su trayectoria profesional. Su perfil es el de un politólogo que alternó su actividad académica en diversos países de América con la acción política en procesos significativos de cambio social y político; por lo tanto rompe el divorcio entre el analista político y el político que predomina en Estados Unidos y Canadá; ese divorcio contribuye al desarrollo de teorías alejadas de la realidad. No todos los politólogos pudimos ni podrán realizar un recorrido como el del autor que presentamos pero debemos reconocer que su capacidad de teorización no es ajena a su conocimiento práctico de la política. Este libro está repleto de observaciones extraídas de ese conocimiento y él parece indispensable para teorizar bien y facilitar la relación entre teoría y práctica. Su lectura nos recuerda que hacer Ciencia Política no implica la continuación de luchas ideológicas ni adherir incondicionalmente a ciertos enfoques teórico-metodológicos sino desarrollar una búsqueda que sea sustentable teóricamente para que el trabajo empírico resulte novedoso; sólo de esta forma podremos abordar con éxito los problemas y los desafíos de las sociedades contemporáneas.
Reseña