Que la prisión no es la hija de las leyes, ni de los códigos, ni del aparato judicial; [ ] que en la posición central que ocu
PODER Y RESISTENCIA
En debate con el lingüista Noam Chomsky en 1971, publi cado bajo el título Naturaleza humana: justicia versus poder, Foucault hizo hincapié en un elem ento crucial en su m odo particular de analizar el poder. Afirmó que no se trataba de analizar el poder allí donde su funcionamiento es tan obvio que parece que se ejerza verticalmente de arriba abajo. En el ejército o en los gobiernos dictatoriales parece que el poder es ejercido por una élite que domina a los de abajo. Este esque ma, de raíz marxista, consiste en afirmar que existe una clase dominante que reprime a una clase dominada. Sin embargo, para Foucault, este análisis no desvela el funcionamiento ín timo del poder. Para observar su verdadero funcionamiento hay que analizar el m odo en que funciona en los lugares apa rentem ente neutrales donde no parece funcionar: la familia, la universidad, las relaciones, incluso conceptos como justicia o hum anidad se encuentran atravesados por relaciones de po der. Según Foucault, ya no es válido, por tanto, un esquema de análisis basado en la relación dominador-dom inado, here dero de la concepción marxista (una idea que le valió al filó
sofo numerosas críticas por parte de los marxistas), sino que debe prevalecer un análisis «nominalista» del poder, es decir, un análisis del mismo en su ejercicio concreto incluso en los lugares donde parece no existir; o, mejor, precisamente allí.
Este tipo d e análisis del poder, que hizo tam balearse a la filosofía política contem poránea, fue consecuencia d e la re flexión em prendida en Vigilar y castigar y supuso la supe ración de los principales supuestos a través de los cuales se pensaba el tem a del poder. Gilíes Deleuze, com pañero de viaje filosófico de Foucault, resumía en su libro Foucault los cambios fundam entales que introdujo su nueva concepción del poder en cinco postulados:
1. Postulado de propiedad: el poder no es algo que posee la clase dominante, sino que se ejerce. Sus efectos tienen que ver con los modos concretos de funcionamiento de sus dispositivos.
2. Postulado de localización: el poder no debe entenderse como poder de Estado. El poder de un Estado es un efec to de conjunto. Hay que analizar la llamada microfísica del poder, es decir, su funcionamiento localizado y concreto. 3. Postulado de subordinación: el poder no es efecto de una
infraestructura económica, sino que la propia economía es un efecto de las relaciones de poder que se establecen. 4. Postulado de acción: el poder no actúa por represión e
ideología, sino que «produce» nuestra sociedad. Hay que entender al poder como productor de realidades.
5. Postulado de legalidad: el poder no se equipara a las leyes, sino que la ley misma es un efecto de las relaciones de poder.
En resumen, se podría definir al poder como aquello que no se posee, que no se encuentra localizado en un punto
determ inado, que no está determ inado por la economía, no actúa reprim iendo u ocultando la realidad y, finalmente, que no se encuentra determ inado p o r las leyes. Al contrario, el poder está form ado po r relaciones que se ejercen en la tota lidad de la sociedad, en sus niveles más microscópicos (ac titudes, reglas, horarios, costum bres) y que producen rea lidades. H ay relaciones de poder en los hábitos familiares, en la limpieza, la atención de la casa, el trabajo, la amistad, la sexualidad, en fin, en toda relación social que dé forma a un orden respecto a cómo se hacen las cosas, que dirige conductas, que, en definitiva, produce sujetos que se some ten a estas relaciones de poder. Porque no son relaciones de violencia o de coerción, sino directrices de conducta a través de prácticas y/o discursos que requieren para su funciona m iento sujetos libres que puedan ser doblegados.
