riquezas y de fuerzas produce tres clases de conflictos: la lucha primero se encamina a alcanzar ese predominio económico; luego se inicia una fiera batalla a fin de obtener el predominio sobre el poder público, y consiguientemente de poder abusar de sus fuerzas o influencia en los conflictos económicos; finalmente se entabla el combate en el campo internacional... "La prepotencia económica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucha ha sucedido la ambición desenfrenada de poder; toda la economía se ha hecho extremadamente dura, cruel, implacable. Añádase los daños gravísimos que han nacido de la confusión y mezcla lamentable de la autoridad pública y de la economía...
―Por lo que toca a las naciones en sus relaciones mutuas, se ven dos corrientes que manan de la misma fuente: por un lado, fluye el nacionalismo o también el imperialismo económico; por otro, el no menos funesto y detestable internacionalismo del capital, o sea el imperialismo internacional, para el cual la patria está donde se está bien... las fáciles ganancias que la anarquía del mercado ofrece a todos, incita a muchos al cambio y a la venta de las mercaderías con el único anhelo de llegar rápidamente a la fortuna con el menor esfuerzo; su desenfrenada especulación hace aumentar y disminuir incesantemente, a la medida de su capricho y avaricia, el precio de las mercancías para echar por tierra con sus frecuentes alternativas las previsiones de los fabricantes prudentes...
―Con esto creció mucho el número de los que ya no cuidaban sino de aumentar sus riquezas de cualquier manera, buscándose a sí mismos sobre todo y ante todo, sin que por nada les remordiese la conciencia, ni por los mayores delitos contra el prójimo. los primeros que entraron por este ancho camino, que lleva a la perdición, fácilmente encontraron muchos imitadores de su iniquidad, gracias al ejemplo de su aparente éxito, o con la imponderada pompa de sus riquezas, o mofándose de la conciencia de los demás como si fueran víctimas de vanos escrúpulos, o pisoteando a sus competidores más timoratos".
Todos los vicios enumerados hasta aquí no son la esencia de un sistema económico de libre empresa (que es capaz de generar bienestar cuando no anula a la ética), sino el cáncer de ese sistema. Una cosa es la sana libertad económica que permite invertir el capital de aptitudes o de ahorros para producir y prosperar; otra cosa es el
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disfrazado libertinaje para especular, y algo peor es concentrar riqueza ilícita para imponer un dominio total revolucionario.
Ante el dogma ―liberal" de que la economía debe ser totalmente ajena a la moral, la Iglesia ha dicho que ni la economía clásica ni la lucha de clases son principios absolutos. Que la moral tiene áreas diferentes, pero que la economía no debe ser totalmente ajena a ella. Que la prepotencia económica suele desplazar al mercado libre (que el liberalismo dice defender). Que los hechos económicos no son fenómenos físicos sometidos al determinismo de las leyes naturales. Que hay contradicciones flagrantes entre las teorías económicas y las terribles miserias sociales que dejan subsistir en la realidad. Que el hecho económico no ha de considerarse únicamente en lo material y olvidar el elemento humano. Y que no puede ser bueno lo que resulte provechoso al individuo y nocivo para la comunidad.32
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CAPÍTULO IV.
INFLACIÓN, SAQUEO GUBERNAMENTAL
MUCHOS PIERDEN Y UNOS POCOS GANAN
John Maynard Keynes fue un personaje extraño. Nació en Inglaterra y - según Charles Hession- fue arrastrado a la homosexualidad por una rara secta que daba culto a la sodomía y que tenía animadversión a la civilización cristiana.
Keynes lanzó una teoría económica contraria al concepto de que el presupuesto del gobierno ha de ser equilibrado. Afirmó que el Estado debe crear dinero y gastar más de lo que recibe de impuestos, y más que el aumento de producción. Esto, sencillamente, es Inflación. Desde luego Keynes no inventó la inflación. Sólo le dio novedosos retoques de ―sabiduría" y le adaptó una apariencia de ―bondad" afirmando que ese mecanismo sirve para activar la economía y darles trabajo a los desempleados.
La alta finanza de Nueva York acogió a Keynes como un genio de la ciencia económica y varios puntos de su teoría empezaron a implantarse en 1933, en cuanto Roosevelt llegó al poder.
Por principio de cuentas Roosevelt dispuso de dinero para dar empleos y servicios sociales, que le representaron votos para sus reelecciones, y más tarde le permitieron subvencionar a la URSS durante la guerra de 1939-1945.
Roosevelt había sido promovido por las principales logias y sinagogas. Lo apoyaban los más grandes magnates de la cúpula financiera y los influyentes políticos ligados a ella. Roosevelt -afiliado a varios ritos masónicos- era descendiente de una familia judía expulsada de España, que pasó a Amsterdam y después a Manhattan. Se hallaba plenamente identificado con el Supracapitalismo.
Al promover la inflación como deliberada política oficial, Roosevelt inauguró una nueva etapa económico-política de grande alcance. Por principio de cuentas el gobierno pidió dinero prestado al Federal Reserve Board, cuyos cinco bancos integrantes emitieron los billetes y comenzaron a ganar réditos. La economía se reanimó, como quien se reanima con una droga. (Ese sistema fue impuesto en todo el mundo).