Así, el análisis de Foucault supuso una modificación ra dical de las herram ientas conceptuales que hasta entonces se habían usado para pensar el po d er y el descubrim iento de una nueva realidad, la de las relaciones de po d er que se ejercen en todos los planos de la sociedad produciendo el presente. Así, el po d er «no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nom bre que se presta a una situación estraté gica compleja en una sociedad dada» (H istoria de la sexua lidad. La voluntad de saber). U na situación en la cual se da una batalla entre lo posible y el orden social cuyo resultado es la batería de verdades que define el orden social. Cada sociedad y cada época quedaba definida por el tipo de poder preem inente que se ejercía. Si en el Antiguo Régimen pre dom inaba el poder soberano, el poder disciplinario debía ser el que delimitara las formas sociales de la m odernidad y, por lo tanto, tenía m ucho que ver con el presente. Pero, al mismo tiempo, la época de las cárceles y los psiquiátricos no
respondía totalm ente a la actualidad. De hecho, los análisis d e Foucault en los prim eros años setenta van encam inados a la pregunta p o r el presente, pero interrogan su prehisto ria, su historia, sin acabar de definir qué tipo de po d er d e fine la contem poraneidad. Para encontrar la respuesta a esa pregunta es necesario acudir a sus cursos en el Collége de France, en los que, a lo largo de la década de los setenta, desarrolló toda una respuesta acerca de los mecanismos de los diferentes m odos de poder.
Según Foucault, existen cuatro m odos fundam entales de poder: el pastoral, el soberano, el disciplinario y el biopo- der. El pastoral es el encargado de producir una identidad a través d e los procedim ientos prácticos d e la confesión, y viene auspiciado p o r un saber religioso y d e la conciencia. El soberano inflige y tatúa sobre el propio cuerpo, p o r medio del suplicio, el castigo necesario para la corrección. El disci plinario o panóptico, encargado d e producir el cuerpo nor malizado (y analizado porm enorizadam ente p o r Foucault), es el poder que se desarrolla en las instituciones, un poder productor que encuentra su soporte en las prácticas disci plinarias y en el apoyo teórico de las ciencias hum anas. Por último, el biopoder o poder sobre la vida, propio del siglo xix, es el que tiene como objeto la población y su gestión, a través de prácticas de seguridad, higiene y libertad, con la economía liberal y la medicalización social como sabe res implicados. Así, nos encontram os con la descripción de varios tipos de tecnologías de poder que experim entan su momento álgido en diferentes épocas, pero que no desapa recen, no se suceden linealmente. Pese a que a cada épo ca le corresponde una tecnología de poder dom inante de acuerdo con los dispositivos del saber y con la economía de las prácticas sociales, los otros tipos de poder conviven en diferentes escalas. Se trata de una «heterarquía» de poderes
orientados a producir norm alidad c*n cada uno de los objetos de su mirada. Así, podríam os hablar de una suerte de gran dispositivo sintético, dentro del cual las jerarquías entre los
regímenes diferentes de poder y de
Donde hay poder, hay saber van m oldeándose de acuer-
resistencia. do con la especificidad histórica y
Lavoluntaddesaber cultural de cada momento. Resulta
evidente que la tarea que tenía en m ente Foucault no consistía en construir una gran ontología al uso, sino en elaborar una ontología histórica y anclarla en el presente. La analítica del poder, p o r lo tanto, debía contar con el análisis del particular m om ento del dispositivo del sa ber-poder que define la experiencia del presente, y, al mismo tiempo, sondear las resistencias o contraconductas que se le oponen. Porque — y esto es fundam ental a la hora de leer el análisis del poder del autor francés— , al poder siem pre se le opone un intento de resistirse. N o hay poder sin seres hum a nos libres, el poder requiere libertad y, p o r lo tanto, conlleva una lucha, un cara a cara. En la esclavitud, p o r ejemplo, no hay poder sino coerción física.
El poder implica siem pre una resistencia que puede ras trearse a lo largo de toda la historia de las relaciones de po der: desde las herejías frente a la ortodoxia católica, hasta la resistencia de un loco a declararse enfermo mental o la de un individuo a adoptar las normas sociales, se puede encontrar una amplísima gama de resistencias, de transgresiones que dan fe de que es posible hacer las cosas de otro m odo, vivir de otro m odo, aunque finalmente el poder venza.
De hecho, la política de Foucault se sitúa precisamente del lado de esta resistencia. Su análisis teórico del poder lo llevó hasta la constatación de que siempre debía estar del lado de la resistencia, de que debía perseguir al poder en su ejercicio. Esta conclusión política vertebraría su idea del intelectual